Crítica: Un monstruo viene a verme

un-monstruo-viene-a-vermeSostiene el cineasta Juan Antonio Bayona una película que reproduce la realidad más triste, que mueve fragmentos de la vida y de su ausencia y que baraja la alegoría para sobrevivir a lo visible y a lo que nunca volverá. Crítica de la película “Un monstruo viene a verme”.

Connor (Lewis MacDougall) es un chico de 12 años que se ocupa de llevar las riendas de la casa, pues su madre (Felicity Jones) está enferma de cáncer. El niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de su imaginación, pero sus fantasías tendrán que enfrentarse no sólo con su realidad más cercana, también con su abuela (Sigourney Weaver), que no le cae muy bien, y con el acoso escolar que sufre en el colegio. Connor ha creado un mundo irreal  que le permite escapar de todo eso. A través de la ventana de su habitación, ve un viejo árbol al que habla y le habla. Cada día, minutos después de la medianoche, Connor  se encuentra con su monstruo (Liam Neeson) que le viene a contar tres historias.

El escritor americano Patrick Ness se encarga de escribir el guion de “Un monstruo viene a verme”, a partir de su novela homónima con la que obtuvo grandes éxitos, -recordemos que la historia había sido ideada por la desaparecida escritora y activista británica Siobhan Dowd-. El director español, J.A. Bayona, hace de ella su nueva película, narrada bajo el inocente punto de vista de un niño de 12 años. Como dice una voz en off al comienzo, el protagonista: “es demasiado mayor para ser niño y demasiado joven para ser hombre”.

Con la literatura como base, “Un monstruo viene a verme” es un relato triste y virtuoso, estructurado en extendidos y  ejemplares planos que cruzan la historia de principio a fin. Un niño y un árbol. La dramatización de sus bocados de realidad es tan impecable, como llana. Tan inquietante como cercana. Nos muestra el perfecto determinismo de la mente desembocando en su inevitable clímax trágico y  un orden ensimismado de un presunto mensaje simbólico que convierte en seda el esparto de lo cotidiano.

imagen-de-un-monstruo-viene-a-vermeBayona va graduando todos los recursos, toda la influencia y toda la grandilocuencia de los medios que utiliza, modela el tono sin perder el pulso, sin desperdiciar ni una sola gota de credibilidad al conducir su intenso drama hasta los confines de la esperada tragedia. La sensibilidad con que se toca al medir el sufrimiento del niño, queda intacta hasta que se va acercando la resolución y la fuerza de la mirada del chico se cruza con la fuerza que sus creadores le suman a la dramatización. La historia aquí se torna más poso de amargura, J.A. Bayona insiste en poner más dificultades a los sentimientos.

Reflexionando vemos lo que nos dice o nos quiere decir esta historia; “para que podamos defendernos del mundo que nos aplasta hay que salirse de él”. No es malo el mensaje para una película que puede ser la más vista de la temporada

En el reparto, quien pone la nota de esencia es Lewis MacDougall. Felicity Jones, me gustó mucho, creo que más de lo esperado, felicidades.  Sigourney Weaver, perfecta. Y el resto, de Liam Neeson, no podemos disfrutar de su voz en la versión en español, aunque sí del excelente trabajo del doblador Camilo García. Toby Kebbell, Geraldine Chaplin, James Melville, Garry Marriott, Joe Curtis, Kai Arnthal, Max Gabbay, todos firman con creces sus personajes. La música es de Fernando Velázquez y la fotografía Óscar Faura. Todos acaban por convertirla en una buena película.

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Crítica: Caminando entre las tumbas

Caminando entre tumbasEl director de cine estadounidense Scott Frank, en su cuarta obra para la gran pantalla nos enfrenta a un crudo relato. La frase más repetida en cuanto a ella, es: escalofriante. Crítica de la película “Caminando entre las tumbas”.

Matt Scudder, (Liam Neeson), un expolicía de Nueva York, trabaja como detective privado a pesar de que no tiene licencia. Cuando accede a regañadientes a ayudar a un traficante de heroína a cazar a los hombres que secuestraron y asesinaron brutalmente a su esposa, descubre que no es la primera vez que esos hombres han cometido este tipo de crímenes. Entonces decide recorrer las calles de Nueva York para detener a los asesinos antes de que vuelvan a matar.
La atmósfera que nos ofrece el director es oscura y pesimista. El guión es un trabajo del propio Scott Frank, basado en una historia de la serie de novelas que escribió  Lawrence Block  acerca del policía ex alcohólico Matt Scudder. Y realmente ha quedado bien.

Gran parte del triunfo de “Caminando entre las tumbas” se puede atribuir al gran papel que nos regala el señor Liam Neeson, que lo sitúa a medio camino entre “Mas allá de la muerte”, de 2009,  e “Infierno blanco”, de 2011. Puede ser un film de acción, no lo es; puede reflejar una contexto histórico pero tampoco, y es que en realidad Scott Frank solo se inclina hacia una visión superficial de esta sociedad desquiciada, poniendo en pantalla un producto de una enorme carga psicológica, sin profundizar en monstruos y víctimas, y trabando al tiempo todas las locuras colectivas.

