Crítica: American Honey

No es casual que la tercera película de la directora de cine inglesa, Andrea Arnold sea portadora de una gran cantidad de premios. Su talento creativo, la energía, la capacidad para el trabajo de innovación de Andrea Arnold siempre han sido reconocidos a lo largo de su carrera y sus distintos campos. Crítica de la película “American Honey”.

He aquí las claves del film: Star (Sasha Lane) es una chica adolescente, moderna, guapa y pobre. Dedica todo su tiempo a cuidar de sus hermanos. Cuando era pequeña tal vez se esforzó por ser la mejor, la más responsable, la más afortunada pero todo cambió lentamente a medida que los años pasaban. Ahora su vida no le satisface. Justo en el momento en que ve una oportunidad de escapar y  dejar a su familia conoce a un grupo chicas y chicos que venden suscripciones de revistas a domicilio. En una furgoneta recorren el Medio Oeste de los Estados Unidos. Star se une a ellos, se siente bien, se divierte, entre otros, con Jake (Shia LeBeouf), Kristal (Riley Keough) Corey (McCaul Lombardi) y Pagan (Arielle Holmes). Todos juntos vivirán aventuras, descubrimientos, obsesiones, sueños…

Llevamos tiempo diciendo que este siglo será de las mujeres y me alegro de ello, sobre todo viendo esta obra de cine sencillo nada reiterativo, firme y orientado a lo más elemental y fresco. “American Honey” mimetiza hasta el delirio los mohines coloristas para que disfrutemos sin perjuicios de un ejercicio de  estilo cien por cien posmoderno y con nervio. Andrea Arnold con su nueva película quiere dar la apariencia de no buscar la reflexión, de entregarnos su trabajo como si fuese la copia de un cuadro perfecto, una composición pictórica en cuya superficie nos es conveniente rascar…

La directora, que lleva pensando cine social desde su infancia cinematográfica, ha escrito este magnífico guión, dramático, próximo, patético al tiempo que real y distanciando. Tan delirante. Ella misma ha sabido convertirlo en una interesante película apostando por la crudeza, por la realidad violenta, los gritones sentimientos y la pasión sin contención. Cámara en mano nos acerca la escena con el cierto apresuramiento del rigor, Arnold y su equipo han cuidado los detalles humanos, visuales y argumentales en los que cada plano parece fruto de una realidad inmediata.

Mirando esta obra llena de matices, vemos un innegable amor por los personajes, rascando un poco más la extensión de su recorrido, adentrándonos  en el paisaje de “American Honey”, llegando a su duro rastrojo encontramos muchas lecturas; vemos enjutas figuras dramáticas, personajes lanzados en caída libre por una sociedad enferma. Jóvenes náufragos en alta mar con la pasión por lo desconocido y el deseo de libertad vivido sin un mañana. Jóvenes atados al sistema sin notar la sumisión a las reglas aunque heridos por las hondas cascadas del fracaso.

La ternura me acorrala en esta reflexión, a la vez que escucho una canción de la banda sonora, “Dream Baby Dream”, de Bruce Springsteen,  es curioso, la película no es nada tierna. “American Honey” lanza un foco concreto con una luz fría que descubre el interior de cada uno de los jóvenes en plena pérdida de su inocencia.

Actores casi desconocidos, un estupendo reparto. Sasha Lane aporta una brillante interpretación de su personaje falto de cariño.  Shia LeBeouf,  Riley Keough, McCaul Lombardi,  Arielle Holmes  gozan de un fantástico control interpretativo, al igual que  Crystal Ice, Veronica Ezell, Chad Cox, Garry Howell, Kenneth Kory Tucker, Raymond Coalson, Isaiah Stone, Dakota Powers, Shawna Rae Moseley, Chris WrightWill Patton, todo el conjunto es una pirámide coherente. La fotografía es del director irlandés Robbie Ryan.

“American Honey” no es una película para todos los públicos. Me quedo con una pregunta que surge en uno de sus diálogos: ¿Cuál es el sueño de tu vida?

