Crítica: Contracorriente

Cartel“Contracorriente” es la ópera prima del director peruano Javier Fuentes-León. Con su flamante película nos pasea por el pacífico peruano, con deliciosas localizaciones, y nos da el privilegio  de dispersarnos en su realismo fantástico. La sinopsis, sobre el argumento, que ofrece la productora dice: Miguel (Cristian Mercado) un joven pescador de Cabo Blanco, un pequeño pueblo de pescadores en la costa norte del Perú, donde existen tradiciones muy arraigadas con respecto a la muerte. Miguel está casado con Mariela (Tatiana Astengo) quien se encuentra embarazada del primer hijo de ambos. Pero Miguel mantiene un romance secreto con otro hombre, Santiago (Manolo Cardona), un pintor de la capital que vive en el pueblo desde hace un año y que es rechazado por los pueblerinos por ser agnóstico y abierto acerca de su homosexualidad.

Antes de dar mi opinión en la crítica, quiero decir que no esperaba que esta película me resultase tan espléndida… Ése es el calificativo que  deseo darle. “Contracorriente” es pasión interior, amor prohibido, exposición de sentimientos encontrados, mérito de la dignidad y aceptación de uno mismo. Javier Fuentes León, con su propio arte, maneja el tiempo narrativo, mostrándonos como rigurosamente definitivo el aspecto visual, el perfil poético cobra para el progreso, y en especial para el surrealismo, un talante sensato, con valientes nudos argumentales, abriendo puertas de tradiciones, religión y superstición.

“Contracorriente” es un drama triangular, con el revestimiento de formas de la sociedad que puebla el Perú, con sus costumbres arrastradas desde lo más lejano de sus ancestros; Fuentes León se adentra en la procelosa selva de lo mágico, sacando de lo humano su propia esencia, su discurso muestra lo cotidiano, situaciones de gente humilde, pobre, trabajadora, que están sujetos a su modo de continuar, sin modificaciones ni alteraciones novedosas el resto de su existencia. Toda la exposición del relato está llevada sutilmente hasta el punto final, puede que en algún momento te haga recordar a la fantástica “Brokeback Mountain”, de Ang Lee, realmente es un amor a tres como en la oscarizada película, la intención de Fuentes León es otra, sus personajes son de incomparables y distintos signos, y  su discurso es más vehemente. La obra de Lee, para mí, es más fría, viendo “Contracorriente” puedes hacer también comparaciones con “Philadelphia”de Jonathan Demme, “Phillip Morris, te quiero” de Ficarra y Regua, o “ Bent” de Sean Mathias pero, tampoco se la equipara, en cualquiera de las enumeradas, el hombre lucha contra la justicia, contra el sistema, contra la sociedad, en  esta película, el hombre lucha contra el hombre, contra él mismo, para dejar de navegar a “Contracorriente”. Desde hace años que vi  “Maurice”, de James Ivory no había sentido tanto afecto por los personajes  de una película de este género.

“Contracorriente” ha obtenido premios en una enorme cantidad de festivales: San Sebastián, Miami, Cartagena de Indias, Montreal, Chicago, Lima, Madrid, Sundance y en muchos más certámenes  que no detallo. Una película digna, con mérito reconocido.

Me gusta que el cine de hoy exponga los personajes gay, sin ninguna gesticularidad ni apariencia femenina.

Efectiva película, al terminar de verla sales con el valor de elegir con autonomía.

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Crítica: Lady Macbeth

En esta película tan hermosa como terrible, dirigida por William Oldroyd en su primer trabajo para la gran pantalla, encontramos una muestra de un drama de época en donde fluye toda la violencia de los sentimientos, la subordinación y la rebeldía. Con guion de la escritora, dramaturga y productora inglesa Alice Birch, adaptado de la novela “Lady Macbeth de Mtsenskde”, de Nikolai Leskov (1865). Crítica de la película “Lady Macbeth”.

La película se abre con una escena de boda. Estamos en la Inglaterra rural, Northumberland, 1865. Katherine (Florence Pugh) es vendida por su padre junto con unas hectáreas de tierra a un burgués mucho mayor que ella, Alexander (Paul Hilton), un hombre rico que vive con su padre, Boris (Christopher Fairbank). Boris es un poderoso industrial de mal talante y peor trato. Los dos hombres, esposo y suegro, desde su posición y su clasismo hablan con desprecio a Katherine, en la mesa, en el salón y en cualquier sitio en el que hubiera ocasión, pero hay un espacio en que a Katherine se la elimina por completo: el de la sexualidad. Katherine no puede más seguir viviendo en un mundo sin nadie… Y sin salir del entorno encuentra el amor correspondido en Sebastián (Cosmo Jarvis), un empleado de la hacienda de su esposo. Desde ese momento, Katherine transforma en absoluto su pequeño poder de mujer maltratada y utilizada.

El diccionario define la maldad como “calidad de lo que es malo o está hecho con intenciones aviesas”, el primer largometraje de William Oldroyd no es tan conciso en su exposición, pero llega a conclusiones similares. El famoso director de teatro y ópera, en el cine está especialmente inspirado.

