Crítica: Yesterday

El director Danny Boyle, autor de títulos como “127 horas, en 2010, y Trance, en 2013, ha disfrutado de un largo y exitoso recorrido cinematográfico. En esta ocasión, nos propone un título que retroalimenta al espectador con la música de los Beatles, “Yesterday” con guion de Richard Curtis, fiel a la historia del escritor y productor Jack Barth.

La historia comienza con un joven músico, Jack Malik (Himesh Patel), que lucha por abrirse camino haciendo frente a una inspiración huidiza. Actúa en pubs y en bares de poca pompa, siempre apoyado por su amiga y manager Ellie Appleton (Lily James), que también está un poquito enamorada o muy enamorada del joven músico. Un día, cuando regresan en el coche de Ellie, Jack decide bajar y caminar un rato, justo al cruzar una calle, le atropella un autobús y al despertar en el hospital tiene dos dientes menos, el cuerpo dolorido y un tremendo secreto que aprovechará. Es la única persona en el mundo capaz de recordar a los Beatles. Ahí, cuando se recupera, comienza su éxito.

La película basa gran parte de su atractivo en su música. La historia, con un género central poco dado a la innovación como es la comedia romántica, parece conformarse con la gestación de las canciones y lo mínimo en la concordia emocional del espectador.

Digamos que es una delicia siempre escuchar la música de aquellos muchachos que tanto nos dieron en esos años en los que no teníamos nada. Los Beatles. A partir de ellos, todo siguió rodado: los conciertos, los pantalones vaqueros, las cazadoras, las melenas en los chicos, las minifaldas en las chicas y, sobre todo, la pasión por seguir un movimiento musical con el que te sentías identificada y que te hacía vibrar. Música cierta e irresistible, siempre. Única.

Por eso, aunque la historia es pobre en escenas brillantes y sorpresas en constante sucesión, debo reconocer el talento de Danny Boyle, que hace coincidir la pasión de los personajes de “Yesterday” con la realidad terrenal, fundiendo en un abrazo de notas entrañables el espacio de una sala de cine que el mes de julio, un mes de vacaciones de verano, estaba completa.

“Yesterday”, como contraste a ese boom de películas comerciales que se estrenan por estas fechas, se impone y segura estoy que llevará el timón. No en vano disfruta de “toda una banda sonora” de altura con unos compositores irrepetibles.

En la imagen, la experiencia única que aquí narra el director de fotografía Christopher Ross. El reparto, compuesto por Himesh Patel, Lily James, Kate McKinnon, el compositor y guitarrista británico Ed Sheeran, Lamorne Morris, Ellise Chappell, Camille Chen, Alexander Arnold, Joel Fry, Sophia Di Martino y James Corden, en los principales papeles, cumple con su papel.

Si disfrutan con la música, no se la pierdan, ni siquiera dejen atrás los títulos de crédito.

 

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Crítica: Beast

El director británico Michael Pearce ya había trabajado esporádicamente el tema de la intriga pero es con esta película con la que abre su presencia en la gran pantalla, ocupándose además del guion, para demostrar la primacía inteligente sobre el obscurantismo de la personalidad humana manteniendo al espectador expectante a lo largo de toda la historia: “Beast”.

Se abre la película con personas que buscan algo o escalan un monte. A continuación, en otro lugar, un coro de chicas que canta, la profesora (Geraldine James) es madre de una de ellas: Moll (Jessie Buckley), la chica es historiadora y se dedica a hacer de guía para los turistas que llegan a la isla de Jersey. Moll no es una chica muy guapa pero sí distinta, especial; su melena es rizada y su pelo rojo, su forma de vestir junto con su imagen la hacen peculiar y sus problemas de convivencia en casa marcan su carácter. Con la imposición de cuidar de su padre, Fletcher (Tim Woodward), que padece Alzheimer durante su tiempo libre, su mirada sumisa y descontenta completan a una joven escurridiza y aislada de la comunidad. La intriga comenzará en su fiesta de cumpleaños con todo el jardín y la casa llena de invitados, Moll decide coger su bolsito de mano y salir a bailar. Baila muchísimo con un chico muy majo y simpático, Leigh (Charley Palmer Rothwell), y esa situación la lleva a conocer a Pascal (Johnny Flynn), un chico guapísimo que vive solo y del que Moll queda prendada, Pascal también se fija en Moll y ambos tiran para adelante queriéndose como nadie. Todo parece normal, después la cosa poco a poco se va poniendo bien fea.

“Beast” es una historia de crímenes, crisis emocionales, de clases sociales y celos que supuestamente ocurrió en los años setenta en la isla de Jersey, Gran Bretaña.