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Crítica: Mi vida ahora

Mi vida ahoraAdaptación de la novela homónima de Meg Rosoff. El escocés Kevin Macdonald autor entre muchas obras más, del magnífico documental sobre Bob Marley, después de dos años de espera nos regala un trabajo donde refleja entre campiñas, la adolescencia dañada. Crítica de la película “Mi vida ahora”.

Con guión de Jeremy Brock, Tony Grisoni, Penelope Skinner y Jack Thorne, “Mi vida ahora” es una película para conmover. La cada vez más acertada Saoirse Ronan, una joven actriz que ya tiene la libertad de seleccionar los guiones que va a interpretar, representa aquí a Margarita, una chica americana que está de vacaciones con familia en la campiña inglesa. Vive al principio días de intensa armonía, sosiego, juegos y enamoramiento. Sin embargo, todo cambia cuando empiezan a surgir los malos aires de una guerra o algo parecido. Tiene que romper con todas las maravillas que descubrió. Su corto tiempo de amor se le escapa entre los dedos, y su corazón se rompe, mientras muy dentro de ella y de todo el grupo de muchachos que soportan esa montaña de espinas, nace la necesidad de esperanza en el futuro.

Rodada e interpretada con profesionalidad y sin muchas pretensiones de hacer algo innovador, se trata de una película en la que, a poco que el director hubiese puesto el foco en el apocalipsis que la envuelve y Saoirse Ronan se hubiese recreado en la belleza de su personaje, se podría haber ganado perfección para una historia que es una idea admirable y que en la novela funcionó de forma estupenda. No es que yo le ponga peros excesivos salvo que no aporta nada más que una historia romántica suavizando enormemente lo que en realidad le hubiese inyectado fuerza.

Imagen Mi vida ahoraKevin Macdonald pone mucha delicadeza en la dirección al administrar a ese puñado de jóvenes actores, en el plural de paisajes y en la doble lectura de muchas metáforas escondidas entre la música Jon Hopkins, y por último, y con algún detalle más destacable, convence también la materialización de la relación amorosa entre el miedo, con un discreto, expresivo e ingenuo perfil que trasciende y arranca brotes de emoción, todo plasmado con la bella fotografía de Franz Lustig. Bien gobernados y acertados: Saoirse Ronan, Tom Holland, Anna Chancellor, George MacKay y Corey Johnson.

El resultado en “Mi vida ahora” es una película que alinea tanto al público de más edad como a los adolescentes atraídos por la profundidad engañosa de su remolque. Lo cierto es que es una película que crece con el recuerdo, yo la visioné hace casi dos meses y la tengo que recomendar por el conjunto de su contenido y por el poso frágil que deja. Y me pregunto, ¿si existe el amor por qué estamos encerrados en la más segura de las celdas?

Crítica: 15 años y un día

CArtel de 15 años y un díaCariño, ternura, generosidad,  belleza interior. Igualmente;  egoísmo, desamor, miedo. Dirección: Gracia Querejeta, con guión de la propia Querejeta y Santos Mercero. Crítica de la película “15 años y un día”.
El drama gira en torno a Jon (Arón Piper), un quinceañero conflictivo y desobediente que empieza a frecuentar con malas compañías. Para remediar esta complicada situación, y a raíz de una expulsión en el colegio, Margo, su madre (Maribel Verdú), decide enviarlo a un pequeño pueblo ribereño con su abuelo Max (Tito Valverde), un militar ya retirado. El estricto anciano intentará encauzar al chico a través de distintos aprendizajes de educación y disciplina, su madre piensa que quizá Max pueda enderezarlo. Pero a Jon le gusta vivir peligrosamente y su abuelo se ha convertido en un hombre de costumbres tranquilas. Los dos tendrán que enfrentarse a sus limitaciones y a sus miedos.

Trabada de forma que se entrevén las ausencias presentes en el cine de esta directora.
Una historia que si bien puede parecer sencilla, está llena de matices. Uno de los aspectos más acertados es la forma en la que se transmiten los sentimientos de los personajes, con una mera expresión fisonómica o un gesto explícito son capaces de decir más que la palabra. Incluso los lienzos visuales que delinea la directora parecen decirnos lo que la historia transmite en cada momento; con recursos profundamente emotivos desde la narración,  y valores generosos y sencillos, Querejeta no muestra a los personajes en términos de buenos o malos, culpables o inocentes, muestra personas que se equivocan, que enfrentan momentos malos y que viven situaciones cotidianas, siempre acentuadas por el sello inconfundible de la directora. Hablamos de una película en la que se respiran huellas de abnegación, un trabajo que se define en sí mismo.

