Crítica: 15 años y un día

CArtel de 15 años y un díaCariño, ternura, generosidad,  belleza interior. Igualmente;  egoísmo, desamor, miedo. Dirección: Gracia Querejeta, con guión de la propia Querejeta y Santos Mercero. Crítica de la película “15 años y un día”.
El drama gira en torno a Jon (Arón Piper), un quinceañero conflictivo y desobediente que empieza a frecuentar con malas compañías. Para remediar esta complicada situación, y a raíz de una expulsión en el colegio, Margo, su madre (Maribel Verdú), decide enviarlo a un pequeño pueblo ribereño con su abuelo Max (Tito Valverde), un militar ya retirado. El estricto anciano intentará encauzar al chico a través de distintos aprendizajes de educación y disciplina, su madre piensa que quizá Max pueda enderezarlo. Pero a Jon le gusta vivir peligrosamente y su abuelo se ha convertido en un hombre de costumbres tranquilas. Los dos tendrán que enfrentarse a sus limitaciones y a sus miedos.

Trabada de forma que se entrevén las ausencias presentes en el cine de esta directora.
Una historia que si bien puede parecer sencilla, está llena de matices. Uno de los aspectos más acertados es la forma en la que se transmiten los sentimientos de los personajes, con una mera expresión fisonómica o un gesto explícito son capaces de decir más que la palabra. Incluso los lienzos visuales que delinea la directora parecen decirnos lo que la historia transmite en cada momento; con recursos profundamente emotivos desde la narración,  y valores generosos y sencillos, Querejeta no muestra a los personajes en términos de buenos o malos, culpables o inocentes, muestra personas que se equivocan, que enfrentan momentos malos y que viven situaciones cotidianas, siempre acentuadas por el sello inconfundible de la directora. Hablamos de una película en la que se respiran huellas de abnegación, un trabajo que se define en sí mismo.

Imagen de 15-anos-y-un-diaInteresante que una película refleje algo tan sencillo, que los sentimientos afloren y que lo hagan de forma tan discreta, sabiamente.

A pesar de la irresistible calidez del enfoque que adopta la directora y la evidente destreza de que hace gala Maribel Verdú y el entrañable Tito Valverde descubriendo a unos inmensos personajes; a pesar de la lograda recreación, el vestuario, los conseguidos interiores, la fotografía de Juan Carlos Gómez que logra una imagen perfecta  y la música de Pablo Salinas, acertadísima; a pesar de todo ello, “15 años y un día” puede resultar una película más de adolescentes rebeldes. Para mí no lo es.
“15 años y un día” disfrutó de gran éxito en el Festival de Cine de Málaga y ofreció a su directora visitar con laurel algunos festivales más. Está preseleccionada para representar a España en los próximos premios Oscar.

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