Crítica: La noche de 12 años

El arte posee un secreto tan fácilmente descifrable como difícil de traducir a términos concretos, por eso es tan fácil comprender el triunfo “La noche de 12 años” y lo difícil que debió de resultar para Álvaro Brechner escribir su guion y dirigir esta película. El asunto consiste en dirigirse al común denominador de la sensibilidad del público espectador. Poseer el radar de la desgraciada realidad y de los grandes seísmos en los sentimientos en el momento de dar forma a un escenario desafortunado que quedó en el pasado y no debemos olvidar.

Estamos en Uruguay, primeros años de los setenta del pasado siglo, se vive un golpe de estado que duraría 12 años. Es una noche en la que tres presos son sacados de sus celdas en una operación militar secreta. Los tres hombres permanecerán aislados, en diminutas celdas en donde pasarán la mayoría del tiempo encapuchados, atados, privados de sus necesidades básicas, apenas alimentados y viendo reducidos al mínimo sus sentidos. Son activistas políticos encarcelados: fundadores de la Unión de Juventudes Comunistas y dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional. José Mujica, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro fueron declarados rehenes, esto suponía la muerte inmediata o enormes castigos si algo amenazaba la seguridad de las Fuerzas Armadas, de hecho, la película muestra escenas terribles por hechos mínimos, incluso ajenos a ellos. Y tras doce años de cárcel y martirios fueron liberados al ser promulgada una ley de amnistía.

La película da comienzo con imágenes de una cárcel: entre rejas y ventanas enrejadas vemos cómo maltratan a varios internos, puñetazos, patadas o empujones. A continuación, la imagen nos lleva al centro de la historia, a la vida privada de tres hombres que sufrieron lo que la historia les deparó.

Cualquiera que conozca esta historia narrada en “La noche de 12 años”  ya tiene la certeza de lo que es pasear por el infierno. Almas que vagan con destino incierto en manos de demonios mayores, funcionarios de un purgatorio que nos sitúa bajo el fuego infernal de una endiablada conclusión. Precisamente, en un mundo de justicieros. El film avanza por la horrible existencia de tres seres humanos, sin miedo a que sus desgracias resulten exageradas en la pantalla. La realidad fue así. Y así lo saben unos actores anclados en sus personajes con la voz oscurecida por sus cicatrices, Alfonso Tort, Antonio de la Torre y Chino Darín, el resto del reparto: César Troncoso, Soledad Villamil, Sílvia Pérez Cruz, Mirella Pascual, Nidia Telles y algunos profesionales más, tienen la virtud de grandes interpretaciones con acento dramático. En esta coproducción de Uruguay, Argentina, España y Francia, la música es de Sílvia Pérez Cruz y Federico Jusid. La fotografía de Carlos Catalán.

En una reciente entrevista a Álvaro Brechner, el director de “La noche de 12 años” a la pregunta de una periodista decía: “Mi interés cuando realizaba esta película estaba en la exploración sobre la condición humana y la increíble capacidad del ser humano para vivir”. También recuerdo unas palabras del escritor Mauricio Rosencof : Todos los tiempos son uno… Resistir…, y añadía: “Para mí, esta película es un regalo en el alma”.

En “La noche de 12 años” todo está en su sitio, tal vez porque a pesar del dolor de la historia y de su esperanzada resolución el latido del corazón de su autor viaja más allá, hasta la hondura del lamento que golpea la sangre moradora en el alma del presente.

No es película fácil. Quiero pensar que por esto solo la pasan en tres cines de Madrid.

Si quieren sufrir y llorar sabiendo que lo que ven en pantalla es verdad y no se puede remediar, véanla.

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