No es fácil explicar por qué me ha gustado tanto esta película de Michael Pearce. “Beast” es una enfermiza película que tiene la extraña capacidad de satisfacer gustos posiblemente opuestos. En este film de intriga, la maldad no nace en ningún lugar, en ninguna parte, es algo inevitable que surge como estrofa cruel del paisaje… Es algo que puede sentirse, que percibes cómo emana como un aliento pesado que llega de cada ser.

Pearce, con enorme potencial, trabaja esta película sin una red que proteja del desastre absoluto a sus personajes, con un sugerente subtexto, no tan original como bien trazado, con puntos de interés dentro de una familia bien, que de repente se ven envueltos en la zarpa y la génesis de los traumas acunados. Pero en realidad la historia se va desgranando con muchos momentos de sencillez y ternura, y hace de esa apabullante ingenuidad la mejor de sus cualidades para trazar, desde una aparente lejanía, el retrato de unas manos de hierro con guantes de terciopelo, que deciden sobre la vida y la muerte. “Beast” es un drama psicológico con asfixiante tensión y atmósfera densísima a medida que se acerca un final inesperado e irremediable.

Cuenta con música de Jim Williams y la fotografía de Benjamin Kracun. En el reparto, la actriz irlandesa Jessie Buckley , hace muy buen trabajo interpretativo, no la conocía y me ha encantado. Sin duda también me ha parecido magnífica la actuación del músico y actor sudafricano, Johnny Flynn. Lo cierto es que todo el reparto siguen perfectamente los dictados del director: Geraldine James, Charley Palmer Rothwell, Hattie Gotobed, Shannon Tarbet, Trystan Gravelle, Emily Taaffe, Tim Woodward, Olwen Fouere, Amanda Smith, Richard Laing, Oliver Maltman, Barry Aird, Joanna Croll, Joshua Squire, Sam Dale, Maria de Lima, Claire Ashton, Djalenga Scott, Lance Hill, Melissa Gotobed, con el buen hacer de todos sale victoriosa una película que aunque no sea una obra maestra viaja por el cine con mucho oficio y eficacia.

Véanla

Crítica: Aniara

Hugo Lilja y Pella Kagerman escriben y dirigen “Aniara”, un drama de ciencia ficción basado en la gran epopeya lírica del sueco Harry Martinson, cuyos poemas fueron escritos en el año 1956. Ambos consiguen que el cine sueco camine un paso más allá. “Aniara” es el ecuménico viaje que ilustra el arduo y viscoso proceso que podríamos estar vislumbrando nosotros mismos.

La película da comienzo con imágenes extrañas y familiares, y un pase de títulos de crédito, un principio que es a la vez el fin. Enseguida nos muestran a la Mimaroben (Amelie Jonsson) una mujer de unos treinta años que sube en el elevador hacia Aniara, un vehículo espacial que une la tierra con el planeta Marte. Mimaroben es la responsable de la sala de animación tecno-sicológica llamada Mima. Son muchos pasajeros los que conforman la totalidad del viaje que se dice será de tres semanas, pero todo se complica y el capitán Chefone (Arvin Kananian) tiene que dirigirse al pasaje para tranquilizarles y comunicarles las posibilidades que se les plantean, avalado por la astrónoma (Anneli Martini) y la piloto Isagel (Bianca Cruzeiro). La nave a Marte se desvía de su rumbo…

Hugo Lilja y Pella Kagerman trabajan en “Aniara” una escritura casi transparente prescindiendo del más mínimo matiz superfluo para lograr con su película la mayor condensación de sentido. En la escena, automatismos y desolación, como minuciosa crónica de sucesos que hace de los desequilibrios algo apasionante, bebiendo de todos los recursos formales del cine actual.

“Aniara” forma parte de esa ciencia ficción que busca escenarios futuros para plantarnos cara a cara con males cotidianos, es ciencia ficción en estado puro y sigue un patrón que bebe del drama histórico y social. He encontrado en esta película respuestas a debates éticos y políticos del pasado, el presente y el mañana. Respuestas y muchas preguntas. Perfecta la puesta en escena, solo por eso ya merecen sus directores todo nuestro respeto. Pero hay más: hay un vivir ordinario contado sin florituras, el discurso, la reflexión, las simbologías, la gran ansiedad que irremediable percibe el espectador. Una película atemporal, atrayente e inquietante.

