Crítica: Mula

“Mula” es un ejercicio cinematográfico estupendamente dirigido, producido y protagonizado por Clint Eastwood, que cuenta con guion del escritor y productor Nick Schenk, basándose en un artículo del periodista Sam Dolnick sobre la vida de Leo Sharp. Nick Schenk ya fue premiado por la National Board of Review al Mejor guion original por “Gran Torino”, en 2008, en una previa colaboración con Eastwood.  “Mula” nos regala la capacidad de un maestro del cine para dar forma a una historia real.

Earl Stone (Clint Eastwood), ex-veterano de la guerra de Corea, es un hombre de 88 años que ama su profesión pero que además, a su edad, tiene que trabajar porque en su país no hay un sistema de seguridad social que cubra la jubilación. Earl es floricultor, pero su forma de trabajo artesanal no puede hacer frente a la agresiva competencia industrial, la cosa comienza a ir de mal a peor hasta que tiene que cerrar. Sobrelleva a la ejecución hipotecaria de su negocio, se desespera, se abate, pensando que poco a poco, vuelve a los orígenes de la miseria. Lucha por mantenerse a flote financieramente, pero la tragedia en su ánimo funciona como un reloj; Earl, en lo personal tampoco es afortunado, no es bueno el trato que tiene con su familia, solamente su nieta le llega a tocar el alma, la chica le hace sentir el privilegio de ser abuelo. Es por esas fechas también, en una reunión, donde conoce a un tipo que le ofrece un trabajo aparentemente fácil: sólo tiene conducir. Earl no se da cuenta donde se está metiendo y así de repente se convierte en traficante de drogas para un cártel mexicano. El currante Erarl sigue adelante atrapado en su obligación y no le queda otra que conducir, traficar, sin levantar la cabeza para llegar a su meta de final de mes, violando la ley para sobrevivir.

La obra de Clint Eastwood ,“Mula”, viene a ser una de las películas de más evidente contenido social que nos ha presentado la gran pantalla últimamente, en otras palabras, creo que la última película del gran director americano tiene toda la habilidad y el magnificencia no solo de Eastwood, sino que nos recuerda a muchos cineastas que dejaron huella en la historia del cine. No es su mejor película, eso no lo vamos a dudar, pero las técnicas empleadas en su realización son, por un lado, reflejo de fuerza y, por otro lado, todo un momento en el punto de vista de un director de cine americano; Eastwood es el protagonista, invitando a hacer una conexión entre ambos.

En “Mula” hay un homenaje al hombre como ser humano que se equivoca en sus decisiones más importantes, cuando todo lo demás que muestra la historia queda solapado por el personaje principal, haciendo que las imágenes salten y revoloteen como auténticas excitaciones de emoción en torno a un hombre débil, mayor, casi acabado, impreso en su papel de supervivencia. La importancia de los cárteles de la droga, la policía y lo que los rodea, en esta película queda suspendida de una cámara que sobrevuela sobre ellos pero a la que interesa menos que el octogenario. Earl Stone, Clint Eastwood, se concentran el sentir de esta historia de cine.

En la banda sonora, el músico de jazz cubano, trompetista y pianista, Arturo Sandoval, con temas suaves muy adecuados, hace gala a su reputación; realmente interesante. En la imagen, el director de fotografía canadiense Yves Bélanger realiza un trabajo de indudable calidad.

En el reparto, Clint Eastwood, su exquisita y relajada forma de actuar, su meticuloso trabajo llega de lleno al espectador. Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, Taissa Farmiga, Laurence Fishburne, Ignacio Serricchio, Alison Eastwood, Andy García, Diego Cataño, Robert LaSardo, Lobo Sebastian, Clifton Collins Jr, Manny Montana, Jill Flint, Noel Gugliemi, Loren Dean, Katie Gill, Daniel Moncada, Victor Rasuk, Devon Ogden, Ashani Roberts, Lee Coc, Rey Hernandez, Joe Knezevich y Derek Russo, todos alumbran con su valía hasta hacer que cada segundo quede lleno de significados.

“Mula”, la imposibilidad del sueño americano, la proyección de una América en descomposición…

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Crítica: La seducción

Tras haber entrado en el mundo del cine por la puerta grande con el deslumbrante film “Las vírgenes suicidas” en 1999, la ingeniosa y profunda “Lost in Translation”, en 2003, y “María Antonieta” en 2006 junto a alguna película más, Sofia Coppola pone su mirada en realizar un remake. “La seducción”, con guion y dirección Coppola, adapta la novela de Thomas Cullinan y supone una revisión de “El seductor“, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood en el año 1971.

