Crítica: La reina de España

14764471736792Fernando Trueba guionista, director y productor de cine español, en sus primeros años de juventud y después de terminar la carrera de periodismo trabajó como crítico de cine en uno de los periódicos más importantes de España y tras hacer en el mundo del cine algunas cosas más o menos interesantes, debutó como director con “Ópera prima”, de 1980. Más tarde llegarían “Mientras el cuerpo aguante”, de 1982; “El año de las luces”, en 1986; y otras, hasta llegar a “Belle époque”, de 1992, donde mezcla elementos de construcción histórica, drama y humor. Más tarde en el mismo terreno da lugar a sus mejores y más personales películas, entre ellas “La niña de tus ojos”, de 1992, que ahora en el año 2016 atrae para hacer una segunda parte, una nueva historia con aire nostálgico y comedia. Crítica de la película “La reina de España”.

Con guión del propio Fernando Trueba, la historia aparece así: estamos en la España de los años 50 y Macarena Granada (Penélope Cruz), la gran estrella “americana” de origen español, retorna a su tierra para encarnar a Isabel la Católica en una película dirigida por cineastas americanos. Al enterarse de la noticia el director de cine, Blas Fontiveros (Antonio Resines), que no había vuelto desde que se marchara a dirigir “La niña de tus ojos” a la Alemania nazi dieciocho años atrás, decide regresar a España, un país que habla en voz baja cuando no calla, vuelve para encontrarse con sus compañeros, que seguro están viviendo en la pedagogía del miedo. Eso piensa y no lo dice. Así se cierra el ciclo de Fontiveros en el exilio. A su llegada se encuentra más de lo que esperaba, por eso ocurrirán una serie de acontecimientos que pondrán a prueba el rodaje de la película y algunas cosas más.

“La reina de España” dibuja un lenguaje cinematográfico común a otros trabajos de la carrera del director utilizando los mismos enfoques de entrada y una idea central en imágenes exactas con la estupenda fotografía de José Luis Alcaine. La veracidad y el significado de la película están perfectamente concebidos con una mezcla de trasfondo político, como un trabajo de ideología esencial y divertido. Trueba con esta crónica, busca llegar al espectador mediante una presentación selectiva del transcurso de los hechos de la posguerra española y saca, para nuestros ojos, mundos que no conocimos y que aquí se muestran con mucho humor.

imagen-de-la-reina-de-espanaEn definitiva, una película con una historia caminando en varias direcciones que resulta más compleja de lo que parece porque, en realidad, esta desatinada comedia es un desgarramiento afectivo en medio de las vidas de todos los personajes igualmente salpicados de miserias, un artefacto provocador y un salivazo en la cara a quienes no reconocen la evidencia ni siquiera a través del paso de los años. Hay que convenir también que el humor que rezuma tenga a veces el aire precipitado de una comedia poco refinada o que los actores estén en registros que para el espectador sean casi desconocidos o demasiado familiares, pero a la vez es lo que se requiere. El gran plantel de comediantes en su mayoría tienen los personajes destinados para ellos desde “La niña de tus ojos”: Antonio Resines, Penélope Cruz y Jorge Sanz, en una ducha de inteligencia interpretativa. Chino Darín, Javier Cámara, Rosa María Sardá, Santiago Segura, Loles León, Mandy Patinkin, Neus Asensi, Ana Belén, Arturo Ripstein, Cary Elwes, Clive Revill, Carlos Areces, Jesús Bonilla, Ramón Barea, Anabel Alonso, Guillermo Toledo, Secun de la Rosa, Juan Antonio Bayona, Miguel Ángel Lamata y Gemma Cuervo establecen un equilibrio apropiado dentro de una comedia que como ya he dicho es desatinada y añeja. Todo asistido con la música del compositor polaco Zbigniew Preisner.

Recuerdo la anterior película de Trueba, El artista y la modelo”, buena película pero de la que no disfruté por algunos detalles, como ya expliqué en su día. Sin embargo, y reconociendo que “La reina de España” es peor película que “El artista y la modelo”, he de decir que la nueva película de Fernando Trueba me brindó dos horas divertidas.