Con “Aniara” nos hallamos ante un caso especial, ya que pertenece a autores jóvenes que han convertido su obra en un talentoso film dentro del género. Hugo Lilja y Pella Kagerman muestran respeto por sus personajes más allá de sus desesperanzas y de los recursos. Sin espectáculo, su mensaje subliminal podría llevarnos a la más endiablada reflexión, como si fuera una parábola del discurrir de nuestra civilización. La película es una historia prominente, tensa y delatora, dotada de una dolorosa clarividencia.

Los actores y actrices son la pirueta y el conducto necesario para servirnos en bandeja un abismo: Emelie Jonsson, Arvin Kananian, Bianca Cruzeiro, Jennie Silfverhjelm , Emma Broomé , Jamil Drissi , Leon Jiber, Peter Carlberg , Juan Rodríguez, Dakota Trancher, Otis Castillo, Dante Westergårdh, Elin Lilleman y Agnes Lundgren, entre otros. En la fotografía, Sophie Winqvist. En la música, Alexander Berg.

Hay ocasiones en que la frialdad es la única manera de abordar lo que se quiere decir, sobre todo cuando el material en bruto es tan brutal.

Véanla.

Crítica: El despertar de las hormigas

Concienciación y educación social, “El despertar de las hormigas” está escrita y dirigida por Antonella Sudasassi Furniss. La historia que nos presenta la cineasta costarricense nos muestra personajes de la vida real. Son personajes traídos como mensaje y utilización, creados para una película que básicamente muestra la problemática de la mujer en su país, una situación que puede ser extrapolable al resto de países de cualquier continente.

Isabel (Daniella Valenciano) vive con su familia en un pequeño pueblo de Costa Rica, ella, sus dos hijas y Alcides, (Leynar Gomez) marido de Isa y padre de sus niñas. Están felices como están pero él quiere ser papá de nuevo. Isa, sin embargo, no quiere otro embarazo. Quiere vivir como vive, con su trabajo, su casa, su marido y sus dos hijas. Hasta ahora, nunca ha cuestionado su papel dentro de la familia, todo ha ido bien aparentemente pero la cosa va cambiando en poco tiempo, Alcides quiere el hijo por encima de todo y no escucha lo que Isabel piensa y siente. Isabel no sabe qué hacer ni a quién pedir consejo, pero toma decisiones…

Es magnífico como Antonella Sudasassi Furniss demuestra en su primer trabajo su apego a la verdad y a la ética, estando dispuesta a arriesgar para que prevalezca una realidad que sufre la sociedad y particularmente las mujeres. “El despertar de las hormigas” es una intensa película de capacitación y relaciones en cuyo objetivo se centra la trama sin apenas decir, solo en sentido cinematográfico, un mensaje subliminal que podría ser una voz que rompe el viento y llega a elaborar estrategias que permiten visualizar causas y consecuencias de una desigual situación.

Hay que pensar en su simbólico título: “El despertar de las hormigas”, para comprender en toda su dimensión la grandeza que encierra esta película. Es una obra esencialmente familiar pero, claro está, que no es solo eso, la narración se toma su tiempo para dejar ver a las claras sus intenciones; conviene matizar que no es una película para impacientes, es lenta, sosegada y pausadamente justa. Del tejido de lo que cuenta, más una trenzada y preclara vivencia, surge la lección de una temática concreta: la mujer, su mentalidad, necesidades, cohesión social, sexualidad, intereses, capacidad, dificultades… Un reflejo claro de lo que las mujeres padecen en la familia patriarcal de nuestra sociedad, sabiendo que esta es el centro legal de las exigencias del varón.

Furniss estructura el guion con fuerte protagonismo para su personaje, Isabel, y con el ojo puesto en todos los personajes, en todas las simbologías: el calor, el entorno rural, el pelo largo, los insectos, la atmósfera. Rigor en la escena y en los detalles. En “El despertar de las hormigas”, el amor hace generosa la reivindicación. La mujer en la familia carece de justificación existencial como ser autónomo. Ante eso la película utiliza todos los medios, interviniendo, denunciando, pidiendo justicia, dignidad e igualdad entre hombre y mujer desde el propio hogar.

En la música, que no banda sonora, Sergio de la Puente. Fotografía de Andrés Campos. En el reparto, Daniella Valenciano, sirve con absoluta perfección el difícil rol de una mujer cuyo mundo puede saltar por los aires en cualquier momento. Resplandece la fuerza y sinceridad de Leynar Gomez. El resto del reparto Isabella Moscoso, Avril Alpízar, Adriana Álvarez y Carolina Fernández, componen un buen contraste.

Una mirada sencilla sobre el género humano, un cultivado tapiz de relaciones donde los estallidos de solidaridad conspiran para estrechar en la garganta del espectador un nudo marinero de irrevocable congoja.

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