Crítica de Lo dejo cuando quiera

“Lo dejo cuando quiera” llega de la mano de Carlos Therón. Aunque en 2018 se llevó a la pequeña pantalla una serie del director de cine español, en los cines no teníamos noticias de Therón desde un año antes cuando disfrutamos de “Es por tu bien”, una película que probaba muestras de su humor personal muy al gusto del espectador. En esta ocasión, Carlos Therón vuelve con un simpático enfoque y un único campo de operaciones: la comedia. Con guion del guionista, actor y director catalán Cristóbal Garrido y del también guionista Adolfo Valor, hablamos de la película “Lo dejo cuando quiera”

Comienza su recorrido contándonos las particularidades de Pedro (David Verdaguer), Arturo (Ernesto Sevilla) y Eligio (Carlos Santos), amigos desde sus tiempos de estudiantes. Pedro, Arturo y Eligio decidieron ser profesores de universidad. Por una cosa o por otra, los tres se quedan sin trabajo y de chapucillas no se puede vivir, al menos, como ellos piensan que deben vivir. Eligio ahora es gasolinero. Arturo da clases particulares por las casas y Pedro lleva años trabajando en una investigación médica. Hay algo en lo que tiene puesta su ilusión y que podría darle mucho prestigio si las circunstancias fuesen distintas; experimenta sobre un complejo vitamínico que es sorprendente. Con la ayuda de Anabel (Miren Ibarguren), una compañera de Eligio de la gasolinera y abogada agresiva donde las haya, y de Jota (Mero González ), una alumna de Arturo, que es una chica muy lista y muy adelantada para su edad, arrancan hacia un mundo desconocido, llenos de ilusiones y proyectos, sobre torbellinos demenciales de mercancía.

Todo, en “Lo dejo cuando quiera”, empezando por la cantidad de actores y actrices del cine y series españolas que mueven la escena; la fotografía de Ángel Iguacel; la música, de Claudia Montero; sin dejar a un lado los viejos trucos cómicos, en graciosos actos, es algo que encaja con lo que esperábamos del director. Comunicar, narrar, decir, aprovechando que estamos ante un trabajo de humor, revelando a su manera la personalidad de cada personaje y circunstancia, desparramando gran dosis de carcajadas que son cada vez más necesarias. “Lo dejo cuando quiera” es una película que visita iconografías conocidas en la descripción de psicologías y el desarrollo de estas, y en la aplicación de todo ello a la comicidad que mueve el núcleo central del relato, pero desde la originalidad hogareña del nuevo conquistador. “Lo dejo cuando quiera” es una obra que da vitaminas a la comedia española y eso se agradece.

En cuanto a qué tiene la película de Carlos Therón, la pregunta no tiene fácil respuesta porque a primera vista es solo una sencilla comedia, pero para mí es una sencilla comedia que pisa el suelo con fuerza y ofrece una mirada lógica sobre el material cómico empleado, que sabe mantenerse y potenciarse a lo largo de todo el relato. Una película que, desde luego, es inteligente.

Tengo que destacar como factor determinante el trabajo de los actores, la animación y la energía que transmiten David Verdaguer, Ernesto Sevilla, Carlos Santos, Ernesto Alterio, Cristina Castaño, Miren Ibarguren, Amaia Salamanca, Pedro Casablanc, Gracia Olayo, Luis Varela, Mero González, Roger Berruezo, Mario de la Rosa y Jorge Asín.

Señor Carlos Therón, gracias. Películas así hacen mucha falta en tiempos convulsos.

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Crítica: Dolor y gloria

Somos muchos los seguidores del maestro que esperábamos esta obra desde hace años, para degustar su realidad, para asistir al despertar de vocaciones artísticas y eruditas, para sentir profundamente la colaboración de las expresiones, la carga emocional, la desolación, la reconciliación y el lenguaje cinéfilo del gran director manchego Pedro Almodóvar. Eso nos trajo “Dolor y gloria”.

Pedro Almodóvar utiliza todo su ingenio y una mirada tan agridulce como penetrante para mostrar un perfecta galería de personajes con una ilimitada fuente de valores. Con “Dolor y gloria”, Almodóvar nos introduce en su universo fílmico, donde vive Salvador Mallo (Antonio Banderas), un director de cine con algunos problemas físicos y psíquicos que condicionan su vida y su trabajo. Tiene esta película espacios de realidad, cuando, entre imágenes actuales, se nos deja ver el pasado en entrañables flashbasck, una pequeña parte de la infancia del director en los años 60, en esta ocasión con Salvador (Asier Flores), cuando emigró con su madre (Penélope Cruz) a Paterna, en busca de prosperidad. Continúa la cadencia del film enarbolando una gran suerte de situaciones, que el relato ofrece en una magnífica armonía dulce y amarga, y de nuevo como en un espejo retrospectivo que recoge imágenes del pasado damos otro paso a las espaldas de la que fue la vida de Salvador Mallo: años ochenta en Madrid, la juventud, la diversión, los excesos, las ilusiones y el primer amor, la felicidad y el dolor, el máximo dolor de una brusca ruptura. Cuando aún se amaba escandalosamente…

