Crítica: Agosto

Cartel de AgostoAdaptación de Tracy Letts para el cine de su propia obra de teatro del mismo título. Ganadora del Premio Pulitzer en 2008, se estrenó hace varios años en un teatro de Madrid con Amparo Baró, Alicia Borrachero y Carmen Machi, entre otros. Ese montaje estuvo dirigido por Gerardo Vera y el texto fue versionado por Luis García Montero. En esta ocasión, para la gran pantalla, ha sido dirigida por John Wells. Crítica de la película “Agosto”.
La película fija objetivo en las chicas Weston que vuelven a su palacete en las afueras de Pawhuska, en Oklahoma. Regresan, sin toques de tambor ni trompetería. La desaparición de su padre en extrañas circunstancias hace que la familia se reúna. Mientras toman nota de lo que ocurre en casa de sus padres, su sangre brota con el sabor amargo del descalabro. Desoladas, se dan cuenta de la existente batalla entre sus padres. Ante tal devastación callan, Karen (Juliette Lewis) y Ivi (Julianne Nicholson) con resignación pensativa sabedoras de que ni los llantos ni los gritos devolverían lo que se había ido para nunca volver; Barbara (Julia Roberts), la mayor de las tres hermanas, con el rostro lívido, los ojos secos y desprovista de todo tacto se enfrentará a su madre Violet (Meryl Streep) y a todas las desgracias que nazcan de su voz. Violet está enferma y es una adicta insoportable que vive encerrada en su acomodada torre de vigilancia, sin hospedar esfuerzo alguno que dé a sus hijas un suspiro de ternura, odiándose ella y odiando al mundo que la rodea.

Podría tratarse de una relectura de Tracy Letts, filtrada por el cine de John Wells, sin embargo esta película es otra cosa: una denuncia sin acuse de recibo a la posibilidad de reconciliación familiar. Así, dejando a un lado el formulismo sistémico para abrazar el costumbrismo cruel, pone en imágenes su deseo de no dar tregua en la historia para apariencia, paz, ni armonía. Como ocurre con casi todas las adaptaciones de teatro, la película de John Wells, “Agosto” es un film desigual.

Wells ha creado una película con cierto toque enigmático que compone un fresco entre caótico y autocomplaciente, no obstante su mirada caústica puede estar compensada por el perfil de cada personaje y el sentido interpretativo que se le adjudica en ese desfile de figuras enfrentadas, además de esa válida ambivalencia donde el espectador goza de plena libertad para extraer significados. No es la primera vez que John Wells utiliza la sonrisa agria para abordar un territorio espinoso y como resultado ofrece un film mordaz aunque también algo inofensivo.

Imagen de Agosto Sustentada por unas magníficas interpretaciones y un tratamiento sostenido del espacio, como requiere, – está rodado casi todo dentro de una casa-, con unos referentes milimétricamente estudiados para que el juego sea más apasionante, Wells propone una estética desnuda entre lo rabioso y lo contemplativo, y captura el universo de unos protagonistas con colérica luz de soberbia.

Meryl Streep desde el principio saca su bolsa de estrategias interpretativas llegando a niveles estratosféricos, quizás haya quien diga que exagerada, para mí no, creo que trabaja un papel muy difícil y lo hace suyo ostentando un oficio arrebatador. A Julia Roberts le toca el agradecido papel de interpretar a la hija mayor; la que está pendiente de todos, la que trata de concordar a la familia, la que une y, sin embargo, la que se lleva los palos más duros, con su estupendo gancho emocional consigue alcanzar la cumbre de un personaje que parece hecho para ella sin producir ninguna sensación de esfuerzo. Además, tengo que mencionar como bueno a todo el elenco de actores, desde Ewan McGregor, Chris Cooper, Abigail Breslin, Benedict Cumberbatch, Juliette Lewis, Dermot Mulroney, Sam Shepard, Misty Upham, Julianne Nicholson, hasta Margo Martindale, que hace una excelente interpretación de un personaje determinante.

La música la pone Gustavo Santaolalla y la fotografía es de Adriano Goldman.

