Crítica: Aprendiendo a conducir

Aprendiendo a conducirCombinando de forma inconfundible la soledad con el enfoque determinista de raigambre balsámica que el amor infunde al ánimo y el inevitable estado social que la actual ciudad de Nueva York impone a sus habitantes, la directora de cine Isabel Coixet, con guion de la también cineasta y escritora Sarah Kernochan, se desmarca de sus forma de alta raíz social española y nos regala una nueva mirada que seduce por la riqueza y fluidez en su trabajo. Crítica de la película “Aprendiendo a conducir”.

La película se abre con una discusión en un taxi, a Wendy (Patricia Clarkson), una escritora y crítica literaria que vive en Manhattan, su marido la abandona, ella llora y ruega pero el hombre está decidido a empezar una nueva vida. Wendy, que lo está pasando fatal, decide sacarse el carné de conducir. Para ello toma clases con Darwan (Ben Kingsley), un refugiado político hindú que se gana la vida como taxista e instructor en una autoescuela.

Con esta sencilla y gratificante comedia sobre el afán de aprender a conducir, Coixet alcanza satisfacer al público con su último trabajo. La gran virtud del film reside en la habilidad para transformar líneas argumentales básicas en metáfora y reflexión. Esta película presenta una denuncia a través de un fino lienzo iconográfico y psicológico. Diversidad étnica, marginación social, desubicación y reubicación de todo: soledad. No parte de un guion novedoso ni rompedor pero la directora española lo moldea y cuece a su estilo haciendo caminar a los personajes por las difíciles carreteras de la vida, aprendiendo a conducirlas aunque en el recorrido haya que tropezar y frenar de forma brusca de cuando en cuando.

Imagen de Aprendiendo a conducirEn la interpretaciones Patricia Clarkson y Ben Kingsley confieren al film un grado de interés insospechado, Clarkson va haciendo que esa alternancia entre la satisfacción y la frustración  resulte convincente y Kingsley con su buen hacer, sigue dejando una impronta de la que siempre quedamos satisfechos. Con este sobresaliente añadido, y a pesar de su ritmo pausado el efecto final es muy satisfactorio, nos queda la sensación de haber visto una obra notable. El resto del reparto salvando las distancias hacen un trabajo aceptable: Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber,Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell; teniendo en cuenta que la substramas quedan conferidas a la apatía y en algún caso a historia por concluir, pongo como ejemplo el personaje de Grace Gummer como hija de Wendy. En la fotografía, Manel Ruiz.

Tranquila y agitada como la vida misma. Marco de una historia que aúna los problemas de las mujeres y los problemas de los hombres, los conflictos derivados de la inmigración, del divorcio y de la vida en una gran ciudad.

Coixet construye un envoltorio que convence, como siempre.

 

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Crítica: El médico

el médicoPhilipp Stölzl nació en Mónaco en 1967. Comenzó su carrera en el teatro, en la Munich Kammerspiele. Después, durante varios años trabajó como escenógrafo y diseñador de vestuario. En Viena se especializó en videos musicales con muy buenos resultado: “Du hast“, de Rammstein, y el video de “American Pie”, de Madonna, sirven como ejemplo. Ha hecho alguna banda sonora y anuncios publicitarios. Más tarde tras el  cortometraje “Morituri te salutan”, llega su primer largo “Baby” y más películas alternando con sus grandes éxitos en la ópera. En esta ocasión, dirige la adaptación de Jan Berger de una novela de Noah Gordon que se convirtió en un best-seller en el año 1986. Crítica de la película “El Médico”.

Ambientada en Inglaterra, en 1021. Aquellos años fueron extremadamente duros. Hambre, pobreza y analfabetismo. No existían conocimientos en medicina, solo los barberos hacían algo por la salud e iban pregonándolo por las calles, aquello era más parecido a la bestialidad que a la curación aunque en realidad, al no contar con otro remedio, un barbero era un hospital central. Baber (Stellan Skarsgård) era uno de esos barberos. Un día, mientras dormía tranquilamente en su carricoche, le despierta de forma brusca un chiquillo para que atienda a su madre que está muy enferma. El chico se llama Rob Cole (Tom Payne) que, finalmente, se queda huérfano. El rudo barbero lo acoge sin ganas como ayudante y durante años los dos ejercerán lo que saben de curaciones a los compases de malabares. Llega el momento en que Rob busca la luz lejana de la ilustración y marchará a Isfajan con el prestigioso Ibn Siná (Ben Kingsley). Allí, cambiará todo para él. Allí tiene que enfrentarse a la tiranía de los predicadores.

Por algunos motivos este film merece ser visto. Por la exquisitez de su mensaje, por su ritmo reposado y la belleza de sus imágenes. Además, por la complejidad de sus elementos estéticos y la valiosa reconstrucción de la época. Es una película para ver con actitud introspectiva, con la mente un poco alejada del hoy, para encajar en ella y disfrutar toda su esencia.

