Crítica: Cold War

Con “Cold War”, ha logrado el director polaco Pawel Pawlikowski una jugada redonda, en cuanto a prestigio y comercialidad, empeñado en retratar el amor como la máxima expresión de los mecanismos del ser humano. El guion es del propio Pawel Pawlikowski y de su paisano el dramaturgo, ensayista y escritor de novela y cuentos Janusz Glowacki.

Con la Guerra Fría como telón de fondo, Pawel Pawlikowski presenta “Cold War” con Zula (Joanna Kulig), una chica refugiada y aficionada al canto, y a Wikto (Tomasz Kot), compositor, profesor de canto y pianista. La película comienza en un lugar devastado de alguna parte de Polonia, en los bares, en las calles, en los trabajos la gente entona canciones populares y Wikto las va grabando en un magnetofón, esas canciones le van a ser muy útiles porque los mandatarios políticos de la zona quieren organizar un coro de chicos y chicas, noticia que es recibida con agrado por parte de Wikto, que a la vez acoge de buen grado a todos los jóvenes que le mandan. Entre todo el grupo está Zula, una chica muy bonita en la que Wikto pone los ojos desde la primera prueba que le hace. Poco a poco se enamoran perdidamente. Dos personas de diferente edad, origen y temperamento político, que se supone que son totalmente incompatibles, pero… ay, el amor y el destino no se pueden controlar…

Solo hacen falta gestos y un ritual costumbrista que se repite en cada uno de los actos del texto para definir las reglas del juego de este amor con final… ¿Feliz? ¿Infeliz?

La película de Pawlikowski “Cold War” es la muestra de la fuerza sin igual del cine, de belleza cinematográfica y de fábula. Aunque el director conserva en la trama las duras realidades que se viven, hace una película que es un estudio de temperamento, un film sobre la humanidad en unos años clave, tanto en el tiempo como en el espacio y, junto a esto, la necesidad de amarse. “Cold War” realmente es la madurez del cine a todo nivel, desde lo puramente técnico relacionado con la fotografía trabajada por Lukasz Zal, al montaje y vestuario, en cuyas fases alcanza casi la perfección. También cuenta “Cold War” con el prestigio musical que alberga, poéticamente constante, descubriendo además para la historia y el público el cántico tradicional polaco. Universo y detalles son colocados sobre escenas de identidades determinadas, sobresaliendo, como ejemplo de los mayores logros de la película.

El trabajo de la actriz y el actor polacos: Joanna Kulig y Tomasz Kot completa el conjunto amoroso, que se escenifica sin renunciar al tono más prescindible de la película y que es el corazón orquestador, mostrando la frescura de su presentación. A su lado, el resto del reparto: Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz, Adam Ferency y Adam Szyszkowski, sus armónicas interpretaciones son otro extraordinario surtido de posibilidades, sin la presencia de su elenco de actores y actrices a “Cold War” no hubiese funcionado tan maravillosamente.

Por este cúmulo de circunstancias, “Cold War” se mueve en un campo estético en el que la escala de valores rige para calibrar su perdurabilidad como la gran obra de arte cinematográfica del año 2018.

 

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Crítica: Quién te cantará

El madrileño director de cine Carlos Vermut, creador de “Diamond Flash” en 2011 y esa joya que es Magical Girl en 2014, nos presenta “Quién te cantará”. Como escritor del guion y autor de la dirección, consciente de que el drama y lo imposible dotan la vida de sentimientos, nos regala en esta ocasión un discurso cimentado en analizar, desde lo lúdico de sus posibilidades a sus últimas consecuencias.

Lila Cassen (Najwa Nimri) es una de las cantantes de pop más famosas de España en la década de 1990, ahora retirada, y a su secretaria Blanca (Carme Elías). Lila preparaba su triunfal vuelta a los escenarios pero, poco antes la fecha, sufre un accidente;  es encontrada inconsciente por Blanca en la playa de su casa. Rota, Andalucía. Lila Cassen ha perdido la memoria. A continuación, la narración nos lleva a Violeta (Eva Llorach) que vive con su conflictiva hija, Marta (Natalia de Molina). Violeta, cada noche escapa de su realidad  buscando su felicidad que es imitar a Lila Cassen en el karaoke donde trabaja, siempre fue una chica muy inquieta y con talento, pero bajó de sus sueños  con el nacimiento de su hija. Marta ya tiene 23 años y es una chica rebelde. Un día Violeta recibe una estupenda  propuesta: ayudar  a Lila Cassen a volver a cantar…

