Crítica: Ocho apellidos vascos

Ocho apellidos vascosA lo largo de su amplia carrera Emilio Martínez-Lázaro nos regaló auténticas películas perdurables: la divertida “Amo tu cama rica” en 1991, la emotiva “Carreteras secundarias” en 1997, “Al otro lado de la cama” de 2005, divertidísima, y la dramática historia de “Las trece rosas” en 2007, entre otras muchas. Con su nueva obra el director madrileño, donde el cine español siempre filmó enfrentamiento, prefiere conquistar con el conflicto olvidado y con personajes en pleno transcurso de innovación. Martínez-Lázaro, en “Ocho apellidos vascos” ama el costumbrismo más vivo, la sencillez y el arrebato.
Amaia (Clara Lago), es una chica vasca que supuestamente celebra su despedida de soltera en Sevilla en un tablao flamenco y vestida para la ocasión conoce a Rafa (Dani Rovira), un joven andaluz que nunca ha salido de Sevilla. Todo va a cambiar para ambos cuando se conocen. Él, decidido a conquistarla, se traslada a un pueblo de “las Vascongadas”, donde se hace pasar por vasco, Antxon se hace llamar el sevillano y acompaña al nombre con “ocho apellidos vascos”.
Sencilla, bien trazada, suficiente, excéntrica y con un gran arranque de vivacidad y sentido del ritmo.

“Ocho apellidos vascos” es una comedia especialmente graciosa y algo romántica. La eleva de su nivel el trabajo en contrastes exagerados de la cultura vasca y andaluza, cuyos personajes desatinan y enamoran de forma alternativa gracias a un guión hecho con bastante inteligencia. Un relato sobre nada en concreto, lleno de usos sociales, que puede a la vez mudar el dilema de nacionalidades a cualquier otro paisaje pues está entretejido para la unidad de los lados opuestos.

Imagen Ocho apellidos vascosUna de las formas más destacables de la película es la gran capacidad que tiene para elevar el tono por el que navega, pudiendo llegar a una composición y resolución aceptable.
Emilio Martínez-Lázaro, como buen cineasta, especula con imágenes y sin desligarse de su trazo, en “Ocho apellidos vascos” entiende la vida desde el descontrol. El estilo humorístico, directo y a la vez lleno de enredos se consolida en unos referentes estudiados y milimétricamente colocados para que el juego sea más apasionante, algo que agradará a sus incondicionales y a los que no lo son, pues esta ficción es muy divertida y sugestiva desde el entretenimiento.

Cuenta con guion de Borja Cobeaga y Diego San José,  y con las grandes interpretaciones de Karra Elejalde y de Dani Rovira, geniales como el suegro y el yerno. Rovira, en su primer papel en la gran pantalla, adapta su interpretación a la expresión habitual  que tiene en sus monólogos y le sale un personaje divino y divertido al máximo. Elejalde, el auténtico  vasco de la película, no puede estar más entregado al personaje. Carmen Machi, esa extremeña vasca, muy buena. Clara Lago realiza una interpretación que se ajusta al perfil al que nos tiene acostumbrados, fenomenal. Todos, hacen crecer por momentos la eficacia de la película. Visualmente Leitza y los demás paisajes que nos regalan son una preciosidad  gracias a la fotografía de Gonzalo F. Berridi y Juan Molina. La música de Fernando Velázquez y todo lo que compone “Ocho apellidos vascos” hace que sin ser una gran película pases 98 minutos llenos de risa y distracción.

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Crítica: Pelo malo

Pelo maloMariana Rondón nació en Barquisimeto, Venezuela, en 1966. Es directora, guionista y productora. Estudió cine en la Escuela Internacional, en Cuba, y animación en Francia. En 1990 creó, junto con otros cineastas latinoamericanos, “Sudaca Films”. Entre sus obras destacan “Calle 22”, cortometraje con el que sería premiada en el Festival de Biarritz en 1994. “A la media noche y media”, de 1999. “Postales de Leningrado” con el que ganaría en 2007 el gran Premio Abrazo en el Festival de Cine y Cultura de América Latina y en 2013 consiguió la Concha de Oro en el Festival Internacional de San Sebastián con “Pelo Malo”.

