Crítica: Un día perfecto

Un día perfectoA Fernando León de Aranoa, director de cine y guionista español, le llueven los aplausos desde el estreno de su adaptación de Dejarse llover”, novela corta que ha dado a conocer a Paula Farias en el mundo literario. Farias, médico de profesión, dio comienzo a su carrera en el barco de la organización ecologista Greenpeace, después se unió a Médicos Sin Fronteras, con los que ha estado en las guerras de Kosovo, Afganistán, Sudán e Irak. La novela, que fue prologada por Fernando León de Aranoa, es la modulación de un drama serio. Cierto, que el guion del director dulcifica aún más y lima aristas de la novela, de ahí que no dude en reimprimir un toque de humor en la tragedia. Crítica de la película “Un día perfecto”.

Su arranque: en los Balcanes, años 90, un grupo de de cooperantes en una zona en guerra junto a los cascos azules de las Naciones Unidas tratan de controlar la situación. Los cooperantes intentan sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto. Alguien lo ha tirado dentro para corromper el agua y dejar sin abastecimiento a las poblaciones cercanas. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión imposible. Recorren el delirante paisaje bélico tratando de resolver el problema, mientras viven sus propios conflictos: Sophie (Mélanie Thierry), inocente y dulce, quiere ayudar a la gente; Mambrú (Benicio del Toro), el jefe del grupo, quiere volver a casa; y, Katya (Olga Kurylenko) parece resentida por su antigua relación con Mambrú. Por su parte, Damir (Fedja Stukan) quiere que la guerra termine, en realidad eso quieren todos. Nikola (Eldar Residovic) quiere un balón de fútbol y B (Tim Robbins) quisiera que su escenario, su tiempo y su dedicación fuesen otros.

León de Aranoa centra la cinta en la atmósfera de guerra y no ahonda en el entramado político que queda reducido a un grupo de compañeros que busca soluciones. Por encima de sus valores artísticos o la calidad de las interpretaciones, “Un día perfecto” contiene un mensaje metafórico, logrando  la manera de contrastar la dura realidad con una versión desenfadada, mostrando y contraponiendo ambas con claridad y sencillez, para erigir así, lo que puede condensar lo que ocurre y sus porqués. La película plantea una disyuntiva moral que seguramente era lo que más interesaba al director. Apoyado por una soberbia fotografía de Alex Catalán, luminosa, recrea la historia centrándose en los mejores momentos allá por donde pasan los personajes e imponiendo siempre un horizonte limpio, posible, dentro de un mundo carente de humanidad.

Imagen de Un día perfectoDecir mucho de la guerra sin tener que recurrir a la violencia y abrir perspectivas que hagan reflexionar avala el nuevo trabajo del director madrileño. Utiliza una cuerda, un balón y un paisaje con un simbolismo aparentemente aleatorio pero que deja al espectador pensando en la locura de las guerras que rompen la integridad de las conciencias más sólidas y en la utilidad imprescindible del auxilio humanitario.

Acostumbrada al cine de este director, que sale de las deficiencias sociales más costumbristas, (Familia 1996, sorprendente y brillante; Barrio 1998, escalofriante realidad; Los lunes al sol 2002, genial y solidaria; Princesas 2005, primorosa y sobresaliente; Amador 2010, destacado relato sobre la inmigración), “Un día perfecto” es distinta a todas ellas, sorprende.

En palabras de Fernando León de Aranoa: “Hace falta mucha fuerza y resistencia para trabajar como cooperante. Eso lo he trasladado a los personajes. Aunque son distintos, cada uno es fuerte a su manera. Y quería que mi película fuera dura y resistente como sus protagonistas. Son gente de acción, porque si dejas paso a la reflexión en una zona de conflicto estás perdido. La gente que está ahora en Siria me comentaba que los cooperantes que llegan sin experiencia no aguantan ni un mes. Resisten aquellos que ya han pasado por guerras como la de Chechenia y los Balcanes. No me interesaba llevar a cabo un drama conmiserativo sobre la guerra, sino un film muy enérgico y con brío. Los trabajadores humanitarios representan ante todo el sentido común, más que el heroísmo o la ética”

La película está sostenida en buenas interpretaciones de Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic y Sergi López, en una pequeña aparición. La música a cargo de Arnau Bataller no llegó a tocarme.

Resumiendo, nueva película de León de Aranoa. Incomparable. Deseamos que siga cosechando éxitos.

Véanla.

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Crítica: Pride (Orgullo)

Pride - OrgulloMatthew Warchus es un director de teatro, británico. Solo por el hecho de haber producido y dirigido sus trabajos en teatro ya merece un trono entre los buenos pero ese amor que siente por el riesgo lo ha querido perpetuar también en el cine. Hace su debut en la gran pantalla con una película que ha sido triunfadora en varios festivales de cine. Crítica de la película “Pride (Orgullo)”.

