Crítica: Wonder Wheel

Con dirección y guion del maestro Woody Allen y fotografía del gran Vittorio Storaro“Wonder Wheel” representa una idea excepcional en una película sometida a la visión del director neoyorquino. Cerca de dos horas, de gran ingenio en una obra de madurez.

1950. Ginny (Kate Winslet) es una actriz que por circunstancias de la vida ahora vive en el parque de atracciones de Coney Island, la chica trabaja de camarera y vive con un segundo marido y el hijo que tuvo con el primero. Su actual marido es Humpty (Jim Belushi), operador del carrusel del parque, con el que está atravesando una crisis matrimonial. Un día, de los muchos malos, en que Ginny pasea por la playa conoce al joven Mickey Rubin (Justin Timberlake), un apuesto salvavidas del parque de atracciones que quiere ser escritor. La torturada vida de la chica se vuelve un poco de color rosa ante la mirada acariciadora del guapo muchacho, algo a lo que ella desde hace tiempo no está acostumbrada. Juntos viven la otra cara del amor, la cara que debiera ser visible o mejor dicho posible. Por esos días las cosas en casa de Ginny se complican cuando aparece Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty. La atención de todos queda suspensa de débiles hilos de soledad, para colmo el hijo de Ginny que tiene 12 años tiene la mala costumbre de quemar lo que se le antoja. En fin, un drama, es lo que son estas vidas…

Antes de hablar de la película, dos reflexiones. Una tiene que ver con el paso del tiempo. Quizás la única ventaja, o la mayor, que tiene el paso del tiempo es la de permitirnos recordar aquellas cosas que parecían tan importantes, cuya trascendencia ha pasado a ser relativa. La segunda reflexión es del mismo carácter, con el paso del tiempo las cosas, a veces, se colocan de tal modo en su lugar que aquellos problemas irresolubles siguen siendo imposibles de erradicar, me refiero, cómo no, al maltrato a la mujer.

Woody Allen hace un guion perfecto del drama profundizando en todos los campos. Trabaja el director con una organización de planos que de nuevo sorprende. Y junto a él, el director de fotografía Vittorio Storaro que logra que el movimiento del color sea impresionante, siempre de acuerdo con la nitidez que requiere la escena. Destaco también el vestuario, muy importante para mí en las películas de Allen, los decorados, el maquillaje y cualquier objeto que aparezca inadvertido tiene en esta película un valor, de manera condensada.

“Wonder Wheel” comienza con un plano largo mostrando la playa y el parque de atracciones, allí donde va a ocurrir la acción, más tarde la cámara mira a la noria, una atracción muy divertida pero que en esta historia simboliza la opresión a la que están sometidos los personajes. La noria, alguna vez más aparece lejana, inalcanzable, agobiante, como las vidas que se mueven en la escena. Justo en la parte contraria está la casa que somete, que rompe el afecto, y en la otra parte la simbología de la libertad, el mar.

Woody Allen muestra una época con todo el sentido de la realidad y lo hace con un lenguaje y unos diálogos sólidos. Respondiendo a sus parámetros habituales de cine. Una película comprometida con la sociedad. Un alucinante viaje a las debilidades del ser humano.

Kate Winslet, guapísima, está perfecta en su mejor papel. Justin Timberlake, Juno Temple, James Belushi, Max Casella, Michael Zegarski, Tony Sirico, Marko Caka, Jack Gore, Dominic Albano, Evin Cross,Debi Mazar, Brittini Schreiber, Geneva Carr, Steve Schirripa y Matthew Maher, todos tienen interpretaciones estupendas.

Valoro todo, como el trabajo de un conjunto, destacando la personalidad polifacética y creadora del gran maestro del cine Woody Allen.

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Crítica: La modista

La modistaDe la directora australiana Jocelyn Moorhouse, nos encontramos con este trabajo basado en un libro de éxito, la primera novela de su paisana Rosalie Ham. Crítica de la película “La modista”.

Con guion de la propia directora Jocelyn Moorhouse, la película nos transporta

al pasado, concretamente a los años cincuenta, y cuenta que, tras pasar parte de su vida como modista de alta costura en Europa, Tilly (Kate Winslet) regresa a Dungatar, la pequeña localidad australiana donde pasó su infancia. Llega convertida en una hermosa y glamurosa muchacha que contrasta con la existencia gris de los vecinos del pueblo. Tilly ha vuelto para cuidar de su madre, Molly (Judy Davis), con la intención de volverse a marchar cuanto antes, pero su regreso despierta cierto alboroto entre los habitantes del lugar. La gente murmura a su alrededor, recordando un hecho trágico ligado a su infancia. La muchacha no claudica: con la ayuda de su máquina de coser y mucha imaginación conseguirá que el pueblo entero respire un aire nuevo y por las calles desfilen vestidos nunca vistos. Tilly se enamora de un guapo amigo de la niñez Teddy (Liam Hemsworth). Tilly entrelazará muy malos sentimientos…

