Crítica: Tarde para la ira

tarde-para-la-iraLas sucesivas incursiones efectuadas por Raúl Arévalo en el cine como actor de series, cortos o en la gran pantalla bajo la dirección de los mejores directores españoles, no han sido obstáculo para que el cineasta de un giro en su medio, un giro con el que venía soñando desde niño. Esta vez se nos presenta como director y coguionista, junto a David Pulido, sorprendiendo gratamente al público que ha recibido este thriller de violencia descarnada con su aplauso. Crítica de la película “Tarde para la ira”.

Madrid, agosto de 2007. Curro (Luis Callejo) entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana (Ruth Díaz) y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y un desconocido, José (Antonio de la Torre).

Raúl Arévalo, tan hábil en el guión como en una puesta en escena sólidamente eficaz, convierte su película en un solvente viaje que en ningún momento da palos al aire. El inicio de esta extraordinaria ópera prima, pronto se revela como un puzle que hay que construir. A partir de ahí, se inscribe a fondo con una espinosa vertiente, una trama tensa en un contexto realista desde la pasión de una venganza. Atmósfera opresiva y elementos sobrios de un estilo que opta por un trazado sencillo de perfectas localizaciones y de crudeza emocional. Una propuesta dramáticamente osada que gracias a su natural y austera belleza no pierde fuerza dramática, ni credibilidad.

“Tarde para la ira” es una de esas películas en las que te introduces y no puedes salir hasta el final.

imagen-de-tarde-para-la-iraEsta obra de Arévalo es dramática, cruda y cautivadora. Y así hablaba de ella el director en una reciente entrevista. A pesar de contar con los actores que desde que la película era un proyecto ya estuvieron presentes para protagonistas, Arévalo no cae en el error de convertir “Tarde para la ira” solo en una película de buenos actores. La fuerza de éstos se pone al servicio de la historia, la estudiada sencillez de Antonio de la Torre, Ruth Díaz y Luis Callejo y su turbia red de intrigas confieren verdad a lo que les está sucediendo. Los tres están increíbles. Manolo Solo engancha con un personaje perfectamente interpretado, su breve aparición deja huella. Buenísimo. El resto del reparto Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García, enamorados de sus papeles como si fuesen su propia vida. En la música el compositor argentino Lucio Godoy, magnífico. Mientras, Arnau Valls Colomer, el director de fotografía, tiene mucho que ver en el buen resultado de esta obra.

Solo me queda dar la enhorabuena a un director que comienza y lo hace muy seguro. Felicidades, esperamos con interés el próximo trabajo. Suerte, Raúl Arévalo.

 

Crítica: Que Dios nos perdone

que-dios-nos-perdoneRodrigo Sorogoyen es un joven director de cine y guionista, en general polifacético cineasta, del que recordamos cortometrajes de sus primeros años y cómo no, en el mundo de la televisión una gran cantidad de series conocidas. Para la pantalla grande se nos dio a conocer con su primer largo “8 citas”, en 2008; “Stockholm” llegaría años más tarde, en 2013 y traería consigo un buen ramillete de premios para sus creadores. En 2016, nueva película, un thriller que apunta alto. Crítica de la película “Que Dios nos perdone”.

La película nos muestra a los inspectores de policía Alfaro (Roberto Álamo) y Velarde (Antonio de la Torre) en  Madrid, verano de 2011, centro neurálgico de varios acontecimientos. Ambos policías deben realizar una investigación contrarreloj cuando la capital está repleta de visitantes por la llegada del Papa. Un asesino sigiloso y muy peligroso anda suelto. Para los inspectores es éste un programa ambicioso y apasionante del que no quieren privarse pero están rodeados de una serie de acontecimientos políticos que se desarrollan alrededor de ellos y de personajes a los que solo les interesan los resultados rápidos para que luzcan los de rriba, esto complicará mucho la investigación.

