Crítica: Campeones

El cine en España y la forma de Javier Fesser surgen de nuevo con una obra como de sentimientos y afirmación humorística, “Campeones”, con guión del propio director y el también cineasta David Marqués, un guion trazado a dúo en cuerpo y alma con penetrante estilo y humana realidad de valiente delicadeza.

Marco Montes (Javier Gutiérrez) es el segundo entrenador de un equipo de baloncesto de primera división, está casado con Sonia (Athenea Mata) y su relación, pasa una mala racha. De hecho, de momento, Marco vive en casa de su madre (Luisa Gavasa) lo que ocasiona la incomodidad de madre e hijo. Los problemas de pareja crean en Marco una crisis personal, ocurre que un día pierde los nervios y ese incidente ingrato lo deriva a entrenar a un equipo compuesto por personas con discapacidad intelectual, protegidos y defendidos por Julio (Juan Margallo), el psicólogo social del centro de ayuda. Desde el momento en que se encuentran alumnos y profesor todo cambiará para todos, incluso para los espectadores…

“Campeones” es una película con una historia central y muchas otras alrededor, y no hablo de la subtrama, que también la tiene, sino de historias que traspasan la pantalla desde la vida real, muchas a la vez. Javier Fesser, fiel en todo a su manera de hacer cine, cuenta con un buen puñado de vidas humanas, la razón es obvia, sensibilizar a la sociedad de temas que aún no tienen plena presencia. En este caso, es la discapacidad intelectual como podría ser otro tipo de diversidad difícil de administrar desde el desconocimiento.

Un dibujo desde el humor con respeto a la evolución de la trama, con un guion bien trazado, poco dado a la innovación. Atrevida en su visión desenfadada de los problemas que toca, la película encuentra en los designios de la amistad y la solidaridad todo tipo de personajes ubicados en el mundo actual. Personajes espléndidos,  que consiguen que olvidemos por completo en qué momento estamos fuera de la pantalla y desde dónde observamos este tema. “Campeones” nos seduce con instantes que juegan con la profundidad de campo emocional para crear un realismo dramático intenso, tiene sentido y funciona, reblandece el corazón y refuerza la necesidad de acudir a la memoria del archivo personal a redibujar y colorear sensaciones.

Javier Gutiérrez soporta de modo brillante el peso del film, transmitiendo los distintos sentimientos por los que pasa, se expande sin límites; fantástico. El dramaturgo y escritor, además de actor, Juan Margallo tiene un papel sensacional, entrañable, afianzado en la virtud de hacerlo todo bien, el maestro está magnífico. Luisa Gavasa, Jesús Vidal, Athenea Mata, Roberto Chinchilla, Alberto Nieto Ferrández, Gloria Ramos, Sergio Olmo, José Luna, Julio Fernández, Jesus Lago, Fran Fuertes, Daniel Freire, Itziar Castro, Stefan López y Luis Bermejo, todos y todas felices en sus personajes que tocan temas en los que se sienten muy implicados. La música la pone Rafael Arnau que ayuda a depurar la congoja anímica y el director de fotografía Chechu Graf capta con su imagen cada instante proyectando amor sobre la risa y la sal…

Con todo esto que expresa se desenvuelve fecunda, con naturalidad. Me parece la mejor película de Javier Fesser.

Felicidades, en estos tiempos este cine es apropiado y necesario.

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