Crítica: La chica del tren

la-chica-del-trenEl director de cine Tate Taylor recordado por Criadas y señoras, de 2011, con su nuevo trabajo nos devuelve a los viajes de cine en tren y nos encierra en un círculo espeso que se abre con un pequeño incidente. Crítica de la película “La chica del tren”.

Rachel (Emily Blunt) toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo. Ella es una mujer algo aturdida por su reciente divorcio pero cada día de camino a su trabajo, por la ventanilla del tren ve la casa de una pareja aparentemente perfecta, siempre desea ese momento a la ida y a la vuelta, la pareja a veces están sentados al amor de la lumbre, otras están tomando el desayuno, descansando en la terraza y sobre todo lo que Raquel puede ver cada vez que mira es a un hombre y una mujer que se aman. Pero una mañana Rachel es testigo mientras pasa el tren de un suceso muy distinto y decide tomar partido en el asunto… Todo se complica…

“La chica del tren” es un largo subjetivo que muestra la mirada de una mujer joven que va en tren al trabajo y rumbo a un futuro que puede ser mejor o peor que su presente. Erin Cressida Wilson ha hecho la adaptación del best seller homónimo de la novelista Paula Hawkin y que el director Tate Taylor adorna, satura y reinventa.

imagen-de-la-chica-del-tren“La chica del tren” recuerda la dolorosa reconcentrada intención que el gran poema “Las letanías de la tierra muerta”, que la poeta argentina Alfonsina Storni escribió y que tantas veces se representó para expresar el vacío sin explicaciones, en un imparable desplazamiento hacia adelante. En “La chica del tren” está también la resignación de la vida estancada, el reglado trámite de la muerte, la impudicia de la vida, el maltrato y una larga mirada a la fuerza de la mujer, la única metáfora permitida.

“La chica del tren”  siento que no es ciertamente fiel al libro en que se inspira pero qué más da, siempre que leemos el libro y después visionamos la película quedamos algo defraudados. Para quien no conozca la historia puede ser ágil y entretenida, y sobre todo estéticamente disfrutable. La fotografía de Charlotte Bruus Christensen, atmosférica y envolvente. La puntual música de Danny Elfman y la tensión de la intriga favorecen a Tate Taylor para que “La chica del tren” remache con éxito el recorrido. La meridiana claridad de matices en la interpretación de Emily Blunt es otro buen punto para la película aunque en el doblaje quizá falte algo de credibilidad. El resto del reparto convenidos a la sórdida historia que nos cuentan, Rebecca Ferguson, Haley Bennett, Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux, Allison Janney, Lisa Kudrow, Laura Prepon, Lana Young, Nicole Bonifacio,Marko Caka, Danielle M. Williamson, Alexander Jameson y Sidney Beitz.

A veces un personaje sufre de dolor sintiendo en su propia carne la herida por donde se escapan otras vidas, pero a veces también siente la maldición de quien sobrevive y se desgarra de dolor.

Subrayo a Emily Blunt, felicidades.

Crítica: Criadas y señoras

CartelCaparazón de una época, erosión sentimental de una civilización que marchó con el tiempo pero que no se ha olvidado. Crítica de la película “Criadas y señoras”. La realidad básica de la historia y el drama que la orquesta, tiene un aspecto excelente y bastante completo. Camina hacia implicaciones morales de solidaridad contra la discriminación, mostrando medidas posibles para evitar la diáspora de la concordia.

La historia básica es la siguiente: ciudad de Jackson Mississippi, principio de los años 60. El racismo sigue vivo, mientras se viven las fechas previas al acontecimiento histórico de la llegada de Martin Luther King al frente de la tutela de los derechos civiles básicos de los africanos. Es 1964.   Skeeter (Emma Stone) es una joven sureña que regresa de la universidad resuelta a ser escritora. Influida por la memoria de la “nanny” que la formó, proyecta un libro sobre los testimonios de las criadas afroamericanas. Su llegada altera la vida de la ciudad e incluso la de sus amigos porque se ha planteado consultar a las mujeres negras que se han pasado la vida al servicio de las grandes familias soportando las condiciones de discriminación racial. Skeeter sabe que ahora es un problema espinoso calcular con precisión la dimensión que puede tener su propósito, sobre todo porque la misma traba está dentro de su propia casa. Y Skeeter empieza a escribir con tiento, para poco a poco meterse en el centro de la borrasca… en otro mundo, corriendo hacia el aguacero, cruzando el umbral que oscurece las vidas de los marginados, ella y dos criadas, con valor, se aferran al timón para no ser arrojadas por la borda. Después fueron más, y más adelante más, con la esperanza de en un futuro sus ojos descubrirían sus resultados bajo un mágico visor.

Tate Taylor trabaja un guion interesante, inspirado en una novela de Katheryn Stockett. Además de una narración convincente, Taylor da un documento, sesgando dificultades sociales emplea elementos de carácter divertido, dejando un escalón más abajo de la superficie la comedia dramática, incluso muchas veces consiguiendo risas. “Criadas y señoras” ofrece una enumeración convincente de la necesidad estructural de la sociedad de Mississippi en ese tiempo. Una auténtica visión del modo predominante de los blancos y del desprecio que sentían por los negros.

La puesta en escena es genial, la mayoría de los papeles con los que se enfrentan los actores son de una gran fuerza. La más sentimental: Viola Davis, como Aibileen, sin duda es intensa su aura de cariño hacia la niña, Mae, la pequeña actriz Emma Henry. Davis regala una gran interpretación, su mirada de ojos grandes y la sonrisa amplia de buen corazón de su personaje. La más divertida: Octavia Spencer, representando a esa mujer fuerte y atrevida manejando el arte pastelero. Emma Stone, firme en la piel de la escritora obstinada. A Bryce Dallas Howard, imposible mejorarla. Y el resto, entre ellas, Jessica Chastain  y Allison Janneyentregados cada cual en su cometido.

En “Criadas y señoras” hay acciones pintorescas que hacen disfrutar de una película que deja a un lado el sentimentalismo fácil, para no dejar al espectador demasiado colgado de su raíz. Esta convincente película es un bocado tierno que queda en la garganta para después digerirlo favorablemente.

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