Crítica: ¿Qué hacemos con Maisie?

Que hacemos con MaisieScott McGehee y David Siegel nos presentan una película que habla de las relaciones humanas, en concreto de las relaciones de pareja e hijos. El guión es de Carroll Cartwright, basado en la novela de novela de Henry James. Crítica de la película “¿Qué hacemos con Maisie?”.

La historia se desarrolla en Nueva York, y nos habla de la pequeña Maisie (Onata Aprile) una niña de seis años que se encuentra en medio de la lucha por su custodia entre su madre, Susanna (Julianne Moore), una estrella del rock, y su padre, Beale (Steve Coogan), un importante marchante de arte. En el desafío por adquirir el favor del juez, Beale se casa con Margo (Joanna Vanderham), la niñera de Maisie, lo que influye en Suzanne que se casa con su amigo Lincoln (Alexander Skarsgård). Susanna y Beale sumergidos en una batalla de poder, y Maisie esperando.
Scott McGehee y David Siegel despliegan un tapiz en el que tejen sobre una familia actual, los hilos de la difícil convivencia y el acoso que sufren los hijos en silencio cuando los padres están separados, en este caso, sin palabras que manifiesten lo que padece la menor, siempre moviéndose en el submundo del no amor de padres o mejor dicho del amor de unos padres egoístas que la utilizan como pieza con la que rivalizar.

Lo principal que el cine social tiene, es que consigue incitar un debate entre el público con la manifestación de ciertos semblantes más o menos ocultos en la historia, es decir, lo verdaderamente substancial es que los espectadores perciban el mensaje y reflexionen. Aquí no se habla de pasión, ni de amor, ni de la necesidad de compartir vida con otra persona. Apenas se habla de divorcio, “¿Qué hacemos con Maisie?” persigue en todo momento empapar al espectador con situaciones sencillas propias de la vida común pero bañadas de fuertes singularidades, de difíciles impresiones internas. Y en esa confusión es donde descansa gran parte del interesante conflicto de la película.

Imagen de Que hacemos con MaisieLos directores americanos filman en todo momento desde el punto de vista del personaje de Aprile, Maisie, recurriendo con frecuencia a enlazar la imagen de la niña cuando los padres discuten por ella, contribuyendo a dar más fuerza a la protagonista desde el interior. Al margen de su carácter social y la claridad con que se tratan los temas, a lo largo de toda película de Scott McGehee y David Siegel aparecen personajes muy interesantes, así como el cuarteto amoroso condenado al más azaroso fracaso, que hacen avanzar la filmación con lentitud, de forma sutil e indirecta, mientras progresa el cuadro de relación por medio de la acumulación de detalles minuciosos que siempre desembocan en el enorme poder de un personaje imaginado débil pero fuerte. La cara, el semblante y la mirada de Maisie acusan, reavivan sentimientos, mientras la pequeña caminará a encontrarse con su incierto futuro.
Creo que todo lo que he dicho son elementos más que suficientes para hacer de ella una película de notoriedad permitiéndole ser galardonada en varios festivales de cine.
A destacar, Onata Aprile, fenomenal en su papel, y junto a ella, Julianne Moore, Steve Coogan, Alexander Skarsgård, Diana García,Samantha Buck, Joanna Vanderham, Stephen Mailer, Joel Garland, James Colby, Trevor Long, Robert C. Kirk y Zachary Unger, todos más o menos fieles a lo que le exige su personaje. Música de Peter Nashel. Fotografía de Giles Nuttgens.
Aunque la fórmula no tiene dada de original, rara vez se ha llevado a la pantalla con tal grado de sinceridad y descaro.

Julianne Moore

The Times BFI London Film Festival: Chloe - PhotocallJulianne Moore (Julie Ann Smith) nació el 3 de diciembre de 1960, en Fayetteville, Carolina del Norte (EE.UU.)