En el verano de 1984, siendo primera ministra del Reino Unido Margaret Thatcher, el Sindicato Nacional de Mineros (NUM) convoca una huelga. Durante la manifestación del Orgullo Gay en Londres, un grupo de lesbianas y gays se dedica a recaudar fondos para ayudar a las familias de los trabajadores pero el sindicato no acepta el dinero. El grupo decide entonces ponerse en contacto directo con los mineros y van a un pueblecito de Gales. Empieza así la curiosa historia de dos comunidades totalmente diferentes que se unen por una causa común.

Tras una escena inicial concebida como un ejercicio de libertad absoluta, la película de Matthew Warchus coloca a los personajes en el territorio hostil de lo desamparado, en el lugar del umbral de los juguetes rotos, ahí comenzará una cruda historia. Sin ningún tipo de restricciones y de una manera frontal, ayudados con la técnica de la cámara siguiendo a los personajes, permite al espectador una mirada más intima y nos absorbe en su limbo social y moral. Personalmente, me parece que está contada de manera realista y sencilla y logra ser el film más emotivo que se ha visto en el último año en ese terreno  que se mueve entre el drama y la comedia. Te atrapa en su primer minuto y no te suelta hasta que aparecen los créditos finales. La presentación es tan positiva, que el interés no sólo se va manteniendo sino que incluso va incrementándose a medida que transcurre el metraje. Imagen de Pride OrgulloLa vida de los personajes principales sirve para explicar muchos aspectos de nuestra existencia y nos produce una capacidad de identificación total, me emociona, me hace reír, me hace volver a los 80 y me hace creer que todavía estamos a tiempo de cambiar muchas cosas.

“Pride (Orgullo)” no es un homenaje al colectivo de gays y lesbianas, ni es un escenario donde se luce una obra, va infinitamente más allá, es una divertida y conmovedora historia sobre el valor y la lucha contra la discriminación y la intolerancia; es una muestra bien hecha de algo que ocurrió, prototipo de sueños cumplidos en un pasado de tiempo yermo,  y la reflexión sobre la capacidad aceptar y perdonar. Pocas películas son capaces de tratar con tal maestría las claves de un tema, representando odas a la solidaridad y a la calma más reivindicativa.

El guión es de Stephen Beresford, la música de Christopher Nightingale y la fotografía de Tat Radcliffe. En el reparto: Ben Schnetzer, Monica Dolan, George MacKay, Bill Nighy, Andrew Scott, Imelda Staunton, Dominic West, Paddy Considine, Joseph Gilgun, Sophie Evans, Jessie Cave y Freddie Fox. Excelentes actores, formando un cuadro donde todo está estudiado a la perfección, el entorno, los gestos, las caras, las emociones, los bailes.

La recomiendo absolutamente. Tuve la sensación de estar en los últimos años de los setenta, cuando te enganchabas a una película que estuvo prohibida; nunca olvidaré el estreno de “El gran dictador” de Charles Chaplin en el cine Benlliure de Madrid, cómo se aplaudía al final con las lágrimas en los ojos, pues algo semejante me ha producido y no he sido la única, al final del visionado el público aplaudió con ganas.

Me gustó que la película termine como comienza y no digo más, aunque me apetece, no quiero entrar en spoliers. Véanla.

Crítica: Trash

TrashStephen Daldry y su nueva obra que arranca y se mueve en su contenido con la misma doctrina que el director británico mostró en obras como “Billy Eliot”, de 2000, “Las horas”, en 2002, “Tan fuerte, tan cerca” de 2011, entre otras. Crítica de la película “Trash”.

Con guion de Richard Curtis, basado en la novela de Andy Mulligan, cuenta el cuento o la fábula de tres niños de las favelas de Río de Janeiro: Rafael, Gardo y Rata. Un día se encuentran una cartera en el vertedero donde rebuscan a diario sin imaginar que este hallazgo puede cambiar sus vidas. Cuando la policía local aparece para ofrecerles una generosa recompensa por la cartera, Rafael y Gardo, comprenden que han encontrado algo importante. Deciden recurrir a su amigo Rata y los tres se lanzan a una extraordinaria aventura para intentar quedarse con la cartera y descubrir el secreto que esconde.

