Crítica: The rider

Chloé Zhao es una cineasta de 36 años nacida en Pekín y residente en Estados Unidos que se encarga del guion y la dirección de “The Rider”. Una película casi documental ambientada en la reserva de Pine Ridge, situada en el estado del Dakota. Zhao nos sitúa ante una historia sencilla con un punto de magia que reside en la tensión creada por la vida truncada del personaje principal. Con un holgado toque humano, un retrato de lo real y el adorno de la ficción necesario consiguen atrapar el corazón  del espectador.

“The Rider” cuenta la historia de Brady Blackburn (Brady Jandreau) que fue una de las estrellas del rodeo de América y un talentoso entrenador de caballos. Tras sufrir un accidente en abril de 2016 en el rodeo, en Fargo,  pasa tres días en coma y le realizan una tremenda operación en el cráneo. Las secuelas del fatal accidente le incapacitan para volver a montar. Brady tiene que luchar por todo,  para todo y contra todos. A él le apasiona su profesión, es incapaz de separarse de ella, pero no puede ser como antes porque en el momento de su recuperación, es como si en meses o días hubieran pasado todos los años y todas las desgracias  por encima de él.

Brady Jandreau, el protagonista de esta historia, enseñó a Chloé Zhao, la directora de la misma a montar a caballo. Hicieron buena amistad y como agradecimiento, ella pensó que pronto le invitaría para trabajar en una de sus películas.  Desgraciadamente, después, Jandreau tuvo el accidente. Cuando se recupera, Zhao decide no solo elegirle para una de sus películas sino que le elige para que sea el protagonista de su propia historia.

Me parece una base muy bonita para una película de tan dura realidad. Chloé Zhao ha querido poner al auténtico vaquero americano sujeto con los lazos de la sensibilidad y Jandreau, a pesar de su timidez, saca del alma todas las emociones pasadas y actuales, para plasmarlas en la película.

Aunque la historia nace de América se puede decir que es un docudrama que al visionar se hace universal, siempre desde el sentimiento solidario, ya que la directora ha transformado la realidad Brady Jandreau en una película casi perfecta. La sólida factura con la que coloca las imágenes alcanza una sintonía esmerada y extraordinaria, internacionalizando al hombre del rodeo, haciendo de él un ejemplo para todos.

“The Rider” ha conseguido la Espiga de plata a la mejor directora, mejor película y mejor actor en la Semana Internacional de Cine de Valladolid;  ha sido la ganadora en el Festival de Cannes, en el Art Cinema Award Quincena de Realizadores y en los Premios Independent Spirit ha contado con cuatro nominaciones, incluyendo mejor película y directora.

En la música, Nathan Halpern. La fotografía es de Joshua James Richards y en el reparto cuenta con Brady Jandreau, Tim Jandreau, Lilly Jandreau, Cat Clifford, Terri Dawn Pourier, Lane Scott, Tanner Langdeau, James Calhoon y Derrick Janis. Un gran conjunto de “no actores” que llevan a cabo unas interpretaciones ejemplares.

Cine independiente.

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Crítica: Todos lo saben

Mencionado a menudo como ejemplo de persistente popularidad por su cine de complejidad social y trazo existencial, el director iraní Asghar Farhadi se atreve en esta ocasión con una película donde refleja el devenir de una familia supuestamente rica ubicada en el centro de España.“Todos lo saben”, título con el que el cineasta obsequia al espectador, discurre de forma fluida y sin tropiezos.

La secuencia inicial de “Todos lo saben”, que pone en marcha la sórdida trama de la película, es sin duda el tuétano de la historia: Laura (Penélope Cruz) viaja con su niño pequeño (Ivan Chavero) y su hija adolescente, Irene (Carla Campra), desde Buenos Aires a su pueblo natal en España para asistir a la boda de su hermana Ana (Inma Cuesta) con Joan (Roger Casamajor). Su marido Alejandro (Ricardo Darín ) tuvo de quedarse en Buenos Aires por asuntos particulares. La madre y sus pequeños son recibidos con mucho cariño por todos los que a su paso encuentran. Como si el pueblo entero fuese de la familia. Entre ellos, Paco (Javier Bardem) que fue novio de Laura cuando fueron jóvenes y que se alegra muchísimo de ver a los tres. Todo son besos y sonrisas. Llega la fecha señalada; el día de la boda la felicidad se desborda como un gran oleaje abierto. Pero el destino que es caprichoso, a veces, dejará paralizada a la amplia familia castellana, paralizada como si hubiesen encallado en un abismo…

En casi todas las películas de Asghar Farhadi los personajes suelen estar por encima de la historia; la descripción de los mecanismos por los que se mueven, el esbozo de sus emociones y, sobre todo, la palabra o la ausencia de ella para instalarlos física y mentalmente en un tiempo concreto que se antepone al desarrollo de la trama son los asientos y la respiración de su firma.

