Crítica: Las chicas de la sexta planta

Cartel“Las chicas de la sexta planta” narra en clave de comedia la historia de un grupo de españolas que en los años sesenta emigraron a Francia para trabajar como criadas en casas de familias acomodadas. Philippe Le Guay, director, y Jérôme Tonnerense, coparticipando en el guion, describen la distancia entre la clase obrera y la burguesía y la frágil línea de esos mundos paralelos jerárquicamente separados.

Jean-louis Jouber, corredor de bolsa, es un rico hombre francés felizmente casado con Suzanne una burguesita elegante y dulce con la que tiene dos hijos varones. Éste es el momento en que su criada de toda la vida, -que ya lo fue de su mamá-, cansada de que no se haga en la casa lo que ella ordena, pide la cuenta y se marcha. La familia Jouber entra en un tremendo drama: no pueden vivir sin criada. Pero tras un momento de confusión y miedo al desorden descubren a “Las chicas de la sexta planta”.

Philippe Le Guay muestra nuestra vergüenza, una vergüenza que no tenía que haberse producido: la emigración. En este marco se encuadran metáforas que van más allá, aniquilando todo perjuicio sobre la simbología clasista, en un recital de analogías, la más importante la encierra su título: todos saben que existe una sexta planta, pero nadie prueba a llegar a ella.

Las voces de los interlocutores van afirmándose como seres perfectamente articulados, atrapados en los infiernos de la impotencia contra lo establecido e impuesto. En esta película es fundamental el estudio de personajes siendo fuente de su ritmo y entretenimiento, se alcanzan muchos momentos de verdad gracias además al potencial expresivo del reparto, exquisito el duelo interpretativo entre Natalia Verbeke y Fabrice Luchini. Hay que recordar, además, que Carmen Maura por este papel consiguió el premio a Mejor Actriz Secundaria en los Premios Cesar 2011, pero de igual forma, Lola Dueñas, Berta Ojea, Nuria Solé, Concha Galán, están desmedidas; plausible sin duda personaje e interpretación de Sandrine Kiberlain.

“Las chicas de la sexta planta” es un compendio estilizado de comedia social, un fino mecanismo que incluye multitud de variantes, desde la tradicional comedia de enredo hasta la más pura comedia romántica. La visión que el cineasta francés ofrece es ejemplar: ambiente parisino, burguesía que amenaza su propio fin, el suspiro español en el exilio y ese barniz de realismo que impregna cada segundo del film. Un tono que en ningún momento se rompe en su sobredosis de entretenimiento. Destaco la rapidez con que se envía al personaje principal a la solidaridad español-obrera, cuando a los quince minutos de proyección ya empieza en su cerebro a sonar la guitarra española. La mezcla de la música francesa y los acordes de lo español, emocionan, divierten y conmueven. Lo discordante, el único fraude que puede llevar este film es el doblaje, desentona y hace que desconozcas en cierta media a una actriz que la tienes tan cercana como es el caso de Lola Dueñas, por cierto, personaje indispensable.

Debajo de la denuncia cómica late la pasión de Philippe Le Guay siente y nosotros por él, desde ese sentimiento a escrito y realizado este homenaje, como una llamada a la esperanza de la coalición entre países hermanos dejando atrás las frustraciones del pasado. El cineasta rueda una nueva producción para el 2013, seguro que de nuevo nos agradará su ecléctica forma.

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