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm0000194/

Twitter: @_juliannemoore

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: ¿Qué hacemos con Maisie? (2014)

Crítica: La sombra de los otros (2010)

Crítica: Chloe (2010)

Crítica: La vida privada de Pippa Lee (2009)

Crítica: La sombra de los otros

CartelMans Marlind y Bjorn Stein nos enfrentan a un relato de desorden de personalidad múltiple. Crítica de la película “La sombra de los otros”.

Mans Marlind, es un director y guionista de cine nacido en Suecia el 29 de julio de 1969, que desde pequeño su afición por el séptimo arte fue evidente, estudió cine en la Universidad de Estocolmo y en el Instituto Americano, pero es con su amigo de doctorado, Bjorn Stein, nacido en 1970, con quien emprende su carrera cinematográfica. “La sombra de los otros” es su tercer trabajo juntos,  basado en el guion de Michael Cooney.

Cara (Julianne Moore) vive en Filadelfia y es la protagonista de esta historia, una psiquiatra forense especializada en resolver desórdenes de personalidad múltiple. La noche anterior había sido muy dura para ella, se había quedado aturdida por una ejecución. Ella, sola, paseó desolada por las habituales cafeterías tomando alcohol para cauterizar su culpa, ahora ya con la mente fresca se despide de su hija Sam (Brooklyn Proulx) y de su hermano Esteban (Nathan Corddri). Va a emprender un viaje de descanso, cuando en el mismo momento de tomar el avión una llamada de teléfono interrumpe su plan. Es su padre, el doctor Harding (Jeffrey DeMunn), la necesita para resolver el caso de un paciente muy complicado. Cara, suspende su tregua y se pone manos a la obra con el “enfermo” (Jonathan Rhys Meyers), poco a poco, descubre que las personalidades de este guapo joven tienen extrañas correspondencias. Ella tratará de encontrar una explicación lógica a la conducta del hombre y se obligará a descubrir todo cuanto pueda. La investigación solo acaba de empezar… sin embargo la vertiginosidad de los hechos no permitirá mucho tiempo para reflexiones terapéuticas o psiquiátricas.

Después de dos años y algunas dificultades, logra estrenarse en España “La sombra de los otros”, aunque clasificada como thriller psicológico habría que hablar hasta cuanto es justa esta calificación. La película tiene demasiados puntos en contra y aunque técnica y artísticamente puede elogiarse, puede sufrir un duro revés en la cartelera de nuestro país. Fue suspendida de las salas de Estados Unidos a los pocos días de su presentación, pasando al mundo de video directamente. “La sombra de los otros” efectivamente arranca como un perfecto thriller psicológico, con un pellizco atrapante desde el primer momento que se va esfumando ajustando un código de pérdida de poder tanto en el relato como en tiempo y ritmo, y así desafortunadamente se malgasta su potencial enigmático convirtiéndose en un combinado de géneros que bailan entre tópicos visuales rozando casi el subgénero. El primer giro es vago y asombroso, lanzado de forma precisa sin acrobacias ni aderezos, y el segundo y resolución, tan respetable como grotesco.

En fin, una película regular en términos generales, que desarrolla un tercio de su metraje divagando fantasías para fundamentar sinsentidos, es por ahí donde se pierde del todo, sin concebir una explicación del génesis donde se fragua el mal. Creo que nada más tengo que añadir a este laberinto de identidades que es “La sombra de los otros”, solo le pongo un 5 de 10 y consigue esta puntuación por la actuación de Julianne Moore. Poco importa el contexto mostrado, la imagen y los signos, eso sí, la música de John Frizzell muy adecuada aunque algo excesiva para lo poco que entrega el orden del film.

A “La sombra de los otros” o “Shelter” (Refugio), que es su título original, le sobran pretensiones y le falta mucho tacto cinematográfico.

Crítica: Chloe

CartelPara iniciar la crítica de “Chloe”, he decir que su verdadera raíz está en “Nathalie”, película francesa de Anne Fontaine, estrenada en el año 2004, aquélla, interpretada por Gerard Depardieu, Fanny Ardant y Emmanuelle Beart; por eso “Chloe” suena ciertamente francesa aunque su nacionalidad es canadiense. Esta versión la dirige Atom Egoyan, apuntalándose en el guion de Erin Cressida Wilson como en un mapa para atravesar todo su camino emocional; financiada con capital francés pero rodada en Toronto, Egoyan nos narra en ella una barajada trama, con elementos de la de Fontaine, reflexión amarga de las inseguridades de la segunda edad.