“Lady Macbeth” explora la vertiente oculta de la burguesía con exquisitos matices. Oldroyd conduce la intriga con la puntualidad de quien es capaz de convertir su primera experiencia cinematográfica en todo un éxito. Consigue que el espectador perciba una imagen fija, una doncella apretando un corsé o unas manos quietas, como un mensaje sobre las condiciones de los protagonistas que no están en los diálogos o en la imagen explícita. Oldroyd subraya a un personaje que emprende una opción equivocada no solo por motivos personales sino como resultado de un determinado contexto que lo precipita hasta ese punto.

En “Lady Macbeth” se repasa ese panorama opresivo de la época con excelente sentido de la elipsis y sobrada capacidad para capturar todo lo que le rodea y las convenciones que ahogan a los personajes, defendidos con energía por un excelente plantel de actores y actrices del que destaca Florence Pugh, extraordinaria protagonista en su primer trabajo protagónico en cine, y Naomi Ackie, con un personaje muy representativo, se luce en su actuación. Es justo decir que el resto del reparto también está formidable: Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Bill Fellows,Ian Conningham, Paul Hilton, Joseph Teague, Golda Rosheuvel y Rebecca Manley. La música la pone el compositor australiano Dan Jones y la fotografía es de la también australiana directora Ari Wegner.

“Lady Macbeth” refleja lo difícil que fue y es reivindicar la libertad cuando se navega a contracorriente.

Crítica: El último bailarín de Mao

CartelDel creador del “Manto Negro” y “Paseando a Miss Daisy”, Bruce Beresford, famoso director de cine australiano, nacido en Sídney, nos llega el objeto de mi última crítica: “El último bailarín de Mao”. Desde que comenzara su carrera destacó por mantener una línea juiciosa y coherente en sus películas, en ocasiones un tanto desusada como en “Su coartada” o “Crímenes del corazón”, pero tan cercanas y refrescantes, que resulta imposible no recordarlas aún con el paso del tiempo; en realidad estamos ante uno de los directores australianos más completos y sensibles, sus obras excelentes e imprescindibles son esenciales mostrando cine amable. Actualmente divide su residencia  entre su país y los  Estados Unidos.

Su última obra, “El ultimo bailarín de Mao”, es una obra biográfica que muestra la historia de Li Cuxin, un niño de la china de Mao que a los once años ya destaca por sus habilidades. Los administradores  culturales del régimen le recomiendan a los padres que su hijo debe de estudiar en escuelas mayores, en la aldea no tiene  acceso a ellas; conformes los padres con la suerte de su hijo, lo mandan a Pekín a estudiar ballet. Después de años de aprendizaje, se convierte en uno de los más jóvenes y mejores bailarines del ballet de Pekin. En 1981 el gobierno chino concierta un intercambio cultural con el gobierno americano, en la selección de bailarines es elegido Li Cuxin, se traslada a realizar su aventura a Texas, se enamora de una norteamericana y aquí empiezan los problemas.

El análisis de hoy me divide, pues adentrándonos en este trabajo de Beresford debo separar lo aplastante de la película en cuanto a realización, y lo festivo de un guion, para mí bastante americanizado. En la actualidad, esta historia la percibo a contracorriente, mientras oleadas de inmigrantes intentan entrar en los Estados Unidos a través de la frontera de México dejándose la vida en el intento, o por el contrario, si consiguen acceder al país de los sueños, malviven arrastrando todas las desgracias creadas por la marginación social, aquí se nos muestra la historia del bailarín rescatado de las fauces del monstruo del comunismo chino por unos salvadores democráticos y liberadores. En mi opinión, unos no son tan malos y los otros no tan buenos.

Dejando atrás el tono marcadamente político de “El último bailarín de Mao”, hay que reconocerle a la cinta una puesta en escena tan brillante que hace que la estética sea lo más destacable, por tanto un admirable regodeo visual, contemplamos con intensidad minimalista los postreros gestos del mundo de la danza , belleza patente en todo el film y en particular en lo intenso de los planos que Beresford dirige en todo  el recorrido de los ágiles pies de nuestro protagonista, con una maravillosa clasificación musical seleccionada para que acompañe con brillo,  te llega y te llena. Lo que más desentona en el encaje, por exagerado, es la imagen del habitáculo de la Embajada China donde retienen a Li Cuxin, que elimina todo tipo de entidad ornamental para incrementar el acento de falta de cordialidad de la delegación; además del final, con ese adulzamiento ligero en la última sensación; altamente excesivo, no veo aquí la agudeza e inteligencia de Bruce Beresford, pero bueno no apaga su calidad cinematográfica.

Los actores Bruce Greenwood, Kyle MacLachlan, Amanda Schull, Joan Chen, Chi Cao, Alice Parkinson, logran trasmitir de forma honesta las emociones de los personajes.

La recomiendo para los amantes de la danza, la música y para los que no le den mucha importancia al discurso del guion, a mi viéndola hoy, en el año 2010 me ha incomodado.

Para Li Cuxin: al hombre financiero que ahora es.

Es una reflexión penosa para un hombre considerar lo que ha hecho, comparado con lo que pudo hacer.

Samuel Butlrer



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