Crítica: Una mujer fantástica

Del director de cine chileno, Sebastián Lelio, “Una mujer Fantástica” es una película compacta y coligada a lo que muestra. Acusadora y única. Un grito en imágenes ante la tradición de la intolerancia; la lava de su verdad, resonando como borrasca del mar en la caverna del tiempo. Escrita por el propio Sebastián Lelio y el guionista Gonzalo Maza. Recordamos que ambos también escribieron el guion de “Gloria” (2013).

“Una mujer Fantástica” se abre con unas bellísimas imágenes de Las cataratas de Iguazú, en las siguientes imágenes un hombre, Orlando (Francisco Reyes), sale del gimnasio y se dirige a su empresa de textiles, allí intenta recoger algo que ha perdido y sin conseguirlo se dirige a la sala de fiestas donde Marina (Daniela Vega), una joven de la que está enamorado, trabaja como cantante. Es el cumpleaños de la chica y Orlando le hace un regalo maravilloso, los dos lo celebran felices. Orlando es veinte años mayor que Marina pero con toda ilusión planean su viaje, su vida, juntos. Tras toda la noche de fiesta, Orlando se siente mal y Marina lo lleva a urgencias y él muere a las pocas horas. Marina debe entonces enfrentar las sospechas por su muerte por parte de médicos y policía y sufrir toda la exclusión y el desprecio de la familia por su condición de mujer transexual.

Una de las virtudes de “Una mujer Fantástica” reside en hacer posible en el cine una historia de complicada realidad. Una película que deja de ser una gran producción, en favor de una concienciación sensata y necesaria. El empeño del director no es la belleza, sino alcanzar una verdad moral.

Sebastián Lelio y Gonzalo Maza, que llevan mucho tiempo escribiendo y trabajando sobre temas sociales, saben que la vida es, por definición, injusta e inmoral, y que el reconocimiento está en manos de los déspotas. Famosos por su estilo preciso y por su sensibilidad, en esta ocasión la presencia de una alternativa claramente deseable es indudable en su presente, un factor poderoso a la hora de crear reflexión. Ambos cineastas, desarrollan todas las posibilidades centrándonos en situaciones de dispositivo moral, debilitando la percepción de lo contradictorio, con un guion que mete la mano en la alcantarilla de la insolidaridad para recuperar dignidad.

 “Una mujer Fantástica” tiene otro factor especial para aumentar el componente de tensión y es la solidez de sus ambientes urbanos, utilizados para asegurar al personaje principal interpretado por Daniela Vega cuando camina desesperada, en los planos cortos o largos, sin proyecciones de escenarios artificiales, siempre, refuerza nuestra conciencia de autenticidad, haciéndonos recapacitar sobre el tangible sentido de peligro en una sociedad que está demasiado ocupada con temas intrascendentes para percibir lo que de verdad importa, que es nuestra común salud mental.

Sebastián Lelio, incluye una vez más al maestro de fotografía Benjamín Echazarreta, su realismo y su alborozado sentido de la expresión colocan a Daniela Vega en una película de privilegio para una actriz que es la primera vez que actúa en el cine, son excelentes todas las imágenes que emergen de la protagonista. Vega que con su gran interpretación, – permanece prácticamente todo el tiempo en pantalla -, hace el vidrio de su vida por el que el espectador siente lo que siente ella, su actuación es auténtica, legítima y lúcida. Francisco Reyes tiene un papel entrañable, y una actuación estricta e indiscutible. Al resto del elenco: Luis Gnecco, Aline Küppenheim, Amparo Noguera, Alejandro Goic y Antonia Zegers, también se les reconocen personajes sagaces y bien conducidos con interpretaciones activas y afanosas, mecidas en la música del maestro Mathew Herbert.

Por todo,  “Una mujer Fantástica” es una obra inolvidable.

Anuncios

Crítica: Lady Bird

La joven cineasta estadounidense Greta Gerwig se encarga de la dirección y el guion de “Lady Bird”, su primer largometraje, con el que da un paso enorme en el mundo del cine. Hasta ahora conocida por algún proyecto en películas de compañeros y principalmente por su carrera de actriz, Greta Gerwig por encima de todo confiere a su relato equilibrio en su mirada emocional de la adolescencia.

Christine McPherson, que se hace llamar Lady Bird McPherson (Saoirse Ronan), es una joven adolescente que vive en Sacramento, California, junto a su familia. Su madre Marion (Laurie Metcalf) es una mujer preocupada por el bienestar de su familia, sumergida en una clase social media baja, en la que el dinero no les llega para todas las necesidades, sobre todo para los pensamientos de futuro de su hija, Lady Bird. Ella trabaja como enfermera y su marido y padre de la chica, Larry (Tracy Letts) no tiene trabajo. Lady Bid McPherson o Christine, como queramos llamarla, es una joven muy insegura, acomplejada y rebelde. Se siente fustigada por el entorno y quiere salir de esa ciudad que desprecia.

