Crítica: Marie Curie – El valor del conocimiento

Después de realizar dos películas con el cineasta Peter Sehr, Marie Noëlle nos presenta su primera película de la que, en solitario, es directora y coguionista, con la también cineasta, dramaturga y escritora, Andrea Stoll. La historia abreviada de una de las mujeres más grandes que podemos recordar. Crítica de la película “Marie Curie”.

La historia que se nos narra comienza en el delirio por la ciencia y el amor que conducía al matrimonio formado por Marie Curie (Karolina Gruszka) y Pierre Curie (Charles Berling), les acompañaba de casa a la facultad, de la facultad al laboratorio y a todos los lugares donde acudieran. Era principios del siglo XX, su programa de investigación había adquirido la máxima categoría. Conocidos y respetados, ambos obtuvieron el premio Nobel de Física en el año 1903, pero quiso el destino que Pierre Curie muriera en un trágico accidente, atropellado por un coche de caballos. Marie Curie quedó sola con sus hijas pequeñas. Ella era muy joven y aunque sufre una fuerte depresión por la muerte de su esposo se aferra a sus estudios científicos, firme en su creencia de que vendrán tiempos mejores y será fructífera su valía por el trabajo útil. Con un valor humano fuera de lo común siguió el camino trazado, trabajando y luchando como mujer y científica en un mundo dominado por los hombres. El tiempo pasó y su joven corazón vuelve a latir por un compañero del laboratorio, Paul Langevin (AriehWorthalter). Se enamoran. Él está casado. Su esposa Jeanne (Marie Denarnaud) muy enfadada hace pública la relación de su marido con Marie Curie. Aquí comienza un desatino de críticas y desplantes a Curie. En ese tiempo tempestuoso ganó el premio Nobel de Química, año 1911. El mundo de hombres en que se movía ya tiene una justificación más para despreciarla y marginarla. Fue difamada por la prensa por cometer adulterio, como una debilidad del espíritu completamente nociva para las tareas que ocupaba y la posición en que se desenvolvía. Marie Curie continuó con esfuerzo y trabajo duro, fundiéndose en la práctica de la investigación, irrumpiendo eternamente en el respeto y la admiración de cada ciudadano que sepa de sus grandiosos descubrimientos y de su lucha.

No es la primera vez que la figura de Curie llega al cine, el americano Mervyn LeRoy nos trajo la calidoscópica “Madame Curie” (1943), que obtuvo 7 nominaciones a los Óscar, entre otros mejor película, mejor actor y mejor actriz, basada en la biografía de Ève Curie e interpretada por Greer Garson, Walter Pidgeony. Más tarde, el director francés Claude Pinoteau presentó “Los méritos de Madame Curie” (1997), en la que Isabelle Huppert y Philippe Noiret nos acercaron a ella, a sus luces y sus sombra, su talento y sabiduría y su impulso anticapitalista.

Siguiendo la senda biográfica, la realizadora Marie Noëlle nos sumerge en el interior de la esencia de la ciencia y el conocimiento. Allí la mirada curiosa, el fulgor de los sueños y la solidez. Cabe reconocer la firmeza de planteamiento del guion que se las ingenia para abordar la historia con una visión diferente. En “Marie Curie”, Marie Noëlle cuenta con una producción excelente y con un reparto espectacular en el que Karolina Gruszka se da la mano con una presencia interpretativa habitual solo en el gran cine, con una mirada brutal y convincente ante la esencialidad en un gélido tapiz de relaciones diversas. Se trata la vida de la científica polaca Marie Curie, durante ocho años. Cabe decir que aunque la directora sabe manejar el tema histórico en el cine, en esta ocasión nos deja un poco con las ganas, aunque el material con que se trabaja no tenemos duda de que sea el periodo más creativo del personaje. Se mire por donde se mire, Marie Curie ha marcado y marcará las vidas de la humanidad, nadie que respire en este mundo puede dejar de sentir su impacto y la necesidad en cierto sentido sentimental y feminista de abrigarte en sus doctrinas.

En la película el material de partida resulta demasiado escueto, la narración deriva sin remedio a tirar por el camino de lo trivial con tal de encontrar algo remotamente semejante a una historia sentimental. Una primera parte ideal para los personajes, seguida por un intermedio celestial y en el tercer acto nos recuerda una odisea por el romanticismo con una especie de tragedia en el fondo del alma.