Apostemos por el cine, es la forma artística de nuestro tiempo.

 

Crítica: Las brujas de Zugarramurdi

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Anunciada y esperada. Con un reparto levemente reconocible tras las sesiones de caracterización necesaria, Álex de la Iglesia estrena su nueva película, conformando una especie de retablo donde la risa y la paranoia crean un efecto más que recomendable. Crítica de la película “Las brujas de Zugarramurdi”.

Con guión Álex de la Iglesia y Jorge Guerricaechevarría, la cinta nos narra la historia de dos parados españoles (Mario Casas y Hugo Silva) que cometen un atraco en plena Puerta del Sol de Madrid y huyen con una bolsa llena de anillos de boda. Inmediatamente son perseguidos por la policía (Pepón Nieto y Secun de la Rosa) y por la ex mujer de uno de ellos (Macarena Gómez). Se adentran en los bosques impenetrables de la Navarra profunda cayendo en las garras de una horda de mujeres enloquecidas que se alimentan de carne humana: las brujas de Zugarramurdi. Las brujas se comportan como brujas y se trasforman en una pesadilla para los pobres e inocentes hombres que resultan víctimas de sus habilidades. Ellas son como niñas grandes, manejadas por dos potentes brujas de estirpe (Terele Pávez y Carmen Maura). La eficacia irrefrenable de ellas frente a la simplicidad colosal de ellos les lleva a consumar múltiples brujerías, entablándose una disputa trepidante.

Álex de la Iglesia, el director español de inolvidables películas como “El día de la bestia” o “Balada triste de trompeta”, el maestro del encuadre cinematográfico más excéntrico de España, da muestras de hallarse en plena forma, como queda patente en esta nueva película.

Imagen de Las brujas de Zugarramurdi

La genial utilización de los puntos de humor casados en diálogos más que vigentes y usuales, bañan con su cuño personal una película no menos notoria. Álex de la Iglesia consigue un núcleo narrativo satisfactorio, con un fuerte talante cómico y de terror, en un itinerario cimbreante y ágil. “Las brujas de Zugarramurdi” es espléndida en su perspectiva actual y toda una demostración de cómo adaptar el gusto y la vitalidad comercial de un film. Plagada de alusiones a la relación de las mujeres, los hombres y la sociedad en que nos movemos, consigue que la clasificación de los tipos humanos a los que representan los personajes resulte totalmente natural en pantalla. “Las brujas de Zugarramurdi” disfruta de una fantástica fotografía de Kiko de la Rica y una música acertadísima de Joan Valent.

Muchos de los actores brillan a lo largo de la historia, destacando la sencillez de una destacada interpretación de Terele Pávez y Carmen Maura, sin olvidar tres de los primeros papeles que bordan igualmente Mario Casas, Hugo Silva y Jaime Ordoñez, no escatimando ni profesionalidad ni entrega a las escenas del principio y del interior del taxi, unas escenas en las que realmente consiguen conquistar al espectador. Igualmente, Pepón Nieto, Secun de la Rosa, Macarena Gómez, Santiago Segura, Carlos Areces, Gabriel Delgado, María Barranco, Javier Botet y Manuel Tallafé, secundarios que hacen una armoniosa y divertida interpretación. La necesariamente sobreactuada Carolina Bang se embute en la piel de la bruja más joven y una cuadrilla de más de cien mujeres extra transforman a conciencia los espléndidos escenarios de Zugarramurdi en un lugar fehaciente de brebajes y maleficios.

De la Iglesia delimita con mágica precisión los muchos hitos de una película imprescindible para amantes de la comedia negra. Una buena oferta de risas, creo que es la película más divertida del director vasco. Podría ser su mejor película si no fuera por un giro sorprendente, para mi innecesario que le resta equilibrio.

“El mensaje es sin duda rebeldía, porque hay cosas que uno no debe aguantar por mantener la mínima humanidad”: Álex de la Iglesia en una reciente entrevista.

