Crítica: Lo que arde

El director Oliver Laxe ha querido explorar para la pantalla terreno muy suyo y se ha encontrado con la magnificencia. “Lo que arde” es capaz de acercarse al cine documental e introducirse en el cine poético, literario, fértil y pasional. Una historia de naturaleza pura, naturaleza dañada, crisis del sistema y emociones contadas sosegadamente. Por encima de los hechos, sobrevuela una extraña fascinación y la intensa expectación creada.

El protagonista de “Lo que arde” es Amador (Amador Arias), un muchacho de origen humilde que trabaja en el bosque, hasta que es acusado de haber provocado un incendio. La película empieza una tarde en que el fuego ya consumido deja sus restos de humareda por los picos de los montes y los suelos. Después, es la imagen de Amador la que aparece saliendo de la cárcel. Regresa a su casa, una aldea perdida de las montañas lucenses, donde volverá a convivir con su madre Benedicta (Benedicta Sánchez), su perra Luna y sus tres vacas. Su madre lo recibe tranquila preguntándole si quiere comer, sus vacas nada dicen pero parece que participan del recuerdo de su amo y para Luna,ver a Amador es como volver a la vida de antes: el compañerismo, las caricias y el paseo por los bosques; el bienestar del encuentro. Sus vidas transcurren al ritmo sosegado de la naturaleza en tranquilo periodo de paz. Las vacas, la madre, el hijo y el perro. Hasta que todo cambia cuando un fuego violento arrasa la zona, el amor a sus bosques llamea entre las venas de los habitantes del lugar…

“Lo que arde” es una historia tan real como metafórica, algo que consigue condesar una realidad compleja, porque la película de Oliver Laxe es un símbolo de lo que ocurre en tierras gallegas, de lo que convive con sus habitantes, de su sentir ante lo inevitable, en suma, algo terriblemente fácil de ver, con un caparazón que nadie arranca…

Hay pocas cosas que no consiga descifrar Oliver Laxe de lo que quiere decirnos, es más, aparca delante de nosotros su juego y su caligrafía para centrar el ritmo en guion e imágenes, guion en el que trabajó junto a Santiago Fillol como absolutos maestros de orfebrería en cine reivindicativo, siendo así que en la película, las situaciones están construidas a remolque del sentimiento, construidas no solo para la denuncia, también con la intención de reclamar un estilo de vida, no cuesta nada detectar detalles. La precisión del ordenado pormenor la convierte en un gigante del cine casi documental. De “Lo que arde” huelga valorar su importancia, solo decir que pedimos que no sea un islote de un genio sino el resorte de un salto evolutivo, porque toda la tierra nos pertenece, igual que nosotros pertenecemos a la tierra.

Fotografía magnífica del catalán Mauro Herce. La música, maravillosa acompaña a imágenes que también lo son. El reparto está compuesto de personas no profesionales, en primer lugar destacar a Benedicta Coro, auténtica, perfecta. Amador Arias, muy bueno en su sufrido personaje. Luis Manuel Guerrero Sánchez, Nando Vázquez ,Nuria Sotelo, Elena Mar Fernández, Ivan Yañez, Álvaro de Bazal , Inazio Abrao, David de Peso y Rubén Gómez Coelho, todos forman un equipo estupendo para un trabajo sobresaliente.

“Lo que arde” hace algo por el pueblo gallego y por el resto también. Gracias.

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