Crítica: The imitation game

The Imitation GameEl director de cine Morten Tyldum nació en Noruega hace 47 años. Formado en la Escuela de Artes Visuales de Nueva York, trabajó en televisión, videos musicales y cortometrajes. Fue músico. Le apasiona la música pero la abandonó cuando vio que no era compatible con su otro gran amor, el cine. Debutó en el año 2003 con Buddy”, una película con la que fue creándose un público; después, tres títulos más le autorizan un lugar que se afianza con este último trabajo: “The Imitation Game”.

 Morten Tyldum revisa el siglo XX , no como un aburrido historiador sino como un cineasta para todos los públicos, consciente de que detrás de las grandes decisiones de los políticos y las guerras siempre hay seres humanos que sufren las consecuencias. Con guion de Graham Moore, basado en el libro de Andrew Hodges, retrata los tejemanejes del poder y las vidas personales de los implicados. “The Imitation Game” es un biopic sobre el matemático británico Alan Turing (Benedict Cumberbatch), famoso por haber descifrado los códigos secretos nazis contenidos en la máquina Enigma, lo cual determinó el devenir de la II Guerra Mundial (1939-1945) en favor de los Aliados. Lejos de ser admirado como un héroe, Turing fue acusado y juzgado por su condición de homosexual en 1952.

El film suma drama, guerra y convicción por el conocimiento del hombre. La narración es espontánea, natural, cálida y sin artificios. El relato destila sinceridad y veracidad que revierten en convenciones narrativas imponiendo su particular forma. The Imitation Game” es una gran película que eleva a Morten Tyldum a la categoría de gran realizador. La trama eminentemente dialogada y su resolución ya conocida, son una lección de equilibrio en la composición. Cabe reconocer también la solidez de cada secuencia y como el director se las ingenia para ir dosificando su cara espinosa enfrentada a la necesidad de un cierto orden. Imagen de The imitation gameEn ese caso, Morten Tyldum hereda la fuerza testimonial del personaje principal y la moldea, un tipo de indagación que afianza el componente emocional del retrato sin limitar su alcance analítico.

Si todo lo que disfrutamos visualmente de la mano del fotógrafo Óscar Faura está acompañado por la música de Alexandre Desplat, sutil, disimulada, casi ausente, pero presente en cada instante, estaremos hablando de un trabajo bastante elegante. En el reparto Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance y Matthew Goode.

Cuando el curso de los acontecimientos está en jaque, cuando a millones de seres humanos se les roba cualquier posibilidad de paz y de felicidad, quedan muy pocas cosas hermosas que sean capaces de dar fuerzas. La esperanza, y el amor son las únicas que ofrecen asidero y luz para avivar el devastado trayecto que se va recorriendo. Pero si esto también lo limitan quienes manejan tu vida, entonces ya no te queda nada…

Crítica: 12 años de esclavitud

Cartel de 12 años de esclavitudDirigida por Steve McQueen, con guion de John Ridley  a partir de la biografía de Solomon Northup. Crítica de la película “12 años de esclavitud”.

La imposibilidad de libertad, el alejamiento de la familia y el fin del amor, son los temas que Steve McQueen nos plantea en su nueva película. 1850, historia de Solomon Northup, (Chiwetel Ejiofor) un culto músico negro que vivía con su familia en Nueva York. Tras compartir unas copas con dos empresarios desconocidos que le habían contratado para tocar en su  teatro, descubre que ha sido drogado y secuestrado para ser vendido como esclavo en el Sur en una plantación de Louisiana. Renunciando a abandonar la esperanza, Solomon contempla cómo todos a su alrededor sucumben a la violencia, al abuso emocional y a la desesperanza. Durante 12 años arriesga su vida para recuperar su libertad y reunirse con su familia.

El conjunto de esta película que hoy reseño es una invitación a sentir y a revisar pasado, lugar y tiempo. Su tratado es una prueba de la incomparable destreza con que el director maneja los elementos expresivos del cine proporcionando fe de su solidez, sutileza y conocimientos extraordinarios. En “12 años de esclavitud”, Steve McQueen es un mago de la imagen. En este film, verdaderamente hay ideas certeras, estilo propio y un testimonio fuerte que evoluciona desde una exaltación casi épica de la valentía y la constancia de un hombre que quiere ser de nuevo libre.