La música es del compositor de bandas sonoras Bruno Coulais, que en esta ocasión hereda la fuerza del personaje principal afianzando con sus notas el componente testimonial y anímico del retrato. En la fotografía, el director y guionista polaco Michal Englert, realiza un trabajo elegante, buscando y encontrando toda la sensibilidad de los personajes y todo el coraje. En el reparto, Karolina Gruszka, perfecta, como ya he dicho antes. Además el cabalísimo de Arieh Worthalter, Charles Berling, Izabela Kuna, Malik Zidi,André Wilms, Daniel Olbrychski, Marie Denarnaud, Samuel Finzi, Piotr Glowacki, Jan Frycz, Sabin Tambrea, Sasha Crapanzano, Rose Montron, Adele Schmitt, Emma Pokromska, Edgar Sehr, Nikolaus Frei, Artur Dziurman, Piotr Bartuszek, Aldona Bonarowska, Klara Bielawka, Mariola Brycht, Pawel Kleszcz, Wenanty Nosul, Jakub Kotynski, Ksawery Szlenkier, Michal Meyer, Konrad Bugaj y Krzysztof Bochenek. Un elenco que en este apartado es modélico: una lección magistral sobre cómo definir personajes tan enormes, un acto de comunión con la corrección.

En fin, no es “Marie Curie” la película esperada. Su directora Marie Noëlle se enfrenta a Marie Curie con una mirada poco intensa. Pero tiene elementos de interés. Siempre es interesante acercar nuestros sentidos a historias reales tan atrayentes y cautivadoras.

 

Crítica: Le Havre

CartelNobleza de objetivos y solidaridad, razones que Aki Kaurismäki aborda con precisión y cautela; la inmigración, la interacción del estado y, sus doctrinas constituidas. Critica de la película “Le Havre”.

Desde las primeras imágenes esta película se levanta con la fuerza del cine con mayúsculas. Desde el primer momento transcurre sencilla sin pretensiones, al son de una cálida música que nos sitúa en Le Havre una ciudad portuaria de Francia, sitio tranquilo y sin prisas, donde Marcel Marx (André Wilms), escritor de poco éxito, se ha trasladado a vivir. Este hombre siente que está más en contacto con la personas, pues incluso ha dejado de lado su profesión de escritor y trabaja como limpiabotas. En Le Havre ha encontrado la tranquilidad y la seguridad que necesitaba, son momentos felices que disfruta con su esposa Arletty (Kati Outinen) y los muchos amigos que ha hecho en poco tiempo. Pero un día, mientras está descansando y mirando a la gente pasar; ve, como en un momento de redada un inmigrante ilegal escapa de la policía, el chico africano menor de edad, Idrissa (Blondin Miguel Guion). El joven, quiere llegar a Inglaterra por cuestiones sentimentales. Marcel se crea una responsabilidad tratando de proteger al chico, además Arletty, su esposa, de repente enferma y tiene que hospitalizarse, Marcel conocerá en su propia carne el insensible muro de la indiferencia humana, pero con el optimismo que le caracteriza, con su confianza y la solidaridad de los habitantes del barrio, crearán una defensa que se enfrentará a la maquinaria ciega de una ley intransigente.

Qué decir que no se haya dicho del cine de Aki Kaurismäki, tiene este director una inteligencia cinematográfica tan particular como deliciosa, tan consistente como intensa, y tan real y sensible, que por su hechizo, trama y estética, sin posibilidad de escapar, el espectador queda fijo hasta que salen los títulos de crédito. Es particularmente entrañable encontrarse cada vez con sus a veces excéntricos y otras elegantes personajes. Sus detractores critican siempre o casi siempre desde la ignorancia o la falta de conocimiento. Dicen que retrata miserias, en la mayoría de las ocasiones de su país, pero es que existen esas miserias y debe de haber gentes preparadas para comunicarlo con todo el arte que les caracteriza. Aki Kaurismäki en esta película retrata el tema de la inmigración y la falta de justicia, que están ahí, pero al mismo tiempo entrega un mensaje de solidaridad, de amor al prójimo, de amistad, dando un toque de atención de calado existencial. Una nota de realidad y absurdo impregna todo el metraje, moviendo su cámara pausadamente, sacando imágenes de una teatralidad imponente, que se ejemplifica en la actuación de André Wilms, y Kati Outinen formando esa entrañable pareja que reboza ternura, y esa enorme galería de segundarios que, en conjunto, nos dejan esa buena sensación. Todo resulta bonito y sentimental, sin apelar a lágrimas, pues Kaurismäki conjugando comedia y drama, siempre logra el toque mágico. En esta película muestra su habilidad narrativa, su forma de innovar cine, su particular estética colorista y su buen gusto para seleccionar la música.

Con esto digo, que me ha encantado, además de por todo, por su sencillez. Como veis, soy incondicional del realizador finlandés Aki Kaurismäki.

 

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