Crítica: Goodbye Berlin

“Goodbye Berlin” del director  alemán Fatih Akin, con guion de Hark Bohm, Lars Hubrich y el propio Akin, se basa en la novela “Tschick”, de Wolfgang  Herrndorf.

El espacio se llena de color, de jóvenes, de exuberancia, de gente alegre, de marginación, de jardines frescos y aire detenido en caricias veraniegas. Poco a poco descubrimos a los personajes que pueblan el territorio, entre ellos: Tristan Göbel como Maik Klingenberg y Anand Batbileg como Andrej “Tschick”. Vacaciones de verano: sensaciones físicas, todo se conjuga para que dentro y fuera de la pantalla rezume esencias de una calurosa atmósfera. La música y los diálogos también son fundamentales en esta historia ambientada en el Berlín más sensual y secreto; una ciudad donde las relaciones juveniles se deben alimentar tanto de libertad como de respeto y cariño.

La historia comienza con Maik, un muchacho de 14 años, aparentemente corriente pero, desgraciadamente, con la vida más condicionada de lo que podría considerarse normal: es marginado en el instituto, hijo de padres separados, su madre es alcohólica y su padre, un prepotente intransigente que solo tiene dinero. Durante las vacaciones veraniegas, su madre ingresa en un hospital para rehabilitación y su padre se marcha con su secretaria a un supuesto viaje de negocios. Maik está solo en casa, en el instituto, en las calles, en su vida… Hasta que un día próximo a las vacaciones, llega a su clase un nuevo compañero, se llama Tschick, un joven inmigrante ruso. La amistad les da alas y juntos se lanzan a disfrutar del verano…

Si tomamos “Goodbye Berlin” como un cuento se puede apreciar su inocencia y sencillez, si lo tomamos como una muestra de amistad podemos disfrutar de sus momentos entrañables, si lo entendemos como una muestra de denuncia social aprenderemos con sus enseñanzas, pero lo mejor es entenderlo de las tres formas. Reírnos con la risa y  aprender con la experiencia de un camino difícil que se debe superar.

No conocía al cineasta Fatih Akin y debo decir que a partir de ahora seguiré sus pasos. He visto una buena muestra de su obra: amplia, libre, social y muy elaborada. Puede que “Goodbye Berlin”  no nos diga nada nuevo pero es una película que se queda en el alma después de ser visionada, una película bien hecha, de este tiempo y de todos los tiempos futuros, aunque se hiciera en 2016. Difícil es reflejar la reivindicación cuando se navega por aguas tan revueltas, es muy difícil ser crítico ante  tanta hipocresía e intolerancia.

La música es del compositor británico Vince Pope. La fotografía del premiado director de fotografía alemán Rainer Klausmann. En el reparto Tristan Göbel, Anand Batbileg, Aniya Wendel, Justina Humpf, Paul Busche, Jerome Hirthammer, Henning Peker, Max Kluge, Udo Samel, Anja Schneider,Nadine Dubois, Uwe Bohm, Katerina Poladjan, Sammy Scheuritzel y más, todos ellos ponen en sus interpretaciones todo el empeño  para ser insignias del estado de bienestar en su más descargable austeridad. Geniales.

Humor y sufrimiento mezclados con fuerza e inmediatez.

“Mi mejor verano”, dice antes de los títulos de crédito Maik Klingenberg.

Crítica: El cuento de las comadrejas

Con guion de Juan José Campanella y Darren Kloomok, basado en la historia original del guionista Augusto Giustozzi y el director José A. Martínez Suárez en la película “Los muchachos de antes no usaban arsénico”, de 1976, llega ahora “El cuento de las comadrejas”. La antigua versión fue la primera película argentina en competir en los Premios Oscar. En esta ocasión Campanella le da al libreto un aire personal aunque siempre fiel al original.

