Crítica: The Party

Sally Potter se encarga de la dirección y el guion de este largometraje, más sorpresivo y menos adolescente que su anterior película; “The Party” también escoge la amistad como espacio metafórico para esbozar un retrato desolador de una situación social, en este caso, Inglaterra.

“The Party” comienza con Janet (Kristin Scott Thomas) que lleva toda la vida esperando que la vida le brinde una oportunidad. Acaba de ser nombrada ministra del Gobierno. Ministra de sanidad nada menos, con lo que esto representa en la actualidad y esto hay que celebrarlo. Por ello lo festejará a lo grande, feliz y contenta organiza una fiesta, una fiesta para celebrar su elección con amigos, utiliza para el evento su domicilio que comparte con Bill, su marido (Timothy Spall). Janet da la bienvenida a todos con la mezcla de cariño y ternura que siente siempre que los ve, después sirve vino y todos contentos… Y este barco de alegría empavesado, con siete pasajeros a bordo no tarda en encallar en una ensenada sin forma posible de alcanzar su escollera.

El film de la directora inglesa Sally Potter no se detiene en elucubraciones, no pierde el tiempo que sus personajes no tienen: va al grano con penetrante tensión y rico humor, probablemente para abrir brechas de ambigüedad o tal vez por algún motivo más que exija el guion. Tan hábil es la construcción de su guion como sólidamente documentado. Igual que la puesta en escena, eficaz cien por cien, el fantástico control que da a la imagen el blanco y negro, con ese total estético en cada personaje, en cada objeto; tiene un decisivo valor simbólico y esa grandísima fortaleza del cine que verdaderamente apuesta seguro. “The Party” entra a fondo en un tema con múltiples y espinosas vertientes. Muchos de los temas más jugosos que la sociedad inglesa tienen su papel, recayendo el énfasis sobre todos los personajes y sobre la fuerza visual necesaria para que lo que proclama resuene en imágenes y diálogos.

Baste decir que Sally Potter cuenta una historia desde un punto de vista terrenal, sin caer en misticismos pero sin olvidarse del lado exagerado y sobre todo sin dejar atrás el sentido del humor. No hay nada que no guste en esta película de minutos justos, otra más, que hace de su sencillez la mejor de las cualidades. Una cálida comedia negra que inspira infinita simpatía, una de esas obras que traslucen la sencillez de quien la cuenta, la honradez de una narradora sin grandes pretensiones pero con mucho que decir, con voz propia.

Tres actores y cuatro actrices, todos inmensos asumen los perfiles psicológicos y mutuos de la situación, son: Timothy Spall , Bruno Ganz , Cillian Murphy, Patricia Clarkson, Cherry Jones, Emily Mortimer y Kristin Scott Thomas. La fotografía corre a cargo del director de fotografía ruso Aleksei Rodionov.

Película recomendable para quienes quieran pasar un rato divertido disfrutando con una buena historia que les distrae, bien creada y con un ritmo muy adecuado al desarrollo de la trama.

Nunca en mi vida había visto a Timothy Spall y a Patricia Clarkson con tan buenos ojos. En “The Party”, bordan sus personajes.

 

Crítica: La librería

Isabel Coixet dirige la película “La librería” escribiendo el guion sobre la base de la novela “The Bookshop”, de la escritora inglesa Penelope Fitzgerald. He aquí dos mujeres que estaban predestinadas a encontrarse, Isabel Coixet tan impaciente y ávida por crear vidas como la escritora Penelope Fitzgerald, y ambas con la pasión de retratar los sentimientos como máxima expresión en el ser humano.

La directora catalana Isabel Coixet nos centra en un pequeño pueblo de Inglaterra, allí vive Florence Green (Emily Mortimer), ella ha decido montar una tienda de libros, ama la literatura y además piensa que es justo ganarse la vida trabajando en lo que siempre soñó. Pero ya sabemos lo que ocurre en los pueblos pequeños de Inglaterra o de cualquier otro sitio. En los años 60, 70 u 80 es muy complicado sacar adelante un negocio semejante. Leer, qué tontería. Podías haber puesto una panadería. Así se pensaba… Por otro lado, están las fuerzas vivas del pueblo, una sociedad oculta y soberbia en la que nadie caminaba solo ni despreciado, sino prósperos y magníficos ante todo lo que contradiga los patrones que sus burguesas vidas han trazado. Nunca ha habido librería en el pueblo y Florence se atreve a saltarse las reglas. Por suerte, tiene el apoyo de un señor mayor, el señor Brundish (Bill Nighy) que no comulga con las normas instauradas y le gustan mucho los libros, también tiene como aliada en su lucha a una niña encantadora, Christine (Honor Kneafsey) de la que recibirá mucho cariño y la ayudará en sus momentos más bajos…

