Crítica: Ex Machina

Del londinense Alex Garland, escritor y productor de cine, nos llega esta película sobre un futuro en el que ya estamos inmersos. Guionista de la terrorífica y maravillosa “28 días después”, en 2002,  de la explosiva “Sunshine”, en 2007, o la seductora Nunca me abandones“, en 2010; en 2015 se atrevió con el guion y dirección en su primera película “Ex Machina”, un sonoro aldabonazo que sirve para alertar al resto de la comunidad cinematográfica. Crítica de la película “Ex Machina”.

Caleb (Domnhall Gleeson) es programador en una de las principales empresas de tecnología del mundo. Nathan (Oscar Isaac) es el dueño de la empresa y vive en una isla rodeado de belleza, dedicado a hacer experimentos sobre inteligencia artificial. Nathan invita a Caleb a pasar una semana en su residencia y este enseguida descubre el verdadero motivo de la invitación: deberá realizar la prueba de Turing en un nuevo robot-mujer, Ava (Alicia Vikander). En el mundo existen todo tipo de trabajos pero el que le toca a Caleb le envolverá en un laberinto de exploración, investigación y obsesión…

El espectacular triunfo de “Ex Machina” en 2015 hizo que Alex Garland pasara de director novel a convertirse en uno de los grandes del nuevo cine.

El grado marcado de estilización visual va de lo ambiental, a lo completamente excéntrico. En sus momentos más intensos, su estilo se caracteriza por una iluminación sin claroscuro y sin las sombras recurrentes del thriller. El aspecto crucial de “Ex Machina” está servido en gran medida por ese talante cuyas funciones parecen ser claridad y la desorientación. Es un equivalente estilístico del concepto del laberinto, basado en imágenes compositivas angulosas, complicados espacios profundos y primeros planos que seducen nuestra visión. La dimensión laberíntica se refleja también en el argumento intrincado y complejo. Más que un tipo de historia o incluso un aspecto distintivo, “Ex Machina” es un estado de ánimo general evocado por elementos agobiantes muy bien seleccionados, las paredes, las luces, los pasillos, incluso los planos del exterior marcados por el agua, evocan sentimientos de enajenación y descontento. Una atmosfera nostálgica y minimalista que confiere un canto porfiado al género.

El enfoque relajado e intrigante con que se aborda la realización de la película se refleja en la soltura de las interpretaciones. El carácter tímido y cordial de Domnhall Gleeson brilla en toda su plenitud, mientras que Alicia Vikander le da una réplica magistral con su personaje no accesible, distante y cercano al tiempo. El choque entre personalidades tan opuestas, el potencial de suspense de la figura de Oscar Isaac, lleno de orgullo por aquello que creó y de todo lo que le da seguridad, las preguntas y respuesta, sobre la inteligencia artificial, la utilización de los actores secundarios y el ritmo frio y frenético son más elementos para que esta película sea sobresaliente dentro del género.

Los músicos ingleses, Geoff Barrow y Ben Salisbury se encargan de la música . La fotografía es del también inglés Rob Hard.  En el reparto: Domhnall Gleeson, Alicia Vikander, Oscar Isaac, Sonoya Mizuno, Corey Johnson,Chelsea Li y Tiffany Pisani. Magistrales.

Como si fuese una película de novedad les he hablado de “Ex Machina”. Ya dije antes que es una película de 2015, que por algo que no me explico no comenté en su momento, pues es una película imprescindible para aquellos que se sienten seducidos por todo lo relacionado con la inteligencia artificial y para todos los amantes de cine. En su momento “Ex Machina” obtuvo numerosísimos premios y reconocimientos: Premios Oscar, mejores efectos visuales; Premios BAFTA, 5 nominaciones, incluyendo Mejor film británico; Globos de Oro, nominada a mejor actriz de reparto (Alicia Vikander); Premios del Cine Europeo, nominada a Mejor guión y actriz (Alicia Vikander); National Board of Review (NBR): Mejores películas independientes del año, y BIFA, 4 premios, incluyendo mejor película, y muchos premios más.

Afilada y delicada, con grandes dosis de inteligencia. Véanla, es una de esas películas que invitan a la reflexión.

Crítica: Las dos caras de enero

Cartel de Las dos caras de eneroAnthony Minghella con “El talento de Mr. Ripley”, René Clément con “A pleno sol” o Alfred Hitchcock con “Extraños en un tren”, la escritora Patricia Highsmith ha sido elegida por diversos directores de cine y teatro para crear historias basadas en sus novelas. En esta ocasión el guionista iraní afincado en Inglaterra, Hossein Amini es el que a la vez que hace su primera incursión como director de cine homenajea a la escritora basando su guión en uno de sus títulos. Crítica de la película “Las dos caras de enero”.
La película transcurre a comienzos de la década de los sesenta, en Atenas, Creta y Estambul pero es a Atenas donde llegan desde América Chester MacFarland (Viggo Mortensen) y Colette MacFarland (Kirsten Dunst) a pasar unas vacaciones. En una visita a la Acrópolis conocen a Rydal (Oscar Isaac), un joven estadounidense que se gana la vida trabajando como guía turístico. Rydal fascinado por Colette y deslumbrado por el dinero que parece tener la pareja acepta encantado una invitación. Lo siguiente, un cuadrilátero de intriga.

