Crítica: La sombra de la ley

El director de cine Dani de la Torre, que lleva muchos años pensando en ofrecer a sus espectadores todo lo mejor que su cine nos pueda dar, ha dirigido “La sombra de la ley”, una película al tiempo realista y sorprendente. Contada en perfecto dominio de la planificación, el director envuelve al espectador en una capa de acción policial y revuelta política.

Retrato de una época tumultuosa y enmarañada de nuestra historia, con varios escenarios argumentales, gansterismo, burdeles, corrupción a varios niveles, burguesía cabreada y anarquistas concienciados, todo esto es “La sombra de la ley”.

Corre el año 1921. España vive un momento agitado y confuso; es el año de “La ley de fugas” de la represión, del asesinato de Dato y de, entre otros, los violentos enfrentamientos callejeros entre policías y anarquistas. El gansterismo y los negocios ilegales también están instalados en la sociedad, como lapas. En esta situación de disturbios, Aníbal Uriarte (Luis Tosar) es un policía que ha sido enviado a Barcelona para colaborar en la detención de los culpables del robo a un tren militar. Aníbal y sus formas no encuentran mucho apoyo entre sus compañeros catalanes y enseguida comienzan los enfrentamientos y desconfianzas con ellos, sobre todo con el inspector Rediú (Vicente Romero), un superior corrupto y campechano. Entre todo eso, Aníbal entrará en contacto no solo con los bajos fondos de la sociedad barcelonesa sino también con el mundo anarquista más radical, dispuesto a todo para conseguir sus objetivos. Un día conoce a Sara (Michelle Jenner), una joven anarquista valiente, luchadora e impulsiva… Parece que hasta ahí puedo contar…

Tipos y prototipos, señores de derechas y señores de izquierdas, padres e hijos, madres e hijas, amigos, enemigos, policías inteligentes, policías menos inteligentes, jóvenes sin identidad e identidades estrafalarias… De todo hay en esta producción policiaca. De la Torre ha sabido acarrear una fauna variopinta en el espacio reducido de “La sombra de la ley” y pasear su cámara con elegancia muy al tanto de lo que cuenta, caracteres, perfiles, miradas y disparos. Propone una realidad, aunque bien sabemos que la realidad era otra parecida o no. Parece que aquí la historia estuviera un poco aromatizada y algo diversificada.

Puede que sea la mejor película de Dani de la Torre, una película distinguida. “La sombra de la ley” es una película de acción policial a ratos macarra y a ratos violenta pero siempre elegante. Presume de un guion bien escrito por Patxi Amezcua. Es solemne y refinada en su presentación, logrando captar la sensación y el tono aparente de la España de entonces. El diseño visual, la recreación escénica, la deliciosa y sutil fotografía, de Josu Inchaustegui. La excelente música de Manuel Riveiro y Xavier Font, destinada a acompañar las imágenes, para sugerir, detallar y puntualizar toda una serie de circunstancias. El atrayente uso de la cámara de su director, Dani de la Torre componiendo todo un conjunto del que podemos quedar satisfechos.

Los actores también tienen un papel importante para mostrar la realidad que se nos presenta, buen ejemplo de ello es la presencia como primer actor de Luis Tosar y su personaje perfecto, su presencia y sus cualidades interpretativas nunca decepcionan. La actriz Michelle Jenner hace uno de los mejores trabajos de su carrera; en realidad me parece que todo el elenco hace unas representaciones fabulosas: Vicente Romero, Ernesto Alterio, Paco Tous, Manolo Solo, Jaime Lorente, PepTosar, Fernando Cayo, William Miller, Adriana Torrebejano, Xosé Barato, Ricardo de Barreiro, José Manuel Poga, Elías Pelayo, Paula del Río y Albert Pérez, todos forman una de las mayores fuerzas del film.

Esperamos la próxima. Suerte.

 

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Crítica: Grupo 7

CartelEl director de “Siete Vírgenes”, Alberto Rodríguez, acaba de estrenar su última obra, “Grupo 7”, compartiendo guion y argumento con el prestigioso guionista Rafael Cobos, la música la pone Julio de la Rosa y la fotografía corre a cargo del inconfundible Alex Catalán.

Antes de abordar la crítica de la película “Grupo 7”, me detengo en su argumento. La cinta nos narra el problema que se puede encontrar un acontecimiento como es una exposición universal en una ciudad como Sevilla. Estamos a finales de los 80, principio de los 90 y, en principio, el jefe de la policía (Carlos Olalla) decide que hay que limpiar Sevilla del tráfico de droga, pues éste es el mayor peligro para la estabilidad de la Expo 92 y por ende para la buena imagen y el bienestar de toda la ciudad. Sus planes de destrucción de los elementos dedicados al narcotráfico son para el “Grupo 7”, creado para la ocasión:  Rafael (Antonio de la Torre), un policía diligente, categórico, altivo y un pelín traumatizado; Ángel (Mario Casas), que aspira con ilusión a ser inspector de policía, es el más joven, tiene un niño y está casado con una guapa mujer; Elena (Inma Cuesta); Miguel (José Manuel Poga), un policía simpático, dicharachero y bastante moderado, también casado y padre de un chaval; y, Mateo (Joaquín Núñez), el menos definido en cuanto al perfil que nos muestra, pero igualmente presente y válido. Los cuatro agentes aceptan las órdenes pero indudablemente ellos tienen sus propias capacidades policiales, por eso y  dada su reputación, a las gentes a la sombra de este fallido sistema, en este caso, los traficantes de las barriadas marginales, no les gusta nada su labor. Entre policías, delincuentes y gentes de mal vivir, se encuentran otros dos personajes “La Caoba” (Estefanía de los Santos) y un yonqui, Joaquín (Julián Villagrán).

El nuevo trabajo de Alberto Rodríguez es un drama policiaco, una película emocional a mitad de camino entre la acción y el suspense. Su idea es captar la atención del espectador, consiguiendo colocar ingredientes visuales y mezclarlos con la trama, componentes ochenteros magistralmente logrados, que muestran todo, -acicalados con un adecuado sentido del humor-, como para que el espectador absorba la historia suavemente. Este aspecto, sin embargo, es el punto más débil a señalar, pues si bien es importante el sentido visual de la recreación, en la pantalla no hay piedad para nosotros y desde los primeros minutos no hace falta ningún tipo de magia para que sigamos lo acontecido sumergidos en un ambiente amenazador. La regla empleada por el director es bien sencilla, centrar el filme en barrios marginales y sacar el sentido enigmático y ruin de los ambientes de la drogadicción y el comercio de la droga, logrando a la vez cierta aproximación a las técnicas ilegales, muchas veces empleadas por nuestras autoridades para conseguir lo que se proponen.

En “Grupo7” las interpretaciones de Antonio de la Torre, Mario Casas, José Manuel Poga, Joaquín Núñez, apoyados Carlos Olalla en su contradictorio papel, son buenas, especialmente arropados por otros no menos eficaces secundarios, por ejemplo Julián Villagrán está enorme, por supuesto destaco a José Manuel Poga y al gran Antonio de la Torre.

Sólo decir que me parece una más que aceptable película, que acredita la altura de su realizador, plasmando con grafía formal, el eco y el reflejo de una sociedad bajo el árbol de un periodo y un espacio, precisamente elige Sevilla, su ciudad… mucho de realidad tiene “Grupo 7”.

La espero en los próximos Premios Goya.

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