Crítica: La visita

La visitaNacido en la India y criado en Filadelfia, M. Night Shyamalan comenzó a amar y a crear cine a los ocho años con su primera cámara, una Super-8. Con veintidós años realizó su primera película para la gran pantalla “Praying with Anger” (1992), basada en su viaje de regreso a visitar el país donde nació. Después vinieron “Los primeros amigos” de 1998, “El sexto sentido” de 1999, “El protegido” del año 2000, “Señales” de 2002, “El bosque” de 2004 y algunas más que nos hicieron vibrar en la butaca del cine. En 2015, Shyamalan inscribe dentro de su filmografía la obra que debería perdurar en la memoria por su sencillez. Estamos ante otra muestra de cómo se puede causar interés mediante la creación de una atmósfera amena, alegre y sentimentalmente terrorífica. Crítica de la película “La visita”.

Mon (Kathryn Hahn) es una joven mujer madre de dos hijos adolescentes. Hace años, por el amor a un hombre que no era del agrado de sus padres salió de la casa para no volver a verles. Ahora los años han pasado. Después de su fracaso matrimonial tiene nueva pareja y quiere salir de viaje. Por ese motivo deja a sus dos hijos Becca (Olivia de Jong) y Taylor (Ed Oxenbould) en la granja de sus abuelos Nana (Olivia DeJonge) y Pop Pop (Peter McRobbie) en Pensilvania. También piensa que es una buena ocasión para que sus hijos conozcan esa bonita convivencia que es la de abuelos y nietos. Los chicos vivirán allí durante una semana, la experiencia les resultará a veces más y a veces menos divertida, pues descubrirán que sus abuelos no son lo adorables que ellos suponían.

“La visita” probablemente pueda codearse con las primeras películas de Shyamalan. Claro está, no a la altura de “El sexto sentido”. Lo que encontramos muy definido en ella es que el director da un paso adelante después de peores momentos como por ejemplo fueron “Air Bender”, de 2010, y “After Earth”, de 2013. Shyamalan conduce este drama de probable terror familiar con la profesionalidad que le caracteriza, comunicando al espectador; cansado de la monotonía que ahora mismo vive el cine, afirmando que se puede hacer buen cine, cine renovador y actual partiendo de un presupuesto bastante escaso. Imagen de La visitaEn esta ocasión con un género destinado más a un público juvenil. El universo que tiñe con su aliento la película queda perfectamente expuesto en el perfil de los jóvenes personajes principales, como respuesta existencial de lo que les rodea, dejando en un segundo plano, no en la película, sino en el espectador, el interés que le lleva a la historia terrorífica.

El guión es del propio M. Night Shyamalan y la fotografía de Maryse Alberti. El reparto bien distribuido y aplicado en su papel: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn,Celia Keenan-Bolger, Samuel Stricklen y  Patch Darragh.

Aunque la frase más escuchada cuando se habla de esta película y de M. Night Shyamalan es que se trata de un director en decadencia, tengo que decir que mal vamos…, para mí este prejuicio queda mitigado cuando delante de la pantalla te aparece un trabajo que es un ejercicio simpático de sencilla intriga contenida.

 

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Crítica: La sombra de los otros

CartelMans Marlind y Bjorn Stein nos enfrentan a un relato de desorden de personalidad múltiple. Crítica de la película “La sombra de los otros”.

Mans Marlind, es un director y guionista de cine nacido en Suecia el 29 de julio de 1969, que desde pequeño su afición por el séptimo arte fue evidente, estudió cine en la Universidad de Estocolmo y en el Instituto Americano, pero es con su amigo de doctorado, Bjorn Stein, nacido en 1970, con quien emprende su carrera cinematográfica. “La sombra de los otros” es su tercer trabajo juntos,  basado en el guion de Michael Cooney.