La película abre centrándonos en el final del siglo XIX, en 1864, en plena Guerra de Secesión americana. En Baton Rouge, Luisiana, paseamos por un poblado bosque y allí nos detenemos. Abre la mañana y como de costumbre Amy (Oona Laurence) sale a recoger setas, ha dejado tras de sí el internado para señoritas que regenta la señorita Martha (Nicole Kidman) siguiendo el largo camino que la lleva hasta la espesura más húmeda de la arboleda. Un ratito pasa recogiendo los tubérculos y tarareando una cancioncilla feliz, cuando a su derecha oye un ruido, mira, es un hombre herido. Le habla y pide ayuda y ella se ofrece de apoyo para levantarle. Es un hombre joven, de buena presencia. Dice que es soldado norteamericano con alta graduación, McBurney (Colin Farrell) ha desertado y se encuentra mal de salud. La niña como puede lo agarra y lo lleva al internado. El hombre es recibido con recelo, pues hace mucho que solo pasan por allí los cazadores de soldados enemigos. No están acostumbradas a meter un desconocido en casa, pensando que es una buena acción se encomiendan a dios y le curan las heridas. McBurney se queda en el internado y a partir de ahí se liará… Pero todo no lo cuento. Hay que ver la película. Aunque muchos ya recordamos la de Don Siegel con Clint Eastwood. Esta nueva versión es lo mismo pero distinta.

Éste era un proyecto de alto riesgo: dar vida y cuerpo a una película de tan pronunciada personalidad como es su precedente, la obra de Siegel; es casi una temeridad. Cuántos directores se estrellan en envergaduras semejantes, cayendo en la caricatura. Sofia Coppola, sin lograr sortear algunos escollos, ha conseguido sin embargo una obra seria. Una película que ha hecho suya. Un remake apasionado y casi siempre cargado de tensión. A mí me ha parecido que la directora pone demasiada atención en la puesta en escena, en la recreación y en la imagen, inyectando menos ímpetu en los no pocos momentos espléndidos que atesora la película. Por lo demás, para quien no haya visto el film madre, este tampoco lo desdice ni mucho menos, es igual que aquel; un discurso perverso de insana honestidad. Al final, aunque no tenga el fuerte extracto de la de Don Siegel, deja no obstante suficientes detalles en el aire como para que tengamos que elegir entre ambas o quedarnos con las dos.

“La seducción”, una película de época vista desde el ahora con el simple gancho de unir en un círculo reducido a un machote y cinco mujeres reprimidas, ya desde un principio tiene tintes demenciales. En trama y puesta en escena, en esta ocasión, llegamos a la conclusión de que nos hallamos ante un producto al que se le ha querido dar personalidad propia, para entendernos mejor diré lo que más me llama la atención: una gran sucesión de momentos cumbre en los cuales lo más importante es la escena, lo narrativo que hay en la naturaleza, utilizado por encima de la fuerza de un desarrollo dramático absoluto. Aquellos conocedores de esta ficción, disfrutarán seguro con esta nueva versión que a poco que se preste rezuma singularidad.

Si a todo lo demás le sumamos unos bien dirigidos buenos actores: Colin Farrell, Elle Fanning, Nicole Kidman, Kirsten Dunst, Angourie Rice, Oona Laurence, Addison Riecke, Wayne Pére, Emma Howard, Matt Story y Rod J.Pierce, tendremos una obra que puede avanzar. En la música, Phoenix, y la fotografía del maestro Philippe Le Sourd.

Para cerrar, una pregunta… ¿Era necesario en estos tiempos plantear de nuevo esta historia?

Crítica: Más allá de la vida

cartelLa crítica de hoy, “Más allá de la vida” es película realizada por Clint Eastwood (Invictus) en benigno estado de complicidad de nuevo con Matt Damon. Dibujada fantasía de sentimiento.

Marie Lelay (Cecile de France) es una periodista francesa destinada en Bali para cubrir una serie de noticias, coincidiendo con su estancia, se produce el tsunami en el océano Índico que asoló el sudeste asiático el 26 de diciembre de 2004. Marcus y Jacob (George y Frankie Mclaren) son dos hermanos gemelos que viven en Inglaterra, sólo se tienen el uno al otro pues su madre es adicta a las drogas y prácticamente los desatiende, como siempre las cosas pueden empeorar, uno de los gemelos muere en un accidente de tráfico. En San Francisco, Estados Unidos, un hombre, George Lonegan (Matt Damon) se puede decir que posee el don o la facultad de comunicarse con los espíritus , él cree que más que don es una maldición, tiempo atrás ganó mucho dinero teniendo esto como profesión ahora sólo quiere tener un trabajo digno y vivir con tranquilidad.