Hay muchas lecturas en “Dolor y gloria” y vuelan entre sus luces diversas filosofías pero por encima de todo está la sabiduría de un hombre del cine con una libertad, una anarquía y una seguridad que llevan su trabajo a extremos delirantes. Pedro Almodóvar convierte con su esencia y su gracia lo árido en rosas, en el calor de un cine que nuevamente trenza en su silencio, sueña con su visión, acaricia su pelo blanco y exalta su voz y su gemido ante el drama que su escritura crea.

 “Dolor y gloria” es un ovillo de simbologías que tiritan en la esquina de la escritura, del amor, de la familia, de la necesidad del cine, del vacío, el dolor, la creación, la dificultad, la inspiración, la esperanza, la recuperación y la hermosura de los elementos.

Solo en apariencia la nueva película de Almodóvar “Dolor y gloria” está lejos de sus películas históricas, dramas y comedias visitadas por un lenguaje jovial en apretado grupo de satisfacciones y éxitos. La última película del cineasta español encuentra un vehículo perfecto para integrar sus habituales reflexiones morales. No es fácil describir este trabajo que es capaz de reivindicar tanto, solo y nada más que con la valiosa herencia que Pedro Almodóvar lleva en la maleta.

De otro lado, tenemos la música que acostumbra, como elemento integrante e integrado en la concepción de la película, en cuya realización participa como un factor más de los que acompañan, y su responsable es Alberto Iglesias. En el equilibrio de la fotografía está el ya muy premiado director de foto José Luis Alcaine, que hace un delicado y portentoso trabajo, con la inestimable compañía del elenco de actores que con su participación en la película nos conducen de la mano de la historia mejor contada de Pedro Almodóvar. Existe una marcada predisposición emocional de los intérpretes en las escenas, predisposición de entrega cargada de profesionalidad. La caracterización de personajes, la sensibilidad dramática, la verisimilitud, la libertad de palabra define un espacio muy importante en el relato. Antonio Banderas, que ocupa una porción enorme en el metraje cumple tanto su misión que hasta sus miradas quedan para la reflexión. Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, Julieta Serrano, Nora Navas, Asier Flores, César Vicente, Raúl Arévalo, Neus Alborch, Cecilia Roth, Pedro Casablanc, Susi Sánchez, Eva Martín, Julián López, Rosalía y Francisca Horcajo, todos con interpretaciones sublimes.

No me gusta decir: obra maestra, digo solamente que he sido náufraga en los mares de “Dolor y gloria”. Sí, lloré bajo la tempestad.

Véanla.

 

Crítica: El hombre de las mil caras

el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez es un director de cine español que en 2002 con el “El traje” perdió la ingenuidad de cineasta primerizo para sorprender a todos con la pureza de un cine serio, con “7 vírgenes”, en  2005, daría un salto mortal sin red demostrando lo grande que es con una cámara en la mano. Luego vino Grupo 7”, en 2012 y La isla mínima, dos años después, una película hecha al buen nombre del cine español. Ahora, veo su nuevo trabajo y me pregunto qué nuevos senderos nos tendrá preparados el cineasta sevillano. Crítica de la película “El hombre de las mil caras”.

Basada libremente en hechos reales ocurridos en los años 90, nos cuenta la historia de Francisco Paesa (Eduard Fernández), ex agente secreto del gobierno español, el responsable de la operación contra ETA más importante de la historia y cómo se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL lo que le lleva a huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto (Marta Etura), que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes (José Coronado).