Cara (Julianne Moore) vive en Filadelfia y es la protagonista de esta historia, una psiquiatra forense especializada en resolver desórdenes de personalidad múltiple. La noche anterior había sido muy dura para ella, se había quedado aturdida por una ejecución. Ella, sola, paseó desolada por las habituales cafeterías tomando alcohol para cauterizar su culpa, ahora ya con la mente fresca se despide de su hija Sam (Brooklyn Proulx) y de su hermano Esteban (Nathan Corddri). Va a emprender un viaje de descanso, cuando en el mismo momento de tomar el avión una llamada de teléfono interrumpe su plan. Es su padre, el doctor Harding (Jeffrey DeMunn), la necesita para resolver el caso de un paciente muy complicado. Cara, suspende su tregua y se pone manos a la obra con el “enfermo” (Jonathan Rhys Meyers), poco a poco, descubre que las personalidades de este guapo joven tienen extrañas correspondencias. Ella tratará de encontrar una explicación lógica a la conducta del hombre y se obligará a descubrir todo cuanto pueda. La investigación solo acaba de empezar… sin embargo la vertiginosidad de los hechos no permitirá mucho tiempo para reflexiones terapéuticas o psiquiátricas.

Después de dos años y algunas dificultades, logra estrenarse en España “La sombra de los otros”, aunque clasificada como thriller psicológico habría que hablar hasta cuanto es justa esta calificación. La película tiene demasiados puntos en contra y aunque técnica y artísticamente puede elogiarse, puede sufrir un duro revés en la cartelera de nuestro país. Fue suspendida de las salas de Estados Unidos a los pocos días de su presentación, pasando al mundo de video directamente. “La sombra de los otros” efectivamente arranca como un perfecto thriller psicológico, con un pellizco atrapante desde el primer momento que se va esfumando ajustando un código de pérdida de poder tanto en el relato como en tiempo y ritmo, y así desafortunadamente se malgasta su potencial enigmático convirtiéndose en un combinado de géneros que bailan entre tópicos visuales rozando casi el subgénero. El primer giro es vago y asombroso, lanzado de forma precisa sin acrobacias ni aderezos, y el segundo y resolución, tan respetable como grotesco.

En fin, una película regular en términos generales, que desarrolla un tercio de su metraje divagando fantasías para fundamentar sinsentidos, es por ahí donde se pierde del todo, sin concebir una explicación del génesis donde se fragua el mal. Creo que nada más tengo que añadir a este laberinto de identidades que es “La sombra de los otros”, solo le pongo un 5 de 10 y consigue esta puntuación por la actuación de Julianne Moore. Poco importa el contexto mostrado, la imagen y los signos, eso sí, la música de John Frizzell muy adecuada aunque algo excesiva para lo poco que entrega el orden del film.

A “La sombra de los otros” o “Shelter” (Refugio), que es su título original, le sobran pretensiones y le falta mucho tacto cinematográfico.

Crítica: La maldición de Rookford

CArtelA destacar, la profesionalidad de Rebecca Hall quien se pasea durante toda la película en una interpretación magistral. Crítica de la película “La Maldición de Rookford”.

Terminada la primera guerra mundial, ya por el año 1921, Inglaterra está sumida en la tristeza de tantas vidas perdidas, las gentes recurren a la fe para calmar la ausencias de sus familiares, entre otras al espiritismo. Florence Cathcart (Rebecca Hall), una guapa chica inteligente y decidida, que vive atormentada por la muerte de su prometido en el frente, dedica su tiempo y sus energías a desmantelar presuntos charlatanes y timadores de fenómenos sobrenaturales, ella lo hace sirviéndose de sistemas metódicos y totalmente legítimos. Un día un profesor de un institución educativa de Rookford, Robert Mallory (Dominic West), le pide en nombre del establecimiento que lo visite para investigar las supuestas apariciones del fantasma de un niño. Ella acepta, aunque con alguna reserva y dudando de la sinceridad del hombre. Una vez allí, empiezan a descubrirse algunos secretos y la ocultación que rodea al fantasma, pasando los días puede ocurrir algo terrible, escalofriante, inaudito. Algo paralizador y tremendo.

La historia comienza con una escena en la que Florence Cathcart participa en una sesión de espiritismo y, apoyada por la policía, desenmascara y detiene a los cómplices del montaje… sin duda alguna un principio prometedor.

