Crítica: El topo

CartelVisión de una consistencia portentosa sobre lo recóndito que existe con meticulosidad. Crítica de “El Topo”.

El argumento de “El Topo” procede de la novela del año 1974, de John Le Carré. El guion está escrito por Bridget O´Connor y Peter Straugman, y la trama de la película arranca en Inglaterra. Años 70, el servicio secreto británico y la guerra fría. El M16 peligra por culpa de una mala misión en Budapest, esto provoca la renovación de la cúpula en el peldaño más alto de las inteligencias de espionaje inglesas, conocido como el circo, y da lugar al despido de varios agentes, entre ellos Control (John Hurt)y a su hombre de confianza George Smiley (Gary Oldman). A Smiley le ha abandonado su mujer y pasa sus días llenos de soledad, hasta que recibe una llamada del gobierno para que trabaje como agente encubierto y les ayude a descubrir a un topo soviético que pone en peligro todas las operaciones y creen que se encuentra entre ellos. Smiley acepta y empieza sus indagaciones acompañado por Peter Guillan (Benedict Cumberbatch)

 “El Topo”, en la filmografía de Tomas Alfredson, es una película inferior a la última obra del cineasta sueco, no obstante, la película es entretenida y no se deja arrastrar por tópicos de malos y buenos. Tomas Alfredson, actor y director de cine, verdaderamente saltó a la fama en el año 2008 con “Déjame entrar”, película que le convirtió de la noche a la mañana en un director a respetar; el uso inteligente de su narración, el aplique mágico de sus tonalidades , la música y la primicia, han hecho de esa obra un clásico en el cine de terror. Otro director, Matt Reevest, dos años después, hizo otra versión que ya no tuvo tanta notoriedad, a pesar de estar hecha con casi la misma corrección.

En este caso hablamos de “El Topo”, su último trabajo, hábilmente dirigida y sin efectos especiales, el filme sucede con un estimulado interés por parte del espectador.

No creo exagerar si digo que la película de Tomas Alfredson, viene a igualarse a las películas de espías de los años 60-70, una película en la que el director, se manifiesta en todo su esplendor, consiguiendo una obra de acabado casi perfecto. “El Topo” está dotada de una gran carga de expectación, aunque en muchos momentos descubrir quién es el topo pasa a ser de lo más fútil, pues el goteo de información es tan delicado y denso que el espectador no tiene ninguna prisa por que llegue la resolución. Alfredson imprime un enfoque relajado que se refleja con soltura en las interpretaciones; Gary Oldman, como George Smiley, se nos muestra como habitualmente lo hace, de forma genial, dando a un tiempo su carácter tratable y su tosca influencia. Colin Firth, Mark Strong, Benedict Cumberbatch, Toby Jones, John Hurt, Simon McBurney, David Dencik, Stephen Graham, todos muy eficaces transmitiendo la intriga que se está viviendo.

“El topo” puede parecerse a decenas de películas sobre la guerra fría y, en cierto modo, lo es, pero afortunadamente algunas cosas la hacen diferente, “El Topo” despliega una paleta de colores, haciendo mezcla entre grisáceos y marrones, ajustando al milímetro el ambiente de la novela de Carré, -yo leí el libro hace muchos años-; la película me ha recordado cosas que se quedaron en el olvido y, estoy segura que el decorado, el tono visual y el ritmo, es el que yo le imprimí, al leerla. En cuanto a la música qué decir de mi admirado Alberto Iglesias, la maestría con que adorna cada composición nos hace que además de asistir a ver una película, disfrutemos de sus deliciosas armonías musicales, magnificando los más mínimos guiños visuales hasta hacer que queden saturados de significado.

Pueden verla, no defrauda.

Crítica: Déjame entrar – (Let me in)

Cartel

“Déjame entrar (Let me in)”,  la nueva película de Matt Reevest, nos presenta la historia de un niño solitario. Sus padres  en trámites de divorcio y Owen (Kodi Smit-McPhee, La carretera) en el colegio está prácticamente marginado y  maltratado por sus compañeros de clase. Forzado a vivir en un barrio desolado y desértico, sin más compañía que la de su madre, algo cambia en la poco activa vida de Owen cuando conoce a una nueva y misteriosa vecina llamada Abby (Chloe Moretz), que acaba de mudarse al barrio junto a su taciturno padre (Richard Jenkins ). Ocupan la vivienda de debajo, el chico desde su ventana los ve entrar y salir, un día, provoca un encuentro con la niña y éste es el principio de una privada amistad.

“Déjame entrar (Let me in)” es un remake de la película del mismo título dirigida por Tomas Alfredson en el año 2008, adaptación que hizo del libro de John Ajuide Lindguist, producción sueca con la que este director obtuvo una enorme cantidad de premios. Enseguida fue considerada por los entendidos película de culto, así mismo en el público aparece todavía en la memoria de marera inmediata y precisa considerándola muchos espectadores como una de sus películas favoritas. Sabíamos que algún director americano copiaría la idea de inmediato. Ha sido Matt Reevest, que sigue el modelo de referencia en una memoria matemática y temática, pero con brochazos de unas circunstancias más bruscas, descarnadas y directas. El realismo en esta nueva versión se ve más explícito pero no por ello es más asequible. Reevest quiere sentar las bases de la novedad de la presentación haciendo el proyecto más suyo, más personal, pero se pierde por el camino ante un rosario de imágenes inconclusas. Si bien, si no existiera la original no se dejarían ver tanto, pero al comparar la singular y  garantizada de Alfredson con esta transcripción, añoramos el regusto de aquella composición de autoridad, sobriedad y minimalismo: aquel mapa de sentimientos inmerso en los ojos del espectador.

“Déjame entrar – (Let me in)” es el principio de una historia de amor y terror que lleva a los personajes más allá del lirismo adolescente y la ternura romántica, es una narración, un retrato de adolescencia atemorizada, cobarde, impotente en manos de un destino prefraguado y no lejos de las violentas emociones que sufren los enamorados ante la idea de que su amor es imposible, un amor que no tiene otra salida que saltarse las reglas y caminar hacia una especie de innegable anarquismo de por vida, subiéndose a un tren en marcha del que ya nunca se podrán bajar.

Michael Giacchino utilizando una mirada precisa a las escenas más enérgicas, consigue un extraño y fascinante equilibrio visual y sonoro, dándole al momento todo el poder y la fuerza permitida, este enorme director musical logra en cada trabajo dejar en el espectador el buen sabor de boca que permanece hasta el próximo encuentro. En la fotografía es necesario recordar que  Greig Fraser nos deja un trabajo perfecto, en cuanto a los actores, Kodi Smit-Mcphee, recrea con habilidad a este niño de doce años deseoso de cariño y ternura, Chloe Moretz le da un soplo de hechizo a un personaje tan delicado y a la vez tan dinámico, todos los demás actores se adaptan a las exigencias del director.

Como punto final, recapitulando el hilo con la dirección y guion, este remake no es la película aquélla traída a la actualidad, ésta que hoy nos ocupa, está regida por otras estampas que funcionan de acuerdo con los criterios que su director Matt Reevest ha estipulado.

Yo me quedo con la obra de Afredson.

Os dejo también el trailer de la película original.

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