Crítica: El amante doble

La vida de Chloé (Marine Vacth), una elegante mujer joven y guapa que visita a su psicoterapeuta Paul (Jérémie Renier), es el pretexto que el director de cine francés François Ozon utiliza para trenzar los hilos de un thriller sicológico donde se reflejan todas las características de una historia que a pesar de su marcado tinte francés resulta muy identificable en su dimensión más universal. El guion de François Ozon y Philippe Piazzo ha sido adaptado de “Vidas gemelas”, novela de la autora estadounidense Joyce Carol Oates.

“El amante doble” de François Ozon puede enorgullecerse de contar con una de las secuencias iniciales con más vida de la historia del cine. Una película con énfasis en el principio estético dominante y en el delirio de los personajes, que aglutinan una única concepción para dar impulso y fortaleza a un argumento de fondo erótico. Si Ozon antes había recurrido al melodrama bronco del despertar al sexo con Joven y bonita, de 2013, y a la ambigüedad como señal con “Nueva Amiga”, en 2014, su último trabajo encuentra en la sospecha, el sexo severo y la huida hacia ningún sitio, una carroza perfumada para transportar sus elementos con su particular gusto estético.

François Ozon siempre nos agrada y es ahí donde podemos notar la diferencia con otros cineastas: la lucidez del director francés para poner ante nuestros ojos, lo bello, agrio y elegante, nos queda como tabla de seguridad; Ozon es consciente de que una cosa es manejar los clichés y las fórmulas y otra revolcarse en ellos para acabar chapoteando. En su solvencia, este director orquesta creatividades únicas nada recatadas, repletas de maledicencia psicoanalítica que es en parte la marca de la fábrica Ozon.

“El amante doble” da cuerpo a toda una trama sin origen, en un triángulo de erótica locura que acompaña a los personajes por un camino de perdición, haciendo que sintamos empatía con ellos; hacia la protagonista Chloé con quien más nos identificamos, una mujer inmersa en una serie de acontecimientos sobre los que tiene poco control, un personaje bien perfilado por el director que roza la perfección. A algunos espectadores, el carácter asistemático de la película les puede resultar irritante, pero otros nos sentimos fascinados por sus ambigüedades y su valentía, y por la complejidad con que trata la perversidad jugando maliciosamente con un público ansioso de emociones. Solamente en la resolución se puede poner una pega. “El amante doble” tiene un moderado cierre, un difícil desequilibrio de sus buenos propósitos… que la disminuye.

Muchas de las virtudes de Marine Vacth no han de buscarse en sus interpretaciones, en los perfiles que le brindan o en el encanto de la heroína que trabaja, porque Marine Vacth, nos llega desde la actriz, desde su delicadeza, su dulzura, su mirada enigmática y por ser ella misma. Es maravillosa. También antológica la interpretación de Jérémie Renier, encarnando a la belleza del bien y del mal. Jacqueline Bisset defiende bien su personaje de sensible mundo interior, un corto papel en esta complicada historia.  Myriam Boyer, Dominique Reymond, Fanny Sage, Jean-Édouard Bodziak, Antoine de La Morinerie, Jean-Paul Muel, Keisley Gauthier, Tchaz Gauthier, Clemence Trocque,Guillaume Le Pape y Benoît Giros, igualmente decisivos para el buen funcionamiento del film. Fenomenal fotografía del famoso director belga Manu Dacosse, en todo momento una elaboración profunda de luz sedosa. La música, que va más allá de adornar la construcción de un sofisticado mecano, es del maestro Philippe Rombi.

Salvaje, cruel, agresiva y tan contundente como la frialdad de un ojo que contempla una pasión.

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Crítica: Animales nocturnos

Con dirección y guión de Tom Ford, basándonse en la novela “Tony and Susan”, de Austin Wright, se ha forjado una exquisita, radiante y espectacular obra para el nuevo mundo del cine. Una oda al disfrute del thriller psicológico. Crítica de la película “Animales nocturnos”.

“Animales nocturnos” narra la historia de Susan Morrow (Amy Adams), una bella y rica mujer, propietaria de una galería de arte de Los Ángeles. Está casada con un guapo y exitoso empresario Hutton Morrow (Armie Hammer) pero no son felices, por algo que no se vislumbra, el matrimonio se ve que hace aguas. Una tarde a su llegada al hogar de regreso del trabajo, Susan recibe un paquete en el que viene una novela de su ex, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal) quien en una nota le pide que por favor la lea. Susan durante tres noches la va leyendo obnubilada por la historia. Un escalofrío en cada renglón, una fatiga y un asombro se apoderan de la mujer que sílaba a sílaba va viviendo la experiencia más sobrecogedora de su vida.

