Felicity Jones

Felicity Jones (Felicity Rose Hadley Jones) nació el 17 de octubre de 1983 en Birmingham, Reino Unido.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm0428065/ 

Sus películas en Comentamos cine:

Crítica: Un monstruo viene a verme (2016)

Crítica: La teoría del todo (2014)

Crítica: Hysteria (2011)

Crítica: Chéri (2009)

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Crítica: Un monstruo viene a verme

un-monstruo-viene-a-vermeSostiene el cineasta Juan Antonio Bayona una película que reproduce la realidad más triste, que mueve fragmentos de la vida y de su ausencia y que baraja la alegoría para sobrevivir a lo visible y a lo que nunca volverá. Crítica de la película “Un monstruo viene a verme”.

Connor (Lewis MacDougall) es un chico de 12 años que se ocupa de llevar las riendas de la casa, pues su madre (Felicity Jones) está enferma de cáncer. El niño intentará superar sus miedos y fobias con la ayuda de su imaginación, pero sus fantasías tendrán que enfrentarse no sólo con su realidad más cercana, también con su abuela (Sigourney Weaver), que no le cae muy bien, y con el acoso escolar que sufre en el colegio. Connor ha creado un mundo irreal  que le permite escapar de todo eso. A través de la ventana de su habitación, ve un viejo árbol al que habla y le habla. Cada día, minutos después de la medianoche, Connor  se encuentra con su monstruo (Liam Neeson) que le viene a contar tres historias.

El escritor americano Patrick Ness se encarga de escribir el guion de “Un monstruo viene a verme”, a partir de su novela homónima con la que obtuvo grandes éxitos, -recordemos que la historia había sido ideada por la desaparecida escritora y activista británica Siobhan Dowd-. El director español, J.A. Bayona, hace de ella su nueva película, narrada bajo el inocente punto de vista de un niño de 12 años. Como dice una voz en off al comienzo, el protagonista: “es demasiado mayor para ser niño y demasiado joven para ser hombre”.

Con la literatura como base, “Un monstruo viene a verme” es un relato triste y virtuoso, estructurado en extendidos y  ejemplares planos que cruzan la historia de principio a fin. Un niño y un árbol. La dramatización de sus bocados de realidad es tan impecable, como llana. Tan inquietante como cercana. Nos muestra el perfecto determinismo de la mente desembocando en su inevitable clímax trágico y  un orden ensimismado de un presunto mensaje simbólico que convierte en seda el esparto de lo cotidiano.

imagen-de-un-monstruo-viene-a-vermeBayona va graduando todos los recursos, toda la influencia y toda la grandilocuencia de los medios que utiliza, modela el tono sin perder el pulso, sin desperdiciar ni una sola gota de credibilidad al conducir su intenso drama hasta los confines de la esperada tragedia. La sensibilidad con que se toca al medir el sufrimiento del niño, queda intacta hasta que se va acercando la resolución y la fuerza de la mirada del chico se cruza con la fuerza que sus creadores le suman a la dramatización. La historia aquí se torna más poso de amargura, J.A. Bayona insiste en poner más dificultades a los sentimientos.

Reflexionando vemos lo que nos dice o nos quiere decir esta historia; “para que podamos defendernos del mundo que nos aplasta hay que salirse de él”. No es malo el mensaje para una película que puede ser la más vista de la temporada

En el reparto, quien pone la nota de esencia es Lewis MacDougall. Felicity Jones, me gustó mucho, creo que más de lo esperado, felicidades.  Sigourney Weaver, perfecta. Y el resto, de Liam Neeson, no podemos disfrutar de su voz en la versión en español, aunque sí del excelente trabajo del doblador Camilo García. Toby Kebbell, Geraldine Chaplin, James Melville, Garry Marriott, Joe Curtis, Kai Arnthal, Max Gabbay, todos firman con creces sus personajes. La música es de Fernando Velázquez y la fotografía Óscar Faura. Todos acaban por convertirla en una buena película.

Crítica: La teoría del todo

la teoria del todoEl realizador James Marsh nos coloca ante un mecanismo de tragedia majestuosamente presidido por una buena dirección. Con un amplio interludio de drama gris y luminoso, entre el amor, el conocimiento y el horror de una enfermedad.  Es historia y arte, y el claroscuro de temor y esperanza. Crítica de la película “La teoría del todo”.

Narra la relación entre el célebre astrofísico Stephen Hawking (Eddie Redmayne) y su primera mujer, Jane (Felicity Jones), en la época en que ambos lucharon contra la enfermedad degenerativa que postró al famoso científico en una silla de ruedas.

Rigurosísimo ejercicio cinematográfico el que nos plantea el director James Marsh en esta rígida, pertinaz y brillante obra. Nos hallamos frente a uno de esos ejercicios en los que desde el primer momento queda claro que el asunto tratado es tan importante como el modo de hacerlo. Esto es, en los que el punto de conexión escénico dispuesto por el director impone una significación que, por sí misma, apuntala y ennoblece el contenido al que le toca servir de vía de encauzamiento. Con guion de Anthony McCarten, basado en el libro de la propia Jane Hawking,  ensambla un melodrama elegantísimo, que en su estilo y calidad no desmerece de las grandes obras biográficas de todos los tiempos. El trabajo visual de la mano de Benoît Delhomme, frugal dentro de cada plano, la progresión dramática medida al milímetro por la intensidad en la relación de los personajes y una emoción que con juicio va calando en el espectador hasta lograr que todo resulte absolutamente conmovedor.