Una historia que estuvo y permanece en la memoria de la historia reciente de España

imagen-de-el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez con “El hombre de las mil caras” se ha mantenido en la sobriedad expositiva de sus últimos títulos, aunque en el contexto de un material más frágil a la controversia y a la sensación de explorar en los vientres hedientos de la corrupción política. Una historia que no se había contado en el cine, a pesar del aluvión de televisiones y otros medios que abordaron el tema durante mucho tiempo. Una narración sencilla, seca y fría. Muy virtuosa, sin llegar a ser impresionante por el poso de su contenido. La cámara es testigo de unos hechos para demostrar cómo funcionaba aquello, que funcionaba para ellos, los de arriba, igual que ahora. Guardando las distancias, una distancia muy débil y efectiva que deja al espectador sin poder reconfortarse tras la asfixiante visita a los infiernos del poder corrupto. Me gusta de “El hombre de las mil caras” su irrefutable ajuste de thriller sin espectáculo, su drama sin melodrama, su humor sin risa. Su ritmo narrativo y sus diálogos perfectos. Su invitación a la reflexión y el clima moral que la circunda. Me ha encantado Alex Catalán, su magnífica fotografía, el pulcro vestuario y un todo generoso en la partitura musical de Julio de la Rosa hacen que esta película, con guion impecable de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, basado en el libro de Manuel Cerdán, recree con elegancia aquello que se funde como cierto. En este enlace, las palabras del propio Alberto Rodríguez sobre la película.

“El hombre de las mil caras” es cine negro desteñido por el color de la mentira en la sombra de la realidad. Tiene una representación envolvente y poderosa. Ni sobra ni se dilata un solo plano, no se pierde en profundidades imprecisas. Es un magnifico ejemplar de documento testimonial.

En lo que respecta a los protagonistas destaco la compostura extrema de Eduard Fernández interpretando a Francisco Paesa, hace una actuación admirable y meritoria. José Coronado, Carlos Santos y Marta Etura perfectos en sus personajes, del resto del reparto: Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc, Enric Benavent, Christian Stamm, Philippe Rebbot, Alba Galocha, Jimmy Shaw y Craig Stevenson, de todos ellos emerge una continua química interpretativa.

“El hombre de las mil caras” Para degustadores de cine político.

 

Crítica: Truman

TrumanCesc Gay es un director de cine y guionista catalán que debutó como director en 1998 con la película “Hotel Room”. “Krámpack” en 2000, “Ficció” en 2006 y su posterior obra “Una pistola en cada mano” de 2012, le han traído hasta su último trabajo. Crítica de la película “Truman”.

Julián (Ricardo Darín) es un actor de mediana edad, que vive y trabaja en Madrid. Está enfermo y vive solo con su perro Truman. La enfermedad que padece está en un estado muy avanzado y él no puede soportar vivir así. Un día recibe la visita de su mejor amigo Tomás (Javier Cámara) quien acaba de llegar de Canadá por sorpresa. Juntos pasan momentos muy duros en los que Tomás intenta hacerle la vida más agradable. Lo que más le preocupa a Julián es su perro Truman, cuando él muera quedará solo en el mundo.

En “Truman”, Cesc Gay tiene suficiente cabeza y gusto como para ahorrarnos momentos lacrimosos y los golpes bajos de este tipo de argumentos. Coloca a Ricardo Darín y Javier Cámara en el limbo de los buenos para deleitarnos con maestría cinéfila y transformar lo que podía ser un drama de romperse en lloros en un plectro bien interpretado, dramático, no cabe duda, pero como ya he dicho sin ningún intento de forzar el desconsuelo. En cuanto al relato del reencuentro de los dos personajes unidos en la amistad, el director nos habla con el corazón, revertiendo la sinceridad en ellos y en un montón de secuencias y diálogos que destilan ternura y humanidad. Un auténtico atracón de cariños visuales y sonoros a los que seguro les resulta difícil encontrar un competidor con las misma garantía de nombre propio que es esta película.

Imagen de TrumanRicardo Darín y un soberbio Javier Cámara consiguen minutos de puro atractivo cinematográfico en donde todo es más, mucho más. Ambos sujetan y enraízan su eficacia en el dibujo de unos personajes que remedian su presente intentando tener un futuro mejor. En la película de Cesc Gay no hay buenos y malos, hay caricias y reproches para cada uno de ellos y para cada una de sus acciones y decisiones pero de una forma civilizada desde la tranquilidad que tienen las víctimas y la poca naturalidad que conlleva el tener que asumir la muerte de diferente manera,  cuando ya estamos ante algo que inevitablemente pasará.

El resto del reparto Dolores Fonzi, Àlex Brendemühl, Javier Gutiérrez,Eduard Fernández, Elvira Mínguez, Silvia Abascal, Nathalie Poza, José Luis Gómez,Pedro Casablanc, Francesc Orella, Oriol Pla, Ana Gracia, Susi Sánchez y Àgata Roca desarrollan unos personajes secundarios muy acertados en sus contrastes.  El guion es de Cesc Gay y Tomás Aragay, la  música de Nico Cota y Toti Soler y la fotografía Andreu Rebés.

“Truman” es una película triste, cálida y melancólica que a veces saca alguna sonrisa leve. Un relato lleno de amor.

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