Greta Gerwig, dotada para hablar de la juventud en la sociedad de primeros de los años 2000, juega a fondo la baza de un drama social. Cada personaje tiene su cometido, que es hablar de su vida y vivirla en paralelo con lo que acontece en su país.

“Lady Bird” es la crónica de algo que ya hemos visto en muchas películas: la rebeldía de la adolescencia, la búsqueda de identidad. Pero Greta Gerwig articula su guion de una forma novedosa y con un texto de riqueza coloquial, atinada. Con confiado aplomo, apoyada en imágenes sumamente realistas, tan inmensas a veces como las lágrimas compartidas de la madre y la hija, mensajes sin duda extraordinarios desde ese mundo ferozmente cerrado a razonar. También la directora tiene la necesidad de trasmitir los sentimientos de la sociedad americana y lo hace del modo más claro y didáctico, y con toda su contundencia narrativa en el texto y  el subtexto. “Lady Bird” es una estampa social muy de mujeres, tomando cuerpo en un personaje cuyo rechazo hacia sí misma consigue la transparencia que el espectador necesita para conocerla bien.

La música la pone el compositor americano de pop rock Jon Brion. En lo visual, aplaudimos al director de fotografía Sam Levy y, en el reparto, Saoirse Ronan ha encontrado en “Lady Bird” el vehículo idóneo para reflejar perfectamente a una chica joven a contracorriente, transmitiendo con propiedad el latir de un montón de corazones, estupenda interpretación, creo que la mejor de su carrera. Laurie Metcalf, consigue con brillantez que amemos a su personaje. El resto de actores y actrices: Lucas Hedges, John Karna, Beanie Feldstein, Tracy Letts, Timothée Chalamet, Danielle Macdonald, Bayne Gibby, Victor Wolf, Monique Edwards, Shaelan O’Connor, Marielle Scott, Ithamar Enriquez, Christina Offley, Odeya Rush, Kathryn Newton, Jake McDorman, Lois Smith, Andy Buckley, Daniel Zovatto, Laura Marano, Kristen Cloke y Stephen Henderson, todos subrayan con acierto las vidas contradictorias de sus personajes .

“Lady Bird” me hace recordar una frase de Stanley Kubrick: “Una película es (o debería ser) como la música. Debe ser una progresión de ánimos y sentimientos. El tema viene detrás de la emoción, el sentido, después”.

Crítica: La librería

Isabel Coixet dirige la película “La librería” escribiendo el guion sobre la base de la novela “The Bookshop”, de la escritora inglesa Penelope Fitzgerald. He aquí dos mujeres que estaban predestinadas a encontrarse, Isabel Coixet tan impaciente y ávida por crear vidas como la escritora Penelope Fitzgerald, y ambas con la pasión de retratar los sentimientos como máxima expresión en el ser humano.

La directora catalana Isabel Coixet nos centra en un pequeño pueblo de Inglaterra, allí vive Florence Green (Emily Mortimer), ella ha decido montar una tienda de libros, ama la literatura y además piensa que es justo ganarse la vida trabajando en lo que siempre soñó. Pero ya sabemos lo que ocurre en los pueblos pequeños de Inglaterra o de cualquier otro sitio. En los años 60, 70 u 80 es muy complicado sacar adelante un negocio semejante. Leer, qué tontería. Podías haber puesto una panadería. Así se pensaba… Por otro lado, están las fuerzas vivas del pueblo, una sociedad oculta y soberbia en la que nadie caminaba solo ni despreciado, sino prósperos y magníficos ante todo lo que contradiga los patrones que sus burguesas vidas han trazado. Nunca ha habido librería en el pueblo y Florence se atreve a saltarse las reglas. Por suerte, tiene el apoyo de un señor mayor, el señor Brundish (Bill Nighy) que no comulga con las normas instauradas y le gustan mucho los libros, también tiene como aliada en su lucha a una niña encantadora, Christine (Honor Kneafsey) de la que recibirá mucho cariño y la ayudará en sus momentos más bajos…

“La librería”. Otra vez, de forma sutil y consciente, queda evidenciado el cine de Coixet. Inquietudes, ilusiones y temores que corresponden a la mujer, un tema que la directora trata abiertamente al mostrar en sus películas esa especie de diatermia que mueve a sus protagonistas. Para mí, existe una conexión importante entre “La librería” y “Nadie quiere la noche”, de 2015, protagonizada por Juliette Binoche. Una y otra, cada cual en su universo, nos hacen considerar con cierta precisión, el gusto y el dolor de ser mujer sin ni siquiera ver en el personaje grandes alegrías ni desfallecimientos; Isabel Coixet juega, con ingenio despierto a entrar en el mundo femenino, ahí donde los males de aquel tiempo aún no han quedado desterrados, la veterana cineasta se centra en ello, precisamente, para construir un film con un discurso ciertamente progresista que reivindica la primacía de la inteligencia, sobre el oscurantismo de la intolerancia.