“Las dos caras de enero” es un retrato dinámico, bien edificado, cuidado y abonado fiel a la novela en la que se basa el guion de Hossein Amini. El rodaje ha requerido un trabajo de representación, composición y un alto grado de dramatización. Amini coge las identidades inventadas y hace que los personajes no se limiten a estar, a posar durante un tiempo. Podemos decir que el estilo de Hossein Amini dirigiendo es de la vieja escuela, es singularmente poco llamativo, y además, o por lo menos a simple vista, nada fácil de distinguir su diferencia con otros directores antiguos. Creo evidente y fuera de toda duda que Amini es autor de cine. Imagen de Las dos caras de eneroSi ya tiene un estilo propio a la hora de escribir un guion, igualmente como director trabaja un peculiar estilo, tanto en el empleo del espacio y el tiempo como en las pinceladas estéticas, siempre agasajando el cine de otros tiempos. Por eso en muchas ocasiones durante el visionado rememoraremos otros títulos del cine de intriga: lentas películas, inquietantes en ritmo, narración y música. Aunque tiene mucho prestigio como guionista y ha ganado muchos premios por su labor, me atrevo a decir que este guión es uno de los más sutiles que ha realizado, aquí juega con varios factores sin ninguna amenaza de desequilibrarse. La elipsis, la reincidencia, los diálogos, la cumbre, la curva descendente y la resolución. Todo un conjunto perfecto.

Viggo Mortensen nos ofrece una de las mejores interpretaciones de su ya larga y excelente carrera, se alza como la estrella indiscutible de la cinta y logra embutirse en la piel de un hombre sumergido en una espiral de problemas. Un hombre de formas absolutamente negativas pero atractivo al espectador, Hossein Amini lo forma para que no resulte antipático, no quiere un personaje perverso, lo crea por definición atrayente y algo simpático, y lo hace fenomenal. Kirsten Dunst a la que recordamos por “Melancolia” de Lars Von Trier, da lo más amplio de su registro y lo más rico de sus matices tanto físicos como verbales. Con el guatemalteco Oscar Isaac al que también recordamos por su papel en la película “Guerrilla”, la segunda parte de “Che Guevara” y en “A propósito de Llewyn Davis” de Joel Coen y Ethan Coen, donde dio sobradas muestras de buen intérprete, aquí no sorprende, sobresale. Un buen chico americano, un poquitín pillo, presa de las malas influencias, que pasea su papel de víctima magistralmente.

Lo cierto es que no es una obra maestra pero nos hará disfrutar del momento.

Crítica: A propósito de Llewyn Davis

Cartel de A propósito de Llewyn DavisLa mayoría del público recordamos una película por los actores que en ella han intervenido, es más fácil recordar a quién pasó por nuestros ojos durante dos horas, que el nombre del director que los creó y que solo emerge en los rótulos de cabecera, afortunadamente hay un grupo de cineasta que se han ganado a pulso el cariño del público y que tienen al respetable pendiente de cada estreno, de cada uno de sus trabajos.  Ése es el caso de los hermanos Coen. Crítica de la película “A propósito de Llewyn Davis”.

Con guión de Joel Coen y Ethan Coen y basada en la biografía de Dave van Ronk, músico y mentor, nos muestra a uno de los fundadores del folk de la década de los 60 y una de las figuras más divertidas y más referenciadas  en la escena neoyorquina. Escribió cuentos junto con su música, dejó escritos filosóficos y fue un activista de izquierdas solidario de gran influencia en todos los músicos de aquellos años y de los que después pudieron beber de su savia.  Aunque  “A propósito de Llewyn Davis” nace de ese sentido, en una reciente entrevista, los Coen declararon que el verdadero personaje de esta historia es Llewyn Davis (Oscar Isaac),  un joven cantante de folk que vive en el Greenwich Village.

Durante un frío e implacable invierno Davis lucha por ganarse la vida como músico. Sobrevive gracias a la ayuda de sus amigos.  Su carrera y su rostro está marcados por la reciente muerte por suicidio de su amigo y compañero de “Fimlin & Davis”. Para consolarse y porque sentimentalmente los necesita pasa alguna noche en casa de los padres del inolvidable amigo, Mitch (Ethan Phillips) y Lilian (Robin Bartlett); también la casa de su amiga Jean (Carey Mulligan) es un refugio para enfrentarse a las circunstancias, aunque a veces también sea un endiablado descalabro. Davis se mantiene alejado de la vida social mientras subsiste y crea su música. Por su parte, el músico de Jazz Roland Turner (John Goodman) le invita  a una audición en un club de Chicago, una prueba para el magnate de la música Bud Grossman, los consejos que recibe del productor musical no le acomodarán porque Llewyn Davis no ve amenaza en las nuevas músicas, solo está seguro de su creación y pasará los días debatiéndose entre la lealtad a sí mismo y los mensajes que desde fuera le lanzan los que lo ven fracasado.