Rodrigo Sorogoyen con su guionista de cabecera, Isabel Peña, escriben una historia donde no hay otro espacio que una intriga realista, capaz de hacer creer, de alterar, de hacer participar al espectador en lo que está viendo. “Que Dios nos perdone” es por su narrativa y su buen hacer una invitación a renovar nuestra capacidad de asombro por el cine patrio. Con música de Olivier Arson y fotografía de Alejandro de Pablo.

imagen-de-que-dios-nos-perdoneEn “Que Dios nos perdone” la maldad tiene nombres y apellidos. Es memoriosa y cautelosa. Es una contradicción íntima, en una lucha de delitos anónimos. Siente necesidad de destruir sin preguntas ni explicación, porque la maldad es un territorio desconocido y atávico sin lenguaje. El lenguaje aparece en los dos principales personajes, los inspectores Velarde y Alfaro, uno conduce al otro para juntos encontrar la línea que haga desenterrar la maldad del pasado, la maldad del presente, entre el amor que se acoge y se repudia y el instinto profundo de querer reconciliarse con la vida, o explorar en los abismos dilatados de las profundidades imprecisas.

Sorogoyen hace su mejor película, lenta y minuciosamente baraja la intriga como detective, esconde la trama detrás de las sicologías de los hechos y nos lleva de la mano hacia el lucimiento de sus estrellas; un casi irreconocible Antonio de la Torre, un eficaz Roberto Álamo y los siempre sólidos Javier Pereira, Luis Zahera, José Luis García Pérez, Mónica López, María Ballesteros, Rocío Muñoz-Cobo, Ciro Miró, Andrés Gertrúdix, Raquel Pérez, Silvia Casanova y Josean Bengoetxea, que no están solo para brindar apoyo a Rodrigo Sorogoyen en su reafirmación como director . Él por su parte sabe encontrar un tono propio, ralentizando lo incierto como un espejismo perfecto para ahondar en los personajes. Ellos, los actores, tienen vehículos y medios de interpretación, miradas, gestos míticos y tienen en sus personajes cielos oscuros o enrarecidos. Ellos, los actores, están magníficos.

Es cine serio, es buen cine: “Que Dios nos perdone”.

Crítica: Felices 140

F140_CARTEL_FLAT_AF.inddGracia Querejeta es una cineasta cercana y habitual para los amantes del cine español, tanto en la pantalla grande como en series para televisión, documentales o en cortos. Lo último que se ha proyectado de ella y hemos podido disfrutar fue en el mes de marzo pasado, en el Festival de Cortos de Rivas, su película de 25 minutos de duración “Cordelias” que obtuvo un gran éxito en este certamen. En su nueva obra para la gran pantalla de nuevo crea un marco incomparable para que se produzca y reproduzca la comedia y su giro argumental. Crítica de la película “Felices 140

Con guión de Santos Mercero y Gracia Querejeta, música Federico Jusid y fotografía Juan Carlos Gómez, “Felices 140” es la historia de un grupo de amigos, entre ellos Elia (Maribel Verdú) que cumple 40 años y, para celebrarlo, reúne en una lujosa casa rural a todo el grupo de personas a las que aprecia, pues tiene que decirles algo muy importante. A partir de contarles su secreto todo comienza a tomar tintes que no eran los esperados.

La película da comienzo como comedia, sin sorpresas ni originalidad, esto, que a veces parece tan poco, en este caso, alcanza una floreciente y sorpresiva superación. En veinte minutos quedan perfilados los personajes y preparados para atrapar nuestra atención. “Felices 140”, con pericia, un buen trazo y una proximidad atinada, es sorprendente por momentos e intrigante en muchos otros. El modo de introducirnos en el revoltijo de pensamientos de los personajes, los primeros planos de la actriz principal realizados de una manera estética y cinematográficamente perfecta, la narrativa y el collage sentimental y de suspense logra una comedia negra envuelta en tal naturalidad y espontaneidad que consigue captar el interés del espectador y mantenerle expectante hasta el final del metraje. Imagen de Felices 140Una película, cargada de detalles de actualidad, confeccionada a partir de una admirable capacidad de observación generacional, trágica, cómplice y testimonial sin pretenderlo.