Es hermoso y poco habitual ver una película en la que el libro sea el hilo conductor de la historia, por eso y por todo lo demás que digo a continuación me conmueve tanto “La librería”, por la solidez de su planteamiento, por la fuerza testimonial que hereda de Penelope Fitzgerald afianzando el componente testimonial y anímico del relato. Por la gracia y cinefilia de Isabel Coixet que traduce con fidelidad el espíritu del original literario. Por los silencios y los diálogos, el vestuario, su humanidad, sus matices, por las sonrisas, por las lágrimas y por la pasión profesional del primer al último fotograma. Por los guiños literarios. Por todas las sugerencias que destilan ternura. Por todo su compromiso.

Muy buenas y entregadas interpretaciones de Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance,Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne,Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O’Neill, Toby Gibson y Charlotte Vega, todos ponen su toque fragante que es de agradecer. La música del compositor catalán Alfonso de Vilallonga. En la imagen, el director de fotografía francés, Jean-Claude Larrieu.

“La librería” es una película por la que sentía gran interés. Aparte de admirar a su directora… me llevaba a ella un sentimiento particular. Yo abrí una librería en un pequeño pueblo a principios de los 80, mi primera librería. Buscaba invitar a amar la literatura, abrir caminos a la libertad de imaginar, realizarme como mujer independiente y no faltó quien quiso hacerme sentir extranjera en el mundo del saber. Haciendo mías las palabras de Florence, digo: “Nunca estoy sola. Estoy acompañada de libros”.

Véanla.

Crítica: Detroit

La directora de cine nacida en Estados Unidos, Kathryn Bigelow, volviendo la vista más atrás que en sus últimas películas recupera para el cine las revueltas raciales del 67 en la ciudad de “Detroit”. Y para ello se sirve del guion basado en los sucesos reales, escrito por el periodista y guionista, también americano, Mark Boal. De nuevo juntos Bigelow y Boal, nos hacen recordar la 82ª edición de los Oscar donde recibieron el Óscar a mejor dirección y mejor guion por la película “En tierra hostil”.

La historias se abre mostrando pinturas de la obra “La migración de los negros”, del pintor americano de padres africanos, Jacob Lawrence, una pequeña cantidad de cuadros de los sesenta que forman la colección es suficiente para comenzar a afrontar lo que a continuación veremos. “Detroit” reproduce los disturbios raciales que sacudieron la ciudad en el año 1967 y especialmente centra la atención del espectador en la noche del 25 al 26 de julio, en la calle 12, con los hechos producidos en un motel, el famoso caso de “Los asesinatos de Motel Argel”. Dicen que todo comenzó con una redada de la policía en un bar nocturno, con una tremenda violencia racial, y que acabó convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos. Yo creo que todo comenzó mucho antes, cuando los negros eran llevados para ser esclavizados, muchos años después, alguno de sus presidentes abolió la esclavitud y los negros siguieron estando marginados. En la época que en Norte América empezó la revolución industrial, los negros del Sur emigraron al Norte para trabajar en fábricas, para progresar socialmente y siguieron marginados, mal mirados y maltratados, o como en la historia que nos muestra Kathryn Bigelow, muertos…

De entrada, este filme ataca tanto por la agresividad de las imágenes como por el argumento. Bigelow pone en escena una violencia que no parece construida sino que es natural. Una cruzada donde lo inhumano sustituye a cualquier otro sentimiento que pueda imperar y, bailando entre eso, muestra una sociedad, la americana, con capacidad para reciclar tanta exaltación, tanta mentira, que lógicamente contradice verdades evidentes. Kathryn Bigelow con esta película acaba de encontrar un nuevo vehículo para seguir explorando el lenguaje cinematográfico porque “Detroit” es una joya áspera que deslumbra por su lente inquebrantable, su enfoque de estilo documental, su escenario de pesadilla sin consentir que se obstruya ni un segundo. Por su ímpetu, su armonía, su tensión. Por las emociones capturadas preciosamente en el uso de zoom. Por la capacidad y el atrevimiento de hacer una película tensa y convincente.

En el reparto en esta ocasión no destaco ninguna interpretación todo el elenco están de sobresaliente: John Boyega, Algee Smith, Will Poulter, Jack Reynor, Ben O’Toole, Hannah Murray, Anthony Mackie, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Kaitlyn Dever, John Krasinski, Darren Goldstein, Jeremy Strong, Chris Chalk, Laz Alonso, Leon Thomas III, Malcolm David Kelley, Joseph David-Jones, Joseph David Jones, Ephraim Sykes, Samira Wiley, Peyton Alex Smith, Laz Alonzo y Austin Hebert, de aplauso. En la música el gran compositor estadounidense James Newton Howard y la fotografía del veterano director inglés Barry Ackroyd.

La violencia racial aterroriza no solo a quienes aún les escuecen las heridas, también aterroriza a quienes tenemos la obligación de denunciarla y combatirla. Debemos desplazar sensiblemente la perspectiva y abrazar la utopía. Hay que salir de aquí… mientras, tapémonos los ojos por la vergüenza.

A %d blogueros les gusta esto: