Crítica: Un sol interior

La directora de cine francés Claire Denis dirige y se encarga del guión de su nueva película junto a la novelista escritora y dramaturga Christine Angot, una adaptación de la novela de Roland Barthès, “Fragmentos de un discurso amoroso”. Claire Denis destruye el mito de la necesidad de un estilo propio, para mostrar un personaje muy actual, una mujer exigente, activa y con todas las inseguridades que brinda esta sociedad en que nos movemos. Una historia que podría ser romántica “Un sol interior”. Una película con grandes dosis de complejidad humana.

Claire Denis regresa a los cines, ahora tal vez, con una película de tono más suave. Este film que muchos denominan comedia, tiene una raíz dramática que le sale por los poros. Quizá, comedia dramática. Relaciones mujer hombre. Problemas. Esos amoríos que aquí se demuestra que aun siendo buenos siempre tienen un por qué no. Juliette Binoche se presenta, con sus ojos inquietos y su elegancia solemne y escrupulosamente preparada, en un personaje principal y casi único: Isabelle, artista, divorciada y con una hija de diez años. Vive independiente. Quiere dar a su vida un amor sincero, encontrar su media naranja, seguramente confundida entre la búsqueda de un reencuentro con ella misma busca sin tregua el amor verdadero… Ella solo tiene cincuenta años pero en su camino solo encuentra hombres egoístas a los que no aguanta; un banquero sinvergüenza, un actor de teatro individualista y creído, un exmarido transformado y algunos hombres más  (Xavier Beauvois , Philippe Katerine  , Bruno Podalydès, Nicolas Duvauchelle y Alex Descas). Todo un conjunto para lograr un buen cultivo amoroso, en el que todas las cualidades de ellos no consiguen que su vida se detenga en un instante.

“Un sol interior” subraya el papel de una mujer que no quiere vivir más en soledad.

El arranque de Claire Denis es perfecto, su ávida predisposición a devorarnos con preciosas imágenes rutinarias logra hacer de ella una cineasta muy querida por los espectadores, más allá de que esta película sea más o menos del gusto de todos. Desde un arrogante descaro, muestra un personaje que quiere comerse el mundo. La directora dejando atrás el racionalismo de su criatura, cierra filas en torno a su código de búsqueda, sin ninguna vacilación que la desluzca innecesariamente, ni por supuesto la haga víctima de los hombres. Cada relación para Isabelle es un anhelo que poco a poco se va desbaratando y Claire Denis, tras ella, sigue los desplazamientos de cámara de puntillas, llenando la escena, en muchas ocasiones de interacción, en los tiempos, fragmentándolos La trama es perfecta en desarrollo y conclusión, destacando la conclusión, algo de lo que no voy a hablar pero que es determinante para asimilar con brillo todo el tono y una mejor interpretación de la película.

La música corre a cargo del compositor británico Stuart Staples.  La parte visual la pone la directora francesa de fotografía Agnès Godard y el reparto lo lidera Juliette Binoche, con todas sus virtudes, ella se convierte en Isabelle y su vida insatisfecha. Gérard Depardieu, perfecto en un papel muy breve. El resto del grupo actoral, Valeria Bruni Tedeschi, Nicolas Duvauchelle, Josiane Balasko, Xavier Beauvois, Alex Descas, Bruno Podalydès, Paul Blain, Philippe Katerine, Sandrine Dumas, Laurent Grévill, Schemci Lauth, Charles Pépin, Tania de Montaigne, Bertrand Burgalat, Claire Tran, Lucie Borleteau, Julien Meunier, Walid Afkir y Suzanne Osborne, acertados, sin destacar a nadie .

Cine francés.  “Un sol interior” puede no ser la mejor película de Claire Denis pero me encanta su enorme elegancia.

Esperamos su próxima película, señora directora.

 

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Crítica: Mis tardes con Margueritte

Cartel“Mis tardes con Margueritte” es un relato con tantos aspectos emotivos, que a medida que transcurre y madura su narración, te has llegado a colocar tan dentro de su centro, que al terminar la película te sientes como si te sacaran de la pantalla, dejando atrás a tus entrañables amigos Germanin y Margueritte. De antemano ya esperaba una película emotivamente intensa, quizás por la conjunción de director y guionista, Jean Becker, escritora, Marie-Sabine Roger, y los actores, Gerad Depardieu y Giselé Casadesus.

Germanin (Gerad Depardieu) y Margueritte (Giselé Casadesus), se conocen en el parque, justo en una placita que forma el jardín, bordeado con algunos bancos de piedra, y en cuyo centro las palomas se recrean comiendo las migas que los viandantes les regalan…, pero antes de introducirnos en la relación de estos dos personajes, dediquemos unas palabras para explicar la trayectoria de la existencia de Germanin, ya que su vida representa y posibilita la realización de este viaje de ternura, él es hijo de madre soltera, con adicción al alcohol, desde muy pequeñito maltratado física y psicológicamente, discriminado en el colegio, siendo el centro de las burlas del profesor y sus amigos, que, aún siendo sus amigos, lo ridiculizan en la menor ocasión, por gordo, por bocazas y, sobre todo, por analfabeto. Las únicas que no se burlan de él son su novia, Annette  (Sophine Guillemin) y las palomas del parque, a las que Germanin todos los días pasa a hacer una visita. Y así es como conoce a Margueritte, una culta mujer mayor, que también diariamente se acerca al parque para leer tranquilamente. Desde el primer momento se hacen amigos, ella posee el arte de leer y él tiene todo el encanto de saber escuchar, leyendo uno y escuchando y aprendiendo el otro, discurre esta historia cargada de amargura pero con la magia, la sencillez y la fuerza del mejor melodrama que hayamos visto.

Jean Becker trabaja esta historia, templándola poco a poco, acercándote detalles que te hacen participar en ella y cuando su temperatura alcanza el máximo, tú, ya la tienes colocada cerca del corazón.

“Mis tardes con Margueritte”, para mí es una preciosa película, que habla de amistad, ternura, amor, solidaridad, y del encuentro posible del cariño y el afecto que nunca tuvimos la suerte de disfrutar, pero que nunca es tarde para encontrarlo.

Extraordinario el dúo protagonista, la relación de los dos proporciona momentos de auténtico cine, el siempre flamante Depardieu, extraordinario en su papel, pero también con una Giselé Casadesus, impresionante. Sus actuaciones dan muestra de lo que es estar a la altura, dentro del personaje que han construido. Es imposible no caer fascinada, con este dibujo de personajes, está claro que Jean Becker cuida a sus actores y les saca sus más lujosos perfiles.

Hacía tiempo que una película no me conmovía de esta manera.

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