Ceñida por un reparto de actores y actrices españoles sensacional, no duda en darnos todos los elementos necesarios al abrigo de ese fascinante paisaje interpretativo que siempre propicia su directora: Maribel Verdú, Antonio de La Torre, Eduard Fernández, Marian Álvarez, Nora Navas, Alex O´Dogherty, Ginés García Millán, Paula Cancio y Marcos Ruiz, todos y cada uno interpretando su papel para estar magníficos, pero quisiera resaltar a dos de ellos. Una resulta más que evidente, es Maribel Verdú, que con su enorme sabiduría se disemina entre el resto de miembros del grupo. Otra es Paula Cancio, aunque en esta película trabaje el papel menos destacado, es lo mejor que he visto de ella.

Obra vital en la carrera de su directora, otra postal más de cine para la colección de Gracia Querejeta.

Recomiendo no ver el trailer, queda demasiado expuesto el contenido de la trama y hace perder el interés por la intriga.

Crítica: La isla mínima

La isla mínimaLa nueva película de Alberto Rodríguez es una obra bastante sólida donde se percibe que su autor se ha podido mover a gusto en la construcción de un guion bien inspirado. Además, una película perfecta necesita algo que le proporcione cimientos y esqueleto y no me estoy refiriendo solo a seguir esa enseña que es el guión, tan preciso riguroso y específico, quiero decir que el todo de un buen director consiste en plasmar realidad en todos los detalles con el esmero de un artesano, y el joven cineasta español lo hace en “La isla mínima”.

Alberto Rodríguez, junto a Rafael Cobos, construye esta sórdida historia no desde el punto de vista psicológico o social, sino policial a través de dos personajes paralelos. Dos policías, Juan (Javier Gutiérrez) y Pedro (Raúl Arévalo), dos hombres ideológicamente opuestos y con vidas totalmente dispares, son enviados a un pueblo entre Huelva y Sevilla, en plena marisma del Guadalquivir, para investigar la desaparición de las hijas de un vecino del pueblo, Rodrigo (Antonio de la Torre). El pueblo andaluz muestra un tríptico de soledades, frustraciones y prejuicios no propios del año 1980 que es cuando se desarrolla la historia y entre todos los problemas que esto les puede ocasionar, los agentes deberán descubrir al asesino.
La estructura sombría es su mayor virtud. Aunque atesora varias virtudes, aparte de la austeridad del terreno, el aroma a relato añejo y el hecho de usar un registro tan natural y accesible a la hora de hablar de grandes temas como, en este caso, es el asesinato de mujeres jóvenes.

Desde el primer plano se distingue el empuje de Alberto Rodríguez,  que consigue que esta película sea mucho más madura que sus antecesoras. Sin dejar de ser fiel a sí mismo, el director español más policial, se ha decantado esta vez por un nuevo elemento, el agua, y ha logrado con ello su mejor película, trágica e intrigante a la vez que serena.Imagen de La isla mínima“La isla mínima” es un punto y aparte en la filmografía del prolífico director, al que le hacía falta precisamente eso, el agua, para nadar con fuerza hacia la cumbre.

“La isla mínima” es una buena película, una obra bien hecha dentro de un momento muy rico, – creativamente hablando-, del cine español, por lo cual destacar es un privilegio.

El reparto es fuerte, las actuaciones extraordinarias: Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Jesús Carroza, Manolo Solo, Cecilia Villanueva, Salvador Reina, Juan Carlos Villanueva. Sus mesuradas interpretaciones entre las que destaco a Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, demuestran gracias a su espléndida profesionalidad y rigor, que interpretar debe ser antes que nada un acto de respeto hacia uno mismo. La música de Julio de la Rosa se ajusta fielmente al estable ritmo en que se mueve, con una fotografía a prueba de juicios minuciosos a cargo de Álex Catalán.

La resolución se nos entrega en una bandeja invisible, para que pensemos en ello, para que afrontemos nuestro papel en situaciones semejantes de la vida real.

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