Crítica: Diecisiete

“Diecisiete” es la nueva película del director español Daniel Sánchez Arévalo, que se ha encargado también de su guion. El cineasta cuenta una historia, inquieto en su necesidad de reflejar sin filtros una realidad social, un retrato desprovisto de énfasis que levanta acta de la miserabilísima falsedad que cubre las vidas que contemplamos. Con “Diecisiete”, Sánchez Arévalo brilla por lo entrañable y escalofriante de la historia.

Nos presenta a Héctor (Biel Montoro), un chico de 17 años con muchos problemas, entre otros, su abuela está muy enferma y no tiene dinero ni medios para cuidarla. Pasan algunas cosas nada legales y esto le lleva a pasar dos años recluido en un centro de menores en medio de un terreno salvaje y apartado del mundo, marginado por los compañeros e incomprendido por culpa de su forma de ser. Hasta que un día participa en una terapia de reinserción con perros y acepta el ofrecimiento de la cuidadora lo que le lleva a establecer un vínculo indisoluble con uno de los perros. Por él será por quien, a pesar de que le quedan menos de dos meses para cumplir su internamiento, decide escaparse para dar inicio a una aventura en la que contará con su hermano Ismael (Nacho Sánchez) y Cuca (Lola Cordón), su abuela. Juntos inician un viaje en caravana. Un viaje de escape, de búsqueda y, sobre todo, de encuentro humano…

El fragmento de iniciación de “Diecisiete” es el prólogo de la historia principal y nos brinda las claves para entender que los elementos importantes en esta película no están muy lejos unos de otros, sino que están soldados entre sí en su deseo invertido de vida real o imaginable.

“Diecisiete” es la historia de dos hermanos, dos experiencias de vida en un mismo entorno social, Cantabria, que puede ser la de hoy mismo. Contada tanto desde el punto de vista social como desde la diferencia de edades y el tiempo, fragmentando una realidad en la que cada cual se queda con su propia idea. Una película dramática, crecida de comicidad y escenas llenas de insólita belleza de las tierras cántabras, no hay concesiones banas al sentimentalismo, ni olvida la lección de humanismo, el contraste entre la mente rebelde y la esperanzada, y la conjugación de la voz de las conciencias.

La verdad es que Daniel Sánchez Arévalo no innova pero es muy de agradecer que identifique  un mundo que nos puede parecer lejano pero que está ahí y el director se encarga de colocarlo frente a nuestros ojos. A medida que avanza la película, la cámara atrapa los rostros de los personajes para mostrar en primer plano sus debilidades, sus mecanismos de defensa, sus reacciones hostiles y su humanidad en estado puro…

Es por todo ello que llega el final y te deja una sonrisa de agradecimiento a una película entrañable.

En el reparto: Biel Montoro, con un papel muy complicado y bien trabajado; Nacho Sánchez, atrapado cabalmente en su personaje, un personaje enorme que interesa muchísimo. Lola Cordón, te eleva en su difícil tarea, un gran papel. Iñigo Aranburu, Itsaso Arana, Kándido Uranga, Carolina Clemente, Jorge Cabrera, Chani Martín y Mamen Duch, todos forman un brillante grupo que ha conseguido lo que quería. La música corre a cargo del cantante, guitarrista y compositor jerezano, Julio de la Rosa. La fotografía la trabaja el director de fotografía andorrano Sergi Vilanova.

En resumen, una sensible e inteligente película que no podemos dejar de ver.

Crítica: Nieve negra

Los fríos paisajes de la Patagonia, proyectan su reflejo helado en las ruinas humanas de quienes su aire respiran, unos personajes que allí viven, otros personajes que llegan, de la mano del director de cine argentino Martín Hodara. Crítica de la película “Nieve Negra”.

Nieve, bosque y desasosiego, éstos son los tres testigos de nuestra historia. La una testigo mudo, el otro mudo pero más objetivo, y el tercero imparcial e indiscreto. Se abre la historia con Marcos (Leonardo Sbaraglia) y su novia Laura (Laia Costa) que tras varias décadas sin verse con su hermano mayor llegan para convencerlo de vender las tierras que comparten por herencia. El hermano mayor es Salvador (Ricardo Darín) que vive apartado del mundo y de todo. Solo en la Patagonia sobrevive desde que fue condenado por matar a su hermano pequeño en un día de caza. De ese acto desgraciado ya hace muchos años pero el recuerdo está presente en cada uno de ellos y con la llegada de Marcos y Laura todo se reaviva y revuelve, los sentimientos que parecían dormidos despiertan como un volcán.

Modesta en su planteamiento, serena en su puesta en escena, limpia y coherente en su planificación. Secreta en el complejo entramado del guion, escrito por Martín Hodara y Leonel D’Agostino  y conseguida en algunos resultados. “Nieve Negra” se nos aparece como una de las ofertas del cine argentino de este año. Martin Hodara, su director, es casi debutante en la pantalla grande solo le recordamos por “La señal”, de 2007, aunque tiene una larga carrera en el mundo del cine, precisamente por este cosmos le vino su devoción por la familia Darín. En el año 94, Ricardo Darín y su hijo Chico Darín, que entonces tenía cinco años, participaron como actores en un trabajo en el que Martin Hodara colaboraba como ayudante de dirección. Se conocieron y enseguida surgió una entrañable amistad que les llevó a realizar en el año 2007 su primera película juntos. Ahora, vuelven a reunirse en una película sobre el peso del secreto de las cosas, el amor, la violencia de los sentimientos, las situaciones familiares y los intereses económicos de todo lo anterior. Estas grandes palabras están revestidas con las ropas de la narración, donde se muestra lo insólito y la desazón de los secretos, que se enganchan a la piel como el frio que se respira en la pantalla.

Con un reparto espectacular, tiene “Nieve Negra” la reconcentrada intención de expresar de qué forma se destroza la vida de quienes sobreviven a un muerto joven. El personaje de Ricardo Darín  experimenta en carne propia el desgarro de la pérdida pero también la egolatría de quien sigue viviendo degradado en su dolor. Leonardo Sbaraglia muestra con su personaje una mezcla de levedad y gravedad condesada. Laia Costa, desde su arrogante y humilde personaje, da lustre a la historia. El resto del elenco: Dolores Fonzi, Federico Luppi, Biel Montoro, Mikel Iglesias,  Liah O’Prey  y Andrés Herrera muy acertados en su interpretación. Pero  cada uno de los personajes de esta intriga gélida brilla solo a rachas en un contexto demasiado obsesionado por mostrar un exclusivo drama rural.  En la música, con un largo historial de bandas sonoras en su joven carrera, está el compositor nacido en Cataluña, Zacarías M. de la Riva, excelente. El también catalán Arnau Valls Colomer, director de fotografía, se luce con su buen trabajo.

Una curiosidad, aunque la trama de la película supuestamente transcurre en la Patagonia, ha sido rodada en el pirineo español.

“Nieve negra” es una sórdida historia que alcanza una sintonía más baja de lo que esperábamos. En la próxima nos vemos  Martín Hodara. Suerte.

 

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