“La librería”. Otra vez, de forma sutil y consciente, queda evidenciado el cine de Coixet. Inquietudes, ilusiones y temores que corresponden a la mujer, un tema que la directora trata abiertamente al mostrar en sus películas esa especie de diatermia que mueve a sus protagonistas. Para mí, existe una conexión importante entre “La librería” y “Nadie quiere la noche”, de 2015, protagonizada por Juliette Binoche. Una y otra, cada cual en su universo, nos hacen considerar con cierta precisión, el gusto y el dolor de ser mujer sin ni siquiera ver en el personaje grandes alegrías ni desfallecimientos; Isabel Coixet juega, con ingenio despierto a entrar en el mundo femenino, ahí donde los males de aquel tiempo aún no han quedado desterrados, la veterana cineasta se centra en ello, precisamente, para construir un film con un discurso ciertamente progresista que reivindica la primacía de la inteligencia, sobre el oscurantismo de la intolerancia.

Es hermoso y poco habitual ver una película en la que el libro sea el hilo conductor de la historia, por eso y por todo lo demás que digo a continuación me conmueve tanto “La librería”, por la solidez de su planteamiento, por la fuerza testimonial que hereda de Penelope Fitzgerald afianzando el componente testimonial y anímico del relato. Por la gracia y cinefilia de Isabel Coixet que traduce con fidelidad el espíritu del original literario. Por los silencios y los diálogos, el vestuario, su humanidad, sus matices, por las sonrisas, por las lágrimas y por la pasión profesional del primer al último fotograma. Por los guiños literarios. Por todas las sugerencias que destilan ternura. Por todo su compromiso.

Muy buenas y entregadas interpretaciones de Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance,Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne,Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O’Neill, Toby Gibson y Charlotte Vega, todos ponen su toque fragante que es de agradecer. La música del compositor catalán Alfonso de Vilallonga. En la imagen, el director de fotografía francés, Jean-Claude Larrieu.

“La librería” es una película por la que sentía gran interés. Aparte de admirar a su directora… me llevaba a ella un sentimiento particular. Yo abrí una librería en un pequeño pueblo a principios de los 80, mi primera librería. Buscaba invitar a amar la literatura, abrir caminos a la libertad de imaginar, realizarme como mujer independiente y no faltó quien quiso hacerme sentir extranjera en el mundo del saber. Haciendo mías las palabras de Florence, digo: “Nunca estoy sola. Estoy acompañada de libros”.

Véanla.

Crítica: Aprendiendo a conducir

Aprendiendo a conducirCombinando de forma inconfundible la soledad con el enfoque determinista de raigambre balsámica que el amor infunde al ánimo y el inevitable estado social que la actual ciudad de Nueva York impone a sus habitantes, la directora de cine Isabel Coixet, con guion de la también cineasta y escritora Sarah Kernochan, se desmarca de sus forma de alta raíz social española y nos regala una nueva mirada que seduce por la riqueza y fluidez en su trabajo. Crítica de la película “Aprendiendo a conducir”.

La película se abre con una discusión en un taxi, a Wendy (Patricia Clarkson), una escritora y crítica literaria que vive en Manhattan, su marido la abandona, ella llora y ruega pero el hombre está decidido a empezar una nueva vida. Wendy, que lo está pasando fatal, decide sacarse el carné de conducir. Para ello toma clases con Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

Con esta sencilla y gratificante comedia sobre el afán de aprender a conducir, Coixet alcanza satisfacer al público con su último trabajo. La gran virtud del film reside en la habilidad para transformar líneas argumentales básicas en metáfora y reflexión. Esta película presenta una denuncia a través de un fino lienzo iconográfico y psicológico. Diversidad étnica, marginación social, desubicación y reubicación de todo: soledad. No parte de un guion novedoso ni rompedor pero la directora española lo moldea y cuece a su estilo haciendo caminar a los personajes por las difíciles carreteras de la vida, aprendiendo a conducirlas aunque en el recorrido haya que tropezar y frenar de forma brusca de cuando en cuando.

Imagen de Aprendiendo a conducirEn la interpretaciones Patricia Clarkson y Ben Kingsley confieren al film un grado de interés insospechado, Clarkson va haciendo que esa alternancia entre la satisfacción y la frustración  resulte convincente y Kingsley con su buen hacer, sigue dejando una impronta de la que siempre quedamos satisfechos. Con este sobresaliente añadido, y a pesar de su ritmo pausado el efecto final es muy satisfactorio, nos queda la sensación de haber visto una obra notable. El resto del reparto salvando las distancias hacen un trabajo aceptable: Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber,Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell; teniendo en cuenta que la substramas quedan conferidas a la apatía y en algún caso a historia por concluir, pongo como ejemplo el personaje de Grace Gummer como hija de Wendy. En la fotografía, Manel Ruiz.

Tranquila y agitada como la vida misma. Marco de una historia que aúna los problemas de las mujeres y los problemas de los hombres, los conflictos derivados de la inmigración, del divorcio y de la vida en una gran ciudad.

Coixet construye un envoltorio que convence, como siempre.

 

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