Imagen A propósito de Llewyn Davis Con sabiduría Joel Coen y Ethan Coen, maestros en cánones cinematográficos, potencian el resultado de la cámara,  tratan de descubrir cuál es el efecto de la trama en nuestra mirada, nuestra capacidad para vivir el transcurso del tempo cinematográfico, la posibilidad, exquisita, de entender qué sentimos;  a ellos les fascinan los personajes desafortunados de cada una de sus historias  y nosotros, los espectadores, sentimos con cada película no un simple visionado, sino armonía entre imágenes, tiempo de encerrar el alma, huellas sin pasos, algo incomparable que se hace habitable en la frontera perpetua de sus personajes al tiempo que su narrativa nos invita en un montaje pausado, de apariencia sencilla, que encierra  complejidad de ánimo, y supone una satisfacción para los sentidos.

“A propósito de Llewyn Davis” es una invitación a dejarse llevar en un viaje en el que tiene que ver la vida, las relaciones y  la música. Los Coen nos muestran  las diferencias entre ver, mirar y sentir. Sus obras son como un manual saciado de partes con hojas blanco que nos incitan a completar. Con deliberación, a través de una evidente  independencia creativa, de una instrucción donde la grafía y el contenido se miran y compenetran, nos llega una resolución, una terminación de templado desarrollo y extraordinaria naturalidad onírica en  la que el corazón del hombre y la profundidad intelectual van de la mano en este triste poema de una vida fracasada.

“A propósito de Llewyn Davis” tiende a ver el infinito en lo finito, lo grande a través de lo pequeño, la no esperanza y el camino sin salida que se hace habitable en su perpetua frontera.

La reflexión y el mensaje es seguir tocando tranquilamente a las puertas de la vida, sin preocuparnos de cómo nos ven los demás. Esta nueva película de los Coen llega a un estadio de profundidad excelente aunque no sorprende, incluso es algo más fría en cuanto al humor al que nos tienen acostumbrados.

Véanla y búsquenle el significado al precioso gato, es un personaje muy importante.

Ágora

Estamos ante una película dirigida  por el siempre vivificante, Alejandro Amenábar; escrita por él y su habitual colaborador, Mateo Gil; que cuenta con el apoyo del director de fotografía catalán, Xavi Jiménez, un hombre brillante que tiene en su haber más de una veintena de películas, algunas de ellas con nominación a los Premios Goya.

Amenábar, joven director en su quinta película, nos sorprende de nuevo con un gran largo. En este caso se trata de la historia del mayor foco cultural de la Edad Antigua, Alejandría en el siglo IV d.c., durante la implantación de la religión cristiana, que  coexiste con la judía bajo el dominio del Imperio Romano. Es ahí donde el imparable avance de los cristianos crea un conflicto de creencias.

El director de “Los otros” y “Mar adentro” nos hace ver la necedad de las religiones ante la ciencia y el saber; la necedad, sobre todo, de los exaltados religiosos del cristianismo más oscuro. Esa intolerancia de los intransigentes que, en nombre de la fe, destruyen  el conocimiento, la lógica  y la cultura.

Para ello pone como ejemplo principal a Hypatia, la primera mujer matemática de la historia del mundo, una mujer ilustrada y liberada, sabia en ciencia y filosofía, que ofreció grandes talentos al mundo por medio de su escuela.

Hypatia está interpretada por Rachel Weisz, que entrega toda su capacidad y da vida, con méritos, a esta mujer segura de lo que quiere y no quiere en la vida. Hay que destacar también el trabajo de los actores Max Minchella  y Oscar Isaac que encarnan a Davo y a Orestes.

“Ágora”, -con un presupuesto de 50 millones de euros-, nos permite a todos ver el triste destino de la cuna de conocimiento que representó la Biblioteca de Alejandría y nos sorprende por la forma divulgativa y didáctica de la narración. Si está bien conseguida la lucida fragmentación del hilo narrativo también es admirable la cohesión del conjunto.

Fanatismo bien plasmado, ambientación  perfecta, vestuario logradísimo y decorados adecuados, son todos aciertos de Amenábar. “Ágora” es una película que puede presentar algún agujero leve pero que no limita su fidelidad narrativa y se alza como una historia fuerte que congrega los sentimientos más profundos de los espectadores, frente a la crueldad y el envilecimiento.

A la hora del análisis, el filme cumple altamente las expectativas, no sólo por la realización sino también por los aspectos  técnicos y artísticos, sencillamente deslumbrantes.

Como discurso final, la película nos deja que “los errores grandes de la vida siempre se firman con sangre inocente”.

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