Imagen de 15-anos-y-un-diaInteresante que una película refleje algo tan sencillo, que los sentimientos afloren y que lo hagan de forma tan discreta, sabiamente.

A pesar de la irresistible calidez del enfoque que adopta la directora y la evidente destreza de que hace gala Maribel Verdú y el entrañable Tito Valverde descubriendo a unos inmensos personajes; a pesar de la lograda recreación, el vestuario, los conseguidos interiores, la fotografía de Juan Carlos Gómez que logra una imagen perfecta  y la música de Pablo Salinas, acertadísima; a pesar de todo ello, “15 años y un día” puede resultar una película más de adolescentes rebeldes. Para mí no lo es.
“15 años y un día” disfrutó de gran éxito en el Festival de Cine de Málaga y ofreció a su directora visitar con laurel algunos festivales más. Está preseleccionada para representar a España en los próximos premios Oscar.

Crítica: Las ventajas de ser un marginado


Cartel de Las ventajas de ser un marginadoStephen Chbosky
(1970, Pensilvania), novelista director de cine y guionista en su primera película en la pantalla grande extrae el guion de su propia novela “Las ventajas de ser invisible”, de 1999. Critica de la película “Las ventajas de ser un marginado”.

El conjunto de esta película que hoy reseño es una invitación a explorar en los problemas y fervores de los adolescentes con un mirada nada desdeñable.

 “Las ventajas de ser un marginado” nos cuenta la historia de Charlie (Logan Lerman), un joven tímido e introvertido que describe su vida a través de una serie de cartas a un lector que no conoceremos. El protagonista tendrá que afrontar el primer amor, el suicidio de su primer amigo y su propia enfermedad mental. Al mismo tiempo, lucha por encontrar un grupo de personas con las que pueda encajar y sentirse bien.

La historia intenta describir las preocupaciones de la vida adolescente y la divulgación de temas difíciles. La forma en la que Stephen Chbosky aborda estas situaciones parte de un aire realista y fresco, es un regalo para el espectador y el conjunto y la fusión de sus líneas y sombras transmiten continuamente unos personajes fuertes, mojados en la amenaza del próximo fracaso en sus vidas. Sobre el rostro de Charlie, el protagonista, está presente el centellear pesado del apremio de la marginación.

De esta coherencia formal que es “Las ventajas de ser un marginado” nace la veracidad y la referencia a la cultura pop de la época citando películas, canciones y libros. Estos detalles imprescindibles aportan si cabe mayor conmoción a la escena; además, el joven realizador entrelaza actos y diálogos en donde nos descubre pautas nuevas, algo original y modificador.

Imagen de Las ventajas de ser un marginadoChbosky cuestiona el drama con un sentido antidramático. Tanto en su estructura y en sus formas narrativas como en el lenguaje y el tratamiento de los temas, “Las ventajas de ser un marginado” propone un emocionado balance de novedad. Pero ahí no acaban todas las concordancias de esta película. Logan Lerman, Ezra Miller, Emma Watson, Mae Whitman, Kate Walsh, en sus interpretaciones asumen un delirante trabajo de conjunto destacando Ezra Miller, un actor de semblante abierto, inteligente, sensible; vive su personaje con la fe de quien se siente seguro y sin cultivar réplicas lo desarrolla de forma inmejorable, totalmente creíble.

Michael Brook es el responsable del encanto musical de “Las ventajas de ser un marginado”, un obsequio para el total funcionamiento del film. En cuanto a la fotografía, parece en todo momento parte de una alianza de deseos compartidos.

Así llegamos a la clave resolutiva de la obra, únicamente ensalzada por un universo de voluntad simplificada, se cierra en un deslizar sutil, entre sus formas y su ilusión creativa.

Recomiendo quedarse a los títulos de crédito, la música lo merece.

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