“Quién te cantará”, emulación desgarrada de una mujer famosa en la desdicha de la fama; cargada de complejidad argumental, ausencias,  atmósfera intensa, incertidumbres y una intrigante búsqueda…

En “Quién te cantará” la indecisión se filtra entre los reflejos del corazón para darle a la película una dimensión significativa de universo fílmico, la aureola de Carlos Vermut, capaz de dignificar el cine dramático-social e introducirse en un cine minimalista, teatral y costumbrista, es una muestra de cómo con la ficción se puede decir tanto de la realidad. Vermut juega  a mostrar el dolor, el ingenio, la fama, la respiración de la música y el desparrame portentoso de la locura social omnipresente.

La obra pasa lentamente dentro de su realismo metaforseado, dialogada a ritmo pausado y conduciendo su intriga  sobre las aguas de trasmisión de sus heridas.

La trama principal del argumento cuenta con Najwa Nimri como principal actriz de la película, subrayando de la forma más esencial y profunda el dramatismo de su personaje. Eva Llorach y  Natalia de Molina realizan una lujosa interpretación de sus personajes. El resto del elenco: Carme Elías, Julián Villagrán, Vicenta N’Dongo, Inma Cuevas, Ignacio Mateos, Catalina Sopelana;  todos dan vida a unos personajes bien bordados para un feliz resultado. La música de Alberto Iglesias, compositor característico y querido. En la fotografía, el catalán director de fotografía Eduard Grau, con estilo y su habilidad para expresar.

Bella, lenta y atrevida, así se encamina hacia el desenlace, acunando su realidad constatable, malicia, dolor, desengaño, soledad…

 

Crítica: Entre dos aguas

Doce años después, Iñaki Lacuesta nos rescata de por aquellos lugares de Andalucía, la continuación de las vidas que comenzó con la “Leyenda del tiempo”; historia de Isra y su hermano Cheíto. El director volvió con los chavales que ahora son hombres. Con música de Raül Refree y Kiko Veneno, y fotografía Diego Dussuel, Lacuesta muestra la silenciosa oscuridad de la luz donde todo sigue su curso. “Entre dos aguas”.

Isra (Israel Gómez Romero) y Cheíto (Francisco José Gómez Romero) son dos hermanos que, como pasa habitualmente, han tomado caminos diferentes en la vida. Pasa el tiempo. Isra que ha pasado varios años de condena por tráfico de drogas sale de la cárcel; Cheíto, que se hizo militar, termina a la vez una larga misión con la Armada Naval por varias partes del mundo. Ambos regresan a la Isla de San Fernando. En su tierra, en el interior de aquella tierra tan desmesuradamente hermosa, el reencuentro de los hermanos revive el recuerdo de la muerte de su padre. Aquello que ocurrió siendo ellos muy pequeños, ahora necesitan superarlo para retomar sus vidas.

“Entre dos aguas” posee una belleza inocente. Sin duda alguna, Lacuesta es un cineasta que sabe conectar con las emociones humanas.

Discreto y no menos ambicioso, Iñaki Lacuesta sitúa su cámara en un pueblo de la vieja Andalucía, para documentar el espacio y el tiempo para, en clave documentalista retratar a una sociedad, a la pérdida de sus referentes. Los sueños rotos y sus daños colaterales. Como resultado, “Entre dos aguas” es una película sencilla y cercana que brilla con la belleza del humanismo más intenso.

Partiendo de dos personajes marginados, atraídos el uno hacia el otro por esos irresistibles anzuelos que crea el amor de los hermanos, Iñaki Lacuesta hace una película funcional para la sensibilidad del espectador; el brillo de la emoción y el rumor de los fracasos a partir de los sencillos materiales de que dispone. La provisión referencial también sigue siendo jugosa, verificando la certeza que el relato debe llevar e inevitablemente su raíz. Todo avanza lleno de expresionismo, al tiempo que los personajes, entre diálogos, primeros planos, planos medios, abiertos y entremezclados van cambiando de piel para que les crezca otra que les sostendrá el alma.

Iñaki Lacuesta parece haber concebido con “Entre dos aguas” la suma de sus dos partes. Como en una sinfonía de forzosas tendencias va trasformando la crónica de la ficción en contextos palpables, narrando esa historia fingida con pulso de realidad, transferida con buen ritmo. Aunque su recorrido nos parezca excesivo, es difícil valorar la capacidad de atención en los espectadores que ya estamos acostumbrados a espacios narrativos largos y, aunque así fuera, tengo que decir por encima de cualquier objeción que Lacuesta acierta de pleno al desarrollar una genuina película haciendo sonreír y reflexionar al tiempo, sin abusar de sentimentalismos ni de idealismos.

