Crítica: Yo, Tonya

Del director de cine australiano Craig Gillespie llega a las salas un drama biográfico con hondura y habilidad narrativa y documental, en torno a un relato de un tema que fue muy espinoso en su momento y que sigue latente en la mente muchos aficionados al deporte. Una obra biográfica dedicada a Tonya Harding, dos veces olímpica y dos veces campeona en el Skate America. Fue la primera patinadora estadounidense en completar, en 1991, un triple salto axel en competición, aquí vemos su historia: “Yo Tonya”.

La historia comienza con Tonya Harding (Margot Robbie) de la mano de su madre, LaVona (Allison Janney), insegura, mezquina y completamente pendenciera en su lenguaje, LaVona solo sonríe para menospreciar o humillar a su niña. Envueltas en el humo del pitillo entran a la pista de hielo para pedir que dejen entrenar a la pequeña a pesar de no tener la edad adecuada, la informan de que no puede ser pero LaVona, haciendo caso omiso de las recomendaciones, empieza los entrenamientos con la niña. Para que alcance los sueños que su madre tiene, la pequeña se tiene que sacrificar muchísimo, incluidas amenazas y malos tratos de su desalmada madre que anhela el triunfo de su hija a costa de lo que sea. Como una muñeca que va a pilas se mueve Tonya durante toda su infancia y parte de su adolescencia. Los golpes, las agresiones que le propina su madre continúan. Muy joven se enamora de Jeff Gillooly (Sebastian Stan) ,viven juntos y de nuevo se repite la contrariedad que la asedia; este amor también le brinda maltrato. Todo lo que forma parte de su vida será el viento que arranque de cuajo su éxito sobre el hielo.

Los protagonistas y todos los personajes de esta película son reales. Incluso considerando las rigurosas investigaciones emprendidas por el guionista americano Steven Rogers sobre vidas e incidentes, puede que para el gran público “Yo, Tonya” se convierta en la pantalla en un producto de ficción, pero no debemos olvidar que es la triste realidad de una deportista que fue. Una mujer fuerte y acorralada. “Yo Tonya” tiene un ritmo documental, denso e inusualmente intenso, moviéndose entre la alternancia de rabiosas y contradictorias entrevistas, discursos y narración. Una planificación sin ornamentos inútiles, solo el reflejo deprimente de una pesadilla.

 “Yo, Tonya” goza de una extraordinaria banda sonora de Peter Nashel. Otro as es la fotografía, pero por encima de todo, un manojo de interpretaciones superlativas que hacen de ella una película adulta en el cine de un director que desconocíamos.

El trabajo de Margot Robbie es una representación por todo lo alto que puede valerle todos los premios del año, igualada en voltaje, aunque en un papel menor, por Allison Janney, igualmente inmensa expulsando toda su rabia y su mala leche bajo su falsa sonrisa. El resto del reparto, encabezado por Sebastian Stan, con Caitlin Carver, Julianne Nicholson, Bojana Novakovic, Mckenna Grace, Paul Walter Hauser, Bobby Cannavale, Renah Gallagher, Amy Fox, Ricky Russert, Jeffery Arseneau, Bobby Akers, Suehyla El-Attar, Kaleigh Brooke Clark, Catherine Dyer, Joshua Mikel y Jason Davis, sirven con absoluta justicia al difícil aglomerado de un mundo que salta por los aires.

Una película que te mantiene indignada y quieta en la butaca…

Un frase que se me quedó grabada: “Los americanos necesitan a quien amar pero también a quien odiar”.

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Crítica: La forma del agua

Del director de cine mexicano Guillermo del Toro, que colabora en el guion con la guionista y productora de televisión americana Vanessa Taylor, llega hasta las pantallas la película “La forma del agua”, gloria política añeja, discurso progresista y utopía.

La película comienza con una voz en off acariciante que nos introduce en el centro de un cuento. Es así como da inicio la historia, Elisa Esposito (Sally Hawkins) es una joven muda que trabaja de limpiadora en un centro estatal de investigación espacial, en Baltimore, a mediados de la década de los 60, en plena lucha por la supremacía espacial entre Estados Unidos y la URSS. Un día, el laboratorio recibe una criatura en forma y rutina de pescado enorme (Doug Jones), capturada por el Coronel Richard Strickland (Michael Shannon) en las aguas de América del Sur. Elisa, enseguida se sintió atraída por el secreto que allí se escondía y sin dejar pasar el tiempo se cuela en la parte privada para visitar al bicho. Ella le hace mimitos, lo alimenta, bueno, le da a comer unos huevos cocidos que curiosamente es la comida que ella utiliza de menú. Pasan pocos días para que la chica que es muda pero tiene perfecto el oído, le ponga música al pez. Elisa Esposito escuchará una conversación que la lleva a solicitar ayuda a su amigo Giles (Richard Jenkins) y a su compañera Zelda Fuller (Octavia Spencer) para salvar a la criatura del peligro que la acecha…

Consciente de que el cine es el arte de dotar la ficción, lo imposible, de movimiento, Guillermo del Toro, ha construido a lo largo de los años un cine orientado a examinar, desde lo lúdico,  las posibilidades formales del subjetivismo llegando a sus últimas consecuencias. Su estética de trazo permanente define la radicalidad de su propuesta. En el cine de Guillermo del Toro parece no haber distancia entre la ocurrencia recién salida de su cabeza y el resultado final. Sus trabajos crean la ilusión de una sincronía precisa entre los procesos cinematográficos del autor. En “La forma del agua”, otra vez, aunque de forma más espinosa y consciente de lo habitual. Monstruo, miedos, temores, maltrato, homosexualidad, estrategias, violencia y un despertar sexual que se trata desde el principio, al mostrar con las primeras escenas la vida íntima de Elisa Espósito.

