Crítica: Lion

lionEn su debut en el cine el director australiano Garth Davis, con guion del escritor, poeta y guionista también australiano Luke Davies y basándose en la novela de Saroo Brierley “Un largo camino a casa”, saca una obra perfecta de simiente sensible. Crítica de la película “Lion”.

El pequeño Saroo Brierley (Sunny Pawar) nació en Khandwa, Madhya Pradesh (India), y  tiene un hermano mayor Guddu (Abhihek Bharate) y una hermana pequeña Shekila (Khushi Solanki). Su padre les abandonó y su madre, Kamla (Priyanka Bose), intenta sacarlos adelante trabajando con las piedras en una cantera todos los días de la semana pero su sueldo mísero no cubre las necesidades. Guddu, con diez años, trabaja barriendo los vagones de tren, además de otras cosillas que le salen. Saroo, con solo cinco años, desea ayudar a su hermano y siempre quiere ir con él a trabajar. Un día le acompaña a la estación. Mientras Guddu barre los vagones, Saroo que nada puede hacer, le espera en un banco del andén. Cansado de esperar se sube a un tren buscando a su hermano, con la mala suerte de que el tren se pone en marcha… y a partir de ahí, Saroo vivirá como atrapado en una trampa, cada movimiento del niño tropezará con las fuerzas que le rodean dispuestas lesionarle. Con la injusticia, con el beneficio de los otros, con el maltrato en todas sus formas… y ya no cuento más…

Basada en una historia real, bien planificada y distribuida en cada fotograma, “Lion” constituye, entre otras muchas cosas, un espectáculo de sensibilidades, en el que pesan la valentía del director para mostrar la tragedia y el amor, y la valentía de sus protagonistas para modelar magníficamente cada personaje. Una película en la que los buenos son muy valientes, no creen nada más que en su dignidad y no retroceden jamás, y los malos  saben ocultarse detrás de la historia de manera que solo los adivinamos, pero no queda duda de que son muy malos.

imagen-de-lionEs “Lion” una película dulce a la vez que violenta desde el punto de vista de quien la admiró con la lágrima puesta de principio a final. Un drama, una pasaje casi teatral de definición precisa que llega a erizar la piel aún en los claros remansos narrativos.

Garth Davis toca con delicadeza y tino el tema del abandono infantil, la identidad y la adopción, poniendo esmero en cada frase y en cada plano, preciosos los planos generales, perfila los ingredientes melancólicos con la banda sonora de Volker Bertelmann y Dustin O’Halloran, filma la vida del protagonista con sencillez y seriedad totales, rebosante de una profunda belleza, en una película que pudiéramos decir está dividida de dos partes. Con la misma honestidad, la cámara sigue siendo rigurosa y se recrea a fondo, tejiendo hermosura con la fotografía de Greig Fraser y mitigando el drama con magníficas imágenes de la India y con la lindeza de Australia; sin querer simular otra cosa que lo que lleva el corazón de la imagen: personas, fragmentos de vida que se confunden con el entorno, la vida y su ausencia cuando para sobrevivir hay que superar lo invisible. No hay nada más que verdad, no hay nada más de lo que aquí se cuenta. No hay más que el sonido del agua en Australia, la rojiza tierra de la India y un hombre Saroo Brierley (Dev Patel) buscando sus raíces.

Actores y actrices con trabajos más que interesantes, que nos hacen vivir intensamente el tiempo que se describe. Destaco al jovencito Sunny Pawar. Y a Dev Patel, maravilloso, mostrando con su personaje todo el argumento conceptual de la película. Nicole Kidman tiene una interpretación muy elegante, me encanta. El resto del reparto,  Abhihek Bharate, David Wenham, Nawazuddin Siddiqui, Tannishtha Chatterjee, Deepti Naval, Priyanka Bose, Khushi Solanki y Divian Ladwa se marcan personajes secundarios con momentos desgarradores.

Cuando un niño está solo, qué grande es el mundo…

Felicidades por este trabajo bien hecho.

 

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