Crítica: Misión Imposible – Nación Secreta

Mision ImposibleChristopher McQuarrie, guionista, director y productor estadounidense, conocido por sus trabajos y galardonado en festivales de cine y televisión, nos presenta en este film una mezcla de acción, humor, fantasía y claro está suspense. Crítica de la película “Misión imposible: Nación secreta”.

La sinopsis de la productora dice así: Con la FMI disuelta y Ethan Hunt (Tom Cruise) abandonado a su suerte, el equipo tiene que enfrentarse contra el Sindicato, una red de agentes especiales altamente preparados y entrenados. Estos grupos están empeñados en crear un nuevo orden mundial mediante una serie de ataques terroristas cada vez más graves. Ethan reúne a su equipo y une sus fuerzas con la agente británica renegada Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), quien puede que sea o no miembro de esta nación secreta, mientras el grupo se va enfrentando a su misión más imposible hasta la fecha…

Misión imposible”, es uno de esos iconos ya famosos que marca de forma persistente un estilo con muchos competidores. Y, cómo no, al frente del reparto, un Tom Cruise en la cumbre de su carrera, un actor que vuelve a meterse en el papel de Ethan Hunt, intrépido héroe de la saga ya en su quinta y arriesgada aventura.

La quinta parte tiene los obligados traspiés pero también las esperadas remontadas, la seguridad se sostiene eficientemente y el director consigue una acción atractiva e imposible con un equipo de brillantes intérpretes que controlan su papel con enorme pericia. El filme así resulta bastante entretenido y sólo las ya consabidas entregas de distinciones y los emocionados discursos en pro de la patria ponen un grado de frivolidad a una película que, en general, divierte. La música la pone Joe Kraemer. La fotografía está a cargo de Robert Elswit y los principales intérpretes son: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Sean Harris, Alec Baldwin, Jeremy Renner, Simon Pegg, Ving Rhames, Simon McBurney, Jingchu Zhang y Hermione Corfield

Imagen de Mision ImposibleEl resultado indeterminado de “Misión imposible: Nación secreta” es un tratado sobre el placer de ver al protagonista como el mejor, no solo en lo suyo que es crear una buena interpretación, sino creando y creyendo ser una espacie de superhéroe, o mejor dicho, un mago del espionaje y la acción. En las luchas, en la sofisticada persecución, en el choque con las mujeres. Veloz, directo y brutal. Guapo como siempre Tom Cruise, magistral en su esencia.

Las escena de abordaje, la huida, las típicas luchas, la ironía de los diálogos… Todo ello, en conclusión, son múltiples alicientes para ver “Misión imposible: Nación secreta”. A mí me ha hecho reír mucho.

Yo, de Christopher McQuarrie siempre me quedaré con el magnífico guion que escribió para “Sospechosos habituales” en 1995.

Crítica: La teoría del todo

la teoria del todoEl realizador James Marsh nos coloca ante un mecanismo de tragedia majestuosamente presidido por una buena dirección. Con un amplio interludio de drama gris y luminoso, entre el amor, el conocimiento y el horror de una enfermedad.  Es historia y arte, y el claroscuro de temor y esperanza. Crítica de la película “La teoría del todo”.

Narra la relación entre el célebre astrofísico Stephen Hawking (Eddie Redmayne) y su primera mujer, Jane (Felicity Jones), en la época en que ambos lucharon contra la enfermedad degenerativa que postró al famoso científico en una silla de ruedas.

Rigurosísimo ejercicio cinematográfico el que nos plantea el director James Marsh en esta rígida, pertinaz y brillante obra. Nos hallamos frente a uno de esos ejercicios en los que desde el primer momento queda claro que el asunto tratado es tan importante como el modo de hacerlo. Esto es, en los que el punto de conexión escénico dispuesto por el director impone una significación que, por sí misma, apuntala y ennoblece el contenido al que le toca servir de vía de encauzamiento. Con guion de Anthony McCarten, basado en el libro de la propia Jane Hawking,  ensambla un melodrama elegantísimo, que en su estilo y calidad no desmerece de las grandes obras biográficas de todos los tiempos. El trabajo visual de la mano de Benoît Delhomme, frugal dentro de cada plano, la progresión dramática medida al milímetro por la intensidad en la relación de los personajes y una emoción que con juicio va calando en el espectador hasta lograr que todo resulte absolutamente conmovedor.

Imagen de La teoría del todoEstamos ante una buena película, llena de momentos eternos, elaborada con un toque propio de los años sesenta; incluso la música de Johann Johansson, que acompaña al desarrollo de esta historia, tiene el eco de aquellos años en algunos de los temas musicales. Al terminar de ver “La teoría del todo” tienes la misma sensación que cuando acabas de tener un sueño agradable: los ojos vidriosos, una sonrisa que no se borra de tu cara y la sensación de que has aprovechado el tiempo a lo grande.

Las actuaciones son memorables, brillan por su realismo, naturalidad y frescura, vital importancia tiene el trabajo del actor Eddie Redmayne, al que recordamos interpretando dignamente en “Los Miserables”; en esta ocasión, con un personaje tan extraordinario como Stephen Hawking  tiene una magnífica oportunidad para demostrar su valía. No me imagino a otro actor haciendo este papel, la evolución de su personaje marca los pasos de la obra y facilita que Felicity Jones realice una interpretación que le otorga profundidad, solidez e intensidad. Los estupendos secundarios encabezados por Charlie Cox y seguidos por David Thewlis, Emily Watson, Simon McBurney, Charlotte Hope y Adam Godley, colaboran a crear una película que, sin duda, es imprescindible, maravillosa y entrañable, que solamente pudo nacer y existir para resaltar tan tiernamente la historia difícil del hombre con la mente más privilegiada que conocemos.

