Crítica: El hilo invisible

Con guion y dirección Paul Thomas Anderson, una de las figuras más relucientes del cine americano, autor de “Magnolia”, de 1999, y “Pozos de ambición”, en 2007; “El hilo invisible” es un profundo y emotivo relato. Durante su fructífera carrera siempre nos dejó suspirando por más. Ahora vuelve con una película tremendamente impactante, crecida de rigidez.

La aureola de un cuento tiñe de emoción y patetismo una historia llena de resonancias surrealistas. La historia de un hombre que acumulando recuerdos encuentra el destino de su atormentada existencia. Estamos en el Londres, en los nublados años 50, el famoso modisto Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su hermana Cyril (Lesley Manville) están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante y con dinero de la época. Un día, Reynolds entra en un bar y por casualidad encuentra a Alma (Vicky Krieps), ella trabaja de camarera, le atiende con una sonrisa y Reynolds corresponde con la misma simpatía. El impacto en ambos es evidente. Allí mismo quedan para una próxima cita. La elegante Alma pronto se convierte en la musa que necesita el modisto… y en su amante.

“El hilo invisible” es la búsqueda de la identidad en un mar de secretos. La radiografía visual de la fascinación por el laberinto de la memoria. Una historia diferente que nos ofrece personajes esplendorosos cobijados en el sueño ciego de su mundo interior, guiados por el hilo invisible de su condición. Paul Thomas Anderson traza un retrato corrosivo, con la urgencia y el empeño que se transmiten a través de la filmación, ni sucumbe al glamour ni exagera el tour por los sentimientos, el director va directo a la intensidad de la historia y, con potentes personajes secundarios y un contenido de sustrato dramático, extrae todo un potencial desgarrador, creando una experiencia de inmersión de la que sale una lección de implacable acritud. Anderson se adentra con resolución para demostrar lo que une y lo que diferencia a dos personas tan distintas como son Reynolds y Alma. De Alma no sabemos nada. De Reynolds todo lo que el guion nos quiere decir y lo que nosotros descubrimos. Los dos encuentran en el otro un parecido pero poco a poco el espacio real se convierte en un laberinto lento mientras las imágenes luchan por atrapar una realidad inasequible.

Esta película cuenta con un reparto estelar muy eficiente donde podemos ver a Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco,Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon e Ingrid Sophie Schram. Todos ellos consiguen minutos de pura magia cinematográfica. Del gran Daniel Day-Lewis qué puedo decir más de lo que ya se ha dicho. Yo lo conocí en su película “Mi pie Izquierdo”, allá por el año 1989, y desde entonces he seguido de cerca todos sus trabajos, que han sido fabulosos. En el “El hilo invisible”, Daniel Day-Lewis goza de nombre propio. Impresionante. La música del compositor inglés Jonny Greenwood, excelente, aunque me ha parecido que su esplendor desabriga en algún momento imágenes de inquietud y de extravío pero aun así, maravillosa. En la fotografía, también el maestro Paul Thomas Anderson excelente filmando con la misma convicción y pulso en todo el conjunto.

“El hilo invisible” no es película para todos los gustos. Hay espectadores que la adoran y otros a los que no les gusta nada. Después de decir esto, que es una experiencia, la recomiendo.

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