Planeada como un viaje por las zonas en penumbra de una identidad familiar todavía por descifrar, el film deambula con espíritu juguetón por los recodos más tempestuosos y las aguas más turbias del drama. El tema central de “Todos lo saben” a la vez ordinario y extraordinario, costumbrista y causal. Posee una dimensión explícitamente inquietante tanto por su temática como por los rasgos formales que el director Asghar Farhadi mueve con simplicidad pasmosa, estirando los límites de la realidad para que las situaciones más desatinadas parezcan habituales, en ese sentido el naturalismo de la puesta en escena se apoya en el gran trabajo de los actores y en la precisión matemática del texto. El guion también escrito por Farhadi es muy bueno. A medida que avanza la historia, coinciden elementos llenos de simbolismo, aunque si recordamos la escena del campanario en los primeros minutos, cuando Irene sube, también podemos percibir la simbología de las palomas, del reloj, de las campanas… pero este recurso de casi realismo mágico se hace más evidente con Alejandro, el personaje que trabaja Ricardo Darín. Un perfil el suyo que no debe alejar al espectador de sumergirse de lleno en la grandeza de la aberración, en la irregularidad, hurgando en el corazón de la codicia y descubriendo un desolado territorio de misterios universales.

Ni que decir tiene que Javier Bardem disfruta en esta película del personaje que encierra más lecturas, un personaje fuerte para reír, para amar, para sentir y sufrir. Extraordinaria su interpretación. El personaje de Penélope Cruz, Laura, con su tendencia a mostrar hechos en lugar de describir sentimientos resulta una empresa muy arriesgada de la que la actriz madrileña sale victoriosa con todas las posibilidades de éxito. Perfecta. Ricardo Darín, Eduard Fernández, Iván Chavero, Bárbara Lennie, Elvira Mínguez, Ramón Barea, Inma Cuesta, Sara Sálamo, Carla Campra, Sergio Castellanos,Roger Casamajor, José Ángel Egido, Tomás del Estal, Esteban Ciudad, Nella Rojas, Jaime Lorente, Jordi Bosch y otros, cada uno de ellos compone de una fiesta de virtuosismo, de lo que puede hacer gala la película.Y si de grandes hablamos, en la música, Alberto Iglesias, Nella Rojas y Javier Limón. La fotografía, a cargo de otro grande del cine José Luis Alcaine.

Véanla.

Crítica: Cuando los ángeles duermen

“Cuando los ángeles duermen”, con guion y dirección del cineasta sevillano Gonzalo Bendala, nos coloca ante un micro universo familiar tan surrealista en sí mismo que solo puede ser real. Personajes que tocan la muerte, que rastrean la muerte sintiéndose al borde la locura. Deseo de escapar, miedo y soledad, transitarán con persistencia, como persona o como incógnita trazando el lado del secreto del universo que es “Cuando los ángeles duermen”.

Una película en la que Germán ( Julián Villagrán) aparece en el primer fotograma de entre la noche y la maleza al borde de una carretera desierta. Unas horas antes, su esposa Sandra (Marián Álvarez ) le llamaba al trabajo para decirle que ya estaba tardando y debían celebrar el cumpleaños de su hija, él le dice que no se preocupe que no está en camino. Sale de la Mutua, que es donde trabaja con un coche de la empresa, ya que ha perdido el avión y no tiene otro modo. La carretera está sola y Germán cansado. Conducir de noche además es monótono, puede ocurrir cualquier cosa. Y ocurre. A partir de ese momento, Germán tendrá que superar la gran prueba que el destino le tiene preparada…

Otra vez, de forma consciente, queda evidenciado que el cine de intriga se puede convertir en cine de terror. En “Cuando los ángeles duermen”, los miedos y temores se corresponden con los miedos y terrores que en la vida real nos paralizan. Gonzalo Bendala toca abiertamente uno de los temas clásicos del terror y lo asocia de forma clara a los prejuicios del mundo en que vivimos. El universo temor que tiñe su aliento durante el recorrido queda perfectamente expuesto como respuesta existencial del hombre ante la normalidad aberrante que le rodea.

Sobre los misterios y sorpresas que aquí se han construido hay una violencia y un derramamiento de sentimientos que van cobrando intensidad hasta desembocar en un desenlace carmesí tremendamente duro.

El director en una entrevista a Sensacine decía: “Es cierto, el filme es algo peliagudo, pero sobre todo por el desenlace, pero creo que ese final es lo que me motivaba a contar esta historia. Si “Cuando los ángeles duermen” hubiera tenido otro final, nada hubiera tenido sentido. El desarrollo de la historia va encaminado a que el público se plantee dudas y dilemas. Y creo que las preguntas que se puede hacer el público y sobre todo las posibles respuestas que aparezcan pueden ser terroríficas. Y ahí está el dilema: ¿qué harías tú?, ¿qué solución buscarías?”.

