Crítica: Hysteria

CartelElaborada con tintes de comedia costumbrista, con fondo histórico, romanticismo y el humor chispeante de una terapia sexual en el siglo XIX. Critica de la película “Hysteria”.

Nos situamos en Inglaterra, finales del siglo XIX, década 1880. El doctor Joseph Mortimer Granville (Hugh Dancy) siendo aún joven, incomodado por su poco éxito en su especialidad médica, y hallándose viviendo en casa de su amigo Lord Edmund (Rupert Everett), tuvo la suerte de inventar un artilugio eléctrico creado para tratar los dolores musculares, pero que por una serie de casualidades pasó a convertirse en uno de los aparatos que revolucionaron el comercio de la época victoriana y que hoy sigue comercializándose por encima de muchos electrodomésticos de primera necesidad: “el vibrador”. Monopolizado por el doctor Dalriymple para calmar la “histeria” femenina, una selectiva enfermedad que padecían las mujeres de vida acomodada y que el inteligente médico calmaba a base de aceites y ungüentos, hasta el momento que el aparatito se puso en marcha, por natural razón ambas posibilidades les eran gratísimas a las señoronas.

Inventar una historia sin en realidad inventar nada, es lo que más sorprende de esta película.

El caso es que cuando asistí a ver esta película quedé encantada, pero me admiró la guasa y la ironía de la gente con la que después la comenté, las cuales no la entendieron o están demasiado lejos de dar una opinión como realmente exige la película. Se me hizo muy difícil que alguien me hiciera un comentario serio, no ya del hecho real sino en cuanto al guion y el trato de la directora Tanya Wexler a la trama, por fin una tarde tomando café, una amiga me dijo: “es una muestra del humor británico con un escondido espíritu feminista que lucha contra el fingimiento de las mujeres y el conservadurismo de algunas”, esto es lo que yo necesitaba escuchar, pues la visión humorística de la historia es evidente, las connotaciones sexuales son imprescindibles y palpables, pero la combinación de pensamiento progresista a favor de la mujer queda en segundo plano y quizás un poco tapado por lo llamativo del resto. En este sentido mi reflexión es que Wexler de forma eludida y presente a la vez, nos regala un símbolo de reconocimiento universal; la mujer ya avanzando y expulsando los fantasmas de la doble moral, rompiendo la diplomacia constituida y convirtiéndose en una mujer libre para decidir, una mujer entre el desacuerdo de sus ideas y las de las capas superiores, con una habilidad consumada para adaptarse a sus aspiraciones en un enunciado perfectamente definido. El personaje que lleva esta obligación es Charlotte (Maggie Gyllenhaal), esta sufragista, a pesar de la oposición de su padre el doctor Dalriymple y del rechazo de su dulce hermana Emily (Felicity Jones), defiende con especial énfasis la igualdad de género y de clase.

En el plano actoral, me parece que está muy bien interpretada, no me convence Rupert Everett, no ya por su interpretación que aunque sea aceptable queda nublada por el cambio tan radical y brusco de su aspecto físico.

Tanya Wexler, de su segunda película, llena de complacencia y risas para los espectadores, yo me quedo con todo menos con la resolución. Merecía mayor esmero.

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