Junior (Samuel Lange Zambrano) es un niño de nueve años que tiene el pelo rizado. Él quiere alisárselo para la foto del anuario de la escuela, pues así lo llevan los cantantes pop que están de moda. Esta circunstancia lo lleva a enfrentarse con su madre. Lo que Junior quiere es ponerse guapo para que su mamá (Samantha Castillo) lo quiera, pero ella lo rechaza cada vez más.
No es fácil sostener una película con un personaje de estas características sin que resulte forzado y en ese sentido la obra de Rondón pasa la prueba con sobresaliente. La familia funciona alrededor de una pieza y a través de ahí toda la representación. Las joyas del cine no tienen que ser sofisticadas ni excesivas para que lleguen al espectador, no tienen por qué estar firmadas por un autor superlativo, ni esconder una intriga que te tenga pendiente a la pantalla, “Pelo malo” lo hace desde su rango casi documental de una historia en Venezuela, con un hecho ficticio y nimio, te introduce en el alma de un niño y te acerca a una barriada pobre; la familia, los comercios, los vecinos, la escuela y las calles. Imagen Pelo MaloLlevada por Mariana Rondón, autora también del guion, no hay sensacionalismo ni ataque pero sí brutalidad social, aquella que hace que se vuelva la espalda a los problemas de países pobres en referencia pero ricos en esencia, el caso de Venezuela, un país rico, enormemente rico, saqueado durante décadas por sus gobernantes. Sin buscar datos y deteniéndonos solo en la historia que vemos y reflexionamos, es como una historia absurda que muestra una realidad certera tanto en lo real como en lo metafórico.

Un retrato amargo y por momentos agridulce en acento y en tejido.

La música, de Camilo Froideval. La fotografía, de Micaela Cajahuaringa. Mención especial para Samantha Castillo y Samuel Lange Zambrano. El resto del reparto, sensibles y naturales en su interpretación: Beto Benites, Nelly Ramos, María Emilia Sulbarán.

En palabras de Mariana Rondón: “Grabar allí era como lanzar una pregunta para que hablemos sobre las utopías, para que recapitulemos, las cuestionemos y no sigamos reencauchándolas sin haber conversado sobre ellas. Mensaje que se enmarca el tema principal de la película: la intolerancia de un país que vive bajo el dominio de la polarización política y cómo esa falta de respeto penetra en lo más íntimo de las relaciones personales”

Una película para ver desde los ojos puros de la honradez.

Crítica: Joven y bonita

Joven y BonitaUna nueva obra del cineasta francés François Ozon. Crítica de la película “Joven y bonita”.

La película da comienzo mostrándonos la imagen a través de un anteojo. Una chica en la playa, perteneciente a una familia adinerada, Isabelle (Marine Vatch). Tiene 17, y pasa el verano en la casa de vacaciones de su familia. Isabelle ha conocido Félix (Lucas Prisor). Isabelle parece tener todo lo que puede desear, pero un viaje de autodescubrimiento sexual la embarca en una doble vida.

Cabe preguntarse si lo que hace François Ozon es realismo, pues reflexionando sobre su nueva obra solo se percibe el potencial estético del contexto. La manifestación más extrema y engañosa del agrado sexual de una adolescente, aunque el talento de François Ozon tras la cámara quedó plenamente confirmado en su última película “La casa” y no tiene que demostrar nada a estas alturas, hay que reconocer que en “Joven y bonita”, a pesar de su presentable factura de historia también juvenil, -en este caso, una niña que se está haciendo mujer-, no se ha dulcificado la transición del personaje, es más, puede ser casi un ataque al despertar sexual de la mujer. La película, bajo influencias de otras que tenemos en la memoria, se convierte en un drama psicológico adornado en el fondo con una chica “joven y bonita”, como su propio título indica. Un tema tan interesante en la base de un guión bien escrito, pero no lo suficientemente atractivo para que un Ozon en plena forma hubiera conseguido logros mayores.
El amor, la pasión, el peligro, actos todos que solo son fruto de la inocencia y en los que la protagonista se va sumergiendo de forma alarmante. Todo un largo proceso que es exclusivamente el caso de una muchacha que se pierde en las desiertas veredas del sexo sin poder tomar en conciencia un camino bien asfaltado, una extraña situación apurada y cruel que para mí no sirve para apoyar ninguna psicología ni filosofía social en el tema que se trata.

Imagen de Joven y BonitaUna película corta, solo dura 95 minutos, que para muchos espectadores puede ser un tratado de candidez y erotismo, un espectáculo de escenario con mucho juego.

La actriz principal. Marine Vacth nos regala un auténtico recital interpretativo que es con diferencia lo mejor de la función, capaz de transmitir definiendo un personaje contradictorio y complejo de forma magistral. Géraldine Pailhas, Frédéric Pierrot, Charlotte Rampling, Johan Leysen, Fantin Ravat, Nathalie Richard, Laurent Delbecque, Akéla Sari y Lucas Prisor, todos, hacen personajes que interpretados con naturalidad son uno de los logros individuales de “Joven y bonita”. También es digno de mención el meritorio trabajo de Philippe Rombin en la sutil y elegante partitura, que tiñe toda la película de belleza. La fotografía de Pascal Marti, perfecta, más allá de lo esperado.