Estilísticamente “La modista” es una obra sobria y a la vez llamativa. Una cinta confusa de principio a fin. Una trama narrada con mucho galimatías tanto en la forma como en los diálogos y la resolución, el espectador no acierta a descifrar si está viendo un drama, una comedia negra, un western o una mezcla de géneros que al religar se vuelven disparatados. Películas como “La modista” en su raíz, son necesarias para que el espectador sienta en carne viva el problema desgarrador que su protagonista sufre, símbolo de otras tantas mujeres que vivieron en aquellos tiempos solapadas en el mismo problema, alguien que constantemente se siente fuera de su casa aunque esté dentro de ella, siempre alerta, con miedos y pisando el fango que le han ido fabricando sus vecinos. Imagen de La modistaLas intenciones de “La modista” van por ese camino, empezando por un título que le queda perfecto y siguiendo con una estructura en la que todos los personajes están destinados a un juicio más o menos encarnizado. El problema es que esta película es incapaz de mostrarnos la evolución, proporcional de los protagonistas, tanto en los rechazos como en las cercanías. Lo surreal de su exposición la desmerece, convirtiéndola en una película nada atractiva.

Las dificultades en los terrenos que expongo no logran ser salvadas por el reparto de actores, aún estando geniales. En primer lugar Kate Winslet, trabaja su papel apurando al máximo todos los elementos que contiene el gran rompecabezas que es su personaje, “David enfrentado a Goliat” en toda una explosión física interpretativa.  Liam Hemsworth, Judy Davis, Hugo Weaving, Sarah Snook, Sacha Horler, Caroline Goodall, James Mackay, Kerry Fox, Alison Whyte, Barry Otto, Julia Blake, Rebecca Gibney, Shane Jacobson, Genevieve Lemon, Shane Black, Shane Bourne y Hayley Magnus forman un conjunto que consigue absorber la atención del público como si la obra fuese un estudio de personajes. La música es de David Hirschfelder y la fotografía de Donald McAlpine.

Yo que esperaba “La modista” con ganas, me quedé sumida en la locura de su irregularidad.

Crítica: Un dios salvaje

Cartel“Un dios salvaje”, adaptación de la obra teatral homónima de la autora francesa Yasmina Reza, es la última película del franco-polaco Roman Polansky, un director cuya obra, elaborada a lo largo de más de cuarenta años, posee tal diversidad y caudal de creación, que es considerado uno de los grandes cineastas de todos los tiempos. “Un dios salvaje” ha sido rodada en Francia, Polonia y Alemania, pero la historia se desarrolla en Nueva York, en el barrio de Brooklyn.

El film se centra en cuatro personas: Penélope (Jodie Foster), Nancy (Kete Winslet), Michael (John C. Reilly) y Alan (Christoph Wallz); dos matrimonios que se reúnen, en principio de manera civilizada, para hablar de la reciente pelea que han tenido sus hijos en un parque, y donde uno de ellos ha salido un poco perjudicado. Pero la reunión se enmarañará hasta límites sorprendentes.

Como cada vez que tenemos la suerte de ver una película de Roman Polansky, quedamos admirados de la destreza con que desdobla su extenso universo: desde lo técnico y visual, a  la manera dinámica con que mueve su cámara y su pulcra puesta en escena. Excelente su inquebrantable precisión milimétrica, atendiendo en todo momento a la lógica descompuesta de los personajes y creando un punto discordante de escenarios exteriores.

Roman Polansky, con este film nos brinda personajes definidos, en una comedia entretenida que aborda el lado oscuro del alma humana, con situaciones crispadas y altisonantes buscando una reflexión profunda y rompiendo el disfraz de la sociedad de buenas y educadas formas, -que a veces son previas a una ferocidad virulenta-, no obstante esa mirada caústica suele estar compensada, mediante el recurso a lo sarcástico.

“Un dios salvaje” destila naturalidad por los cuatro costados. En tan sólo unos minutos, te bañas en la energía que va incitando el metraje. La admirable propuesta de Roman Polansky, no en vano, escarba en las entrañas de sus protagonistas, convirtiendo la presentación de los personajes en un ejercicio de equilibrismo inteligente. Es curioso como personas desconocidas entre sí, en igualdad de situaciones puedan mostrarse simpáticos, cariñosos y efusivos, pero en cuanto salta la chispa del desacuerdo, la situación cambia y sus distintas naturalezas salen a flote desde el enigma de las frustraciones de cada cual. A medida que avanza en su entramado, los acontecimientos que tienen lugar incluyen: amabilidades, desengaños, disputas, descaros e incluso malentendidos matrimoniales.

 Jodie Foster borda su papel con una interpretación que pasa por desiguales etapas, mostrándonos el transcurso de un personaje en una situación crítica y a la vez divertida sin caer en el exceso; Kate Winslet tiene un papel riquísimo y agradecido; Christoph Wallz y John C. Reilly también están encantadores. La música leve, la pone Alexandre Desplat y la fotografía corre a cargo de Pawel Edelman.

La riqueza temática de la película, partiendo de un pulso de relaciones, y el trato de diversión que encierra, no hace sino dar más realce a la agudeza y acierto de Roman Polansky, que de forma erudita nos libra de las frecuentes diatribas de frases hechas y apologías recurrentes.

Recomendable. Hora y cuarto de cine, se hace corta.

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