Nick Murphy, joven cineasta inglés, con “La Maldición de Rookford” hace su primera incursión en la pantalla grande tras muchos años de servicios prestados como solvente director de series de televisión. Murphy aprovecha la oportunidad para colarse con un modelo de texturas irreales, muy lejos de a lo que el cine inglés nos tiene acostumbrados. Nos muestra una historia que nos lleva a un tono de drama intencionadamente sutil, sobrenatural y terrorífico, tema éste, nada novedoso, pero sí atrayente para el espectador aficionado a este género. La manera en que se nos cuenta es fenomenal, la forma en que la trama se desarrolla, la ambientación de cada escena, los tonos amorronados como envejecidos para representar la época y su cuidado estilo visual, todo encaja, lo que cojea es cuando llega el momento de la resolución, que diligente se cierra mediante una conclusión sorpresiva e inesperada, demasiado confusa y exasperante.

Quizás alarme a alguien empeñado en ir a verla. No le impido el gusto, amigo. Grandes y pequeños, cuyo sentido del espectáculo pase por ver criaturas indefensas en perpetuo estado de escalofrío. Aquellos que disfruten viendo como los fantasmas aparecen sin llamarlos, ésta es su película.

 

Crítica: Detrás de las paredes

CartelDespués de un tiempo esperando ya tenemos el último trabajo de Jim Sheridan, como siempre aplaudimos la presencia de este gran director en nuestras pantallas, esta vez con un argumento que recrea drama psicológico y suspense. Crítica de la película “Detrás de las paredes”.

Will Atenton (Daniel Craig) deja su trabajo de editor en Nueva York para trasladarse con su mujer Libby (Rachel Weisz) y sus dos hijas a un pequeño pueblo de Nueva Inglaterra, allí empezará a escribir su nueva novela, pero pronto descubrirá que la casa que habitan fue el escenario de un terrible asesinato. Investigando las causas de la tragedia, Will conoce a Ann Paterson (Naomi Watts), una vecina que había conocido a la familia que murió en la casa, pero esta mujer le dedica miradas que no le convencen, y Will queda confundido, pero es que la pobre Ann está atravesando un divorcio complicado con su ex marido Jack (Marton Csokas) y continuamente pelean por la custodia de su única hija.

“Detrás de las paredes” parte de una base narrativa: el guion de  David Loucka,  y  Jim Sheridan dibuja un nuevo paisaje en su estilo, donde juega sin descanso a mostrar un miedo latente pero no visible, amparándose en perspectivas acostumbradas, contagiadas por su propio tema. Esta película, -que si no fuera de este famoso cineasta no la miraríamos tan cítricamente-, no proporciona más interés que el de una cinta encuadrada con una minuciosidad exquisita, con una inquebrantable tenacidad,  con un reparto  fenomenal, pero decepcionante, no aburre, pues la confianza del negociado del sobresalto mantiene al espectador esperando que se ahuequen los entresijos y se nos desvele un espectáculo sorpresivo. Pero el momento culminante de la resolución sirve para confirmar la debilidad que durante todo el metraje hemos venido soportando.

A pesar de tener una reputación que admite pocos parangones y que incluye un buen manojo de nominaciones a los Oscar y a muchos otros festivales de cine del mundo entero; director de tantas películas que nos emocionaron en un pasado no muy lejano, autor de la historia de un ser humano valiente frente a sus incapacidades físicas en “Mi pie izquierdo” (1989), de la poco más o menos tragedia griega “El prado” (1990), su denuncia social amarrando una oda infausta en “En el nombre del padre” (1993), la apasionante historia de amor y política de “The bóxer” (1997), el inusitado escenario de una trama viva en “América” (2002(, y por último la sutileza al estudiar la naturaleza de los lazos familiares en “Brothers”, Jim Sheridan en  “Detrás de  las paredes”  está ausente o se ha estresado a lo largo del desarrollo de la acción.

Aunque todo lo dicho hasta ahora bastaría para conferir a este film un sabor particularmente insatisfactorio, tampoco se debe de hacer de algo incompleto un producto deleznable. Está claro que no llega a lo esperado, no es una película gozosa, ni interesante, sino que constituye el punto más glacial de la filmografía de Jim Sheridan. La próxima, maestro…

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