La dureza psicológica que exige el argumento de “12 años de esclavitud” está conseguida, así como el tratamiento de personajes, planos de escala amplia y planos detalle. McQueen potencia al máximo los elementos propios tales como el tiempo, el espacio, la composición plástica, el tono, el color, la imagen, la estructura dramática y el ritmo,  adopta con exactitud todos los esquemas como piezas de un alfabeto que trabaja al servicio del mensaje. En la música Hans Zimmer busca el sonido en su pureza sin que intente resaltar u ocultar las realidades, suponiendo más un estilo cinematográfico que un mero contenido de música. Sean Bobbitt, con la fotografía, hace poema triste de la percepción de la imagen contemplada, el sentido visual es una parte importante de dicho goce dramático.

Imagen de 12 años de esclavitudOtro apartado merece el elenco de actores que consiguen una máxima, destacando a Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender que hacen suyos los personajes con pericia y credibilidad. Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Brad Pitt, Alfre Woodard, Michael K. Williams, Garret Dillahunt, Quvenzhané Wallis, Scoot McNairy, Taran Killam, Bryan Batt y Dwight Henry ahondan en sus personajes dando gran esencia a toda su expresión y comunicación.

La película viene avalada por siete nominaciones en los Independent Spirit Awards y diez en los Satellite Awards; siete nominaciones en los Globos de Oro, y en el Festival de Toronto obtuvo el Premio del Público como Mejor película. La National Board of Review (NBR)  y el American Film Institute la han colocado entre las 10 mejores películas del año. El Círculo de Críticos de Nueva York premió a su director. La Asociación de Críticos de Los Angeles reconoció a Nyong’o como mejor actriz sec. (Nyong’o) y ha tenido tres nominaciones a los Premios Gotham.

Es capaz de combinar la belleza dúctil de sus imágenes a ritmo pausado con el trasfondo campestre y la fatal forma de existir, de forma tan intensa que solicita implicación del espectador: no solo intención y entereza sino también iniciativa y participación.

“12 años de esclavitud” sirve para que Steve McQueen firme su mejor película y John Ridley su mejor guion. A Ridley le tendremos pronto. Es el guionista del remake de la película Ben-Hur que dirigirá Timur Bekmambetov.

Mi recomendación es que no se la pierdan. Pero aviso, es muy dura.

Crítica: Katmandú, un espejo en el cielo

CartelComo en toda la filmografía de Icíar Bollaín, su nuevo trabajo fluye entre momentos geniales de gran tensión y sentimiento, y otros llenos de complicidad y mensaje. Crítica de la película “Katmandú, un espejo en el cielo”.

Tensa e imaginativa historia, que nos describe la vida real de Victoria Subirana, una mujer catalana que, viviendo feliz en su país, lo dejó todo por ayudar a los niños de Nepal. El argumento que fluye de la pluma de Bollaín nos sitúa en Katmandú, la capital y Mustanq, el último reino perdido del Himalaya; nos recrea y enseña las calles de Patan y Bhaktapul, a donde Laila (Verónica Echegui), una joven maestra llega desde España dispuesta a trabajar en la escuela, poco a poco descubre todo lo que contiene ese mundo desolado de piedad, la pobreza y la miseria lo invade todo, la marginación es total, y… desconocida es la solución. Desolada, a la vez que fuerte en su empeño y con muchísimo esfuerzo, emprende su proyecto pedagógico, luchando contra la corriente costumbrista y cultural. Tiene Laila una perfecta aliada en su amiga Sharmila (Sumyata Battarai) una maestra del lugar, y una encantadora mujer, Tsering (Norbu Tsering Gunung). El hombre al que Laila se une en matrimonio, para que no la expatríen, es otro punto de apoyo para la voluntariosa mujer. La vida en ese lugar será muy dura y complicada, en medio de una gran expiación de injusticias, que encierran la propia alegoría de la vida en cualquier parte del mundo.

Rodada en localizaciones maravillosas, todo el encanto de los escenarios hechiza y queda vívidamente reflejado en la pantalla, donde las montañas del Nepal, la nieve, los coloridos tonos e incluso el aire que no se ve pero que se percibe, se convierten en personajes de este emotivo análisis del sufrimiento de una mujer idealista que quiere que lo indigno se vuelva humano. Pudiera ser que “Katmandú, espejo en el cielo” no fuese la mejor película en la fulgurante carrera de Icíar Bollaín, pero qué importa ese dato, cuando se nos muestra un trabajo tan serio y tan elegante. Bollaín ingeniosamente, toca temas diversos que va encajando de forma adecuada en el recorrido de esta historia mitad realidad mitad ficción, con un soberbio sentido de la oportunidad nos habla de tantos temas sociales en dos horas catorce minutos de proyección, que la película pasa a ser mínima en su recorrido. Con gran inteligencia la directora opta por resaltar los aspectos mas tiernos y solidarios del personaje de Verónica Echegui, que hace un papel muy entregado y por el que está nominada a mejor interpretación femenina en los próximos premios Goya. Me gusta mucho la interpretación de Sumyata Battarai y de Norbu Tsering Gunung. Es llamativo, me pasó igual el año pasado con “Antes de la lluvia”, los segundarios hacen una actuación desmesurada. La fotografía de Antonio Riesta, la música menuda de Pascal Gaine y el guión por el que está nominada Bollaín forman un conjunto agradable, lleno de buenas intenciones.