Crítica: La mula

La MulaAdaptación de la novela homónima de Juan Eslava Galán, dirigida no sin polémica y encuentros judiciales posteriores por Michael Radford. Crítica de la película “La Mula”.
La acción dramática tiene lugar en un espacio indeterminado cercano a Andújar, Jaén, durante la Guerra Civil española (1936-1939). Nos cuenta la historia del cabo de acemileros Juan Castro Pérez (Mario Casas), perteneciente a la Tercera Bandera de la Falange de Canarias en el término de la contienda, final del 38 y mediados del 39. La historia narra como el cabo Castro encuentra una mula perdida en el frente de Valsequillo y la llama Valentinilla. El cabo Castro tiene mucha ilusión por conservar esa mula para después de la contienda con otra que compre tener una yunta y labrar tierras con su amigo el Chato (Secun de la Rosa) y Benito “El Churri” (Jesús Carroza). A través de los ojos del acemilero, observamos la vida de los soldados en las trincheras, cómo se relacionan entre ellos y cómo comparten sueños y esperanzas y se preparan para afrontar la vida. También el amor se vive en las trincheras, Castro se enamora de Conchi (María Valverde).

Por fin la película más enjuiciada de los últimos años en el cine español ve la luz. El cruce de acusaciones, primero, y de demandas después comenzó a sucederse entre los productores y el director  Radford, hasta terminar en el abandono del cineasta a una semana de terminar el rodaje. Gheko Films, la productora de Frade, decide acabar la película pues prácticamente estaba finalizada y hoy ya podemos disfrutarla.

El comienzo de “La Mula” es enérgico, después con sencillez, dramatismo y humor controlado, nos vamos sumergiendo en la dicotomía de las características de personajes contrapuestos pero juntos en la esencia.
A pesar de que pueda parecer una empresa fácil, dada la rápida empatía que la audiencia joven suele establecer con las películas protagonizadas por un actor como Mario Casas lo más sencillo hubiera sido una historia sensiblera, afortunadamente Michael Radford se aleja de estos tópicos para presentarnos una película distraída, sin concesiones al melodrama, donde el propio director demuestra una excepcional maestría a la hora de retratar con un realismo inusual la parte de humor que pueda extraerse de una tragedia. No importa la contrariedad o los infortunios, ya que los personajes saben crear su sitio y construir una barrera que los aísle y les consienta convivir en armonía con ellos mismos y su entorno.

Imagen de La MulaEl guión de Juan Eslava Galán y el propio Michael Radford ofrece una correcta adaptación de la novela, aporta una buena definición de caracteres y refleja con habilidad la vida en aquellos momentos. La recreación de la época, extremada en cada detalle de vestuario. La fotografía de Ashley Rowe, perfecta, envuelta en un aire funesto incluso en los interiores, rezuma ese pernicioso todo amorronado y escabroso y la música siempre oportuna es de Oscar Navarro. La fuerza interpretativa gira en torno a Mario Casas, en su papel se resume la ilusión de la vida futura y las decepciones del día que nos obligan a vivir, un joven actor que es capaz de cambiar de registro, – en “Grupo 7” le vimos en un perfil distinto -, para el que existe mucho futuro por delante. María Valverde tiene un papel quizás menos atractivo pero igualmente trabaja bien su personaje. Secun de la Rosa, excelente, y del resto del reparto, entre ellos Luis Callejoperfecto, situando su personaje en el espacio que le corresponde.

 “La Mula” es una película con un tema muy expuesto pero a la vez distinto, unos protagonistas dispuestos a hacerla tan grande como su historia en el libro lo requiere, un mensaje que llega a quedar prendido por la gran cantidad de momentos emotivos que transmite y un especial énfasis en el antibelicismo. Una alegoría de la paz que deseamos. Marcada por esto, desencadena a su vez en el espectador momentos de risa y muchos otros de emoción.

Crítica: Cinco metros cuadrados

CartelEsta densa crítica de la película “Cinco metros cuadrados” es consecuencia de la profunda impresión que me ha producido la fórmula cinematográfica de Max Lemcke, yo, engañada por un elenco de actores que en su mayoría ocupan la comedia, me encuentro de repente con un drama social afanoso y atinado en una historia indiscutible.