Un universo oscuro tiñe con su aliento estético toda la película, queda perfectamente expuesto como respuesta rebelde a la descarriada normalidad de las imágenes que vemos en pantalla. “La forma del agua” es un ensayo visual sobre los misterios y las sorpresas de la carne y sobre el mundo privado de la privada política de enfrentamiento. Una muestra más de cómo lo lógico y lo imposible se confunden. El director juega con aire despierto y provocador a evocar un mundo que no es este en el que vivimos, mucho más cauteloso y formal. Lo hace con una técnica resuelta, recreando en los años sesenta una total modernidad de pensamiento. Un film inteligente e innovador. A simple vista una entrañable historia de amor.

A Sally Hawkins solo le hacen falta dos o tres gestos y un ritual que se repite para definir las reglas del juego de su personaje, un personaje que borda sin renunciar al artificio de los cambios, creo que es el valor más destacado de la película. Muy trabajoso el papel de Doug Jones y Octavia Spencer, buenísima en su simpatía de mujer normal. Richard JenkinsMichael Stuhlbarg, Lauren Lee Smith, David Hewlett, Nick Searcy, Morgan Kelly, DruViergever, Maxine Grossman, Amanda Smith, Cyndy Day y Dave Reachill, magníficos, con intensos personajes creados a lo largo del relato.

La música del maestro Alexandre Desplat canta en un querer poner bridas al ardor inconsciente de lo extraño. Una música que se sube a la cabeza y se adentra en el corazón. Perfecta. La fotografía del director de fotografía danés Dan Laustsen, muy adecuada, cubriendo todo cuanto filma con un tono poético

Una película que da para reflexionar y para muchos “por qué”…

 

Juliette Binoche

Juliette Binoche nació el 9 de marzo de 1964 en la ciudad francesa de París.

Ficha en Imdb: http://www.imdb.com/name/nm0000300/

Sus películas en Comentamos Cine:

Crítica: Un sol interior (2017)

Crítica: Nadie quiere la noche (2015)

Crítica: Godzilla (2014)

Crítica: Lecciones de amor (2013)

Crítica: Copia certificada (2010)

Crítica: Paris (2008)

Crítica: El hilo invisible

Con guion y dirección Paul Thomas Anderson, una de las figuras más relucientes del cine americano, autor de “Magnolia”, de 1999, y “Pozos de ambición”, en 2007; “El hilo invisible” es un profundo y emotivo relato. Durante su fructífera carrera siempre nos dejó suspirando por más. Ahora vuelve con una película tremendamente impactante, crecida de rigidez.

La aureola de un cuento tiñe de emoción y patetismo una historia llena de resonancias surrealistas. La historia de un hombre que acumulando recuerdos encuentra el destino de su atormentada existencia. Estamos en el Londres, en los nublados años 50, el famoso modisto Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su hermana Cyril (Lesley Manville) están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante y con dinero de la época. Un día, Reynolds entra en un bar y por casualidad encuentra a Alma (Vicky Krieps), ella trabaja de camarera, le atiende con una sonrisa y Reynolds corresponde con la misma simpatía. El impacto en ambos es evidente. Allí mismo quedan para una próxima cita. La elegante Alma pronto se convierte en la musa que necesita el modisto… y en su amante.

“El hilo invisible” es la búsqueda de la identidad en un mar de secretos. La radiografía visual de la fascinación por el laberinto de la memoria. Una historia diferente que nos ofrece personajes esplendorosos cobijados en el sueño ciego de su mundo interior, guiados por el hilo invisible de su condición. Paul Thomas Anderson traza un retrato corrosivo, con la urgencia y el empeño que se transmiten a través de la filmación, ni sucumbe al glamour ni exagera el tour por los sentimientos, el director va directo a la intensidad de la historia y, con potentes personajes secundarios y un contenido de sustrato dramático, extrae todo un potencial desgarrador, creando una experiencia de inmersión de la que sale una lección de implacable acritud. Anderson se adentra con resolución para demostrar lo que une y lo que diferencia a dos personas tan distintas como son Reynolds y Alma. De Alma no sabemos nada. De Reynolds todo lo que el guion nos quiere decir y lo que nosotros descubrimos. Los dos encuentran en el otro un parecido pero poco a poco el espacio real se convierte en un laberinto lento mientras las imágenes luchan por atrapar una realidad inasequible.

Esta película cuenta con un reparto estelar muy eficiente donde podemos ver a Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco,Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon e Ingrid Sophie Schram. Todos ellos consiguen minutos de pura magia cinematográfica. Del gran Daniel Day-Lewis qué puedo decir más de lo que ya se ha dicho. Yo lo conocí en su película “Mi pie Izquierdo”, allá por el año 1989, y desde entonces he seguido de cerca todos sus trabajos, que han sido fabulosos. En el “El hilo invisible”, Daniel Day-Lewis goza de nombre propio. Impresionante. La música del compositor inglés Jonny Greenwood, excelente, aunque me ha parecido que su esplendor desabriga en algún momento imágenes de inquietud y de extravío pero aun así, maravillosa. En la fotografía, también el maestro Paul Thomas Anderson excelente filmando con la misma convicción y pulso en todo el conjunto.

“El hilo invisible” no es película para todos los gustos. Hay espectadores que la adoran y otros a los que no les gusta nada. Después de decir esto, que es una experiencia, la recomiendo.

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