Crítica: Tully

El joven director canadiense Jason Reitman, hijo mayor del famoso cineasta Ivan Reitman, llega a las pantallas españolas con una película con guión de la estupenda y admirada escritora Diablo Cody; en su cuarto trabajo juntos se mueven en la reconstrucción irónica y psicológica de una mujer joven. “Tully” es una esfera de realidades y un gran fresco social para las mujeres que, en conjunto, padecemos los estereotipos impuestos por las costumbres sociales.

Marlo (Charlize Theron) es una mujer de cuarenta y un años, dueña de unos ojos preciosos. Ha fundado una familia junto a su marido Drew (Ron Livingston) pero la carga del hogar y de los hijos es solo para ella, niños, escuela, casa, compra y un montón de exigencias diarias. Es madre de tres hijos: Sarah (Lia Frankland), de ocho años, Jonah (Asher Miles Fallica), de cinco, y una niña recién nacida a la que ha puesto de nombre Mia en memoria a su madre, que murió cuando Marlo era muy pequeña. Marlo tiene una existencia horrible, una tremenda depresión postparto. Reducida a una condición de esclava, se abandona y abandona todo cuando la rodea, siempre atada y sometida a la obligación de criar a sus hijos. Su hermano Garig (Mark Duplass), que es un hombre de dinero, contrata una niñera nocturna, le hace este regalo con la intención de ayudarla a salir del pozo en que está metida, al principio le parece una extravagancia pero Marlo acaba contenta y entabla una bonita relación con Tully (Mackenzie Davis), una joven amable y cariñosa.

Diablo Cody, como ya hizo en obras anteriores, nos traslada con gran maestría al centro emocional de una madre de familia joven, a la lucha por la estabilidad, a la aterradora conjunción que teje el silencio, la soledad, el desamparo. “Tully”, desde el corazón de la historia, descubre un desolado territorio de desvelos universales y Diablo Cody es quien convoca a través de su pluma Woolf mojada en vitriolo feminista a los fantasmas de la desigualdad para decirnos que ser mujer no es solo sinónimo de discriminación, ser mujer en muchos casos implica tragedia.

La sección de cine que retrata la maternidad siempre y de forma sistemática discurrió sobre unas pautas concretas de romanticismo y humor. La tendencia, recogida en esas pautas tan poco justas a veces, parece manifiesta y confirmada aún más al sentarnos a contemplar una excepción. Así, esta película funciona  esencialmente porque utiliza el basto arsenal que puede conducir una historia desde algo tan parecido a la realidad. A ratos funciona como un drama, en otros actúa como denuncia y ahí está Charlize Theron haciendo de lo que es, una mujer, forjando en todo su tiempo un guiño de reivindicación.

La estética, la elaboración, la astucia de vender un buen producto se la debemos a su director Jason Reitman. Su cine se ha detenido en un punto  razonable: entre la cordura de un propósito, la fuerza simbólica de un eco  de sentimientos y la deriva sincronizada de una realidad, dejando de lado la falsa perfección. Siempre ayudado de cerca por su fotógrafo más próximo, Eric Steelberg. La música la pone el gran compositor y pianista estadunidense  Rob Simonsen. Un resultado de efervescente lucha contra la rigidez social y las miserias del destino.

Charlize Theron suma puntos con una excelente interpretación, marca con fuerza los límites del abandono, la palidez,  la apariencia desganada, agobiada, mientras construye frases que llegan hondo:

“¿Qué edad tiene tu hija?”, pregunta Tully, la niñera. “Ocho años, la edad en que las niñas se empiezan a exigir mucho a sí mismas. Me preocupa, este mundo no está hecho para nosotras”, contesta Marlo.

Mackenzie Davis, en su papel de Tully es como una progenitora; un discurso sobre las exigencias a las que estamos sometidas y una sinfonía mágica de circuitos exactos. Perfecto su trabajo. Mark Duplass, Emily Haine, Ron Livingston, Elaine Tan, Maddie Dixon-Poirier, Lia Frankland, todos forman parte de un conjunto de actores y actrices bien elegidos.

Me gusta mucho la idea, me parece muy acertada la puesta en escena, pero difiero algo con el cierre de la historia.

Véanla.

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Crítica: Marte (The Martian)

Marte The MartianBasada en la novela del escritor estadounidense Andy Weir, con dirección de Ridley Scott, esta película continúa con la persistente existencia del fenómeno espacial y trata de encontrar unos valores que le sean propios. Crítica de la película “Marte”

Objeto de una calurosa acogida en muchas salas de cine, la trama, creo, que parte de uno de los guiones más básicos del cine espacial: una prolongada espera.
Ésta se inicia con un planeta que se llama Marte y un grupo de aventajados astronautas, un grupo cuyos miembros tratan de enfrentarse a un mundo desconocido aferrándose a un código de honor y lealtad tan caduco como estricto en la nave tripulada Ares III. Tienen terribles problemas, por una fuerte tormenta desatada, con la que peligra la vida de todos y tienen que salir inmediatamente del planeta rojo. El astronauta Mark Watney (Matt Damon) no aparece y es dado por muerto y abandonado por la tripulación que pone rumbo de vuelta a la tierra. Pero Watney ha sobrevivido y se encuentra hecho un valiente, solo como la noche sola, pero animado a vivir en cuantas hostilidades le deparen los soles. La comida es escasa y el planeta es Marte, ya se sabe, pero él es biólogo y casi descubriendo la magia elabora recursos para sobrevivir y ser feliz. Solo le falta ponerse en contacto con la NASA para avisarles de que está vivo y también lo logra. También tendrá alguna complicación.

“Marte” se desarrolla con una tendencia a recrearse en primeros planos y en una utilización poética y casi musical del paisaje, hecho que sirve de recompensa, pues se descuelga mucho del espacio narrativo. Imagen de Marte The MartianEl desnudo humor, combinado al estado de un hombre en gran desarreglo emocional que trata de bajar de allí como si estuviese en la rama más alta de un pino, no es suficiente para que Scott consiga mantener intacta la vibración emocional. Sin embargo también es cierto que estos elementos proporcionan un contexto estilístico adecuado para enmarcar el carácter de la obra.

A medida que la historia avanza, Ridley Scott crea una mayor dicotomía moral por medio de la cual la mayoría de los personajes son tratados a un tiempo como individuos que no forman opinión del orden general establecido y como héroes del folclore: una imprecisión que no llegará a resolverse en todo el recorrido del film, más que nada porque no hay estudio de personajes, no se ahonda en ninguno. Aunque verdaderamente “Marte” se presente como una película de personajes, es más, Mark Watney, personaje principal, aparece en el noventa por ciento del film no crea empatía con el espectador.

En el reparto Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels, Kate Mara, Michael Peña, Sean Bean, Kristen Wiig, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong,Mackenzie Davis, Donald Glover, Mark O’Neal, Brian Caspe, Chen Shu y Eddy Ko. El guión es de Drew Goddard; la música de Harry Gregson-Williams y la fotografía de Dariusz Wols.

Sabemos mucho de Ridley Scott y creo que en pocas ocasiones ha mostrado el director tanta frialdad por las convenciones cinematográficas. Aunque es posible que “Marte” sea una de las películas del espacio más inconcretas que jamás se ha realizado, a diferencia de lo que pensemos puede alzarse con jugosos premios.

Así es el negocio del arte.

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