Hay un cine realista y duro que narra la vida sin necesidad de maquillarla y refleja muchos de los problemas que existen entre las clases sociales menos favorecidas, los de la gente humilde. “Trash” nos sumerge con su estética absorbente, sin concesiones y con gran ritmo, en los más oscuros rincones de una favela, en las más violentas y ruines situaciones. La diferencia es que la forma de narración, coincidencias de guión y giros quiméricos, hacen que el espectador lo asimile de manera más dulce. Los chavales son unos supervivientes, a los que la ruleta del destino ha puesto en esa encrucijada, en una historia punteada de humor y fantasía que se intercala con un conjunto de particularidades, la estrella resplandeciente Imagen de Trashque guía a los chiquillos, la torpeza de quienes hacen el mal, casualidades varias, algún fantasmilla y un infinito surrealista que se funde con lo real, pero nunca desviando ambos nimbos, sino que es reserva y esencia de su realismo casi mágico.

Con todo ello, y a través de una sólida interpretación coral, de André Ramiro un actor joven pero ya consagrado y de los jovencitos actores Rickson Tevez y Gabriel Weinstein, así como del resto del equipo a la par Rooney Mara, Martin Sheen, Wagner Moura, Selton Mello, André Ramiro, Jesuita Barbosa, Daniel Zettel, José Dumont, Gisele Fróes, Maria Eduarda, Nelson Xavier y Stepan Nercessian. Todos extraordinarios. La música que adorna el cuadro la pone el compositor Antonio Pinto y la estupenda fotografía Adriano Goldman, un auténtico ramo de profesionales para que Stephen Daldry firme una historia, de sutileza y reflexión indiscutible y contundente, que cala en el espectador y al final se queda dibujado en una comedia social sólida y esperanzadora.

La recomiendo para todos los que saben de la voluntad del mal y creen en la soberanía del bien y para todos aquellos a los que les apetezca salir con una tierna sonrisa de una sala de cine en invierno.

Crítica: La gran seducción

la gran seducciónUn divertido testimonio que estampa una visión genérica sobre la cuestión que trata. Sin duda es una película agradable de ver, que despierta la empatía en el espectador y supone una bonita reivindicación. Crítica de la película “La gran seducción”, de Don McKellar.Los habitantes del pueblecito costero de Alaska tienen que encontrar a un médico si quieren que una empresa construya una fábrica en la zona. La tarea se le encomienda a Murray (Brendan Gleeson) aunque todos los vecinos están dispuestos a colaborar. Es un pueblo de orgullosos pescadores, pero a causa del paro que les azota, se ven obligados a vivir de subsidios gubernamentales. Con el tiempo, el orgullo deja paso a la nostalgia. La empresa que está dispuesta a instalar la fábrica en el término municipal, dice que no reúnen las condiciones y que, sobre todo, necesitan un médico. El médico está solicitado y no hay nada que puedan hacer. Sin embargo, un joven doctor, Lewys (Taylor Kitsch ), que va a pasar un mes en el pueblo para relajarse de problemillas varios, hace que renazca en todos la esperanza. Ésa es la razón por la que Murray, con la colaboración de los vecinos, decide hacer todo lo posible para que el atractivo del lugar le resulte irresistible al visitante. A partir de ese momento, todos los vecinos intentan seducir al doctor para que se quede con ellos de forma permanente.”

“¿De que será la fabrica?”, preguntan los vecinos al tiempo que se responden: “Producen empleo… y eso es lo importante en este momento, porque cuando llega el penoso momento de la necesidad extrema ya todo da igual…”.

Imagen de La gran seducciónUna vez más, aunque algo diferente en su desarrollo, salta esta obra a la gran pantalla. Realizada por el director de cine Jean-François Pouliot en el año 2003 con un gran éxito en festivales y con grandes reconocimientos, es ahora Don McKellar quien dirige este remake atreviéndose con los varios universos que encierra el guion, a los que tiñe de un aliento estético, quedando a la vez perfectamente expuesta la problemática y lectura de una historia, que aunque tintineada en son cómico, es el tremendo problema social de las clases trabajadoras, que no tienen trabajo, valga el contrasentido. Aunque el drama no lo sentimos en el momento, la reflexión viene más tarde cuando sales de la sala del cine y piensas bien lo que acabas de ver.

La película es todo un ensayo visual sobre el compañerismo, la necesidad, la amistad, la soledad y el desamparo, en que quedan muchos pueblos pequeños. Una muestra de cómo la realidad se funde con la ficción y cómo una comedia sencilla puede decirnos más sobre la vida que un tremendo drama.

McKellar juega, con ingenio despierto, a evocar ese problemático mundo y lo hace acudiendo a todos los recursos del género, lo que demuestra que comedias como “La gran seducción” resultan  especialmente inteligentes.

El guión es de Ken Scott Michael Dowse, la fotografia Douglas Koch y en el reparto destacan Brendan Gleeson, Taylor Kitsch, Gordon Pinsent, Liane Balaban, Mark Critch,  Mary Walsh y Morgan T. Lee.

La recomiendo.

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