Por esta película, “Agosto”, Meryl Streep y Julia Roberts han sido nominadas en varios festivales de cine como mejor actriz protagonista y mejor actriz secundaria.

Tan fuerte como la vida misma. Las esperamos en los Premios Oscar.

Crítica: Blackthorn, sin destino

CartelLa vida de Robert LeRoy Parker reúne todos los ingredientes de una historia fascinante, alias Butch Cassidy. “Blackthorn, sin destino” es la nueva película del director y guionista español Mateo Gil,  apoyado en un guion firmado por Miguel Barros, este tándem logra un producto dispuesto a librar un pulso inclemente contra toda producción comercial que aparezca este verano por nuestros cines.

Antes de avanzar con la crítica de “Blackthorn, sin destino”, vayamos con el argumento. Historia de los últimos días del legendario ladrón de bancos, James Blackthron (Sam Shepard) es el seudónimo bajo el que se camufla Butch Cassidy, – su más popular alias-, este salteador vive solo y apartado de su pasado, en un rancho criando caballos, a veces disfruta de la compañía de una joven , Yana (Magaly Solier), a la que a cambio de las visitas le da algo de dinero, el lugar donde se encuentra es un precioso sitio en los desfiladeros incandescentes de Bolivia, donde a veces te sorprende la selva y muchas otras te deslumbra su desierto. Un día conoce a Eduardo (Eduardo Noriega), un ingeniero empleado en una mina de estaño, es español y un pobre ignorante que acaba de robar la mina donde trabaja. La mina es de un empresario boliviano, Patiño se llama el dueño, y bien, al principio la cosa esta tensa pero al tiempo Cassidy y Eduardo hacen buenas migas. También pasarán ratos muy malos incluso más que buenos.

La membrana de este film gira en torno a la teoría de que el famoso ladrón no muriese asesinado a tiros por la policía en el año 1908 y se desarrolla veinte años después, cuando vive retirado y escondido, hasta que por culpa de Eduardo, pierde todo su dinero. A la vez durante todo este tiempo, un empleado detective, que en su momento fue contratado para detenerle, le sigue, convencido de que no ha muerto.

La película es utilizada además de por su carácter de cine del oeste, como explicación e imaginación de la biografía supuesta del protagonista- ya de mayor- tanto en las propias vivencias, como en torno a los testimonios de los que dijeron ser testigos de su supervivencia.

Hay dentro de “Blackthorn, sin destino”  dosis capaces de pericia y destreza en el manejo de los componentes clásicos del wéstern como para descubrir sin problemas la experimentada inspiración narrativa de Mateo Gil y Miguel Barros, casi toda la película sucede en lugares abiertos con hermosos paisajes, desiertos salvajes y tierras desoladoras que para nada traicionan las normas básicas del genero, muchas de las escenas rodadas de forma artesanal, dan la sensación de que todo lo visual está calculado y milimetrado. Me han gustado los paisajes, las montañas con la niebla a media altura que impide ver por completo la inmensa loma, el desierto de sal que invita a empujar a los caballos para que pasen más rápido, las quebradas, todo, y dos hombres no queriendo aceptar la realidad que están viviendo. Ellos se inventan una fantasía muy por encima de lo posible.

La película combina los géneros e Indaga en las huellas del ser humano asociando, sus deseos y codicias, por los que somos capaces de luchar consumando atrevimientos y ocupando conflictos, el dinero…

Música Lucio Godoy, fotografía Juan Ruiz Anchia.

Quizás le falte luz para capturar el hilo.

 

    Estoy convencida de que Víctor es el niño más bello que existe. El precioso tiempo que pasamos juntos, desplegando juegos inventados, los paseos de la mano, los abrazos, la merienda, el despertar de la siesta, las empapadas con la manguera… tantos y tantos momentos compartidos… y yo, siempre bañada en su sonrisa y él, pececillo de colores navegando en las aguas de mi felicidad, su alegría para mí es el vestido floreado con el que adorno los momentos que compartimos.

 Mi nieto transmite a mi corazón colosales energías y su influjo dibuja mis 24 horas.

 A partir de hoy Víctor tiene tres años.

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