Crítica: Le Havre

CartelNobleza de objetivos y solidaridad, razones que Aki Kaurismäki aborda con precisión y cautela; la inmigración, la interacción del estado y, sus doctrinas constituidas. Critica de la película “Le Havre”.

Desde las primeras imágenes esta película se levanta con la fuerza del cine con mayúsculas. Desde el primer momento transcurre sencilla sin pretensiones, al son de una cálida música que nos sitúa en Le Havre una ciudad portuaria de Francia, sitio tranquilo y sin prisas, donde Marcel Marx (André Wilms), escritor de poco éxito, se ha trasladado a vivir. Este hombre siente que está más en contacto con la personas, pues incluso ha dejado de lado su profesión de escritor y trabaja como limpiabotas. En Le Havre ha encontrado la tranquilidad y la seguridad que necesitaba, son momentos felices que disfruta con su esposa Arletty (Kati Outinen) y los muchos amigos que ha hecho en poco tiempo. Pero un día, mientras está descansando y mirando a la gente pasar; ve, como en un momento de redada un inmigrante ilegal escapa de la policía, el chico africano menor de edad, Idrissa (Blondin Miguel Guion). El joven, quiere llegar a Inglaterra por cuestiones sentimentales. Marcel se crea una responsabilidad tratando de proteger al chico, además Arletty, su esposa, de repente enferma y tiene que hospitalizarse, Marcel conocerá en su propia carne el insensible muro de la indiferencia humana, pero con el optimismo que le caracteriza, con su confianza y la solidaridad de los habitantes del barrio, crearán una defensa que se enfrentará a la maquinaria ciega de una ley intransigente.

Qué decir que no se haya dicho del cine de Aki Kaurismäki, tiene este director una inteligencia cinematográfica tan particular como deliciosa, tan consistente como intensa, y tan real y sensible, que por su hechizo, trama y estética, sin posibilidad de escapar, el espectador queda fijo hasta que salen los títulos de crédito. Es particularmente entrañable encontrarse cada vez con sus a veces excéntricos y otras elegantes personajes. Sus detractores critican siempre o casi siempre desde la ignorancia o la falta de conocimiento. Dicen que retrata miserias, en la mayoría de las ocasiones de su país, pero es que existen esas miserias y debe de haber gentes preparadas para comunicarlo con todo el arte que les caracteriza. Aki Kaurismäki en esta película retrata el tema de la inmigración y la falta de justicia, que están ahí, pero al mismo tiempo entrega un mensaje de solidaridad, de amor al prójimo, de amistad, dando un toque de atención de calado existencial. Una nota de realidad y absurdo impregna todo el metraje, moviendo su cámara pausadamente, sacando imágenes de una teatralidad imponente, que se ejemplifica en la actuación de André Wilms, y Kati Outinen formando esa entrañable pareja que reboza ternura, y esa enorme galería de segundarios que, en conjunto, nos dejan esa buena sensación. Todo resulta bonito y sentimental, sin apelar a lágrimas, pues Kaurismäki conjugando comedia y drama, siempre logra el toque mágico. En esta película muestra su habilidad narrativa, su forma de innovar cine, su particular estética colorista y su buen gusto para seleccionar la música.

Con esto digo, que me ha encantado, además de por todo, por su sencillez. Como veis, soy incondicional del realizador finlandés Aki Kaurismäki.

 

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