Crítica: El hombre de las mil caras

el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez es un director de cine español que en 2002 con el “El traje” perdió la ingenuidad de cineasta primerizo para sorprender a todos con la pureza de un cine serio, con “7 vírgenes”, en  2005, daría un salto mortal sin red demostrando lo grande que es con una cámara en la mano. Luego vino Grupo 7”, en 2012 y La isla mínima, dos años después, una película hecha al buen nombre del cine español. Ahora, veo su nuevo trabajo y me pregunto qué nuevos senderos nos tendrá preparados el cineasta sevillano. Crítica de la película “El hombre de las mil caras”.

Basada libremente en hechos reales ocurridos en los años 90, nos cuenta la historia de Francisco Paesa (Eduard Fernández), ex agente secreto del gobierno español, el responsable de la operación contra ETA más importante de la historia y cómo se ve envuelto en un caso de extorsión en plena crisis de los GAL lo que le lleva a huir del país. Cuando regresa años después está arruinado. En tales circunstancias, recibe la visita de Luis Roldán (Carlos Santos), ex Director General de la Guardia Civil, y de su mujer Nieves Fernández Puerto (Marta Etura), que le ofrecen un millón de dólares si les ayuda a salvar 1.500 millones de pesetas sustraídos al erario público. Paesa ve entonces la oportunidad de vengarse del gobierno español llevando a cabo una magistral operación con la colaboración de su inseparable amigo Jesús Camoes (José Coronado).

Una historia que estuvo y permanece en la memoria de la historia reciente de España

imagen-de-el-hombre-de-las-mil-carasAlberto Rodríguez con “El hombre de las mil caras” se ha mantenido en la sobriedad expositiva de sus últimos títulos, aunque en el contexto de un material más frágil a la controversia y a la sensación de explorar en los vientres hedientos de la corrupción política. Una historia que no se había contado en el cine, a pesar del aluvión de televisiones y otros medios que abordaron el tema durante mucho tiempo. Una narración sencilla, seca y fría. Muy virtuosa, sin llegar a ser impresionante por el poso de su contenido. La cámara es testigo de unos hechos para demostrar cómo funcionaba aquello, que funcionaba para ellos, los de arriba, igual que ahora. Guardando las distancias, una distancia muy débil y efectiva que deja al espectador sin poder reconfortarse tras la asfixiante visita a los infiernos del poder corrupto. Me gusta de “El hombre de las mil caras” su irrefutable ajuste de thriller sin espectáculo, su drama sin melodrama, su humor sin risa. Su ritmo narrativo y sus diálogos perfectos. Su invitación a la reflexión y el clima moral que la circunda. Me ha encantado Alex Catalán, su magnífica fotografía, el pulcro vestuario y un todo generoso en la partitura musical de Julio de la Rosa hacen que esta película, con guion impecable de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, basado en el libro de Manuel Cerdán, recree con elegancia aquello que se funde como cierto. En este enlace, las palabras del propio Alberto Rodríguez sobre la película.

“El hombre de las mil caras” es cine negro desteñido por el color de la mentira en la sombra de la realidad. Tiene una representación envolvente y poderosa. Ni sobra ni se dilata un solo plano, no se pierde en profundidades imprecisas. Es un magnifico ejemplar de documento testimonial.

En lo que respecta a los protagonistas destaco la compostura extrema de Eduard Fernández interpretando a Francisco Paesa, hace una actuación admirable y meritoria. José Coronado, Carlos Santos y Marta Etura perfectos en sus personajes, del resto del reparto: Emilio Gutiérrez Caba, Luis Callejo, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Pedro Casablanc, Enric Benavent, Christian Stamm, Philippe Rebbot, Alba Galocha, Jimmy Shaw y Craig Stevenson, de todos ellos emerge una continua química interpretativa.

“El hombre de las mil caras” Para degustadores de cine político.

 

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Crítica: London Boulevard

CartelTras haber entrado por la puerta grande en el mundo del cine, – es el autor del guion de Infiltrados de Martin Scorsese 2006 por el que obtuvo un Oscar-, William Monahan se estrena en la dirección. En esta su ópera prima trabaja el guion extrayendo la historia de la novela de Ken Brueny, lo transcribe y construye su forma. Crítica de la película “London Boulebard”.

Es un relato simple, nos cuenta como una bella, atractiva y extraña actriz, Charlotte (Keira Knightley) escondida del mundo en una casona de Hollan Park Londres, contrata a un jefe de mantenimiento que además debe de hacer de guardaespaldas. A Mitchell (Colin Farrell) que así se llama el hombre, le cuesta aceptar el trabajo, acaba de salir de la cárcel, es un delincuente del sur de Londres, y sale con la idea de borrar todo su pasado, cambiar de vida y ser un tipo respetable. No todo sale siempre como se programa y eso le pasa a Mitchell. Por culpa de su hermana Briony (Ana Friel), de antiguos amigos y sobre todo de la oscurecida Charlotte, nada puede ser nuevo en un mundo tan complicado como el que le encierra.

Esta historia presagia una buena película aunque queda en poco menos que un esbozo.

La película de William Monahan, aunque entretenida, no descubre nada nuevo, podría haber sido mucho mejor si se hubiese desarrollado algo más su poco acertado guión, más eficiente, encajando estimulaciones más concluyentes que las que nos presenta. A “London Boulebard” hay que observarla con prudencia, porque, simple y sencillamente, es un conato dentro del cine negro y de acción, la índole de la trama, intenta transmitir una mayor sensación de autenticidad , concurren combinaciones de acción distribuidas de forma ecuánime,  también vemos un tono global que entretiene por su nutrida afirmación vitalista, pero puede llegar a pasar para muchos espectadores, que a pesar de su técnica incluso del buen elenco de actores, la incierta visión general de Monahan, tenga su equivalente en la insensatez.

Colin Farrel apuntando con su armaDigamos que las interpretaciones de Colin Farrell, Keira Knightley y los demás actores que componen el conjunto, son acertadas dándole la convicción necesaria para dar fuerza desde el factor artístico. Escaseando todo lo positivo, destacamos la música de Sergio Pizzorno que sirve perfectamente para acondicionar la potencia de los escenarios alcanzando momentos placenteros para el oído del espectador.

Podría haber llegado a un aprobado pero es demasiado débil, creo que como muchas otras películas que actualmente tenemos en pantalla, no pasará a la historia del cine. No absorbe, no entretiene, ni siquiera atrae la atención del paciente espectador.

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