Crítica: Detroit

La directora de cine nacida en Estados Unidos, Kathryn Bigelow, volviendo la vista más atrás que en sus últimas películas recupera para el cine las revueltas raciales del 67 en la ciudad de “Detroit”. Y para ello se sirve del guion basado en los sucesos reales, escrito por el periodista y guionista, también americano, Mark Boal. De nuevo juntos Bigelow y Boal, nos hacen recordar la 82ª edición de los Oscar donde recibieron el Óscar a mejor dirección y mejor guion por la película “En tierra hostil”.

La historias se abre mostrando pinturas de la obra “La migración de los negros”, del pintor americano de padres africanos, Jacob Lawrence, una pequeña cantidad de cuadros de los sesenta que forman la colección es suficiente para comenzar a afrontar lo que a continuación veremos. “Detroit” reproduce los disturbios raciales que sacudieron la ciudad en el año 1967 y especialmente centra la atención del espectador en la noche del 25 al 26 de julio, en la calle 12, con los hechos producidos en un motel, el famoso caso de “Los asesinatos de Motel Argel”. Dicen que todo comenzó con una redada de la policía en un bar nocturno, con una tremenda violencia racial, y que acabó convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos. Yo creo que todo comenzó mucho antes, cuando los negros eran llevados para ser esclavizados, muchos años después, alguno de sus presidentes abolió la esclavitud y los negros siguieron estando marginados. En la época que en Norte América empezó la revolución industrial, los negros del Sur emigraron al Norte para trabajar en fábricas, para progresar socialmente y siguieron marginados, mal mirados y maltratados, o como en la historia que nos muestra Kathryn Bigelow, muertos…

De entrada, este filme ataca tanto por la agresividad de las imágenes como por el argumento. Bigelow pone en escena una violencia que no parece construida sino que es natural. Una cruzada donde lo inhumano sustituye a cualquier otro sentimiento que pueda imperar y, bailando entre eso, muestra una sociedad, la americana, con capacidad para reciclar tanta exaltación, tanta mentira, que lógicamente contradice verdades evidentes. Kathryn Bigelow con esta película acaba de encontrar un nuevo vehículo para seguir explorando el lenguaje cinematográfico porque “Detroit” es una joya áspera que deslumbra por su lente inquebrantable, su enfoque de estilo documental, su escenario de pesadilla sin consentir que se obstruya ni un segundo. Por su ímpetu, su armonía, su tensión. Por las emociones capturadas preciosamente en el uso de zoom. Por la capacidad y el atrevimiento de hacer una película tensa y convincente.

En el reparto en esta ocasión no destaco ninguna interpretación todo el elenco están de sobresaliente: John Boyega, Algee Smith, Will Poulter, Jack Reynor, Ben O’Toole, Hannah Murray, Anthony Mackie, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Kaitlyn Dever, John Krasinski, Darren Goldstein, Jeremy Strong, Chris Chalk, Laz Alonso, Leon Thomas III, Malcolm David Kelley, Joseph David-Jones, Joseph David Jones, Ephraim Sykes, Samira Wiley, Peyton Alex Smith, Laz Alonzo y Austin Hebert, de aplauso. En la música el gran compositor estadounidense James Newton Howard y la fotografía del veterano director inglés Barry Ackroyd.

La violencia racial aterroriza no solo a quienes aún les escuecen las heridas, también aterroriza a quienes tenemos la obligación de denunciarla y combatirla. Debemos desplazar sensiblemente la perspectiva y abrazar la utopía. Hay que salir de aquí… mientras, tapémonos los ojos por la vergüenza.

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Crítica: Destino Oculto

CartelQuienes hayan seguido de cerca la trayectoria de George Nolfi, saben que es un magnifico guionista de cine, en “Destino oculto”, película a la que ofrezco mi crítica, además del guion toma la dirección. El libreto está sacado de un relato corto de Philip K. Dick, conocido escritor de novelas de ciencia ficción.

George Nolfi en el argumento de “Destino oculto”, su ópera prima, intenta una reconquista de lo fantástico, el gusto por la aventura imaginativa, lo etéreo de la acción y el sobrevuelo del amor puro.

“Destino oculto” se nos presenta así: En el gran hotel se oía estruendo de conversaciones y risas, era una fiesta un tanto adversa  al aire libre, todo el mundo se lo pasaba fenomenal porque esperaban a su ídolo. El sofocante aire nocturno agrupaba los olores de la noche. De vez en cuando un soplo de aire fresco acariciaba la piel de los que allí estaban, todos esperando que saliera David Norris (Matt Damon) a dar su discurso. David, un congresista joven, hombre elegante y guapo, tiene el rostro   sereno y unos ojos pequeños, pero azules y cariñosos, su infancia trascurrió de humilde y trágica forma, con siete años perdió a su padre y antes de cumplir diez años ya habían fallecido su madre y su hermano, ahora  está próximo a conseguir el puesto de miembro del senado de los Estados Unidos, pero en este instante, aparece, como salida de una caja de música, ella, Elice Selles, (Emily Blunt) linda y delicada, la piel de sus mejillas parecía  suave como la flor del algodón, su cabello sedoso caía a horcajadas sobre sus hombros, su vestido de seda azulado adornado con un corpiño negro, los labios  ligeramente entreabiertos como entregados al diálogo, sus pies descalzos, y unos hermosos  ojos de un color verde cenagoso. Había algo en ella que a David le traspasa como un cuchillo.

George Nolfi presenta en “Destino oculto” un cine de géneros quizás permeables, la ciencia ficción como reclamo, pero por encima de los hechos sobrevuela la extraña fascinación de los dos personajes principales con sentimientos  de los más terrenal, la intensa expectación creada a lo largo del relato, el enrarecido clima de secretos y confesiones que se crea y la resolución final, subrayan paralelismos con otras de sus obras escritas, por ejemplo: “El ultimátum de Bourne”, también protagonizada por Matt Damon. En lo referente a la exposición y el desarrollo hegemónico de la película, está hilvanada de forma desigual y no consigue sacar lo esperado de un buen guion.

Comercialmente, “Destino oculto” es una película que puede pegar, por la atracción que los dos  actores principales ejercen en el espectador.

La banda sonora retrata con admirable sencillez cada espacio del film y contagia del esmero que pone el maestro Thomas Newman en cada uno de sus trabajos, la dirección de fotografía de John Toll, de forma consciente y formal regala imágenes perfectas de escenarios que ya hemos visitado muchas veces, en este caso recordamos otras películas que hace tiempo nos gustaron tanto. En cuanto a los actores, la singular expresión e interpretación que Matt Damon hace de su personaje, supone otro acierto en su carrera, ¡qué sonrisa tan bonita tiene este chico!, Emily  Blunt, consigue quedar bien en este papel de bailarina de ballet contemporáneo, por el que debió perder diez kilos de su peso habitual; Anthony Mackie, Terence Stamp, Daniel Kim, John Stattey, Shohreh Aghdoshloo, todos realizan un trabajo serio.

Al final debo decir que “Destino oculto” puede gustar al gran público, sobre todo a aquellos que les seduzcan el romance, pues básicamente es un thriller romántico con tintes de ciencia ficción.

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