Cuatro estaciones de destrucción. No estamos tan lejos de “Mi refugio” (2009), Ozon sabe construir personajes potentes, es hábil a la hora de edificar atmósferas malsanas, a menudo en la irrupción del elemento masculino, pero tiende a perder un poco el norte cuando se trata de resolver problemas femeninos. No es menos cierto que el film presenta unas hechuras y sobre todo un rigor estético y visual que lo hacen perfectamente aceptable. Es lo que yo he sentido; bella en la superficie y equívoca en el contenido.

Crítica: Philomena

PhilomenaEmoción y convicción, movido posiblemente por el homenaje que rinde. Stephen Frears recrea en su nuevo trabajo los sentimientos puros y las bajezas humanas. La historia está inspirada en hechos reales y se basa en el libro con el que el propio Martin Sixsmith dio testimonio en el año 2009 del tormentoso drama. Crítica de la película “Philomena”.

Cuando Martin Sixsmith (Steve Coogan), un periodista que actualmente trabajaba como jefe de prensa en la BBC en las noticias de las diez, se queda sin trabajo, la vida se le viene encima, tiene miedo del camino que ahora puede tomar su carrera. Pero entonces, en una fiesta conoce a una mujer que le habla del caso de una señora que lleva casi cincuenta años sin ver al hijo que le arrebataron. Le cuenta que Philomena (Judi Dench), que así se llama la pobre madre, solo tenía 15 años cuando quedó embarazada. En la sociedad de entonces, – años cincuenta y tantos-, los irlandeses consideraban deshonrada a la chica a la que le ocurría eso. La encerraban en un convento hasta el día del nacimiento del bebe y después de dar a luz, durante tres años se ocupaban del niño y hacían trabajos disciplinados para las monjas, hasta que ellas, – las monjitas-, lo daban en adopción. Lo habitual es que esos niños fueran adoptados por matrimonios americanos de buena posición. Philomena después formó una familia y este doloroso y desgraciado episodio de su vida lo mantuvo oculto pero nunca se dio por vencida y mantuvo firme el sueño de encontrarlo. Martin y Philomena juntos intentarán sacar a la luz los secretos que las monjas tan bien guardaron.

Bondad, maldad, amor, inocencia, crueldad. La película recrea la esencia de los casos de niños robados, en fechas anteriores a lo que ocurrió en España pero de igual forma los niños fueron arrancados de sus legítimas madres. Sin dejar de lado la semejanza, la historia tiene una vuelta de tuerca para que sea aún más parelela a lo ocurrido en nuestro país y es que hay como único testigo una monja muy mayor. A veces la realidad es más cruda y cruel que la peor pesadilla y aquí lo es, estremece ver el tacto, la simplicidad y la sutileza con que refleja los sentimientos Stephen Frears, en ellos nos vemos, cada plano nos interesa porque vivimos la historia. “Philomena” nos transmite todas sus conmociones en cada mirada, hay escenas que sobrecogen, alcanzan narrarnos de forma inteligente y maravillosa desde las manos y los ojos del personaje principal, Philomena, íntima, católica y pacífica pero desgarrada por haberle sido arrebatado su hijo.

Imagen de Philomena Frears demuestra como siempre maestría en los aspectos técnicos cinematográficos y en el manejo de actores. Con fotografía de Robbie Ryan, desarrolla una narración visual emocionante, creando imágenes de gran belleza con una marcada inclinación por los contraluces. La maravillosa banda sonora de Alexandre Desplat invade de emociones todo el metraje incluyendo composiciones instrumentales intimistas de una sutilidad y una armonía celestial, como cada vez y más. El guión adaptado por Steve Coogan y Jeff Pope define y matiza bien la figura de los dos protagonistas para el cine, los diálogos inteligentes, fluidos y claros. El reparto también colabora con su profesionalidad a lucir una obra sobresaliente: Judi Dench, Steve Coogan, Charlie Murphy, Simone Lahbib, Anna Maxwell Martin,Neve Gachev, Sophie Kennedy Clark, Charlotte Rickard, Nichola Fynn. Deliciosa Judi Dench.

El cine consiste en contar historias y hacerlo bien. Hacía tiempo que no sentía tanta emoción en el cine, hacía tiempo que no daba tantas alas a mis reflexiones después de ver una película. Esto, últimamente me ocurre a menudo y estoy contenta porque cuando se consigue, es que el cineasta responsable se ha ocupado con respeto y profesionalidad de contar su historia. Estamos de enhorabuena.

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