Música, mujeres exageradamente orondas y una sala de arte hábilmente coloreada. Con apenas estos tres elementos y mucho talento para plasmarlo comienza el nuevo largo de Tom Ford, impartiendo lecciones magistrales: una sobre los sentimientos y otra sobre cine. “Animales nocturnos” da buena cuenta del talento de Ford, un cineasta que tiene conocimientos en muchas vertientes que aquí utiliza para trasmitir la emoción de un thriller enrevesado lleno de piruetas visuales, revelando que ni las miradas, las joyas, los vestidos, las bebidas, ni tan siquiera el pelo de los personajes está fuera del mensaje innovador de su obra, todo, hasta lo más insignificante forma parte del minucioso plan que es “Animales nocturnos”.

En “Animales nocturnos”, la novela que llega a manos de la protagonista acaba dejando en las sombras la historia principal, enriqueciendo la red amortiguadora por la que los espectadores nos movemos. En este punto, el interés se centra en el libro que todos estamos leyendo, participando en una historia perturbadora llena de desgarro y dolor. Una realidad y una pesadilla que nos habla a las vísceras. Es impresionante el proceso que se crea entre espectador y los protagonistas, ese lazo golpeado hace que, incapaces de soportar lo que está pasando, en varias ocasiones nos llevemos las manos a los ojos tratando de tapar las heridas. “Animales nocturnos” es inmensa, es violenta, turbulenta. Hecha de raíces de naturaleza humana prendidas a la vida y trasbordada a la locura donde el pensamiento galopa, tiene una excelente presentación y una estética únicas. Hipnótica desde el primer fotograma. Absorbiendo del caudal referencial del original literario y narrándolo con tanta corrección como trazo certero, para mí es una de las películas más destacadas del 2016.

Las interpretaciones, especialmente las de Amy Adams y Jake Gyllenhaal aportan una riqueza inconmensurable a la película. El resto del elenco Aaron Taylor-Johnson, Michael Shannon, Armie Hammer, Isla Fisher, Michael Sheen, Laura Linney, Kristin Bauer van Straten, Karl Glusman, Ellie Bamber, Toni French, Amanda Fields, Karli Karissa, Carson Nicely, Lee Benton, Imogen Waterhouse y Jena Malone también mueven interpretaciones estupendas llenas de dinamismo y expresividad.

A todo lo dicho tengo que sumar la banda sonora magistral del compositor polaco Abel Korzeniowski fusionada a la perfección con la historia.  El irlandés Seamus McGarvey famoso director de fotografía hace una contribución magnífica para esta explosiva y  magnífica película.

Una descarnada despedida. Una historia de amor… que fue…

Una película dura que recomiendo.

Crítica: El hombre de las mil caras

el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez es un director de cine español que en 2002 con el “El traje” perdió la ingenuidad de cineasta primerizo para sorprender a todos con la pureza de un cine serio, con “7 vírgenes”, en  2005, daría un salto mortal sin red demostrando lo grande que es con una cámara en la mano. Luego vino Grupo 7”, en 2012 y La isla mínima, dos años después, una película hecha al buen nombre del cine español. Ahora, veo su nuevo trabajo y me pregunto qué nuevos senderos nos tendrá preparados el cineasta sevillano. Crítica de la película “El hombre de las mil caras”.

Basada libremente en hechos reales ocurridos en los años 90, nos cuenta la historia de Francisco Paesa (Eduard Fernández), ex agente secreto del gobierno español, el responsable de la operación contra ETA más importante de la historia y cómo se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL lo que le lleva a huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto (Marta Etura), que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes (José Coronado).