Este análisis mira con ojos perplejos a “Más allá de la vida”, sorprendente film lleno de sucesos, parasicología y suspense, tan libremente tramado que sólo tras reflexionar sobre lo visto, nos percatamos de su virtud; Eastwood narra paralelamente la historia de tres personajes que han tenido algún tipo de contacto con la muerte, en países distintos pero con el mismo escalofrio emocional, vidas cruzadas, cruce de historias o existencia humana con creencias paranormales, eso es lo que el maestro nos muestra. Pero detrás de la imagen queremos atrapar el mensaje de un director que maneja con tiento cada trabajo, un punto de vista cinematográfico donde reconsidera y reconstruye los elementos más impactantes. Es importante para saborear “Más allá de la vida” no ser minucioso, ni escarbar en análisis pulcros, simplemente hay que dejarse llevar desde el principio con unos agobiantes minutos de tensión gracias a unas espectaculares imágenes y a continuación, va surgiendo el encanto de la narración, fluye de forma natural, ocurren cosas que tienen que ocurrir, momentos sensibles necesarios, sacados de un guion que agarra la fatalidad sin contemplaciones, ternura y dramatismo, en su justa medida, un drama de esperanzas representando un universo de emociones. El tsunami, el atentado de Charing Cross, la explotación de los niños como mano de obra barata, la drogadicción, el vandalismo, la contravención, la desigualdad, la pérdida de la infancia, la búsqueda de la felicidad y sobre todo ello, la pérdida de los seres queridos que es el marco donde se forma todo este edificio que es “Más allá de la vida”.

He pensado mucho en esta película desde el viernes que fui a verla, me parece más discreta que las anteriores de Eastwood, pero no rompe sus cánones, su mirada como siempre está fija en la furia transformadora de su oficio, este artista de nuestro siglo hasta que le mantengan las fuerzas seguirá regalándonos su maestría y nosotros los espectadores seguiremos requiriéndole mucho más.

Se agradece por su tono interpretativo la presencia de Cecile de France, dando vida a esa mujer sacada de su mundo por una desgracia, y perdida, busca su nuevo camino; el orden de su futuro, Matt Damon hace que nos identifiquemos con el personaje, en su lucha interna y en los ímpetus de ser un hombre normal; a destacar la interpretación de los gemelos George y Frankie Mclaren que comparten varias escenas de la película haciendo creíble su personaje, y para mí, bordada, la escena donde despiertan a su madre porque llaman a la puerta los de asistencia social; buena también en su función Bryce Dallas Howard (Eclipse).

Una rápida lectura de la película, supone ponerse en contacto con la única proposición organizada de su planteamiento y eso sí que entra dentro de la fantasía. Cada cual sacará sus propias conclusiones.

Invictus

Prolífico y sorprendente, Clint Eastwood, cada vez que aparece nos trae un film más  honesto, extraordinario e invariablemente ligado a la dimensión que  en ese momento es  adecuada. Éste es el caso de “Invictus”, adaptación de la novela “El factor humano” de John Carlin, periodista y escritor que fue corresponsal de un diario inglés durante años en Sudáfrica.

El guión lo ha adaptado Anthony Peckhan y Clint Eastwood (Más allá de la vida) lo realiza con gran maestría  haciendo un magnífico retrato de la personalidad de Nelson Mandela, un hombre que después de más de 27 años en la cárcel y cuatro años después de su liberación el 11 de febrero de 1990, ganó las elecciones democráticas en su Sudáfrica.

Nelson Mandela “Madiba” se encontró entonces con un país dividido por la política represiva de años de apartheid, un país separado en blancos y negros, llenos todos de odios y rencores. Mandela supo ver  que si su país quería prosperar y evolucionar, tanto unos como otros tendrían que dejar atrás el rencor y trabajar juntos por un futuro mejor.

Aplicando una portentosa inteligencia emocional, consigue crear y unir un país mediante políticas sociales, con inversiones de capital extranjero y con la experiencia de todo lo sufrido, canaliza las emociones básicas de su gente. En ese tiempo y esas fechas  se van a celebrar los Campeonatos del Mundo de Rugby y “Madiba” se vuelca en favor de su pueblo a través de este deporte.

Esta película escenifica con increíble naturalidad, los años más conocidos del gran hombre de la solidaridad. Confieso haber sentido escalofríos en algún momento viendo al actor que da vida Mandela, Morgan Freeman (Red), pronunciar frases de provocadora inteligencia, inmensas y sentimentales, llevando las constantes de la narración. Gran interpretación de Freeman, la estrella resplandeciente del filme, junto al que hay que destacar a Matt Damon, de una autenticidad absoluta.

No hay duda de que Eastwood desde lo técnico supera cualquier idea que hayamos concebido de antemano.

Todavía con la retina impregnada por  la magnifica “Gran Torino”, recibimos el mensaje que ahora nos deja, un mensaje impactante de conexión humana  Además, esta cinta sorprende desde la misma historia, que siendo aparentemente el retrato de una vida conocida, mezclada con el deporte como metáfora, lanza un discurso y mantiene la tensión en todo momento. “Invictus” es impactante. La puesta en escena demuestra que Eastwood es un director de cine definido, que trabaja para el público que no se conforman con historias huecas.
Una hermosa película, libre, sencilla, una obra que te gana  desde el corazón sin forzar jamás el lado lacrimógeno, un pequeño milagro, un exquisito sorbo de cine realista.

“No importa cuán estrecho sea el camino,
Cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma”

Fragmento del poema que ayudó a Nelson Mandela en los difíciles momentos de su vida.

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