Imagen de Caminando entre tumbasLa primera parte nos da una apertura bastante prometedora, durante la cual nos vamos enganchando con lo que parece ser un juego digno sólo de las mentes más retorcidas, conforme van pasando los minutos, y con la brisa de un sinsentido extremo y una serie de trampas que encadenan un terrible desconcierto, entras sin remedio en un juego de tensión constante.

Podrá gustar o no. Porque el experimento social no está en pantalla, quizá lo analizable y que interesa al público exigente quede oculto, pero en la trama tenemos todo lo demoledor de lo más podrido de la sociedad. La incomunicación y la dificultad en los afectos. “Caminando entre las tumbas”  nos brinda confesiones claras ante la cámara de personajes que es aterrador pensar que puedan existir. El más fuerte en este perfil, el chico marginado en el que Scott Frank funde sus primeros planos, con la soledad, los hechos o los sueños que le martirizan. Sin dudarlo hay todo un cine culto en este film que necesita la pantalla y el espectador. Violencia física y violencia sicológica y todo un sacrificio del espectador ante lo devastador que esconde la realidad fuera del alcance de nuestros ojos.

Con música de Carlos Rafael Rivera y fotografía de Mihai Malaimare Jr., “Caminando entre las tumbas” se sirve de un buen reparto. Liam Neeson llena la pantalla y, junto a él, un grupo de jóvenes actores que aunque algunos no estemos de acuerdo con su perfil en “Caminado entre las tumbas” sacan adelante perfectamente el trabajo que se les asigna: Dan Stevens, Marina Squerciati, Sebastian Roché, Boyd Holbrook,Stephanie Andujar, David Harbour, Briana Marin, Toshiko Onizawa, Purva Bedi,Maurice Compte, Patrick McDade, Luciano Acuna Jr., Hans Marrero y Laura Birn.

La próxima vez que afronte una película de este director tendré que echarle mucho arrojo y fuerza de voluntad, pero eso no evitará que lo siga haciendo porque me gusta lo que hace.

Liam Neeson

Imagen de Liam NeesonLiam Neeson, nació en Ballymena,  Irlanda del Norte, el 7 de junio de 1952. Es un actor británico.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.es/name/nm0000553/

Sus películas en Comentamos cine:

 Crítica: Un monstruo viene a verme (2016)

Crítica: Caminando entre las tumbas (2014)

Crítica: Sin identidad (2011)

Crítica: Los próximos tres días (2010)

Crítica: Chloe (2009)

Crítica: Cinco minutos de gloria (2009)

Crítica: Crónica de un engaño (2008)

Crítica: Sin identidad

CartelDos años después de “La huérfana”, Jaume Collet Serra vuelve a dirigir su mirada hacia la intriga, en esta ocasión ha escogido para llevar a la pantalla un  libro del escritor francés Didier van Cauwlaert. Hacemos crítica de la película “Sin identidad”.

El sugestivo punto de partida de este entretenido thriller, podía ser el de cualquier serial de espionaje, su argumento se mueve en parte de la vida de un americano que visita Europa con su mujer Elizabeth Harris (January Jones), y está a punto de hospedarse en un hotel de Berlín, el doctor Martin Harris (Liam Neeson). Por casualidad, sufre un accidente de tráfico y entra en un prolongado estado de coma. Cuando se despierta, comprueba alarmado que su esposa no le reconoce y otro hombre ha tomado su personalidad. Con la ayuda de la chica que el día del accidente le llevó en taxi, Gina (Diane Kruger, Las vidas posibles de Mr. Nobody), emprenderá una frenética investigación para averiguar la verdad de lo que está sucediendo.

“Sin identidad”  es un thriller que juega en todo momento con el espectador, pero no sólo eso, sino que a la vez se juega con los personajes, dándole ese tono genérico, no previsible, con algunos elementos algo novedosos que le dan al film ese correcto toque diferencial que le eleva por encima de la mediocridad  imperante.

La película tiene un gran laberinto y su título: “Sin identidad” encarna perfectamente lo que su director nos quiere  contar, manteniendo en todo momento el manejo de las situaciones que van confluyendo. Dos caminos tenemos para ir desgranando esta ficción política, por un lado el oscurantismo  del entorno y por otro el semblante de urgencia de su protagonista por saber de su pasado. El  director maneja la intriga como si fuera una partida de ajedrez que se jugase con algunas piezas invisibles. Algunos golpes de guión resultan excesivamente impostados pero desde el escepticismo que permite la distancia sobre los verigüetos de la trama, el film no sólo entretiene sino que atrapa.

Todo  apunta  hacia diferentes desenlaces de un final que se atisba en el horizonte y llega de forma inesperada.

Una de las sorpresas de este film, además de ver conducirse con arte a Liam Neeson, es ver actuar a Diane Kruger, compañera en el reparto y cómplice acompañante del doctor Harris en su largo camino de obstáculos.

No aporta nada espectacular ni tan siquiera notable al género pero sale muy airosa de su difícil apuesta.

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