Una historia que estuvo y permanece en la memoria de la historia reciente de España

imagen-de-el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez con “El hombre de las mil caras” se ha mantenido en la sobriedad expositiva de sus últimos títulos, aunque en el contexto de un material más frágil a la controversia y a la sensación de explorar en los vientres hedientos de la corrupción política. Una historia que no se había contado en el cine, a pesar del aluvión de televisiones y otros medios que abordaron el tema durante mucho tiempo. Una narración sencilla, seca y fría. Muy virtuosa, sin llegar a ser impresionante por el poso de su contenido. La cámara es testigo de unos hechos para demostrar cómo funcionaba aquello, que funcionaba para ellos, los de arriba, igual que ahora. Guardando las distancias, una distancia muy débil y efectiva que deja al espectador sin poder reconfortarse tras la asfixiante visita a los infiernos del poder corrupto. Me gusta de “El hombre de las mil caras” su irrefutable ajuste de thriller sin espectáculo, su drama sin melodrama, su humor sin risa. Su ritmo narrativo y sus diálogos perfectos. Su invitación a la reflexión y el clima moral que la circunda. Me ha encantado Alex Catalán, su magnífica fotografía, el pulcro vestuario y un todo generoso en la partitura musical de Julio de la Rosa hacen que esta película, con guion impecable de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, basado en el libro de Manuel Cerdán, recree con elegancia aquello que se funde como cierto. En este enlace, las palabras del propio Alberto Rodríguez sobre la película.

“El hombre de las mil caras” es cine negro desteñido por el color de la mentira en la sombra de la realidad. Tiene una representación envolvente y poderosa. Ni sobra ni se dilata un solo plano, no se pierde en profundidades imprecisas. Es un magnifico ejemplar de documento testimonial.

En lo que respecta a los protagonistas destaco la compostura extrema de Eduard Fernández interpretando a Francisco Paesa, hace una actuación admirable y meritoria. José Coronado, Carlos Santos y Marta Etura perfectos en sus personajes, del resto del reparto: Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc, Enric Benavent, Christian Stamm, Philippe Rebbot, Alba Galocha, Jimmy Shaw y Craig Stevenson, de todos ellos emerge una continua química interpretativa.

“El hombre de las mil caras” Para degustadores de cine político.

 

Crítica: Tarde para la ira

tarde-para-la-iraLas sucesivas incursiones efectuadas por Raúl Arévalo en el cine como actor de series, cortos o en la gran pantalla bajo la dirección de los mejores directores españoles, no han sido obstáculo para que el cineasta de un giro en su medio, un giro con el que venía soñando desde niño. Esta vez se nos presenta como director y coguionista, junto a David Pulido, sorprendiendo gratamente al público que ha recibido este thriller de violencia descarnada con su aplauso. Crítica de la película “Tarde para la ira”.

Madrid, agosto de 2007. Curro (Luis Callejo) entra en prisión tras participar en el atraco a una joyería. Ocho años después sale de la cárcel con ganas de emprender una nueva vida junto a su novia Ana (Ruth Díaz) y su hijo, pero se encontrará con una situación inesperada y un desconocido, José (Antonio de la Torre).

Raúl Arévalo, tan hábil en el guión como en una puesta en escena sólidamente eficaz, convierte su película en un solvente viaje que en ningún momento da palos al aire. El inicio de esta extraordinaria ópera prima, pronto se revela como un puzle que hay que construir. A partir de ahí, se inscribe a fondo con una espinosa vertiente, una trama tensa en un contexto realista desde la pasión de una venganza. Atmósfera opresiva y elementos sobrios de un estilo que opta por un trazado sencillo de perfectas localizaciones y de crudeza emocional. Una propuesta dramáticamente osada que gracias a su natural y austera belleza no pierde fuerza dramática, ni credibilidad.

“Tarde para la ira” es una de esas películas en las que te introduces y no puedes salir hasta el final.

imagen-de-tarde-para-la-iraEsta obra de Arévalo es dramática, cruda y cautivadora. Y así hablaba de ella el director en una reciente entrevista. A pesar de contar con los actores que desde que la película era un proyecto ya estuvieron presentes para protagonistas, Arévalo no cae en el error de convertir “Tarde para la ira” solo en una película de buenos actores. La fuerza de éstos se pone al servicio de la historia, la estudiada sencillez de Antonio de la Torre, Ruth Díaz y Luis Callejo y su turbia red de intrigas confieren verdad a lo que les está sucediendo. Los tres están increíbles. Manolo Solo engancha con un personaje perfectamente interpretado, su breve aparición deja huella. Buenísimo. El resto del reparto Alicia Rubio, Raúl Jiménez, Font García, enamorados de sus papeles como si fuesen su propia vida. En la música el compositor argentino Lucio Godoy, magnífico. Mientras, Arnau Valls Colomer, el director de fotografía, tiene mucho que ver en el buen resultado de esta obra.

Solo me queda dar la enhorabuena a un director que comienza y lo hace muy seguro. Felicidades, esperamos con interés el próximo trabajo. Suerte, Raúl Arévalo.

 

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