Crítica: Una mujer en África

CartelRotunda, fuerte y segura, no divinizada por los éxitos de toda su fértil carrera, ha vuelto y… punto. Isabelle Hupper en cada nuevo trabajo suele reinventar la interpretación, los personajes que salen de sus películas nos agarran con fuerza a su realidad miscelánea. Hoy la crítica se centra en la película “Una mujer en África”, dirigida por Claire Denis, cineasta francesa realmente vinculada con la problemática del África occidental e implicada en denunciar de cualquier forma a su alcance el asunto del colonialismo francés.

La acción dramática se desarrolla en un país de África en plena rebelión. Se abre la película cuando los animales huyendo cruzan la carretera. A lo lejos, fuego, en una casa en llamas un hombre muerto observado por siete u ocho hombres de uniforme, y cerca de la carretera alguien necesita hálito, alguien que también corre, huye o vuelve… Estamos en una región agrícola, María Vial (Isabelle Huppert), jefa de la plantación de café de su exsuegro, se niega a renunciar a la recolección, desestimando el peligro de enfrentamiento que hace correr a todo el mundo. Ella, por su parte, aguantará hasta el final mientras sus fuerzas la acompañen, André (Christopher Lambert), su ex-marido y padre de su hijo, el joven Manuel Vial (Nicolás Dovauchelle) , ante la cabezonería y intransigencia de María, decide, a sus espaldas, organizar la repatriación de toda la familia a Francia. André ya no aguanta esta insufrible situación de guerra civil, separado hace tiempo de María, se ha vuelto a casar con una joven africana y está dispuesto a cualquier cosa por el bien su familia. María permanecerá entre guerrilla, soldados y café.

En “Una mujer en África” además de esto, el auténtico protagonista de la representación son los desiertos campos, los caminos polvorientos, la inmensidad de la nada, dudo que se pueda transmitir su enormidad, su conflicto y su herida de forma más nítida. La exposición no puede ser más estupenda, con un muesca desapacible que nos arrastra desde un lugar en llamas, al febril sol y los perpetuos campos de África, lo desolado está difundido en cada plano, en las tomas cercanas, en los planos largos, en la exaltación de María Vial, en sus ignominias, permitiéndole a Claire Denis  deleitarnos con secuencias tan admiradas como la aparición e implicación de Isabelle Huppert en un personaje confundido y enloquecido en la lejanía con una ofuscación.

Es una gran historia, dirigida por Denis que usa el relato para mirarse en su espejo, un guión bueno para unos trabajos excelentes y una película a la que prácticamente no hay nada que reprochar. Su narratividad nos va explicando la película, ayudada con flashbacks desde los primeros cinco minutos, pero se ocultan motivos, y eso es algo que me llama la atención y además digno de destacar. Un apunte importante: el poco desarrollo de los sueños y pensamientos que pasan por la cabeza de la protagonista, ya que nunca se sabe con exactitud cuál es su motivación real en la lucha que emprende, es colono, tiene una plantación de café y… ¿por qué no se va? Esta pregunta te la planteas desde la lógica y no se nos compensa con ninguna respuesta. Puede que sea parte del mensaje que lanza la directora francesa.

Me encanta Isabelle Huppert.


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