Cuenta la historia de una espectacular actriz de la época dorada del cine, Mara Ordaz (Graciela Borges); un actor en el ocaso de su vida, Pedro de Córdova (Luis Brandoni); un escritor cinematográfico, Martín Saravia (Marcos Mundstock), y un director de cine, Norberto Imbert (Oscar Martínez) que hacen lo imposible por conservar el mundo que han creado en una vieja mansión ante la llegada de dos jóvenes que presentan una amenaza que lo puede poner todo en peligro: ella, Bárbara Otamendi (Clara Lago) él, Francisco Gourmand (Nicolás Francella). Todo se complicará un poquitito…

Entre este tira y afloja de experiencia y corazones, existe la simbología de un título que dará para acercar significados en lo moderno de una película antigua. Juan José Campanella sobre todo le canta al cine que regresa, a la voluntad de conservar en sentido estricto el pulso cinematográfico de un país empeñando sus medallas y suministrando su etiqueta personal, crea. Es “El cuento de las comadrejas” un remake enriquecido con una brillantísima adaptación. Dejando constancia de su clima moral, de su explicitud en el discurso y de un constante forcejeo de personajes que jamás se debilita.

Más cómicamente acida y menos intrincada que los anteriores trabajos del director argentino, es esta una película que nos alegra con su regreso y por el gran elenco de intérpretes que llenan la pantalla. Además, siempre es de agradecer que alguna película busque su fuerza en los diálogos, ese elemento primordial, muy cercano al lenguaje teatral que, con singular talento, nos ofrece su director, buscando la originalidad en la esencia; especialmente si se trata de un texto divertido como ocurre con “El cuento de las comadrejas”.

La música es del gran compositor Emilio Kauderer, orquestación, tratamiento y entusiasmo impreso en el film. La fotografía la pone el director de fotografía Félix Monti, que vuelve a repetir con Juan José Campanella, como ya lo hiciera en la película “El secreto de tus ojos”, en 2009.

Y en el reparto, los intérpretes crean un espectáculo teatral; humor constante y pesadilla hasta fundirse en una solidez inconfundible, constante y políticamente eficaz. Con la gran Graciela Borges, al son de las sombras de un personaje principal, un personaje muy bien defendido. Luis Brandoni, emulando al viejo actor fracasado, estupendo. Marcos Mundstock, como el director confabulador, excelente. Óscar Martínez, con un personaje ácido y eficaz, sin disimulos, magnifico. Clara Lago y Nicolás Francella toman parte en la comedia con interpretaciones envolviendo al espectador con una capa invisible de amabilidad y recelo, sorprende Clara Lago hablando y expresándose como ciudadana argentina. Aplausos para todos.

Es “El cuento de las comadrejas” una película con apariencia infantil y cuerpo de porcelana, relacionada con nuestros temores más ocultos, un mundo en peligro y un cuchillo amenazador…

Véanla.

Crítica: Yesterday

El director Danny Boyle, autor de títulos como “127 horas, en 2010, y Trance, en 2013, ha disfrutado de un largo y exitoso recorrido cinematográfico. En esta ocasión, nos propone un título que retroalimenta al espectador con la música de los Beatles, “Yesterday” con guion de Richard Curtis, fiel a la historia del escritor y productor Jack Barth.

La historia comienza con un joven músico, Jack Malik (Himesh Patel), que lucha por abrirse camino haciendo frente a una inspiración huidiza. Actúa en pubs y en bares de poca pompa, siempre apoyado por su amiga y manager Ellie Appleton (Lily James), que también está un poquito enamorada o muy enamorada del joven músico. Un día, cuando regresan en el coche de Ellie, Jack decide bajar y caminar un rato, justo al cruzar una calle, le atropella un autobús y al despertar en el hospital tiene dos dientes menos, el cuerpo dolorido y un tremendo secreto que aprovechará. Es la única persona en el mundo capaz de recordar a los Beatles. Ahí, cuando se recupera, comienza su éxito.

La película basa gran parte de su atractivo en su música. La historia, con un género central poco dado a la innovación como es la comedia romántica, parece conformarse con la gestación de las canciones y lo mínimo en la concordia emocional del espectador.

Digamos que es una delicia siempre escuchar la música de aquellos muchachos que tanto nos dieron en esos años en los que no teníamos nada. Los Beatles. A partir de ellos, todo siguió rodado: los conciertos, los pantalones vaqueros, las cazadoras, las melenas en los chicos, las minifaldas en las chicas y, sobre todo, la pasión por seguir un movimiento musical con el que te sentías identificada y que te hacía vibrar. Música cierta e irresistible, siempre. Única.

Por eso, aunque la historia es pobre en escenas brillantes y sorpresas en constante sucesión, debo reconocer el talento de Danny Boyle, que hace coincidir la pasión de los personajes de “Yesterday” con la realidad terrenal, fundiendo en un abrazo de notas entrañables el espacio de una sala de cine que el mes de julio, un mes de vacaciones de verano, estaba completa.