Imagen de El médicoEl guión es bastante aceptable al igual que su banda sonora, de Ingo Frenzel. Disfruten la banda sonora. Sin duda, la música es también protagonista de este film y con cada pieza, mientras van pasando las imágenes sentimos su calidad. Digna de resaltar, la excelente fotografía de Hagen Bogdanski. El reparto, no puede ser más acertado. Atención especial merece Tom Payne, un actor prácticamente desconocido para muchos, echaba de menos verle en pantalla y ha sido muy agradable. Ben Kingsley en un papel que borda y al que le saca muchísimo jugo. En definitiva, todos están perfectos, Stellan Skarsgård irreconocible y demostrando una vis cómica estimable por encima de todos, sus escenas acaban siendo las primeras que invitan a disfrutar de este largometraje. Los demás actores; Oliver Martinez, Emma Rigby, Michael Jibson, Elyas M’Barek, Makram Khoury, Dominique Moore y Fahri Yardim hacen que todo el conjunto se desenvuelva adecuadamente, todas las actuaciones están muy conseguidas.
No sé si el romance que interviene en la trama y que nos desvía del interés de la película está inscrito en el libro, yo no leí el libro de Noah Gordon, pero todos mis conocidos que lo leyeron lo admiran. En la película es una historia de amor simplona que para nada resulta creíble y que sólo se abre en tres mustias y vacías escenas queriendo mostrar unas veces un amor incipiente y otras la tradición del lugar, todas ellas huérfanas de emoción y encanto.
Si me pongo rigurosa puedo decir que la película no llega todo lo lejos que debiera pero lo cierto es que tiene calidad para colmar todas las expectativas del gran público.

Tiene unas maravillosas imágenes de Marruecos que es donde ha sido rodada, lo demás, todo recreado, está rodado en los estudios de la productora UFA Cinema. “El Médico” tiene integrismo, fe, conocimiento, religión, amor y sabiduría. Un regalo, en fin, para comprensiones sutiles y para quienes saben gozar de estos retoños infrecuentes en los que se unifican el ritmo, la sinfonía, hermosura escénica, actuaciones y el argumento.

Ben Kingsley

Ben Kingsley (Sir Ben Kingsley), nació en Scarborough, Yorkshire, Inglaterra, el 31 de diciembre de 1943.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.es/name/nm0001426/

Sus películas en Comentamos cine:

Crítica: Aprendiendo a conducir (2015)

Crítica: El dictador (2012)

Crítica: La invención de Hugo (2011)

Crítica: El príncipe de Persia. Las arenas del tiempo (2010)

Crítica: Shutter Island (2010)

 

Crítica: El dictador

CartelSacha Barón Cohen, el antagonista y su burla. Crítica de la película “El dictador”.

Ésta es la sinopsis que nos ofrece la distribuidora: El General Almirante Haffaz Aladeen (Sacha Baron Cohen) es un dictador capaz de arriesgar su vida para impedir que la democracia se establezca en el país al que oprime. Rico en petróleo y bastante aislado, el estado norteafricano de Wadiya lleva siendo gobernado por el vehementemente anti-occidental Aladeen desde que éste tenía seis años, cuando fue nombrado Líder Supremo. Desde que accedió al poder absoluto, el consejero de más confianza de Aladeen es su tío Tamir (Ben Kingsley), quien ejerce de Jefe de la Policía Secreta. Por desgracia para Aladeen y sus consejeros, el muy vilipendiado Occidente ha comenzado a meter las narices en los asuntos de Wadiya, y las Naciones Unidas han sancionado repetidas veces al país en la última década, pero el Dictador no va a consentir que un inspector del Consejo de Seguridad entre en sus instalaciones secretas de armamento, por eso viajará lejos de su país, para dar una solución que le convenga.

El poco caudal de cine comedia que acertadamente recibimos de Estados Unidos, ejerce su particular excepción en “El dictador”, por supuesto sobrepasa (lo que no es mucho mérito) a las pocas películas que este año han mandado los autores americanos. El momento que vivimos, en que la oferta en nuestros cines no es muy atractiva, ha hecho que este título cobre un considerable peso y se transforme junto con “Batman” y “Prometheus” en el reclamo de los pasados meses de julio y agosto en los cines madrileños. De nuevo hemos vuelto a encontrarnos con Sacha Baron Cohen, más acertado que en su anterior trabajo “Bruno”. Una vez más su dardo acusador, cual genio incomprendido. En esta ocasión dirigido por Larry Charles.

Respetando su principio crítico y la fórmula de “El dictador“,que nos puede encajar más o menos, pienso que es insuficiente para su denuncia, reduciendo lo que expone a base de un subrayado de lo ya hecho en anteriores trabajos sin emplearse en improvisaciones de rigor ni novedosas. Es el suyo un discurso sobre las dictaduras que queda francamente cojo, en tanto que el mecanismo en el que se aventura el libreto contiene un humor irreverente y a veces desconcertante, minimizando las amplias cuestiones que completan el tema. Por otra parte, el efecto perverso del trato a la imagen femenina resulta más palpable en cada trabajo de Sacha Baron Cohen, en esta ocasión, ese trato discriminatorio, misógino y tacaño ya no hace gracia. La mujer ha conseguido su reconocimiento universal y una mirada como la que de ella brinda la película “El dictador” empobrece todo el conjunto.

Lo cierto es que si Sacha Baron Cohen se hubiese limitado a mostrar su tema político sin mezclas, su consigna podría ser aceptable pero como ya he dicho, tiene más de lo mismo y demasiada sal gorda. No aporta nada. Las escenas que vemos ya poblaron otras películas de este actor, son sus referentes. Pero cine gamberro en el sentido serio con toques de gracia insolente solo lo conseguiremos en el universo de Sacha Baron Cohen y eso ya es mucho en los tiempos que corren. Debo reconocer que en la sala donde se proyectaba “El dictador” había espectadores rotos por la risa; a mí, me turbó tanto que no puedo recomendarla.

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