“Cinco metros cuadrados” intercepta el periodo que nuestra sociedad está atravesando y acoge ideas sumamente reales. Cuando hoy se habla de una pareja joven y la compra de una vivienda, no podemos menos que admirar y dudar del sentido adquisitivo de estos chicos, los precios y las políticas inmobiliarias nos infunden un enorme recelo. Sin embargo, en la mayoría de las familias españolas, hay sin duda algún joven que se encuentra sumergido en una deuda por treinta o cuarenta años, por un pisito que apenas si cubre lo imprescindible.

Durante muchos años hemos aguantado la funesta lacra de la especulación: una maquinaria de favores y mafias, por la cual el beneficio privado se mantiene indestructible, pisando y destrozando las necesidades y derechos de toda una sociedad. Pues, señores, de eso va “Cinco metros cuadrados”: el constructor, (Emilio Gutiérrez Cava), el político poderoso que levanta la mano para que éste construya (Manuel Morón), y Álex (Fernando Tejero) y Virginia (Malena Alterio), una pareja ideal, muy enamorados, que pasan de los treinta y que piensan casarse en un año. Un día, en la boda de unos amigos, coinciden con un antiguo conocido, Nacho (Secun de la Rosa) que les habla con mucha seguridad y confianza de unos bonitos pisos en un lugar privilegiado. La pareja, encantados con lo que la constructora les ofrece sobre un plano, compran su piso, situado a una distancia de quince minutos en coche desde la ciudad, ¡¡¡pero cuando esté terminado va a ser un lugar precioso, apartado pero, ahí mismo, casi se ve el mar!!! Para la entrada entregan una fuerte cantidad, -todo lo que habían ahorrado en mucho tiempo- y el resto a pagar durante muchos años. Álex y Virginia más adelante conocerán a Carlos (Jorge Bosch), un futuro vecino, bueno… tendrán ocasión de conocer a cantidad de gente nueva, pero no serán exactamente muy alegres sus encuentros.

Max Lemcke, director español muy conocido por todos por su serie de televisión “Gran Reserva”, comenzó a trabajar en la pantalla grande hace años siendo ésta su cuarta obra, rodó su primer trabajo en el año 2003 “Mundo fantástico”, al que siguieron “Casual day”, en 2007, y la serie antes nombrada en 2010, seguida su trayectoria con interés por gran parte del público medio, ha sido “Cinco metros cuadrados” la película que le ha dado éxito y un gran reconocimiento en el pasado Festival de Málaga, alzándose con una buena cantidad de premios. Con esta cinta nos entrega un estado emocional a mitad de camino entre la ilusión, la rabia y la impotencia. Su idea de captar la atención del espectador con un señuelo fuerte e impactante, nos conduce sin darnos cuenta al verdadero corazón de la trama. La bien construida historia de Lemcke engancha desde los primeros minutos y, muy pronto y sin artificios, nos transporta a la vida de los personajes.

Por fin, después de años viendo registros cómicos de Fernando Tejero, esta película me da la oportunidad de verle en un papel dramático con todo el sentido que la palabra domina, ese personaje con el que nos ha emocionado, ese hombre desesperado que progresivamente vemos que se deteriora y daña, y que el actor muestra admirablemente bajo su prisma original. De la misma manera, Malena Alterio saca su registro teatral desenvolviendo su papel y dándole solvencia a su personaje. Los dos actores construyen una pareja, donde la calidez y el encanto están por encima de todas las trabas. Presten especial atención a la escena donde los dos se sientan derrotados en la escalera de la casa de sus padres: impresionante. El resto del completo y particular elenco consigue extremar los rasgos que representan.

El éxito comercial de esta película puede estar subordinado a diversas oscilaciones, pero la historia tan bien contada, tan clara y con tal presentación de inverosímiles, pero tristemente cotidianos, acontecimientos nunca se pasará de moda.

“Cinco metros cuadrados” muestra la vergüenza que le debemos al sistema económico conforme está constituido en la actualidad, avasallando todos nuestros derechos fundamentales. Una repugnante lacra en la vida del trabajador.

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