Crítica: Sicario

SicarioEl escritor y director de cine franco-canadiense Denis Villeneuve creador de “Incendies”, en 2010, nos sorprende este otoño con un guion escrito por Taylor Sheridan. Un derroche de tensión constante. Crítica de la película “Sicario”.

La sinopsis de la productora dice así: en la zona fronteriza que se extiende entre Estados Unidos y México, una joven e idealista agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt) es reclutada por una fuerza de élite del Gobierno para luchar contra el narcotráfico. Bajo el mando de un asesor enigmático y de turbio pasado, Alejandro (Benicio Del Toro) el equipo emprende una misión clandestina que lleva a la mujer a cuestionarse sus convicciones con tal de sobrevivir.

La película “Sicario” ha sido filmada en Ciudad Juárez y El Paso, México, reflejando esa zona conflictiva con el fin de hacer un trabajo totalmente verídico. Hay en esta enfática y violenta película, un infierno gráfico que no siempre es de agradecer, especialmente si se trata de recrear escenarios tan abrumadoramente macabros. Estamos de acuerdo en que quiere expresar lo que ocurre, y sí,  es buena la recreación, la ambientación y los elementos a denunciar que nos remiten a ese mundo infesto, ¿pero es necesario ser tan explícitos? Denis Villeneuve ofrece al espectador escalofríos continuos para mostrar la intriga evidente del narcotráfico, conspiraciones políticas, bestialidad trepidante y algún vuelco argumental. Quizás eso que a mí me desagrada es lo que hace a la película más grande, “Sicario” es un film imprescindible y brutal a partes iguales. Imprescindible porque el retrato está perfectamente enfocado hacia ese mundo donde la vida no tiene valor. Brutal porque en su dureza coloca al espectador ante el hecho de esa realidad que aunque seamos conscientes de ella parece que estuviera muy lejana. Villeneuve retrata a los personajes con una mirada más crítica que cómplice y se permite jugar con contextos que están en el aire pero que siguen ocultos entre papeles oficiales.

Imagen de SicarioEl director va al grano con su asfixiante tensión. En “Sicario” no hay metáforas lo que muestra es lo que es, lo que vemos de esa forma tan angustiosa.

El buen uso de la fotografía de Roger Deakins y la afirmación de la música de Jóhann Jóhannsson consiguen un resultado enfático, pero la mayor fascinación, por supuesto, de “Sicario” proviene de la presencia de Benicio Del Toro intensivo y atrayente, sobre el cual recae el peso de un personaje complicado. Emily Blunt tiene un papel básico en la trama, un protagónico centrado en su presencia que llena toda la piel del personaje muy acertadamente. Destacada la interpretación de Josh Brolin.  Victor Garber, Jon Bernthal, Jeffrey Donovan, Daniel Kaluuya, Maximiliano Hernández, Dylan Kenin, Frank Powers,Bernardo P. Saracino, Edgar Arreola, Marty Lindse y Julio Cedillo, completan un reparto muy bien elegido.

No quiero comparar  a “Sicario”, ni a “Traffic” ni a la exitosa “No es un país para viejos” pero me atrevo a decir, que posiblemente sea la película de 2015 más dispuesta a colmarse de éxitos.

El cine es magia y los espectadores unos privilegiados por tener tantos mundos ante nuestros ojos.

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Josh Brolin

Josh BrolinJosh Brolin (Josh James Brolin) nació en Los Ángeles, California el 12 de febrero de 1968.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm0000982/

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: Valor de Ley (2010)

Crítica: Wall Street, el dinero nunca duerme (2010)

Crítica: Conocerás al hombre de tus sueños (2010)

 

 

Crítica: Valor de ley

CartelNueva adaptación de la novela de Charles Portis, que ya había llevado al cine en el año 1969 Henry Hathaway. “Valor de Ley”, la nueva película de Joel y Ethan Coen, a la que va destinada la crítica de hoy, tiene como punto de partida una historia de amor paterno-filial en un western al viejo estilo, asignatura pendiente en el archivo de cine de los hermanos Coen. “Valor de Ley” invita a ratos a la abstracción y mucho más tiempo a ver su trastienda en clave de humor.

El argumento de “Valor de Ley” está escrito destacando a Mattie Ross (Hailee Steinfeld)  una niña de catorce años que está muy triste, han asesinado a su padre a sangre fría y ha sido  el cobarde forajido Tom Chaney (Josh Brolin). Ella decide que la muerte de su padre necesita venganza y se lanza a hacer justicia. Obligada a cumplir lo que le dicta su corazón busca la ayuda del veterano sheriff Rooster Cogburn (Jeff Bridges, Corazón rebelde), un hombre complicado, borrachín pero con buena fama en eso de cazar forajidos. Juntos perseguirán al delincuente, pero antes se toparán con un Ranger de Texas llamado LaBoeuf (Matt Damon) que también busca al mismo tipo para detenerle y llevarle de vuelta a Texas por haber asesinado a otro hombre. Separados o juntos vivirán aventuras de película de oeste.

