Crítica: De óxido y hueso

de oxido y huesoLos directores a veces juegan con la narración tendiendo a salirse de ella pisando el enmarañado jardín de la iniciativa, cuanto más extenso es el ámbito a cubrir, mayor es el riesgo de componer un mensaje obvio y frívolo, cuando no directamente simple, sin embargo no cabe duda que Jacques Audiard, es en esta película el mismo estupendo guionista y director que en la mayoría de sus obras, mayúsculas y estremecedoras. Esta película así lo certifica, en ella indaga en las inquietudes del ser humano, en los anhelos, en sus debilidades, como motivaciones consustanciales al hecho de vivir. Crítica de la película “De Óxido y hueso

El film es una rotunda apisonadora de cine dramático pasado por un filtro antilacrimógeno.

Alí ( Matthias Schoenaerts) sentía su cabeza como si estuviera atravesada por un clavo de hierro, tuvo que luchar contra el impulso de salir corriendo, de desaparecer. Apretó los dientes y siguió su camino en una carrera sin final, sin dinero y sin esperanzas. Alí tiene que hacerse cargo de su hijo San (Armand Verdure), un niño de cinco años al que apenas conoce, la madre del chiquillo se ha marchado y Alí no tiene otra opción que ocuparse de él, no tiene casa, ni amigos, se refugia en Antibes, en casa de su hermana Louise (Céline Sallette) que con su sueldo de empleada en un supermercado les ayuda a salir adelante. Tras una pelea en una discoteca, conoce a Stéphanie (Marion Cotillard) una preciosa muchacha que trabaja como domadora de orcas en Marineland.

Nos encontramos ante la transcripción de la realidad en el individuo cuestionando las normas gravitatorias. Sin ningún tipo de envoltorio, Jacques Audiard ofrece una visión descarnada de la facción más pesimista de la realidad, aquella que habla de la imposibilidad de materializar los sueños, y es que el personaje trasciende el código cinematográfico para ejercer su influencia en lo cotidiano. En “De óxido y hueso” intentan convivir personajes dañados que no paran de dudar y de equivocarse, pecadores en una tierra de pecado, cuyo tino puede ser confundido con cierta torpeza privativa.

de oxido y hueso 2Hermoso y profundo puede ser un mensaje de Audiard que parece respirar en una dimensión paralela a su anterior trabajo, “Un profeta”, ambos mundos encarcelados y los personajes prisioneros irremediables. En esta propuesta los personajes se definen mediante pequeños y grandes gestos más que por lo que los otros cohabitantes piensan de ellos. Y en este conglomerado humano una figura destaca sobre las demás: un hombre, un rudo boxeador desligado de cualquier sensibilidad que a medida que el metraje avanza va adquiriendo humildad y aspirando a salir de su pobre vida.

Espléndidos actores los de esta película que parece un ensayo de cómo hacer una película de amor sin romance. Sobresale Marion Cotillard, tiene un personaje difícil y sabe sacarle todos su misterios, -a veces solo con la mirada-, con firmeza y convicción. El resto del reparto cumplen con sus respectivos personajes.

Puede que no llegue donde “Un profeta” pero lo que sí es cierto es que de “De óxido y hueso” podemos sacar una lección de superación.

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