Gracias por crearla James Marsh.

Crítica: Magia a la luz de la Luna

Magia a la luz de la lunaNo puedo decir que esta nueva obra del director neoyorkino es la mejor película rodada por él, nos enfadaríamos los que tanto amamos su cine, pero sí que es una de las más hermosas, delicadas, lúcidas y divertidas historias que he visto en los últimos tiempos y sin duda la más sincera. Crítica de la película “Magia a la luz de la Luna”, escrita y dirigida por Woody Allen.

“Magia a la luz de la Luna” es un jardín donde el maestro ha sembrado: un psicoanalista, una mujer que le pide cuentas a su marido después de muerto, su hijo que canta melodías para su enamorada, un mago sin trabajo, una médium-espiritista de no más de 35 años, la madre manager de la brujita, una dulce anciana de 90 años, la esencia de Nietzsche, un poquito de Freud y un mago en la cincuentena.

Stanley Crawford (Colin Firth) un famoso mago inglés que está en Berlín en un magnífico teatro presentando su arte, se hace llamar Wi Ling Soo, es arrogante, calculador, irónico y mira lo espiritual con escepticismo. Dice que no se puede creer en lo que no se ve y no da tregua para la discusión. Una noche después de su espectáculo, convencido por su colega Woward (Simon McBurney), decide dirigirse a la residencia de los Catledge en la Costa Azul para dejar en evidencia el fraude que creen que está realizando Sophie (Emma Stone), una joven vidente, cautivadora y espontanea, que la familia ha contratado para contactar con el esposo-padre ya fallecido, la misión de Stanley será desenmascarar a la jovencita y echar por tierra todas sus trampas. En Provenza muy cerca de allí, Vanessa (Eileen Atkins) la anciana tía de Stanley, tratará de ayudar al preferido de todos sus sobrinos…Y la magia, rondando lo desconocido, lo irracional, la astucia, el agnosticismo, las palabras y el amor.

“Magia a la luz de la Luna” contiene toda la marca distintiva de Allen, el hecho de que en ocasiones no se compartan sus planteamientos, no obsta para negarle su genialidad y su insobornable lección de independencia. “Magia a la luz de la Luna” a ratos dulce, a ratos apasionante y a ratos divertida, pero siempre personal y reflexiva. No cae en la tracción, ni aspira determinadamente al irrealismo, solo cuenta historias de personas más o menos verosímiles y reconocibles como reales o, al menos que cabe aceptar como posibles, es decir, que son imaginables. Imagen de Magia a la luz de la LunaEn un arranque que invita a decir, esto es puro Allen, en un juego de distintas y entendidas ideas, como distintas formas de plantear el juego, tiene su punto de partida y pasa su recorrido y toda su narración esta película; como la cocinera que te enseña a hacer pan o a cuidar las viejas teteras con clases de lucidez actúa el director, y como en la cocina, los espectadores dejamos al maestro que dicte el ritmo, que intervenga con su cámara mostrando esos contrapuntos y esa maravillosa luz resplandeciente en el rostro de Sophie, mientras el resto del escenario goza de luz diferente, de la música que pone y sirve en bandeja de plata el compositor Darius Khondji, de los ingeniosos diálogos y de sus situaciones delirantes que hacen del creer y el no creer un conflicto rico en matices, y demuestra que crear cine y comer debe de ser ante todo, un acto de respeto a uno mismo.

Hay que reconocer que los afortunados que desde antaño seguimos a Woody Allen, hemos ido acrecentando poco a poco nuestra pasión aunque no sea todavía lo suficiente. Mostrar nuestra admiración por él, en lugar de rebuscar algún defectillo, ya sea en el guion o en cualquier otro detalle, es lo que merece la obra de un hombre sobresaliente, que aún haciendo trabajos de los que llaman algunos críticos “menores” (que no es el caso) están por encima de todo lo que brinda la cartelera. A Woody Allen le puede dar igual que sus películas alcancen éxito en el momento de su estreno o  que permanezcan mudas durante el tiempo, dormidas en su colchón dorado pero no es así para los espectadores que obviamente nos fortalecen sus luminosas y vitalistas sátiras.   El valor progresivo de su obra confirma, matiza, amplía lo que en realidad todos sabemos y que permitirá también en el futuro que otros se asombren de su riqueza, su naturalidad y su honestidad.

Un diez para el director de casting: Emma Stone, Colin Firth, Marcia Gay Harden, Jacki Weaver, Eileen Atkins, Simon McBurney, Hamish Linklater, Erica Leerhsen, Jeremy Shamos, Antonia Clarke,Natasha Andrews, Valérie Beaulieu, Peter Wollasch, Jürgen Zwingel, Wolfgang Pissors, Sébastien Siroux y Catherine McCormack, no pudieron estar mejor elegidos. Son un pilar tan útil como todo el conjunto.

Con lo dicho comprenderán que diga que se acerquen a verla, nos merecemos un regalo así…yo la he visionado dos veces y la segunda me hizo pensar que puede haber una tercera.

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