Los personajes principales, creíbles como no puede ser de otra forma, son los propios protagonistas los que defienden sus personajes Israel Gómez Romero es Isra, y Francisco José Gómez Romero es Cheíto, un difícil equilibrio de interpretaciones que dan un resultado perfecto. El resto del elenco: Rocío Rendón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea y Manuel González del Tanago, contribuyen en gran medida para que toda la historia salga estupendamente equilibrada.

“Entre dos aguas” se siente cada instante desde su sorprendente silencio.

 

Crítica: La sombra de la ley

El director de cine Dani de la Torre, que lleva muchos años pensando en ofrecer a sus espectadores todo lo mejor que su cine nos pueda dar, ha dirigido “La sombra de la ley”, una película al tiempo realista y sorprendente. Contada en perfecto dominio de la planificación, el director envuelve al espectador en una capa de acción policial y revuelta política.

Retrato de una época tumultuosa y enmarañada de nuestra historia, con varios escenarios argumentales, gansterismo, burdeles, corrupción a varios niveles, burguesía cabreada y anarquistas concienciados, todo esto es “La sombra de la ley”.

Corre el año 1921. España vive un momento agitado y confuso; es el año de “La ley de fugas” de la represión, del asesinato de Dato y de, entre otros, los violentos enfrentamientos callejeros entre policías y anarquistas. El gansterismo y los negocios ilegales también están instalados en la sociedad, como lapas. En esta situación de disturbios, Aníbal Uriarte (Luis Tosar) es un policía que ha sido enviado a Barcelona para colaborar en la detención de los culpables del robo a un tren militar. Aníbal y sus formas no encuentran mucho apoyo entre sus compañeros catalanes y enseguida comienzan los enfrentamientos y desconfianzas con ellos, sobre todo con el inspector Rediú (Vicente Romero), un superior corrupto y campechano. Entre todo eso, Aníbal entrará en contacto no solo con los bajos fondos de la sociedad barcelonesa sino también con el mundo anarquista más radical, dispuesto a todo para conseguir sus objetivos. Un día conoce a Sara (Michelle Jenner), una joven anarquista valiente, luchadora e impulsiva… Parece que hasta ahí puedo contar…

Tipos y prototipos, señores de derechas y señores de izquierdas, padres e hijos, madres e hijas, amigos, enemigos, policías inteligentes, policías menos inteligentes, jóvenes sin identidad e identidades estrafalarias… De todo hay en esta producción policiaca. De la Torre ha sabido acarrear una fauna variopinta en el espacio reducido de “La sombra de la ley” y pasear su cámara con elegancia muy al tanto de lo que cuenta, caracteres, perfiles, miradas y disparos. Propone una realidad, aunque bien sabemos que la realidad era otra parecida o no. Parece que aquí la historia estuviera un poco aromatizada y algo diversificada.

Puede que sea la mejor película de Dani de la Torre, una película distinguida. “La sombra de la ley” es una película de acción policial a ratos macarra y a ratos violenta pero siempre elegante. Presume de un guion bien escrito por Patxi Amezcua. Es solemne y refinada en su presentación, logrando captar la sensación y el tono aparente de la España de entonces. El diseño visual, la recreación escénica, la deliciosa y sutil fotografía, de Josu Inchaustegui. La excelente música de Manuel Riveiro y Xavier Font, destinada a acompañar las imágenes, para sugerir, detallar y puntualizar toda una serie de circunstancias. El atrayente uso de la cámara de su director, Dani de la Torre componiendo todo un conjunto del que podemos quedar satisfechos.

Los actores también tienen un papel importante para mostrar la realidad que se nos presenta, buen ejemplo de ello es la presencia como primer actor de Luis Tosar y su personaje perfecto, su presencia y sus cualidades interpretativas nunca decepcionan. La actriz Michelle Jenner hace uno de los mejores trabajos de su carrera; en realidad me parece que todo el elenco hace unas representaciones fabulosas: Vicente Romero, Ernesto Alterio, Paco Tous, Manolo Solo, Jaime Lorente, PepTosar, Fernando Cayo, William Miller, Adriana Torrebejano, Xosé Barato, Ricardo de Barreiro, José Manuel Poga, Elías Pelayo, Paula del Río y Albert Pérez, todos forman una de las mayores fuerzas del film.

Esperamos la próxima. Suerte.

 

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