“Yesterday”, como contraste a ese boom de películas comerciales que se estrenan por estas fechas, se impone y segura estoy que llevará el timón. No en vano disfruta de “toda una banda sonora” de altura con unos compositores irrepetibles.

En la imagen, la experiencia única que aquí narra el director de fotografía Christopher Ross. El reparto, compuesto por Himesh Patel, Lily James, Kate McKinnon, el compositor y guitarrista británico Ed Sheeran, Lamorne Morris, Ellise Chappell, Camille Chen, Alexander Arnold, Joel Fry, Sophia Di Martino y James Corden, en los principales papeles, cumple con su papel.

Si disfrutan con la música, no se la pierdan, ni siquiera dejen atrás los títulos de crédito.

 

Crítica de Lo dejo cuando quiera

“Lo dejo cuando quiera” llega de la mano de Carlos Therón. Aunque en 2018 se llevó a la pequeña pantalla una serie del director de cine español, en los cines no teníamos noticias de Therón desde un año antes cuando disfrutamos de “Es por tu bien”, una película que probaba muestras de su humor personal muy al gusto del espectador. En esta ocasión, Carlos Therón vuelve con un simpático enfoque y un único campo de operaciones: la comedia. Con guion del guionista, actor y director catalán Cristóbal Garrido y del también guionista Adolfo Valor, hablamos de la película “Lo dejo cuando quiera”

Comienza su recorrido contándonos las particularidades de Pedro (David Verdaguer), Arturo (Ernesto Sevilla) y Eligio (Carlos Santos), amigos desde sus tiempos de estudiantes. Pedro, Arturo y Eligio decidieron ser profesores de universidad. Por una cosa o por otra, los tres se quedan sin trabajo y de chapucillas no se puede vivir, al menos, como ellos piensan que deben vivir. Eligio ahora es gasolinero. Arturo da clases particulares por las casas y Pedro lleva años trabajando en una investigación médica. Hay algo en lo que tiene puesta su ilusión y que podría darle mucho prestigio si las circunstancias fuesen distintas; experimenta sobre un complejo vitamínico que es sorprendente. Con la ayuda de Anabel (Miren Ibarguren), una compañera de Eligio de la gasolinera y abogada agresiva donde las haya, y de Jota (Mero González ), una alumna de Arturo, que es una chica muy lista y muy adelantada para su edad, arrancan hacia un mundo desconocido, llenos de ilusiones y proyectos, sobre torbellinos demenciales de mercancía.

Todo, en “Lo dejo cuando quiera”, empezando por la cantidad de actores y actrices del cine y series españolas que mueven la escena; la fotografía de Ángel Iguacel; la música, de Claudia Montero; sin dejar a un lado los viejos trucos cómicos, en graciosos actos, es algo que encaja con lo que esperábamos del director. Comunicar, narrar, decir, aprovechando que estamos ante un trabajo de humor, revelando a su manera la personalidad de cada personaje y circunstancia, desparramando gran dosis de carcajadas que son cada vez más necesarias. “Lo dejo cuando quiera” es una película que visita iconografías conocidas en la descripción de psicologías y el desarrollo de estas, y en la aplicación de todo ello a la comicidad que mueve el núcleo central del relato, pero desde la originalidad hogareña del nuevo conquistador. “Lo dejo cuando quiera” es una obra que da vitaminas a la comedia española y eso se agradece.

En cuanto a qué tiene la película de Carlos Therón, la pregunta no tiene fácil respuesta porque a primera vista es solo una sencilla comedia, pero para mí es una sencilla comedia que pisa el suelo con fuerza y ofrece una mirada lógica sobre el material cómico empleado, que sabe mantenerse y potenciarse a lo largo de todo el relato. Una película que, desde luego, es inteligente.

Tengo que destacar como factor determinante el trabajo de los actores, la animación y la energía que transmiten David Verdaguer, Ernesto Sevilla, Carlos Santos, Ernesto Alterio, Cristina Castaño, Miren Ibarguren, Amaia Salamanca, Pedro Casablanc, Gracia Olayo, Luis Varela, Mero González, Roger Berruezo, Mario de la Rosa y Jorge Asín.

Señor Carlos Therón, gracias. Películas así hacen mucha falta en tiempos convulsos.

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