Crítica: Basada en hechos reales

Roman Polanski, el director de “El escritor” en 2010, “Un dios salvaje” en 2011 y tantas películas superiores en anteriores fechas presenta ahora “Basada en hechos reales”. No es tan solo una película basada en la novela de la escritora francesa Delphine de Vigan con la que tanto triunfo recogió su autora, sino un film de intriga superior donde consigue trascender sus propios márgenes expresivos. Incluso los poco amigos del género que siempre los hubo y los habrá se sentirán arrastrados y captados por su atormentada maquinación. El guion lo escribieron el gran cineasta francés Olivier Assayas y el mismo Polanski.

La película comienza en una tienda de libros donde una escritora, Delphine (Emmanuelle Seigner), está firmando y dedicando el último de sus libros. Lleva desde las ocho de la mañana recibiendo a sus admiradoras y está completamente agotada. Quiere dejarlo para el día siguiente, no puede más. En ese momento se acerca una joven y guapa mujer completamente desconocida para Delphine y le pide, por favor, que la atienda a ella que es su más grande seguidora; Delphine no le presta atención porque no le quedan fuerzas. Es una novelista de éxito, que ahora anda preocupada ante la idea de tener que comenzar a escribir una nueva novela y, lo que es el azar, precisamente este día ha llegado a su vida Elle (Eva Green), una chica encantadora, que comprende a Delphine mejor que nadie y que pronto se convierte en su confidente.

A partir de la asumida presteza con los elementos cinematográficos de Polanski, la cámara se vuelca en miradas, espacio, luz, convirtiéndolo todo en un laberinto de imágenes que luchan por aferrar una realidad inasequible. Todo cuanto tenemos es una y otra mujer fijadas en la retina que el cineasta escruta con una habilidad superior a los trazados por las letras, tan aparentemente real como minuciosamente calculada.

“Basada en hechos reales” se puede entender como el regreso de un director de cine que siempre estuvo, y sigue estando, con su signo en el lado diabólico de la mente de sus personajes, transformándolo bajo su inteligente mirada en algo tremendamente intenso para el público: la mediocre vida de un mundo que produce monstruos de destrucción. Un alucinante viaje por la capacidad del ser humano para tener paciencia y sobrevivir, aunque detrás haya  conspiración y destrucción.

En todo momento las fotografía del polaco director Pawel Edelman hace que el nerviosismo escale consiguiendo una experiencia extrema cada ver de mayor permeabilidad. La música y su dimensión intimista se cuela entre la ambientación sórdida y tensa, consciente de algunas limitaciones Alexandre Desplat la compensa con inesperados golpes de efecto. La actriz Emmanuelle Seigner, esposa de Roman Polanski, heredera de una gran tradición de cine y focos, se mueve por la película como lo que es, una consagrada actriz en un buen momento. Eva Green, que en esta película no es precisamente el alumbramiento de la complacencia, hace un buen papel. Vincent Pérez, Damien Bonnard, Camille Chamoux, Josée Dayan, Noémie Lvovsky, Dominique Pinon, Brigitte Roüan y Alexia Séféroglou, todos dan fuerza una película que no destaca entre las mejores de Polanski pero se disfruta mucho.

Hay que verla.

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Crítica: Un dios salvaje

Cartel“Un dios salvaje”, adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza, es la última película del franco-polaco Roman Polansky, un director cuya obra, elaborada a lo largo de más de cuarenta años, posee tal diversidad y caudal de creación, que es considerado uno de los grandes cineastas de todos los tiempos. “Un dios salvaje” ha sido rodada en Francia, Polonia y Alemania, pero la historia se desarrolla en Nueva York, en el barrio de Brooklyn.

El film se centra en cuatro personas: Penélope (Jodie Foster), Nancy (Kete Winslet), Michael (John C. Reilly) y Alan (Christoph Wallz); dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque, y donde uno de ellos ha salido un poco perjudicado. Pero la reunión se enmarañará hasta límites sorprendentes.

Como cada vez que tenemos la suerte de ver una película de Roman Polansky, quedamos admirados de la destreza con que desdobla su extenso universo: desde lo técnico y visual, a  la manera dinámica con que mueve su cámara y su pulcra puesta en escena. Excelente su inquebrantable precisión milimétrica, atendiendo en todo momento a la lógica descompuesta de los personajes y creando un punto discordante de escenarios exteriores.

Roman Polansky, con este film nos brinda personajes definidos, en una comedia entretenida que aborda el lado oscuro del alma humana, con situaciones crispadas y altisonantes buscando una reflexión profunda y rompiendo el disfraz de la sociedad de buenas y educadas formas, -que a veces son previas a una ferocidad virulenta-, no obstante esa mirada caústica suele estar compensada, mediante el recurso a lo sarcástico.

“Un dios salvaje” destila naturalidad por los cuatro costados. En tan sólo unos minutos, te bañas en la energía que va incitando el metraje. La admirable propuesta de Roman Polansky, no en vano, escarba en las entrañas de sus protagonistas, convirtiendo la presentación de los personajes en un ejercicio de equilibrismo inteligente. Es curioso como personas desconocidas entre sí, en igualdad de situaciones puedan mostrarse simpáticos, cariñosos y efusivos, pero en cuanto salta la chispa del desacuerdo, la situación cambia y sus distintas naturalezas salen a flote desde el enigma de las frustraciones de cada cual. A medida que avanza en su entramado, los acontecimientos que tienen lugar incluyen: amabilidades, desengaños, disputas, descaros e incluso malentendidos matrimoniales.