El trabajo actoral es impecable, Julián Villagrán hace de la desesperación su mejor interpretación sacando la honradez de sus inmensas cualidades. Ester Expósito tiene un buen principio y un largo camino por recorrer en el que se auguran éxitos. Marián Álvarez, Marisol Membrillo, Adolfo Fernández, Helena Castañeda, Christian Mulas y Ramiro Alonso, forman un buen grupo actoral que refresca la tensión de un episodio en el que su director y creador provoca más allá de las convenciones aceptadas. La fotografía de Sergi Gallardo, tenue y amenazante, le da un todo extraordinario a la obra. Excelente la música de Pablo Cervantes.

El cine es una parte inseparable de la vida y en esta ocasión, entre otras cosas, nos recuerda la época en la que estamos inmersos llevando el argumento a su máxima expresión, donde la posibilidad humana fracasa tanto por la situación como por las debilidades del personaje principal.

Duele mucho su película, señor director, toca demasiado el lado del alma que sufre.

Un buen trabajo, Gonzalo Bendala.

 

Crítica: Alpha

Ocho años después de “El Libro de Eli”, hemos disfrutado de la dirección de Albert Hughes en una película familiar, en la cual el gesto, la fascinación de la imaginada historia, el amor y la lucha animan a mayores y pequeños con vocación de cine de aventuras. “Alpha” es una historia de supervivencia ambientada en Europa hace 20.000 años, durante la última glaciación.

La película se abre en una cacería, Keda (Kodi Smit-McPhee) es un muchacho que participa en ella con su padre y otros hombres de su tribu, el joven cae herido y todos le dan por muerto. Keda, solo en la nada, despierta del desmayo y aunque no se encuentra fuerte, con mucho esfuerzo aprende a sobrevivir, acompañado de un lobo que se encuentra solo, igual que él. Ambos confían en el otro y se convierten en aliados superando innumerables peligros.

Albert Hughes, en esta ocasión sin su hermano Allen, nos narra un cuento de aventuras con una secuencia de acción al comienzo de la película, después vendrán muchas otras, más o menos peligrosas, más o menos fieles a la historia donde se pretende situar el tema, pero ni que decir tiene que el director americano ya conoce cómo funciona la industria del celuloide. Puede que no todo lo que muestra esté a la altura de las circunstancias pero en lo que sí estamos  de acuerdo es en que no somos engañados sobre los misterios y las carencias de la película en cuanto a su autenticidad sobre el Paleolítico. Es, como he dicho, un cuento de aventuras, un cuento bien contado, una muestra donde la savia y la ficción se confunden y se funden. Una fábula atractiva cuyo ritmo pausado aumenta la sensación placentera del espectador, evoca el desesperado y frio mundo de la soledad, sofistica la relación del humano con los animales y regala la esperanza de un futuro por vivir, mientras los intensos y bellos minutos transcurren entre nosotros. Albert Hughes juega, con ingenio, a evocar un mundo que desconocemos y lo hace acudiendo a todos los recursos que a su alcance tiene. El resultado final funciona: es la asociación de la amistad, la soledad, el amor y la necesidad.

Además, el espectáculo visual y la caligrafía épica para centrar el ritmo en imágenes y guion está logradísimo. Tiene “Alpha” cuadros construidos sobre una auténtica celeridad, la perfección del ordenado desorden de su origen los funde materializando inequívocamente el resultado total de la película. Hughes acaba por aplicar las técnicas digitales como vehículo que explora el lenguaje cinematográfico.

Creo que no es la mejor película de aventuras que he podido ver pero es la primera que he visto en septiembre y me parece un buen punto para terminar el periodo veraniego y encarar con ganas todas las buenas películas que nos traerán los meses próximos.

El guion es de Dan Wiedenhaupt, basado en la historia que ideó Albert Hughes. La música corre a cargo del estadounidense compositor de música ambiental Michael Stearns y Joseph S. DeBeasi, compositor de bandas sonoras. En la fotografía, el director austriaco Martin Gschlacht.

En el reparto tengo que destacar a Kodi Smit-McPhee, básicamente él es el alma de la película mientras que su actuación está envuelta en brumas de escenas maravillosas. El resto de actrices y actores: Leonor Varela, Natassia Malthe, Mercedes de la Zerda, Jóhannes Haukur Jóhannesson, Marcin Kowalczyk, Priya Rajaratnam, Jens Hultén, Spencer Bogaert y Nestor de la Zerda, componen una pequeña cadena de aciertos.

Una buena forma de comenzar. Véanla.

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