Al adentrarnos en el argumento de “Chloe”, nos encontramos con David (Liam Neeson); es un profesor de música en la universidad, regresa de viaje; en su inmensurable mansión, toda llena de cristaleras con unas vistas impresionantes le está esperando Catherine (Julianne Moore), su esposa, una reputada ginecóloga con trabajo en una clínica donde pasa la mayor parte de su tiempo, en la espera la acompaña su hijo Michael (Max Thieriot). Durante la ausencia de David el chico ha incumplido las normas de la familia trayendo a dormir a su novia a la casa, Catherine está disgustada y ansiosa por el momento de su llegada, incluso le ha preparado para darle la bienvenida una fiesta de cumpleaños con amigos, pero en plena espera David llama diciendo que ha perdido el avión. A Catherine, en ese momento, la paraliza una extraña sensación, que la lleva (cuando por fin su marido aparece) a mirar los mensajes del móvil. Descubre uno bastante expresivo, mensaje que deja vestigios de la infidelidad de su marido, no dice nada, pero desde el gran ventanal donde siempre se asoma ve entrar en un hotel que hay en la acera de enfrente, a una bella y hermosa mujer joven, Chloe (Amanda Seyfreid). Esto se repite. Catherine determina que tiene que hablar con ella.

“Chloe”, en el análisis, nos muestra como Egoyan dispone espacios para que se establezcan como parte de la historia, todo lo que vemos en la escena tiene un significado simbólico, desde las transparentes paredes, las manos de Catherine y de David apoyadas en los cristales de la ducha en esa casa de zonas abiertas a la luz, los espejos del restaurante donde se conocen las dos mujeres, todo el entorno cuando Catherine está sola, es frágil traslúcido, parece que la fuerza de la lógica quisiera avisarle: cuidado, no hagas nada que pueda romper el vidrio, no tires guijarros en tu cristalera que se rompe, no escudriñes, no averigües, quieta, quieta. En “Chloe”, los personajes se nos dan velados y en contraste con la transparencia de entorno forman ese conjunto discordante, los tres protagonistas con fragmentos psicológicos espinosos y debilidades endémicas, cada uno de ellos hallado en su disfraz, justificado en su retorcida cordura.

Egoyan, fiel a su forma sosegada, dirige “Chloe” un drama de suspense erótico, fiel a su estilo, deja abierta la incógnita del sentir de sus personajes, muestra desgarradora y cruelmente una pasión desgraciada, relaciones humanas poco convencionales que se salen de todos los cuestionamientos morales, (tema quizás para algunos incómodo). Desde el primer momento queda definida la posición del director frente al trío protagónico, retratando el inconveniente esencial de su locura activa, entre lo ancestral y lo actual, un mundo fronterizo de carácter puramente abstracto. Egoyan destacará siempre como el realizador de “Exótica”  y “El viaje de Felicia”, en “Chloe” enuncia los sentimientos con irracional carga de expresión erótica, y con pulida erudición la calidad hipnótica de sus planos, otros dos factores más circunstanciales pero no por ello menos poderosos sobresalen en la película, uno es, la fotografía que ofrece matices entonados, enmarques neutrales y perspectivas de cámara serenos y eficaces, el otro, los actores, Julianne Moore, una mujer que no controla su arranque de despecho (ella misma habla sobre la película en este vídeo), Liam Neeson un hombre con secretos, y Amanda Seyfreid, una mujer creyéndose en  potestad de su utensilio de trabajo: su cuerpo.

“Chloe” es una telaraña de pasiones navegando en el velero de Atom Egoyan , que en la tercera parte del  trayecto irremediablemente hace aguas, ese giro último emprendiendo rumbo  hacia la  resolución acaba con la travesía. Para mí siempre, “Exótica” y su banda sonora.

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