Valor de Ley” consigue entretener al máximo con un tipo de características, hechas para el público que gusta el eterno género del western, es decir para aficionados al cine del oeste, pero no sólo el film busca el espectáculo, asistimos sobre todo desde su argumento a una exposición de los valores tradicionales y el espíritu de lucha por conseguir lo propuesto, que convierten al tesón de la jovencita en el principal móvil del film.

Los hermanos Coen de nuevo presentan una película contradictoria y excesiva desde el trazado, firma de la casa, su forma o estilo. Cara al espectador la película no sufre de payasadas ni de incapacidad, al contrario aparece interesante y divertida en su aireada forma de mirar este tipo de cine, desde la ambientación cuenta con una correcta emulación de lo que exige el género, la música, la, por momentos, desconsolada fotografía, y un largo etcétera de detalles que encajan al milímetro.

En definitiva, una producción cuyo fondo se resume en la dedicatoria final, o máxima de los Cohen, precisamente, en un intento por hacernos recordar que la vida es efímera, que pasa, algunas veces marcados por ella y dejando huella en su duración, y muchas otras ni lo uno ni lo otro.

En cuanto a los actores tenemos a Jeff Bridges que ejecuta una actuación de campeonato,  Hailee Steinfeld está perfecta, me gusta mucho como la cámara quiere a esta joven actriz; los dos trabajan sus personajes dándoles una credibilidad que casi se desenchufa de  la película, Matt Damon adecuado, y los demás actores diseñan bien sus personajes de malos, feos y algo bobos. Entre ellos, Domhnall Gleeson.

Debo resaltar una escena para mí, preciosa: un hombre, una niña y un caballo, los tres asfixiados por la urgencia, exquisito momento.

Me ha gustado “Valor de Ley”,  la recomiendo.

Crítica: Wall Street: el dinero nunca duerme

Cartel“ Wall Street: el dinero nunca duerme”, a simple vista podía parecer  la versión más fiel de cómo se maneja el dinero de la economía mundial, su argumento, centrado en el guión de Stephen Schiff y Allan Loeb, se basa en un mundo inmerso en la crisis financiera y Oliver Stone nos lo explica, así: Jake Moore (Shia Labeouf) es un agente consejero y asesor de una empresa de las finanzas, tiene una vida acomodada y una forma de vivir a base de mucho dinero. Las personas para las que trabaja son despiadados acaudalados corporativos que se traicionan y destruyen unos a otros sin piedad, Jake está en medio de todo el tumulto de la burbuja financiera, es tocado y casi hundido. Cuando toda la economía cae, el gobierno niega un plan de rescate económico, la cosa está complicada para el mundo del dinero. Un día, Jake acude a la presentación de un libro del feroz ex financiero Gordon Gekko (Michael Douglas). Gekko salió hace un tiempo de prisión, tiene una hija Winnie (Carey Mulligan) lleva tiempo sin relacionarse con ella, y desea recupérarla, resulta que Winnie es novia de Jake. El joven entabla amistad  con  Gekko y le promete que propiciará un encuentro con su hija,  a cambio Gekko también le proporcionara algún privilegio, y Jake sin darse cuenta se está metiendo en una zona de arenas movedizas.

Oliver Stone, en “Wall street: el dinero nunca duerme”, su nueva película, pretende (más allá de su aportación de una nueva obra para el mundo del cine) recuperar un personaje y resucitar el tema del mundo de las finanzas. Le confiere un trazo más dilatado y ligero que en su antecesora, crecidamente abstracta y  menos osada, centrándose en la caída del símbolo del capitalismo salvaje pero dándole un toque sentimental que envuelve todo el metraje.

Stone nos presenta de nuevo el  tema de la burbuja financiera,  secuela, creo que algo tardía de la ya famosa Wall Street, que hiciera con gran acierto en el año 1987, la factura técnica y estética es meritoria y desde la efectividad podríamos decir que puede ser interesante, pero aun así y siguiendo exclusivamente de mi gusto personal, me resulta simplista y no sé si mas oportunista que oportuna. Su antecesora poseía un ritmo delirante de tensión continua que en ésta está ausente, la energía de los personajes antiguos aquí no aparece, la fascinante maldad que brotaba en el ambiente de aquélla no mana en ninguno de sus puntos más altos. Oliver Stone es maestro contando la historia y la cuenta fenomenal, pero de un modo  inofensivo, inocuo, sin poner magnetismo en sus variantes, a pesar de su diversidad temática no te engancha con su encantamiento, además se echa mucho de menos al Stone crítico  del sistema  político de los Estados Unidos, queda totalmente ausente ese toque característico de mordacidad soslayada a la que nos tiene acostumbrados.

Si hablamos de actores en este aspecto es justo destacar a Josh Brolin que enfatiza su trabajo en su personaje, creando en él la sensación de normalidad bajo la cual se oculta la turbulencia de un hombre sumamente ambicioso; Shia Labeouf desarrolla un papel protagonista siguiendo los parámetros marcados pero sin relieve en su representación; Michael Douglas exhibe una interpretación un poco estática aunque siempre sus ojos muestran magistralmente lo que el personaje necesita trasmitir; Susan Sarandon aparece muy poco y, bueno su personaje es necesario pero transparente absolutamente; en cuanto a Carey Mulligan, una actriz por la que siento predilección, hace un papel visible desde el principio sin cambiar su registro  habitual.

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