Imagen de La teoría del todoEstamos ante una buena película, llena de momentos eternos, elaborada con un toque propio de los años sesenta; incluso la música de Johann Johansson, que acompaña al desarrollo de esta historia, tiene el eco de aquellos años en algunos de los temas musicales. Al terminar de ver “La teoría del todo” tienes la misma sensación que cuando acabas de tener un sueño agradable: los ojos vidriosos, una sonrisa que no se borra de tu cara y la sensación de que has aprovechado el tiempo a lo grande.

Las actuaciones son memorables, brillan por su realismo, naturalidad y frescura, vital importancia tiene el trabajo del actor Eddie Redmayne, al que recordamos interpretando dignamente en “Los Miserables”; en esta ocasión, con un personaje tan extraordinario como Stephen Hawking  tiene una magnífica oportunidad para demostrar su valía. No me imagino a otro actor haciendo este papel, la evolución de su personaje marca los pasos de la obra y facilita que Felicity Jones realice una interpretación que le otorga profundidad, solidez e intensidad. Los estupendos secundarios encabezados por Charlie Cox y seguidos por David Thewlis, Emily Watson, Simon McBurney, Charlotte Hope y Adam Godley, colaboran a crear una película que, sin duda, es imprescindible, maravillosa y entrañable, que solamente pudo nacer y existir para resaltar tan tiernamente la historia difícil del hombre con la mente más privilegiada que conocemos.

Gracias por crearla James Marsh.

Crítica: Hysteria

CartelElaborada con tintes de comedia costumbrista, con fondo histórico, romanticismo y el humor chispeante de una terapia sexual en el siglo XIX. Critica de la película “Hysteria”.

Nos situamos en Inglaterra, finales del siglo XIX, década 1880. El doctor Joseph Mortimer Granville (Hugh Dancy) siendo aún joven, incomodado por su poco éxito en su especialidad médica, y hallándose viviendo en casa de su amigo Lord Edmund (Rupert Everett), tuvo la suerte de inventar un artilugio eléctrico creado para tratar los dolores musculares, pero que por una serie de casualidades pasó a convertirse en uno de los aparatos que revolucionaron el comercio de la época victoriana y que hoy sigue comercializándose por encima de muchos electrodomésticos de primera necesidad: “el vibrador”. Monopolizado por el doctor Dalriymple para calmar la “histeria” femenina, una selectiva enfermedad que padecían las mujeres de vida acomodada y que el inteligente médico calmaba a base de aceites y ungüentos, hasta el momento que el aparatito se puso en marcha, por natural razón ambas posibilidades les eran gratísimas a las señoronas.

Inventar una historia sin en realidad inventar nada, es lo que más sorprende de esta película.

El caso es que cuando asistí a ver esta película quedé encantada, pero me admiró la guasa y la ironía de la gente con la que después la comenté, las cuales no la entendieron o están demasiado lejos de dar una opinión como realmente exige la película. Se me hizo muy difícil que alguien me hiciera un comentario serio, no ya del hecho real sino en cuanto al guion y el trato de la directora Tanya Wexler a la trama, por fin una tarde tomando café, una amiga me dijo: “es una muestra del humor británico con un escondido espíritu feminista que lucha contra el fingimiento de las mujeres y el conservadurismo de algunas”, esto es lo que yo necesitaba escuchar, pues la visión humorística de la historia es evidente, las connotaciones sexuales son imprescindibles y palpables, pero la combinación de pensamiento progresista a favor de la mujer queda en segundo plano y quizás un poco tapado por lo llamativo del resto. En este sentido mi reflexión es que Wexler de forma eludida y presente a la vez, nos regala un símbolo de reconocimiento universal; la mujer ya avanzando y expulsando los fantasmas de la doble moral, rompiendo la diplomacia constituida y convirtiéndose en una mujer libre para decidir, una mujer entre el desacuerdo de sus ideas y las de las capas superiores, con una habilidad consumada para adaptarse a sus aspiraciones en un enunciado perfectamente definido. El personaje que lleva esta obligación es Charlotte (Maggie Gyllenhaal), esta sufragista, a pesar de la oposición de su padre el doctor Dalriymple y del rechazo de su dulce hermana Emily (Felicity Jones), defiende con especial énfasis la igualdad de género y de clase.

En el plano actoral, me parece que está muy bien interpretada, no me convence Rupert Everett, no ya por su interpretación que aunque sea aceptable queda nublada por el cambio tan radical y brusco de su aspecto físico.

Tanya Wexler, de su segunda película, llena de complacencia y risas para los espectadores, yo me quedo con todo menos con la resolución. Merecía mayor esmero.

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