 Jodie Foster borda su papel con una interpretación que pasa por desiguales etapas, mostrándonos el transcurso de un personaje en una situación crítica y a la vez divertida sin caer en el exceso; Kate Winslet tiene un papel riquísimo y agradecido; Christoph Wallz y John C. Reilly también están encantadores. La música leve, la pone Alexandre Desplat y la fotografía corre a cargo de Pawel Edelman.

La riqueza temática de la película, partiendo de un pulso de relaciones, y el trato de diversión que encierra, no hace sino dar más realce a la agudeza y acierto de Roman Polansky, que de forma erudita nos libra de las frecuentes diatribas de frases hechas y apologías recurrentes.

Recomendable. Hora y cuarto de cine, se hace corta.

El escritor

Algunas veces  las bandas sonoras no están a la altura de las grandes películas, por suerte no es el caso de Román Polanski ; un director que nunca abandona el envoltorio sonoro y con” El Escritor” no nos deja insatisfechos, ya que gracias a las orquestaciones creadas por Alexandre Desplat,  el suspense  de la película se agarra férreamente a la música, y así, emparejadas, juegan con nosotros a favor de la angustia. Esta nueva película del director polaco, está basada en la novela superventas  “El poder en la sombra”, del escritor inglés  Robert  Harris, que junto a Polanski  ha adaptado el guión para el film.

La historia de la que hablamos empieza con la imagen de un coche abandonado en un ferry, un hombre muerto en una playa, y acto seguido vemos en las oficinas de una gran editorial inglesa, una reunión de ejecutivos de distintos estamentos y funciones, que han hecho llamar a un escritor, interpretado por Ewan McGregor para convencerle de participe en un proyecto  que le resultará sustancioso en cuanto a ganancias. El negocio no es otro que escribir las memorias del primer ministro británico Adán Lang (Pierce Brosman). El escritor, a duras penas acepta… ya convencido, rápidamente se  traslada a una isla de Estados Unidos donde reside el político inglés. Nada más llegar todo le resulta extraño y gélido, enseguida se pondrá manos a la obra trascribiendo el manuscrito que Alan Lang ha ido escribiendo durante mucho tiempo y del que quiere que este escritor saque una imagen suya perfecta y limpia, pero la intranquilidad y la sospecha van a ser sus asiduas compañeras durante toda su estancia en ese lugar.

Aunque la trama se desarrolla en suelo americano, ha sido rodada en Alemania debido a los problemas ya sabidos de Polansky con la justicia norteamericana, -no puede entrar en aquel país, ni en ningún otro que tenga acuerdos en este aspecto con su gobierno. Aún no estaba acabado el rodaje cuando le detuvieron en Alemania. En el mes de febrero, el Festival de Cine de Berlín le premió con el Oso de Oro al mejor director, premio que no pudo recoger por estar detenido. Este genial director  que comenzó como actor y al que la vida ha golpeado muy duramente, no tiene miedo, a sus 76 años, el objetivo básico de sus películas sigue siendo ajustar cuentas con sus denuncias nada superficiales y muy necesarias.

Yo admiro e idolatro a este director, es un verdadero creador de arte. Con esta película me ha vuelto a sorprender, no voy a decir que es una obra maestra, está lejos de esa calificación, sobre todo el guión adolece de algunos pequeños baches, pero sí me sorprende dentro de la oferta cinematográfica que consumimos habitualmente, tampoco quiero dar la impresión de que mi buena calificación sea por este motivo, no, lo cierto es que esto que hoy os comento es cine trabajado, elaborado, concebido, “El escritor” es una sugerente y opresiva oferta, con una atmósfera que genera intriga, que despierta curiosidad.

Así son los escenarios  de este director, agobiantes sitios cerrados donde se respira un aire malsano y retorcido, para los exteriores también tiene su firma, lugares sobrios, fríos, distantes, donde para nada lo que sobresalga sea el paisaje, sino el momento en que nos sitúa la narración.

Esto es Polansky. Bueno contando historias, escenificando, dibujando dobles lecturas, criticando demoledoramente actos que nadie se atreve a dar la cara por ellos, y haciendo que en 2010, en una sala de cine de lo mas sofisticado parezca que estamos viendo una película del más puro cine clásico.

Tanbien los actores resultan brillantes, destacando a Ewan Mcgregor que brinda una actuación muy convincente, dando vida a este escritor sin nombre, “un negro” en el argot literario. Todas las actuaciones me han parecido sólidas, incluso Pierce Brosman que no me gusta mucho, en esta ocasión creo que ha sabido aprovechar este nuevo registro.

Evidentemente el futuro está abierto y de nuevo Román Polansky nos obsequiará con un nuevo trabajo soberbio, es evidente que si no le atan las manos seguirá metiéndonos en mundos de conexiones ocultas, de verdades vacuas y de asuntos de estado de mucha importancia, él se atreve. Roman Polanski: Filmografía esculpida con letras de oro.

Mañana sábado, salgo de viaje para Asturias, a pasar unos días en distintos y maravillosos sitios, estaré seis días por aquellas tierras, empapándome de la historia cultural de los lugares y disfrutaré de mi preferencia: el mar, grande, inmenso, bonito. Creo que el hotel donde me alojo tiene conexión a Internet, si es así, alguna noche asomaré por aquí.

Saludos

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