Destaco en esta película un momento en el que Laila y Tsering, rodeados de montañas descansan de una caminata, y hechizado por el paisaje y mirando al infinito el chico dice: “un puñado de tierra, mi espejo en el cielo”… Emocionante momento, que me ha transportado a una perecida ubicación en mi querida sierra de Montoro-Cardeña, “Un puñado de mi tierra, mi espejo en el cielo”.

Crítica: El discurso del rey

CartelTom Hooper y su nueva película, -a la que hoy dedicamos la crítica-, “El Discurso del Rey”, estrenada en plenas fiestas navideñas, promete como trabajo y se les vislumbra gran éxito de taquilla. La cinta cuenta la historia de la familia real inglesa a finales de los años treinta.

El rey Jorge V (Michael Gambon), muere y después, el príncipe Eduardo VIII (Guy Pearce),  cuando sólo lleva 326 días de reinado, abdica, por el amor de su amante Wallis Simpson, una mujer americana con residencia en Inglaterra con un pasado de al menos dos matrimonios, que hace que la iglesia no les permita casarse. El rey esta  entregado en cuerpo y alma a ella  y deja el trono dando un gran discurso por la radio para proclamar su amor, su hermano el príncipe Alberto, duque de York,  Bertie (Colin Firth), de repente se convierte en el rey Jorge VI y emperador de la india (el último). Afectado desde siempre por un angustiado tartamudeo, asciende de esta repentina forma al trono. Su país se encuentra al borde de la II Guerra Mundial y necesita desesperadamente un guía, por lo que su esposa Elizabeth (Helena Bonham Carter), le pone en contacto con un logopeda, el doctor Lionel Logue (Geoffrey Rush). Al principio tendrán enfrentamientos debido a sus diferentes puntos de vista pero los dos se sumergen de lleno en esa terapia poco habitual. Con el apoyo de Logue, su familia, su gobierno y su primer ministro, Winston Churchill (Timothy Spall), -que como buen orador fue ejemplo a seguir por su superior-, el rey supera sus problemas y su complejo.

Tom Hooper, del que podéis escuchar una entrevista aquí, con “El discurso del rey” nos da un potente recital de sobriedad que supera a la ya excelente “The Damnend United”. Está rodada con estruendosa efectividad, con acento inglés pero con una enorme tonalidad americana, retratando una institución crónica, una augusta monarquía, desde donde sobresalen y se desnudan ante nosotros los sentimientos de un personaje a medida que avanza la película. Un hombre inseguro, un hombre desmantelado por culpa de sus taras.

En el guion no existen grandes novedades que estén fuera del conocimiento del espectador, lealtad, pasión, secretos palaciegos, así funciona esta película, predominando la política de los viejos códigos, del oficio por beneficio.

La enunciación del film se detiene minuciosamente en la descripción de la perplejidad del rey, en la insostenible tartamudez y sus mímicas de desconcierto. Pero sigue, no dejaré de advertirlo, ausente en la alquimia del símbolo, o bien su temor expande su pasividad hasta que impulsado por su esposa y su logopeda, se entrega inalterado, aun cuando se reviste de desdén, se  destruye y despieza hasta la desintegración sin querer aceptar la única salida. Aún así, poco a poco,  el valiente rey cobarde, encarando los polos focalizadores del monarca, se encuentra en el hombre realizado y capaz.

Con una puesta en escena tan brillante como la de Colin Firth, que  lleva perfectamente el peso de la película, es imposible que la historia no te toque la sensibilidad. Helena Bonham Carter, Geoffrey Rush, Derek Jacobi, Robert Portal, Richard Dixon, Pave Rusel,  cabe que deduzcamos  que su director ha puesto este plantel ante el espectador para que cayéramos rendidos ante un film con tanto peso pesado de la interpretación.

Es ésta una película seria que tramite lo que seguramente la reina Isabel quisiera que se supiera de su padre, por tanto una película cómoda.

A %d blogueros les gusta esto: