Crítica: Cafarnaúm

Quienes durante años hemos seguido los pasos de la directora de cine Nadine Labaki hemos apreciado que ama al cine y a su tierra; quienes hayan seguido sus plurales inclinaciones explicativas sobre su cultura y su sociedad sabrán de sus inquietudes, sus preocupaciones y forma de transmitir. De todo esto se da cuenta en “Cafarnaúm”, su última película. El guion es de la propia Nadine Labaki y del guionista Labaki Jihad Hojeily.

“Cafarnaúm” es una película con discurso, que mezcla, como en un calidoscopio, la vida de un puñado de personajes entre meses y cincuenta años. Algo así como un recorrido por el terror de una ficción pero que desgraciadamente atiende a circunstancias reales del país donde se desarrolla la historia y de otras áreas que competen en esta acusación.

El film comienza con la imagen desoladora de un barrio de Beirut. Niños jugando a matar con escopetas de madera; luchando cada día entre ellos, fumando, espantando sobresaltos y basura. Después, vemos uno de esos niños ante un tribunal, es Zain (Zain al-Rafeea), un niño de 12 años, que vive con su padre (Kawsar Al Haddad ), su madre (Fadi Yousef) y siete hermanos, entre escasez, miseria y malos tratos. Zain trabaja, ayuda y se preocupa mucho por todos sus hermanos, sobre todo por Saha (Cedra Izzam) porque es la más vulnerable en esa situación discriminatoria de inseguridad, en especial al alcanzar la niña los trece años y tratar de venderla sus padres a un hombre mayor. Zain tiene la madurez de alguien que ha sufrido mucho y la reivindicación en sus venas mal alimentadas. Su vida es brutal porque, por añadidura, son las leyes que gobiernan su vida en privado las que en principio deberían proteger sus derechos más esenciales.

Nadine Labaki ha puesto muchas verdades en la película y todas muy sangrantes. Le sobran lágrimas al espectador de “Cafarnaúm” y le falta aliento; es una progresiva locura, una hondonada a ciegas que te envuelve en la desmesura de su realidad, generando al mismo tiempo un sentimiento de impotencia y frustración. Es evidente que esta denuncia no es gratuita sino que es un espejo donde mirarnos, un puente que va desde nosotros hasta los otros…  Una enorme vergüenza para el ser humano…

Verdaderamente no es casualidad que esta película de Nadine Labaki como directora barra en las entregas más importantes de premios. Es magnífica. Es talento, energía, capacidad de trabajo y solemnidad. Es una película desgarradora, un drama social con ambición de trasmitir sentimientos. Con una estructura arriesgada que incluye flashback, progresión de secuencias casi documentales y mezcla de acción real. Una película muy difícil de escribir y de rodar. Nadine Labaki, una directora que derrocha inteligencia y se esmera con una brillantez inusitada y una cuidada dirección de actores; en este apartado realiza todo un quiebro genial.

En la música, Khaled Mouzanar. La fotografía es de Christopher Aoun. En el reparto: Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Boluwati, Treasure Bankole, Kawthar Al Haddad, Fadi Kamel Youssef, Cedra Izam, Alaa Chouchnieh, Nour el Husseini, Elias Khoury y la gran directora Nadine Labaki que, como viviendo un dulce mensaje alegórico, actúa de abogada adquiriendo eco y militancia.

Los pasaran fatal viéndola pero, si pueden, véanla.

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