Crítica: Entre dos aguas

Doce años después, Iñaki Lacuesta nos rescata de por aquellos lugares de Andalucía, la continuación de las vidas que comenzó con la “Leyenda del tiempo”; historia de Isra y su hermano Cheíto. El director volvió con los chavales que ahora son hombres. Con música de Raül Refree y Kiko Veneno, y fotografía Diego Dussuel, Lacuesta muestra la silenciosa oscuridad de la luz donde todo sigue su curso. “Entre dos aguas”.

Isra (Israel Gómez Romero) y Cheíto (Francisco José Gómez Romero) son dos hermanos que, como pasa habitualmente, han tomado caminos diferentes en la vida. Pasa el tiempo. Isra que ha pasado varios años de condena por tráfico de drogas sale de la cárcel; Cheíto, que se hizo militar, termina a la vez una larga misión con la Armada Naval por varias partes del mundo. Ambos regresan a la Isla de San Fernando. En su tierra, en el interior de aquella tierra tan desmesuradamente hermosa, el reencuentro de los hermanos revive el recuerdo de la muerte de su padre. Aquello que ocurrió siendo ellos muy pequeños, ahora necesitan superarlo para retomar sus vidas.

“Entre dos aguas” posee una belleza inocente. Sin duda alguna, Lacuesta es un cineasta que sabe conectar con las emociones humanas.

Discreto y no menos ambicioso, Iñaki Lacuesta sitúa su cámara en un pueblo de la vieja Andalucía, para documentar el espacio y el tiempo para, en clave documentalista retratar a una sociedad, a la pérdida de sus referentes. Los sueños rotos y sus daños colaterales. Como resultado, “Entre dos aguas” es una película sencilla y cercana que brilla con la belleza del humanismo más intenso.

Partiendo de dos personajes marginados, atraídos el uno hacia el otro por esos irresistibles anzuelos que crea el amor de los hermanos, Iñaki Lacuesta hace una película funcional para la sensibilidad del espectador; el brillo de la emoción y el rumor de los fracasos a partir de los sencillos materiales de que dispone. La provisión referencial también sigue siendo jugosa, verificando la certeza que el relato debe llevar e inevitablemente su raíz. Todo avanza lleno de expresionismo, al tiempo que los personajes, entre diálogos, primeros planos, planos medios, abiertos y entremezclados van cambiando de piel para que les crezca otra que les sostendrá el alma.

Iñaki Lacuesta parece haber concebido con “Entre dos aguas” la suma de sus dos partes. Como en una sinfonía de forzosas tendencias va trasformando la crónica de la ficción en contextos palpables, narrando esa historia fingida con pulso de realidad, transferida con buen ritmo. Aunque su recorrido nos parezca excesivo, es difícil valorar la capacidad de atención en los espectadores que ya estamos acostumbrados a espacios narrativos largos y, aunque así fuera, tengo que decir por encima de cualquier objeción que Lacuesta acierta de pleno al desarrollar una genuina película haciendo sonreír y reflexionar al tiempo, sin abusar de sentimentalismos ni de idealismos.

Los personajes principales, creíbles como no puede ser de otra forma, son los propios protagonistas los que defienden sus personajes Israel Gómez Romero es Isra, y Francisco José Gómez Romero es Cheíto, un difícil equilibrio de interpretaciones que dan un resultado perfecto. El resto del elenco: Rocío Rendón, Yolanda Carmona, Lorrein Galea y Manuel González del Tanago, contribuyen en gran medida para que toda la historia salga estupendamente equilibrada.

“Entre dos aguas” se siente cada instante desde su sorprendente silencio.

 

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Crítica: La sombra de la ley

El director de cine Dani de la Torre, que lleva muchos años pensando en ofrecer a sus espectadores todo lo mejor que su cine nos pueda dar, ha dirigido “La sombra de la ley”, una película al tiempo realista y sorprendente. Contada en perfecto dominio de la planificación, el director envuelve al espectador en una capa de acción policial y revuelta política.

Retrato de una época tumultuosa y enmarañada de nuestra historia, con varios escenarios argumentales, gansterismo, burdeles, corrupción a varios niveles, burguesía cabreada y anarquistas concienciados, todo esto es “La sombra de la ley”.

Corre el año 1921. España vive un momento agitado y confuso; es el año de “La ley de fugas” de la represión, del asesinato de Dato y de, entre otros, los violentos enfrentamientos callejeros entre policías y anarquistas. El gansterismo y los negocios ilegales también están instalados en la sociedad, como lapas. En esta situación de disturbios, Aníbal Uriarte (Luis Tosar) es un policía que ha sido enviado a Barcelona para colaborar en la detención de los culpables del robo a un tren militar. Aníbal y sus formas no encuentran mucho apoyo entre sus compañeros catalanes y enseguida comienzan los enfrentamientos y desconfianzas con ellos, sobre todo con el inspector Rediú (Vicente Romero), un superior corrupto y campechano. Entre todo eso, Aníbal entrará en contacto no solo con los bajos fondos de la sociedad barcelonesa sino también con el mundo anarquista más radical, dispuesto a todo para conseguir sus objetivos. Un día conoce a Sara (Michelle Jenner), una joven anarquista valiente, luchadora e impulsiva… Parece que hasta ahí puedo contar…

Tipos y prototipos, señores de derechas y señores de izquierdas, padres e hijos, madres e hijas, amigos, enemigos, policías inteligentes, policías menos inteligentes, jóvenes sin identidad e identidades estrafalarias… De todo hay en esta producción policiaca. De la Torre ha sabido acarrear una fauna variopinta en el espacio reducido de “La sombra de la ley” y pasear su cámara con elegancia muy al tanto de lo que cuenta, caracteres, perfiles, miradas y disparos. Propone una realidad, aunque bien sabemos que la realidad era otra parecida o no. Parece que aquí la historia estuviera un poco aromatizada y algo diversificada.

Puede que sea la mejor película de Dani de la Torre, una película distinguida. “La sombra de la ley” es una película de acción policial a ratos macarra y a ratos violenta pero siempre elegante. Presume de un guion bien escrito por Patxi Amezcua. Es solemne y refinada en su presentación, logrando captar la sensación y el tono aparente de la España de entonces. El diseño visual, la recreación escénica, la deliciosa y sutil fotografía, de Josu Inchaustegui. La excelente música de Manuel Riveiro y Xavier Font, destinada a acompañar las imágenes, para sugerir, detallar y puntualizar toda una serie de circunstancias. El atrayente uso de la cámara de su director, Dani de la Torre componiendo todo un conjunto del que podemos quedar satisfechos.

Los actores también tienen un papel importante para mostrar la realidad que se nos presenta, buen ejemplo de ello es la presencia como primer actor de Luis Tosar y su personaje perfecto, su presencia y sus cualidades interpretativas nunca decepcionan. La actriz Michelle Jenner hace uno de los mejores trabajos de su carrera; en realidad me parece que todo el elenco hace unas representaciones fabulosas: Vicente Romero, Ernesto Alterio, Paco Tous, Manolo Solo, Jaime Lorente, PepTosar, Fernando Cayo, William Miller, Adriana Torrebejano, Xosé Barato, Ricardo de Barreiro, José Manuel Poga, Elías Pelayo, Paula del Río y Albert Pérez, todos forman una de las mayores fuerzas del film.

Esperamos la próxima. Suerte.

 

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